T. S. Eliot

La canción de amor de san Sebastián


.
Llegaría vistiendo un cilicio,
llegaría con una lámpara en la noche
y me sentaría al pie de tu escalera;
me azotaría hasta sangrar
y tras horas y horas de plegaria
y tortura y placer,
hasta que mi sangre rodeara la lámpara
y centelleara en la luz,
me convertiría en tu neófito
y entonces apagaría la luz
para seguirte adonde tú me guiaras,
para seguirte donde tus pies son blancos
en la oscuridad, hacia tu cama,
y donde tu vestido es blanco,
y contra tu vestido tu pelo trenzado.
Entonces tú me aceptarías,
porque yo repugnaba a tu vista;
me aceptarías sin vergüenza
porque yo estaría muerto
y cuando viniera la mañana
mi cabeza descansaría entre tus pechos.

Llegaría con una toalla en la mano
e inclinaría tu cabeza por debajo de mis rodillas;
tus orejas se enroscan hacia atrás de cierto modo,
como no lo hacen las de nadie más.
Cuando el mundo entero se derrita al sol,
se derrita o congele,
recordaré cómo se enroscaban tus orejas.
Me demoraría un momento
y seguiría la curva con mi dedo,
y tu cabeza bajo mis rodillas…
Creo que al fin lo entenderías.
No habría nada más que decir.
Me amarías porque yo te había estrangulado
y también por mi infamia;
y yo te amaría aún más por haberte mutilado
y porque ya no serías nunca hermosa
para nadie salvo para mí.
.


T. S. Eliot. The Love Song of St. Sebastian
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

The Love Song of St. Sebastian

I would come in a shirt of hair
I would come with a lamp in the night
And sit at the foot of your stair;
I would flog myself until I bled,
And after hour on hour of prayer
And torture and delight
Until my blood should ring the lamp
And glisten in the light;
I should arise your neophyte
And then put out the light
To follow where you lead,
To follow where your feet are white
In the darkness toward your bed
And where your gown is white
And against your gown your braided hair.
Then you would take me in
Because I was hideous in your sight
You would take me in without shame
Because I should be dead
And when the morning came
Between your breasts should lie my head.

I would come with a towel in my hand
And bend your head beneath my knees;
Your ears curl back in a certain way
Like no one’s else in all the world.
When all the world shall melt in the sun,
Melt or freeze,
I shall remember how your ears were curled.
I should for a moment linger
And follow the curve with my finger
And your head beneath my knees—
I think that at last you would understand.
There would be nothing more to say.
You would love me because I should have strangled you
And because of my infamy;
And I should love you the more because I mangled you
And because you were no longer beautiful
To anyone but me.


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