Joan García de Guilhade

Trovador portugués, nacido en Guilhade, en Milhazes, Barcelos, activo en el segundo y tercer cuartos del siglo XIII, y muerto después de 1270. En los manuscritos Joham de Guylhade, en portugués João Garcia de Guilhade.
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Cantigas de amigo


I. Treides todas, ai amigas, comigo

Venid todas, ay amigas, conmigo
a ver a un hombre muy enamorado
que yace malherido a nuestro lado,
y aunque hoy tiene gran pena consigo,
no quiere morir, y herir a alguien quien
le tiene amor, aunque él ama a alguien bien.

Ya él de las heridas moriría
si no fuera por su amor verdadero;
siempre apreciad amor de caballero
pues muy ciertamente en esto porfía:
no quiere morir, y herir a alguien quien
le tiene amor, aunque él ama a alguien bien.

Ama Joan de Guillade lealmente
y que por nosotras le sea loado
y de la que él ama Dios le dé el agrado,
pues él con gran lealtad, ciertamente,
no quiere morir, y herir a alguien quien
le tiene amor, aunque él ama a alguien bien.

II. Por Deus, amigas, qué será

Por Dios, amigas, ¿qué será?
Pues ya en el mundo no hay quien
como amigo ame a dama bien,
y así este mundo, ¿qué es ya?
Si el amor no tiene poder,
ni un hermoso talle tener,
ni la hermosura, ¿qué valdrá?

Mirad por qué lo digo así:
porque no hay en el mundo rey
que al ver mi talle y buena ley
no muriera al pronto por mí;
mas mis ojos, que verdes son,
mi amigo no vio en la ocasión
en que ahora pasó por aquí.

Dama que amigo ha de tener
que ya no confíe en sus dos
bellos ojos, creed por Dios,
pues desde hoy no le es menester,
ya que mis ojos y mi buen
talle vio aquel, y él también
vino y se va sin caso hacer.

Y, ya que no vale tener
buen talle y bella parecer,
bellas seamos sin más hacer.

III. Quer’ eu, amigas, o mundo loar

Quiero yo, amigas, al mundo alabar
lo que Nuestro Señor me dio a la vez:
a mí me hizo hermosa y de buen prez
y a mi amigo me hizo mucho amar;
y el mundo es la mejor cosa también
de las que Él hizo a quien Dios hace bien.

El paraíso es bueno, así os dirán,
pues lo hizo Dios, y yo os doy la razón,
mas los amigos que en el mundo son
con sus amigas gran placer tendrán;
y el mundo es la mejor cosa también
de las que Él hizo a quien Dios hace bien.

Al paraíso yo querría ir,
como cualquiera, ya que he de morir,
mas, la dama a su amigo se ha de unir
y puede en el mundo con él vivir,
y el mundo es la mejor cosa también
de las que Él hizo a quien Dios hace bien.

Y a aquel que esto no tuviera a bien
que nunca Dios le dé nada también.

IV. Sanhud’ andades, amigo

Enojado estáis, amigo,
porque no causo mi daño
con vos y, a fe y sin engaño,
ahora os juro y os digo
que nunca ese acuerdo, os advierto,
conmigo, amigo, será cierto.

En verdad no estoy tan loca
y ese acuerdo no me agrada,
mas os doy esta lazada,
guardad la cinta y la toca,
que nunca ese acuerdo, os advierto,
conmigo, amigo, será cierto.

Ay, don Joan de Guillade,
yo siempre fui vuestra amiga,
y nada más hay que os diga:
quizá otro acuerdo me agrade,
que nunca ese acuerdo, os advierto,
conmigo, amigo, será cierto.

V. Amigas, o meu amigo

Amigas: ya de mi amigo
decís que va haciendo alarde
junto al Rey, a quien Dios guarde,
de mi cinta, y esto os digo:
que la lleve yo le mando,
de mi cinta alardeando.

En verdad bien observabais
que yo le he dado regalos
y los suyos no son malos,
mas de eso de que me hablabais,
que la lleve yo le mando,
de mi cinta alardeando.

Si alardea, y a eso osa,
os diré yo lo que haréis:
nunca más me lo diréis,
y aun escuchad una cosa:
que la lleve yo le mando,
de mi cinta alardeando.

