Federico García Lorca

Seis poemas gallegos


I. Madrigal a la ciudad de Santiago

Llueve en Santiago,
mi dulce amor.
Camelia blanca del aire
brilla entenebrada al sol.

Llueve en Santiago
en la noche oscura.
Hierbas de plata y de sueño
cubren la vacía luna.

Mira la lluvia por la calle,
lamento de piedra y cristal.
Mira el viento desvaído,
sombra y ceniza de tu mar.

Sombra y ceniza de tu mar,
Santiago, lejos del sol.
Agua de la mañana antigua
tiembla en mi corazón.

II. Romería de Nuestra Señora de la Barca

¡Ay parranda, parranda, parranda
de la Virgen pequeña
y de su barca!

La Virgen era pequeña
y su corona, de plata.
Amarillos los cuatro bueyes
que en su carro la llevaban.

Palomas de vidrio traían
la lluvia por la montaña.
Muertos y muertos de niebla
por las veredas llegaban.

¡Virgen, deja tu carita
en los dulces ojos de las vacas
y lleva sobre tu manto
las flores de la amortajada!

Por la testuz de Galicia
ya viene suspirando el alba.
La Virgen mira hacia el mar
desde la puerta de su casa.

¡Ay parranda, parranda, parranda
de la Virgen pequeña
y de su barca!

III. Cantiga del niño de la tienda

Buenos Aires tiene una gaita
sobre el Río de la Plata
que la toca el viento del norte
con su gris boca mojada.

¡Triste Ramón de Sismundi!
Allá, en la calle Esmeralda,
barriendo y siempre barriendo
polvo de estantes y cajas.

Por las calles infinitas
los gallegos paseaban
soñando un valle imposible
en la verde ribera de la Pampa.

¡Triste Ramón de Sismundi!
Sintió la muñeira del agua
mientras siete bueyes de luna
pacían en su memoria.

Se fue a la orilla del río,
orilla del Río de la Plata.
Sauces y caballos mudos
quiebran el vidrio de las aguas.

No encontró el gemido
melancólico de la gaita,
no vio al inmenso gaitero
con la boca florida de alas:

Triste Ramón de Sismundi,
orilla del Río de la Plata,
vio en la tarde moribunda
rojo muro de fango.

IV. Nocturno del adolescente muerto

Vamos silenciosos orilla del vado
para ver al adolescente ahogado.

Vamos silenciosos orillita del aire,
antes que ese río lo lleve hacia el mar.

Su alma lloraba, herida y pequeña
bajo las agujas de pinos y de hierbas.

Agua despeñada bajaba de la luna
cubriendo de lirios la montaña desnuda.

El viento dejaba camelias de sombra
en la claraboya mustia de su triste boca.

¡Venid mozos rubios del monte y del prado
para ver el adolescente ahogado!

¡Venid gente oscura de la cumbre y del valle
antes que ese río lo lleve hacia el mar!

Lo lleve hacia el mar de cortinas blancas
donde van y vienen viejos bueyes de agua.

¡Ay, cómo cantaban los árboles del Sil
sobre la verde luna como un tamboril!

Mozos, vamos, venid, pronto, llegad
porque ya ese río me lo lleva al mar!

V. Canción de cuna para Rosalía de Castro, muerta

¡Levántate, mi amiga,
que ya cantan los gallos del día!
¡Levántate, mi amada,
porque el viento muge, como una vaca!

Los arados van y vienen
desde Santiago a Belén.

Desde Belén a Santiago
un ángel viene en un barco.

Un barco de plata fina
que trae el dolor de Galicia.

Galicia acostada y quieta
transida de tristes hierbas.

Hierbas que cubren tu lecho
y la negra fuente de tus cabellos.

Cabellos que van al mar
donde las nubes tienen su claro palomar.

¡Levántate, mi amiga,
que ya cantan los gallos del día!
¡Levántate, mi amada,
porque el viento muge, como una vaca!

VI. Danza de la luna en Santiago

¡Observa a aquel blanco galán,
mira su transido cuerpo!

Es la luna que baila
en la Quintana de muertos.

Observa su cuerpo transido
negro de sombras y lobos.

Madre: la luna está bailando
en la Quintana de muertos.

¿Quién hiere potro de piedra
en la misma puerta del sueño?

¡Es la luna! ¡Es la luna
en la Quintana de muertos!

¿Quién observa mis grises vidrios,
llenos de nubes sus ojos?

¡Es la luna! ¡Es la luna
en la Quintana de muertos!

Déjame morir en el lecho
soñando con flores de oro.

Madre: la luna está bailando
en la Quintana de muertos.

¡Ay hija, con el aire del cielo
me vuelvo blanca de pronto!

No es el aire, es la triste luna
en la Quintana de muertos.

¿Quién brama con este gemido
de inmenso buey melancólico?

¡Madre: Es la luna, la luna
coronada de tojos,
que baila, y baila, y baila
en la Quintana de muertos!

.

Nota. La Quintana es una plaza contigua a la catedral de Santiago de Compostela a la que una amplia escalinata divide en dos partes: arriba la Quintana de vivos (Quintana dos vivos) y abajo la Quintana de muertos (Quintana dos mortos), llamada así porque en el lugar hubo antiguamente un cementerio.


Federico García Lorca. Seis poemas galegos
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

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