Álvaro Cunqueiro

Yo soy Edipo


.
No sabía que lo fuese
hasta que maté a mi padre
y me acosté con mi madre. Un hombre
marcado para siempre por un sino fatal
como potro en el aprisco con el hierro, para siempre.
Mi padre me asaltó a un tiempo
por los cuatro caminos de la encrucijada.
Me miró, —hay miradas como murciélagos
que van y vienen, raudas— escupió en la mano de la lanza
y vino contra mí. Él mismo
se adentró en mi hierro. Estaba escrito.

Le adiviné a la Esfinge su decir secreto
y me casé con mi madre. Cuando la dejé preñada
se acordaba de un niño que había tenido
y que le quitaron cuando aún no lo había visto sonreír.
Iban a matarlo en el monte, o entregarlo a las fieras.
Aquella bolita de mantequilla,
aquel pelito oscuro, aquellas manecitas inquietas
era yo, regresado a la madre como varón,
y a la corona de Tebas como asesino.

Yo soy Edipo. Si examináis bien el caso,
un inocente. Ahora viejo y cansado me acuesto
en las tinieblas, que me arropan
como una madre arropa a su niño.
.


Álvaro Cunqueiro. Eu son Edipo
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

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