VI. Vistes, mías donas, quando noutro día

Visteis, mis damas: cuando el otro día
aquí mi amigo conmigo él habló
fue muy quejoso y, porque se quejó,
le di yo, pues, la cinta que tenía,
mas él me demanda otra tontería.

Y visteis, que nunca tal cosa viera:
por quejarse, mis damas, de esa guisa,
me pidió allí el cordón de la camisa
y yo a él di cuanto me pidiera,
mas él me demanda lo que no hiciera.

Tendrá don Joan de Guillade, en verdad,
siempre que él quiera, amigas, mis regalos,
pues ya él me dio muchos y no eran malos,
por eso le tendré siempre lealtad,
mas él me demanda otra impropiedad.

VII. Amigas, tamanha coita

Amigas: como esta pena
en mi vida sufrí nada,
y os diré la tan gran pena
con la que estoy apenada:
amigas, tiene mi amigo
amiga allá consigo.

Que nunca veáis pena,
amigas, cual veo yo hoy,
y os diré cómo es mi pena
con la que apenada estoy:
amigas, tiene mi amigo
amiga allá consigo.

Estoy muriendo de pena,
tan gran pena me mancilla;
diré que tal pena es pena
que tengo en gran maravilla:
amigas, tiene mi amigo
amiga allá consigo.

VIII. Par Deus, amigas, ja me non quer ben

Por Dios, amigas: no me quiere bien
ya mi amigo, pues ahora paró
donde yo lo vi, y otra le mandó;
y os diré, amigas, algo también:
si él me quisiera como solía,
ya ahora, amigas, conmigo estaría.

Y ya satisfecho está su corazón
y, amigas, una cosa yo os diré aquí,
pues paró donde mi cinta le di,
y, mis amigas, Dios me dé perdón:
si él me quisiera como solía,
ya ahora, amigas, conmigo estaría.

Mucho lloré por él con estos dos
ojos del pesar que me hizo sufrir;
cuanto dije, otro lo quisiera oír,
ay, mis amigas, y válgame Dios:
si él me quisiera como solía,
ya ahora, amigas, conmigo estaría.

IX. Vi oj’ eu donas mui ben parecer

Hoy vi yo damas hermosas estar
y de buen prez y buen juicio también
y muy amigas son de todo bien,
mas de una moza ya os quiero hablar:
en belleza venció a cuantas halló
una moza que ahora mismo llegó.

Y que no tenían par yo pensé
en belleza aquellas damas que vi,
pues tan bien me parecían allí,
mas, cuando la moza a su lugar fue
en belleza venció a cuantas halló,
una moza que ahora mismo llegó.

Qué severamente a todas venció
esta doncella de tan poca edad;
ya están vencidas por esta beldad,
pues cuando la moza allí apareció
en belleza venció a cuantas halló,
una moza que ahora mismo llegó.

X. Amigas, que Deus vos valha, quando venher meu amigo

Amigas: que Dios os valga, cuando venga mi amigo
hablad unas con las otras mientras él hable conmigo,
pues muchas cosas diremos
que ante vos no hablaremos.

Sé que por hablar conmigo llegará muy preocupado,
y vosotras acercaos allá todas al estrado,
pues muchas cosas diremos
que ante vos no hablaremos.

XI. Morr’ o meu amigo d’ amor

Muere de amor mi amigo hoy
y yo no me lo creo bien,
y por ello dijo él también
que irá a morir donde yo estoy,
y de corazón me plació
por ver si él se muere o si no.

Y, porque yo merced le hiciera,
así él vino a pedirme a mí
que lo deje morir aquí
y lo mire cuando se muera;
y de corazón me plació
por ver si él se muere o si no.

Mas nunca ya crea mujer
que por ella mueren así,
pues nunca yo a ese tal vi,
y que él muera, si es su placer,
y de corazón me plació
por ver si él se muere o si no.

XII. Diss’, ai amigas, don Joan García

Dice, ay amigas, don Joan García
que por no dañarme no moría;
mal actuó cuando así decía,
y por esto lo hago morir por mí:
pues ya visteis cómo él presumía,
lleve el diablo el juicio que tiene en sí.

Ahora él dice que por mí trovaba
y ya me nombró cuando lidiaba;
su mal causó, porque no callaba,
y por esto lo hago morir por mí:
bien sabéis vos cuánto él se jactaba,
lleve el diablo el juicio que tiene en sí.

