Cine de tarde

Ella no era rica.
Él nunca fue pobre.

Él se fue a estudiar a una ciudad del extranjero.
Ella decidió estudiar a la ciudad de la que él procedía.

Ella permitió que la desvirgara un chico que no le gustaba gran cosa.
Él se masturbó mirando porno con sus compañeros de piso.

Él terminó los estudios y se fue de putas con los amigos.
Ella acabó la carrera y se emborrachó por primera vez.

Ella encontró trabajo en la ciudad en la que había estudiado.
Él regresó a su ciudad a trabajar en la empresa de su padre.

Él tuvo tres novias pero permaneció soltero.
Ella se casó y se divorció a los dos años.

Ella comenzó a ver que no avanzaba en su trabajo.
Él dejó de jugar al tenis y probó con el golf.

Él la conoció a ella en una fiesta la que se dejó arrastrar.
Ella se dejó conocer por él en una fiesta a la que acudió sin ganas.

Ella fingió que le interesaba lo él que le decía.
Él hizo como que entendía lo que ella le contaba.

Él logró acostarse con ella a las cinco semanas.
Ella consiguió casarse con él a los cinco meses.

Ella dejó su trabajo y se dedicó al arte y a las compras.
Él siguió esperando a que su padre se muriera.

Él sintió que aquel mundo cerrado le aburría.
Ella se aburrió de sentir que aquel mundo la encerraba.

Ella intuyó que era el momento de buscarse un amante.
Él empezó a pensar en la posibilidad de cambiar de secretaria.

Él se folló a la nueva secretaria el primer día en el sofá de su despacho.
Ella se folló a dos poetas, un escritor de moda y a varios artistas.

Ella se cansó de listos que se hacían el tonto y de tontos que se creían listos.
Él empezó a resentirse de la espalda por forzar posturas sobre el sofá.

Él lamentó casi sinceramente la muerte de su padre.
Ella se alegró en su interior de la muerte de su suegro.

Ella se ocupó de gestionar la empresa familiar.
Él cambió de despacho y también de secretaria.

Él comenzó a prestarle más atención a ella.
Ella se sintió halagada de que él la tratara con más atenciones.

Ella descubrió que le gustaba el mar y no solo la playa.
Él olvidó el deportivo en el garaje y se dedicó más al yate.

Él decidió que no valía la pena arriesgar lo que no es hipotecable.
Ella calculó que no compensaban sustos continuos con placeres fugaces.

Ella soltó lastre.
Él recogió velas.

Él inició una colección de monedas raras.
Ella siguió coleccionando joyas exclusivas.

Ella rehusó varias invitaciones del nuevo escritor de moda.
Él dejó de medir la longitud de las faldas de sus empleadas.

Él concluyó que, total, en fin, para qué.
Ella se convenció de que, bueno, total, qué más da.
.


ēgm. 2010

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