Álvaro Cunqueiro

Los cuatro jefes de la casa de Gingiz


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Adonde el viento va, va el primero,
hijo escogido y raudo en el caballo.
—Reposa, príncipe, en el suelo la cabeza
y corónate con la arena del desierto.

Y tú, segundo jefe, alza la tienda
de telas tejidas con hilos de miedo.
—La noche se queja en tu frágil sueño
como el halcón del rey en guante oscuro.

Bebía vino caliente en copa de oro el tercero
cuando una espada le hendió la garganta.
Rojo vino y roja sangre en las manos y las rosas,
y en las estrellas, a las que llamaba por su nombre.

Y el cuarto, mi amado señor, ahora fugitivo,
al que celebran con gacelas y tórtolas,
ese para el que guirnaldas de camelias
se trenzan silenciosas en las cañadas del atardecer:

Una sombra que, semejante a Orestes,
vendrá un día a la plaza, donde los que venden
espadas y coplas, potros y vasos
descubren, si él sonríe, que es amargo el dátil.

La casa de Gingiz se extinguió hace mil años.
Yacen sus cuatro reyes en un oasis
y la dulcísima agua de diez fuentes
se vierte por los caños de sus huesos.
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Álvaro Cunqueiro. Os catro chefes da casa de Gingiz
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Os catro chefes da casa de Gingiz

Onde o vento vai, vai o primeiro,
fillo escolleito e raudo no cabalo.
―Apousa, principe, no chan a testa
e coróate coas areas do deserto.

E ti, o segundo chefe, ergue a tenda
con telas tecidas con fíos de medo.
―A noite quéixase no teu fráxil sono
coma o falcón de El Rei na luva moura.

Bebía viño quente en copa de ouro, o terceiro,
cando unha espada lle furou a gorxa.
Rubio viño e rubio sangue nas mans e nas rosas,
e nas estrelas, ás que chamaba polo seu nome.

E o cuarto, meu amado señor, agora fuxitivo,
a quen se gaba coa pomba e a gacela,
ese pra quen guirlandas de camelias
se trenzan silandeiras nos quenlles do serán:

Unha sombra que somellando a Orestes
virá un día á praza, onde os que venden
espadas e cancións, poldros e vasos,
descobren, si el sorrí, que é amargue o dátil.

A casa de Gingiz finouse hai mil anos.
Seus catro reis xacen nun oasis,
e a docísima auga das dez fontes
escurre polos canos dos seus ósos.


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