Anduvo él mucho por mí trovando
y de mis regalos fue hablando,
y por las lides me iba nombrando
y por esto lo hago morir por mí;
porque mucho se andaba él jactando,
lleve el diablo el juicio que tiene en sí.

XIII. Fostes, amig’, oje vencer

Venís, amigo, hoy de vencer
a todos en bohordar bien
en la boda, y aún también
algo más me causa placer:
la gloria de la belleza en la boda,
en verdad que me la llevo yo toda.

Y, ya que los vencéis así,
nunca debían alanzar
con vos, amigo, ni bohordar;
mas hablemos también de mí:
la gloria de la belleza en la boda,
en verdad que me la llevo yo toda.

Y me place cuanto yo sé:
que vuestro buen prez es verdad,
mi amigo, y, con sinceridad,
otro gran placer os daré:
la gloria de la belleza en la boda,
en verdad que me la llevo yo toda.

Y a las damas les pesó hoy
cuando fui con ellas a estar
y se fueron a acicalar;
mas, que os plazca ya como voy:
la gloria de la belleza en la boda,
en verdad que me la llevo yo toda.

XIV. Chus mi tarda, mías donas, meu amigo

Más me tarda, damas mías, mi amigo
de lo que él afirmaba,
y con la gran pena que me causaba
no tengo paz conmigo,
y ya juré que mientras no lo viera
yo nunca más durmiera.

Cuando tuvo que ir a la romería,
dejó un día fijado
que vendría, y no viene, desdichado:
hoy se ha cumplido el día,
y ya juré que mientras no lo viera
yo nunca más durmiera.

Antes de haberse de mí partido
él me juró llorando
que vendría, y me dijo plazo y cuándo;
ya el plazo se ha cumplido,
y ya juré que mientras no lo viera
yo nunca más durmiera.

XV. Cada que vén o meu amig’ aquí

Cada vez que viene mi amigo aquí
dice, amigas, que perdió por temor
de mí la razón y que por mi amor
muere, mas yo creo que no es así,
pues no lo veo muerte padecer
ni tampoco lo veo enloquecer.

Él llora mucho y empieza a jurar
que está loco, y quiere que por mí muere
yo me crea, y, pues morir no quiere,
bien sé yo que él no tiene en qué pensar,
pues no lo veo muerte padecer
ni tampoco lo veo enloquecer.

Ahora veamos lo que él dirá
si viniera vivo y loco no esté:
«¿No habéis muerto de amor?» yo le diré.
Es mejor que deje de hablarme ya,
pues no lo veo muerte padecer
ni tampoco lo veo enloquecer.

Y que él muere ya no me hará creer,
a no ser que muerto lo llegue a ver.

XVI. Per boa fe, meu amigo

En verdad, ay mi amigo,
muy bien sé que me tuvisteis
gran amor y que estuvisteis
mucho tiempo bien conmigo,
mas, mirad lo que yo os digo:
se acabó.

Aquellos grandes amores
que yo y vos siempre tuvimos,
nunca cima bien le dimos,
como Blancaflor y Flores,
y el tiempo de jugadores
se acabó.

Yo ya hablé en loca manía
con vos, y con gran cordura,
y con juicio y con locura,
y cuanto duraba el día;
mas esto, ay don Joan García,
se acabó.

Y ya esa locura toda
se acabó;
se acabó el pastel de boda,
se acabó.

XVII. Estas donzelas que aquí demandan

De estas doncellas a quienes reclaman
sus amigos que ellas les hagan bien,
querré, amigas, saber algo también:
¿qué es aquello que ellos les reclaman?
Pues un amigo al que yo siempre amé
me pidió una cinta y se la entregué,
mas ellos creo que más les reclaman.

El mío estaría perdido conmigo
si me pidiera, amigas, cosa tal,
mas pedir cinta no es ningún mal,
y por esto no se perdió conmigo;
pero si él otra demanda me hiciese,
Dios me cofunda si cinta le diese
y se perdería por siempre conmigo.

Mas a la doncella que es bien servida
por su amigo esto le es menester:
dele su cinta, si lo quiere hacer,
si ella entendiera que así es bien servida;
mas si él ya otro asunto mayor quisiera,
maldita sea quien su amiga fuera
y quien se tenga de él por bien servida.

Y de ese asunto yo nada sé bien;
pero ella por amigo tendrá a quien
no le está guardando lealtad cumplida.

