Federico de Prusia

El goce


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Del Rey de la Montaña al Señor Algarotti, cisne de Padua
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Esta noche, satisfaciendo su vigoroso deseo,
Algarotti nadaba en el mar de los placeres.
Un cuerpo más logrado que una escultura de Praxíteles
redoblaba la nueva pasión de sus sentidos.
Todo cuanto habla a los ojos y toca el corazón
se hallaba en el objeto que le inflamaba de ardor.
Transportado por el amor, tembloroso de impaciencia,
a los brazos de Cloris al instante se lanza.
El amor que los unió caldeaba sus besos
y estrechaba aún más sus brazos entrelazados.
¡Divina Voluptuosidad, soberana del mundo!
¡Madre de sus placeres, fuente por siempre fecunda:
expresa en mis versos, con tus propios acentos,
su fuego, su acción, el éxtasis de sus sentidos!
Nuestros afortunados amantes, en sus extremos transportes,
en los furores del amor no conocen a nadie más que a sí mismos:
Besar, gozar, sentir, suspirar y morir,
resucitar, besar, volar de nuevo al placer.
Y en los campos de Cnido, sofocados sin aliento,
fue de estos amantes el venturoso destino.
Mas la dicha termina; todo cesa por la mañana.
¡Feliz de aquel cuyo espíritu jamás fue presa
de los fastos de la grandeza y que conoció la alegría!
Un instante de placer, para el que lo goza,
vale por un siglo de honor de brillo deslumbrante.
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Federico de Prusia. La Jouissance
El poema erótico de Federico de Prusia
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

La Jouissance

De Königsberg à Monsieur Algarotti, cygne de Padoue

Cette nuit, contentant ses vigoureux désirs,
Algarotti nageait dans la mer des plaisirs.
Un corps plus accompli qu’en tailla Praxitèle,
Redoublait de ses sens la passion nouvelle.
Tout ce qui parle aux yeux et qui touche le cœur
Se trouvait dans l’objet qui l’enflammait d’ardeur.
Transporté par l’amour, tremblant d’impatience,
Dans les bras de Cloris à l’instant il s’élance.
L’amour qui les unit, échauffait leurs baisers
Et resserrait plus fort leurs bras entrelacés.
Divine volupté! Souveraine du monde!
Mère de leurs plaisirs, source à jamais féconde,
Exprimez dans mes vers, par vos propres accents,
Leur feu, leur action, l’extase de leurs sens!
Nos amants fortunés, dans leurs transports extrêmes,
Dans les fureurs d’amour ne connaissaient qu’eux-mêmes:
Baiser, jouir, sentir, soupirer et mourir,
Ressusciter, baiser, revoler au plaisir.
Et dans les champs de Gnide, essoufflés sans haleine,
Etait de ces amants le fortuné destin.
Mais le bonheur finit; tout cesse le matin.
Heureux de qui l’esprit ne fut jamais la proie
Du faste des grandeurs et qui connut la joie!
Un instant de plaisir, pour celui qui jouit,
Vaut un siècle d’honneur dont l’éclat éblouit.


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