Meditaciones de las aves

Nadie viene, nadie da,
cuando las niñas sabían jugar,
cuando los chicos bebían de pie,
por los aromas del aire subían
rudos besitos de aguanís,

cruzamos errabundos la sabana
hasta el gran río de sal,
no creemos ser humanos
mientras roemos huesos descarnados
de cadáveres de espejismos,

ante el tiempo, ¿tú qué eres?
longincua isla asolada
por imprecisos huracanes,
difusos terremotos y tsunamis,
despierta, viajero sin norte,

regresa el astro al horizonte,
quizá florezca de nuevo,
salobral isla remota
sin grados ni coordenadas,
peñasco, ¿quién tú eres?

juega duro a tu rudo juego,
¿qué entiendes de los vuelos y las suaves
levitaciones de las aves?
condúcete como un recio robot
en la ciclópea luz del ciclón,

y comprendimos el mar sobre balsas,
la consecuencia es la causa olvidada,
ocultos en las sombras del maizal
los mirlos reparten las cartas,
pon a enfriar tu frialdad,

asciende olor de berberechos
desde los bajíos de tu arenal,
mientras juzgas a los demás
no te acuerdas de juzgarte a ti mismo,
¿ves a los nómadas en el desierto?

tosco truco para sobrevivir,
¿ves los icebergs en el golfo,
ves a los uros bajo la nevada?
amén, calla, amor, amén, como
nadie sabe, nadie ya,

¿has visto las torres de Ur?
¿y las largas autopistas de Marte?
el macho es azul y la hembra
verde, de la libélula,
aún llueve sobre el asfalto mojado,

reza a la diosa afeitada
de las tres grutas, ¿quién,
calle encallada, qué tú eres?
el dios serpiente se esconde en la hiedra
de las ruinas de la familia,

pensar no sabes ni explorar,
pero juegas a jugar con tesoros,
un error sumado a otro error
es lo que suele acabar en catástrofe,
no sabes pensar ni escarbar,

millones de millares de millones
de docenas de universos,
y yo, otro traguito aún,
mintiendo un mito de la creación,
en inflación infinita,

transversos y perversos,
hacia tu perla bonita,
¿querrás seguir chupando un poco más?
el anacoreta en la ría gris,
relegaba el sexo y la dispersión,

calla, amor, amén, amor,
olvidada, la causa es consecuencia,
ay, yo, otro vasito aún,
¿qué sabes de los sueños y las graves
meditaciones de las aves?

creo que no debiera emborracharme
mientras te consagro otra copa,
fingimos no ser humanos
brincando entre las cúspides de Júpiter
y los menhires de Saturno,

¿o era, señor Arquero, al revés?
bailando en corro en la disco de moda,
tú ignorabas que yo puedo llegar
a lo que tengo de neandertal
bajo las uñas recortadas,

chanclas y pantalón azules, donde
nadie quiere, nadie irá,
y yo, camisa azul y blanca, cuando
nadie vuelve, nadie allá,
sigo sin poder soportar el jazz,

tan solo media hora más contigo,
ni su falsa afectación,
y un vuelco en el saltamontes salvaje,
no recuerdo el nombre, ni la cara,
apenas besos de agua y anís

en la bajamar de tu playa,
¿qué intuyes de las rutas y las graves
hesitaciones de las aves?
velado olor a berberechos,
amor, calla, amén, amén,

navegábamos costeando
y en algún lugar aguardaba el cono,
la urraca grazna en la antena,
los cuervos van repartiendo los naipes
y tú solo puedes mirarlos,

cuando las niñas podían saltar,
tras el susurro de una oración,
entonces el volcán nos sorprendió
con su cono incontinente
en piroplástica eyaculación,

apenas media noche más contigo
y esa forma de absorber,
rompe como un mecanismo automático
si se eleva la tensión,
libélulas irisando el estanque,

violencia de incendio y riada
y furia en autocombustión,
haz aflorar tu frialdad,
libélulas incendiando el jardín,
a mis reflejos de neandertal,

jamás toleres la traición
en nombre de la corrección,
olvida, por tu bien,
pero nunca perdones, por su mal,
sorbe aún un poquito más,

las verdades absolutas
suelen ser completas mentiras,
te mueves como una avispa, mi ardor,
en una cajita de cartón, porque
nadie tiene, nadie va,

vagamos los barrancos y las dunas
con amuletos de cuerno
atados a nuestras muñecas
y bien aguzados bifaces
de sílex en el fondo del zurrón,

vencimos las llanuras sin comida
y derrotamos al mar y a las olas
tragándonos toda la sed,
conquistamos continentes y océanos
tras los versos de una canción,

debajo de las uñas bien limadas,
helada de lava celeste
inflamando mi autodeflagración
contra el volcán, dejadlo florecer,
aislado islote mareal,

entre recuerdos acuosos
y planetas ultracivilizados,
rudos duritos besos de aguanís,
amor de almeja y berberecho
con un zumito de limón,

enfría tu frialdad, y yo,
rolábamos por mapas deslineados
meditando con los mirlos,
mientras las chicas sabían danzar,
cuando los hombres cantaban sin voz.
.


ēgm. 2012

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