XVIII. Fez meu amigo gran pesar a mí

Me dio mi amigo un gran pesar aquí
y, aunque él me causó tamaño pesar,
por vos lo hube, amigas, de perdonar;
y hoy llegó él y yo le dije así:
«Venid ya, puesto que ya os perdoné,
pero ya nunca bien yo os querré».

Le perdoné, mas no con la menor
intención de algún bien llegarle a dar,
y él quiso hoy a mí sus ojos alzar
y yo le dije: «Ojos de traidor,
venid ya, puesto que ya os perdoné,
pero ya nunca bien yo os querré».

Este perdón fue, en verdad, con el plan
de que nunca más de mí hubiera amor,
y ya no osaba venir por temor,
y yo le dije: «Ay, “Cabeza de can”,
venid ya, puesto que ya os perdoné,
pero ya nunca bien yo os querré».

XIX. Fez meu amigo, amigas, seu cantar

Hizo mi amigo, amigas, un cantar,
bien en verdad, con muy buena razón
y sin jactancia, y le hizo buen son,
y una dama se lo quiere apropiar;
mas por quien lo hizo, yo lo sé ya,
y este cantar solo una vez valdrá.

Cuando yo este cantar le oí,
su razón en seguida entendí yo:
por quién fue hecho y también por quién no,
y una dama lo quiere para sí;
mas por quien lo hizo, yo lo sé ya,
y este cantar solo una vez valdrá.

Y en el cantar muy bien yo sé entender
cómo fue hecho y también para quién,
y este cantar disimula muy bien,
y una dama que es por ella ha de creer;
mas por quien lo hizo, yo lo sé ya,
y este cantar solo una vez valdrá.

XX. Foi s’ ora d’ aquí sanhudo

─Se fue hoy de aquí ofendido,
ay amiga, vuestro amigo.
─Perdido, amiga, es conmigo
y, pese a que me ha perdido,
ese traidor conocido
acá vendrá, pues vendrá,
acá vendrá.

─Amiga: abandonado
por vos estaba y moría.
─Sois bien necia, amiga mía:
hoy se fue apesadumbrado,
mas él, y mal de su grado,
acá vendrá, pues vendrá,
acá vendrá.

─Amiga, con lealtad:
dicen que él anda muriendo.
─Vos lo andáis diciendo,
amiga, esta es la verdad,
mas el Guillade, escuchad,
acá vendrá, pues vendrá,
acá vendrá.

XXI. Ai amigas: perdud’ an conhocer

Ay amigas: perdieron el saber
los trovadores que en el reino son
de Portugal; no tienen corazón
de decir bien, cual solían hacer,
de vosotras, y ni hablan de amor,
y otra cosa hacen que aún es peor:
no quieren la belleza enaltecer.

Y, amigas, no tienen el menor
placer por veros, y os diré así:
los trovadores ya van mal aquí:
no hay quien sirva a dama como señor
y ni aun que trove a ninguna mujer;
maldita sea la que dijo ayer
a quien no trova que es trovador.

Mas, amigas, remedio ha de tener
la dama hermosa que prez quiere hallar:
nunca quejarse y el tiempo esperar
y los malos tiempos dejar correr,
pues creo yo que pronto alguien vendrá
que a las hermosas las alabará
y veréis pronto el amor más valer.

Y los que ahora olvidados son
de serviros, sabido es quienes son:
déjeles Dios mala muerte tener.

XXII. Venhestes me, amigas, rogar

Me habéis venido a rogar
que hable, amigas, con mi amigo
y que lo avenga conmigo,
mas de él me quiero alejar,
porque, si algo con él yo llego a hablar,
cuanto yo hable con “Cabeza de can”,
todas pronto lo sabrán.

Cabeza de can perdido,
Guilhade, el sin lealtad,
con otra habla, en verdad,
y es traidor bien conocido
y por esto, amigas, ya es sabido:
cuanto yo hable con “Cabeza de can”,
todas pronto lo sabrán.

Y, si regalos le diera,
amigas, como solía,
a todas él lo diría,
y lo que yo le dijera,
y lo hablado, si con él tal yo hiciera:
cuanto yo hable con “Cabeza de can”,
todas pronto lo sabrán.
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Nota. Cantiga VIII: Se ha perdido el que sería el verso segundo o tercero de la segunda estrofa; se completa a partir del cuarto de la primera.


