Calímaco

A los lenguaraces


.
Marchad en mala hora
funestos hijos de la envidia
y juzgad mi destreza
por mi arte y no por viejas medidas;
no esperéis que yo produzca
el gran poema retumbante
pues no es mío el trueno, sino de Zeus.

Ya cuando por vez primera
apoyé sobre mis rodillas
la cérea tablilla de escribir
dijo Apolo, mi Apolo Licio:
«Es preciso, oh poeta, que me traigas
el incienso bien espeso
pero la musa, amigo, muy ligera;
te ordeno también que evites
los senderos trillados por los carros
y no conduzcas el tuyo
por las vulgares huellas de los otros
ni por prolijos caminos
sinō busca con recio empeño
siempre tu propio sendero,
aunque sea el más áspero y difícil.»

Le obedecí, pues yo canto
para aquellos que disfrutan del son
melodioso de las aves
y nunca del rebuzno de los asnos.
Que otros rebuznen cual las bestias
de alargadas orejas
mas sea yo el etéreo, el ser alado.
.


Calímaco. A los lenguaraces
Versión de Enrique Gutiérrez Miranda basada en la traducción de M.E. Del Río y M.T. Forero, con el título de “Respuesta a los Telquinos”, en Calímaco, Himnos, Editorial Aguilar, Madrid 1972.

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