Sean Rowe

Caballos


.
El gran cielo azul
se movía con su bicicleta
y volaba más allá de las muñecas recortables,
todas las sugerentes señales de vida.

Sonaron voces en el bosque;
no sabía si estaba en lo cierto.
Ellos no sabían si los había escuchado
pero pensaban que era posible.

No podía expresar aquella fatalidad.
Había algo en el silencio
como las sugerencias de la luna.
Y por la noche deja la luz encendida.

Pequeño, ya he venido.
Atravesaré
la lluvia y la nieve
si sigues teniéndome tu lado.

Apoya tu cabeza, no temas.
El arma bajo la que estamos,
el trueno rodante,
es solo un lado del muro.

Hacía ya tiempo incontable
que él sabía que había más que coger
a través del barniz de las sonrisas vacías
en medio de todos los choques de manos.

Se echó la carne hacia atrás:
Mirad una máquina humana,
con unos ojos tan vacíos y fríos
que solo las estatuas lo creerían.

No pudo lograr que su joven mente siguiera en la curva;
además el pulimento, no se agarraría
y la verdad nunca acabará.
Por esta noche deja la luz encendida.
.


Sean Rowe – Horses
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

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