Paráfrasis
I. Venid todas, ay amigas, conmigo/ a ver a un hombre muy enamorado/ que yace aquí, junto a nosotras, malherido,/ y aunque hoy tiene muchas penas consigo,/ no quiere morir, porque no le pese a alguien/ que le tiene amor, pero él ama mucho a alguien.// Él ya moriría ahora por las heridas/ si no fuera por su gran amor verdadero;/ apreciad siempre el amor de un caballero,/ pues él, de seguro, en esto porfía:/ no quiere morir, porque no le pese a alguien/ que le tiene amor, pero él ama mucho a alguien.// Lealmente ama Joan de Guilhade/ y de todas nosotras le sea elogiado/ y Dios le dé el agrado de aquella por quien lo hace,/ pues él, de seguro, con lealtad muy grande,/ no quiere morir, porque no le pese a alguien/ que le tiene amor, pero él ama mucho a alguien.
II. Por Dios, amigas, ¿qué será?/ Pues ya el mundo no es nada/ ni quiere bien amigo a señora,/ y este mundo, qué es ya?/ Pues aquí el amor no tiene poder,/ ¿de qué vale su hermosura/ ni su buen talle a quien los tiene?// Veis por qué lo digo así:/ porque no hay rey en el mundo/ que viese el talle que yo tengo/ que no se muriera por mí,/ incluso mis ojos son verdes,/ y mi amigo ahora no/ me vio, y pasó por aquí.// Pero la dama que tuviera amigo,/ de hoy en adelante, crea, por Dios,/ que no se esfuerce en sus ojos,/ pues en adelante no le es menester,/ pues ya vio alguien mis ojos/ y mi buen talle, y ahora viene/ y se va en cuanto quiere irse.// Y, ya que no ha de valer/ buen talle ni hermosura,/ seamos tan hermosas como sea.
III. Quiero yo, amigas, el mundo loar/ por cuanto bien aquí me hizo Nuestro Señor:/ me hizo hermosa y de muy buen prez,/ además hace que mi amigo me ame mucho;/ este mundo ya es la mejor cosa/ de las que Dios hizo a quien Él hace bien aquí.// El paraíso ya es bueno, de seguro,/ pues lo hizo Dios, y yo no digo que no,/ pero los que son amigos en el mundo,/ amigas, ambos tienen mucho placer;/ este mundo ya es la mejor cosa/ de las que Dios hizo a quien Él hace bien aquí.// Yo querría alcanzar el paraíso/ cuando muera, igual que cualquiera,/ pero, cuando una dama tiene un amigo/ y puede vivir con él en el mundo,/ este mundo ya es la mejor cosa/ de las que Dios hizo a quien Él hace bien aquí.// Y a quien no tuviera esto por bien/ que nunca Dios le dé nada tampoco.
IV. Estáis enojado, amigo,/ porque no os hago mi daño/ a vos y, a fe, sin engaño,/ ahora os juro y os digo/ que ese acuerdo ya nunca/ amigo, será hecho conmigo.// De cierto no estoy tan loca/ que ya haga ese acuerdo,/ pero os doy esta lazada,/ guardad la cinta y la toca,/ que ese acuerdo ya nunca/ amigo, será hecho conmigo.// Ay, don Joan de Guilhade,/ yo siempre os fui amiga,/ y si queréis que os hable/ de otro acuerdo, hablad,/ que ese acuerdo ya nunca/ amigo, será hecho conmigo.
V. Amigas: mi amigo/ decís que se jacta/ en casa del Rey de mi cinta,/ y oíd lo que os digo:/ yo le mando que se jacte/ de mi cinta y que la ciña.// De seguro, todas vos sabéis/ que yo le di mis regalos/ y que él me los da muy buenos,/ pero de eso que me decís:/ yo le mando que se jacte/ de mi cinta y que la ciña.// Si él se jacta, pues ya osa,/ yo os diré lo que hagáis:/ ya nunca más me lo digáis;/ y os diré una cosa:/ yo le mando que se jacte/ de mi cinta y que la ciña.
VI. Visteis, mis damas, cuando el otro día/ habló mi amigo conmigo:/ estuvo muy quejoso y, porque se quejó,/ yo le di entonces la cinta que llevaba,/ pero él ahora me pide otra locura.// Y visteis, que nunca se viera tal cosa:/ por venir a quejarse, mis damas, tan sin manera,/ hizo que me quitara el cordón de la camisa/ y de él yo bien le di cuanto él me pidió,/ pero él ahora me pide otra cosa, que no hiciera.// Siempre tendrá don Joan de Guilhade,/ mientras él quisiera, amigas, mis regalos,/ pues él ya muchos me dio y muy buenos;/ por eso siempre le tendré lealtad,/ pero él ahora me pide otra inmoralidad.
