Álvaro Cunqueiro

Añoranzas de mi blanca señor


.
¿Me escuchas así, mi señor amada, cuando del pecho mío el trovo arde,
o detrás de ti la sombra de mi sueño
locamente a la tuya abraza y besa?

¡Oh, dulce el peso de tu cuerpo en mi imaginación echado!
En este río de mi vagar sin fin
¿qué incendiado navío no navega en la noche?

—¿Por qué este corazón tanta flor mustia,
por qué no es mortal de tanto fuego la ceniza,
por qué aún soy yo de tanta palabra boca?

Mi blanca señor, cuerpo delgado:
este bosque es del tiempo de la más reciente luna,
y ese malvís que tanto aire enflauta
cada día que amanece renace y silba.
Amante, en mi vaso aún canta la sed.

¡Esa luna nevada, amor, que de tu cuerpo
crece con la noche sobre las cumbres de mis ojos!
Deja que rosee, al arrimo de los cerezos,
en las islas de tus ojos el alba rumorosa.
Adormécete a mi lado, en tanto quiebra el día
bajo un techo de alondras, tímidas cantoras.

—¡Ese sueño que por dentro se escurre
y poco a poco asoma a mi rostro!
¿Hace falta, quizá, un caballo rojo
o un ala mortal y fría para saltar fuera de esta lengua de fuego?
.


Álvaro Cunqueiro. Soedades da miña branca señor
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

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