VII. Amigas: pena tan grande/ nunca sufrí desde que nací,/ y os diré la gran pena/ con la que yo soy infeliz:/ amigas, mi amigo tiene/ consigo una amiga en otra tierra.// Vos nunca veáis pena,/ amigas, cual yo veo hoy,/ y os diré mi pena/ con la que yo soy infeliz:/ amigas, mi amigo tiene/ consigo una amiga en otra tierra.// Yo estoy muriendo de pena,/ tan grande pena me apresa,/ y diré: mi pena es una pena/ que me parece gran maravilla;/ amigas, mi amigo tiene/ consigo una amiga en otra tierra.
VIII. Por Dios, amigas: ya no me quiere bien/ mi amigo, pues ahora se quedó/ donde yo me vi con él, y otra lo mandó,/ y os, diré amigas, una cosa:/ si él me quisiera como solía,/ ahora, amigas, ya estaría conmigo.// su corazón Y ya está satisfecho/ […]/ pues él se quedó donde le di mi cinta,/ y amigas mías, si Dios me perdona,/ si él me quisiera como solía,/ ahora, amigas, ya estaría conmigo.// Él me hizo llorar mucho con mis ojos/ por el gran pesar que hizo que hoy tenga;/ cuanto yo dije, otro me lo había oído decir,/ ay amigas mías, así Dios me valga:/ si él me quisiera como solía,/ ahora, amigas, ya estaría conmigo.
IX. Yo hoy vi damas de mucha hermosura/ y de muy buen prez y de muy buen juicio,/ y son muy amigas de todo bien,/ pero os quiero hablar de una moza:/ venció en hermosura a cuantas halló/ una moza que ha llegado ahora.// Yo pensaba que no tenían igual/ en hermosura las damas que yo vi,/ tan bellas me parecían allí,/ pero, cuando la moza tomó su lugar,/ venció en hermosura a cuantas halló/ una moza que ha llegado ahora.// Qué severamente venció a todas/ la mocita; en poco tiempo/ todas fueron vencidas en hermosura,/ en cuanto apareció allí la moza,/ venció en hermosura a cuantas halló/ una moza que ha llegado ahora.
X. Amigas, que Dios os valga: cuando venga mi amigo,/ hablad siempre unas con otras mientras él hable conmigo,/ pues muchas cosas nos diremos/ que ante vos no diríamos.// Yo sé que, por hablar conmigo, él llegará muy afligido,/ y vos id todas acercándoos a aquel estrado,/ pues muchas cosas nos diremos/ que ante vos no diríamos.
XI. Mi amigo muere de amor/ y yo no os lo creo aún,/ y él entonces me dice por ello/ que vendrá a morir donde yo esté,/ y a mí me place de corazón,/ por ver si muere o si no.// Él envió a decirme así:/ que yo, por cortesía mía,/ lo dejase morir aquí/ y que lo vea cuando muera;/ y a mí me place de corazón,/ por ver si muere o si no.// Pero ya nunca crea mujer/ que por ella mueren así,/ pues nunca yo a ese tal vi,/ y si a él le place, que muera, / y a mí me place de corazón,/ por ver si muere o si no.
XII. Dice, ay amigas, don Joan García/ que, por no causarme pesar, no moría;/ mal procedió en lo que había dicho,/ pues por esto lo hago morir por mí:/ vos ya visteis de lo que se jactaba;/ el diablo lleve el juicio que tiene de sí.// Él ya dice que por mí trovaba,/ además me mencionó cuando lidiaba;/ su daño causó, pues no se calló,/ pues por esto lo hago morir por mí:/ vos sabéis lo que se alababa;/ el diablo lleve el juicio que tiene de sí.// Él anduvo trovando mucho por mí/ y publicando todo lo que sentía por mí,/ y en las lides iba mencionándome/ pues por esto lo hago morir por mí:/ pero andaba alabándose mucho;/ el diablo lleve el juicio que tiene de sí.
XIII. Hoy fuisteis, amigo, a vencer,/ en la boda, en bohordar bien/ a todos los otros y eso me place;/ os diré además otro placer:/ la gloria de la hermosura en la boda,/ a buena fe, yo me lo la llevo toda.// Y, pues los vencéis así,/ nunca deberían alanzar/ con vos, amigo, ni bohordar;/ luego hablemos también de mí:/ la gloria de la hermosura en la boda,/ a buena fe, yo me la llevo toda.// Y me complazco mucho en lo que sé:/ que vuestro buen prez es verdad,/ mi amigo, y, a buena fe,/ otro gran placer os diré:/ la gloria de la hermosura en la boda,/ a buena fe, yo me la llevo toda.// A todas las damas les pesó/ cuando me vieron estar con ellas/ y quisieron acicalarse;/ pero complaceos en cómo yo voy:/ la gloria de la hermosura en la boda,/ a buena fe, yo me la llevo toda.
XIV. Me tarda más, mis damas, mi amigo/ de lo que él había acordado conmigo,/ y por ello me crece una pena tan fiera/ que no tengo el corazón conmigo,/ y juré que, hasta que lo viera,/ ya nunca dormiría nada.// Cuando él tuvo que hacer la romería,/ me puso un día marcado/ en que vendría, y no viene, desdichado:/ hoy se cumple el día,/ y juré que, hasta que lo viera,/ ya nunca dormiría nada.// Aquel día que se alejó de mí,/ él me juró llorando/ que vendría, y me puso plazo y fecha;/ ya el plazo está cumplido,/ y juré que, hasta que lo viera,/ ya nunca dormiría nada.
XV. Cada vez que mi amigo viene aquí/ me dice, ay amigas, que ha perdido el sentido/ por mí, y dice que muere por mi bien,/ pero yo creo que en realidad no es así,/ pues yo nunca le veo tener muerte/ ni tampoco le veo nunca enloquecer.// Él llora mucho y empieza a jurar/ que está loco y quiere hacerme creer/ que muere por mí, y, ya que no quiso morir,/ yo sé muy bien que él está tranquilo,/ pues yo nunca le veo tener muerte/ ni tampoco le veo nunca enloquecer.// Ahora veamos lo que nos dirá/ cuando llegue vivo y que no esté loco;/ también le diré yo: «¿No habéis muerto de amor?»/ Pero mejor que se aparte ya de mi asunto,/ pues yo nunca le veo tener muerte/ ni tampoco le veo nunca enloquecer.// Y ya nunca más me hará creer/ que muere por mí, a no ser que muriera.
XVI. A buena fe, mi amigo,/ yo sé muy bien que me tuvisteis/ gran amor y estuvisteis/ bien conmigo una gran temporada,/ pero, veis lo que os digo:/ ya acabó.// Los grandes amores nuestros / que yo y vos siempre tuvimos,/ nunca los levamos al final,/ como Blancaflor y Flores,/ pero el tiempo de andar con juegos/ ya acabó.// Ya yo hablé con desvarío/ con vos, y con gran cordura,/ y con juicio y con locura,/ cuanto duraba el día,/ pero esto, ay don Joan García,/ ya acabó.// Y todo ese desvarío / ya acabó;/ ya está acabado el pan de la boda,/ ya acabó.
XVII. Estas doncellas a las que aquí piden/ sus amigos que les hagan bien,/ querré, amigas, saber una cosa:/ ¿qué es aquello que ellos les piden?/ Pues un amigo al que yo siempre amé/ me pidió una cinta, y ya se la di también,/ pero pienso que ellos les piden otra cosa.// El mío se habría perdido conmigo/ por siempre, amigas, si me pidiera otra cosa,/ pero pedir una cinta no es ningún mal,/ y por esto no se perdió conmigo;/ pero si él me hiciera otra petición,/ Dios me confunda si yo le diese la cinta / y él ya se iba a perder siempre conmigo.// Pero a la doncella a la que ha servido mucho/ su amigo, debe hacer esto:/ dele su cinta, si quisiera dársela,/ si entendiera que la ha servido mucho;/ pero si él ya quiere otro asunto mayor,/ maldita sea quien fuera su amiga/ y quien se tuviera por bien servida por él.// Y yo no sé nada de ese asunto;/ pero, si ella lo tiene por amigo,/ él no le tiene completa lealtad.
XVIII. Mi amigo me causó pesar/ y, aunque él me causó un pesar tan grande,/ amigas, hicisteis que le perdonara;/ y llegó hoy, y yo le dije así:/ «Venid ya, pues ya os perdoné,/ aunque ya nunca os querré bien».// Yo le perdoné, pero ya no con gusto/ de que yo tuviera que hacerle bien,/ y él quiso hoy alzar sus ojos a mí/ y yo le dije: «Ojos de traidor,/ venid ya, pues ya os perdoné,/ aunque ya nunca os querré bien».// Este perdón fue de manera, en verdad,/ en que ya nunca más tuviera amor conmigo,/ y por el temor ya no osaba venir,/ y yo le dije: «Ay, “Cabeza de can”,/ venid ya, pues ya os perdoné,/ aunque ya nunca os querré bien».
XIX. Hizo mi amigo, amigas, su cantar,/ a buena fe, con muy buena sentido/ y sin jactancia, y le hizo buen son,/ y una dama quiso apropiárselo;/ pero yo sé bien por quién se hizo el cantar,/ y el cantar solo valdrá para una ocasión.// En cuanto yo le oí este cantar,/ enseguida entendí su sentido:/ sé bien por quién fue hecho y por quién no,/ y una dama lo quiere para sí;/ pero yo sé bien por quién se hizo el cantar,/ y el cantar solo valdrá para una ocasión.// En el cantar yo entendí muy bien/ cómo fue hecho, tanto como para quién,/ y el cantar está muy bien disimulado,/ y una dama lo tuvo por suyo;/ pero yo sé bien por quién se hizo el cantar,/ y el cantar solo valdrá para una ocasión.
XX. ─Se fue ahora de aquí enojado,/ amiga, vuestro amigo./ ─Amiga, él está perdido conmigo/ y, aunque está perdido conmigo/ el traidor conocido,/ acá vendrá, pues vendrá,/ acá vendrá.// ─Amiga, abandonado/ estaba por vos y moría./ ─Sois, amiga, sandia:/ ahora huyó muy afligido,/ pero él, a su pesar,/ acá vendrá, pues vendrá,/ acá vendrá.// ─Amiga, con lealtad:/ dicen que está muriendo./ ─Vos lo andáis diciendo,/ amiga, esta es la verdad,/ pero el que alardea, el Guilhade,/ acá vendrá, pues vendrá,/ acá vendrá.
XXI. Ay amigas: han perdido el saber/ cuantos trovadores hay en el reino/ de Portugal; ya no tienen conocimiento/ de decir bien como solían decir/ de vos, y ni siquiera hablan de amor,/ y hacen otra cosa que además me parece peor:/ ya no quieren ensalzar la belleza.// Ellos, amigas, perdieron el gusto/ de veros, además os diré otra cosa:/ los trovadores ya van a menos:/ aquí ya no hay uno que sirva a señora,/ ni siquiera que trove por una mujer;/ maldita sea la que alguna vez diga/ a quien no trova que es trovador.// Pero amigas, un consejo ha de seguir/ la dama que ame prez y belleza:/ esperar y no quejarse/ y dejar que pasen los malos tiempos,/ pues yo bien pienso que pronto vendrá alguien/ que aprecia a la que es bella/ y pronto veréis valer el amor.// Y los que ya han dejado/ de serviros, es sabido quiénes son:/ déjelos Dios tener mala muerte.
XXII. Vinisteis, amigas, a rogarme/ que hable con mi amigo/ y que lo avenga conmigo,/ pero yo quiero alejarme de él,/ pues, si hablara con él alguna cosa,/ cuanto yo hable con “Cabeza de can”/ pronto lo sabrán todas.// Cabeza de can perdido,/ y, ya que no tiene lealtad/ y habla con otra, el Guilhade,/ es traidor conocido,/ y por esto, amigas, es sabido:/ cuanto yo hable con “Cabeza de can”/ pronto lo sabrán todas.// Y, si yo le diera mis regalos,/ amigas, como solía,/ él se lo diría a todas,/ y todo cuanto yo le dijera/ y la conversación, si con él la tuviera:/ cuanto yo hable con “Cabeza de can”/ pronto lo sabrán todas.

Joan García de Guilhade. Cantigas
Índice Cantigas de amigo
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

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