Álvaro Cunqueiro

Reconocimiento de Harold Godwinson


Una noche de ceniza cayó sobre la tierra,
los faroles andaban solos por entre los muertos
y en las heridas del más herido de todos
Edith Swanehals ponía la luz violeta de sus ojos
por si aquel era Harold hijo de Godwin,
al que ella había amado tanto.
Y aquel mismo era,
la boca por la que salía un hilo de sangre
posada en la boca terrosa de una topera.

Venía de lejos el canto del mar. Edith se sentó
al lado del muerto
y con un hilo blanco que sacó de sus ensueños
comenzó a tejer un pañuelito
para tapar los ojos del Rey.

Se oía el mar, y las hojas secas del bosque
arremolinándose en los caminos entre las colinas.
La última caricia de Edith fue aquel callado tejer
cerca del muerto, y cuando salía la luna
mezcló hilos azules de la luz de la viajera con los suyos.
Las agujas iban y venían en silencio,
las manos moviéndose como quien arrulla a un niño.
Asegurándose de que aquel muerto era Harold,
la mirada violeta de Edith se adentraba más y más
en las oscuras heridas,
reconociendo la sangre del amante, y también la muerte.
Así fue que Edith estaba ya ciega
cuando le preguntaron quién
entre aquellas sesenta docenas de muertos
era Harold.
—Este, dijo señalando a tientas,
que hacía cantar a los ruiseñores en las noches de verano
cuando me besaba y me decía:
Swanehals, Cuello de Cisne, envejeceremos juntos
pero tú más lentamente.


Álvaro Cunqueiro. Recoñecemento de Harold Godwinson (studiahumanitatis.es)
wikipedia: Edith la Hermosa
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Recoñecemento de Harold Godwinson

Unha noite de cinza caíu sobor da terra,
as lanternas andaban soas por entre os mortos
e nas feridas do máis ferido de todos
Edith Swanehals poñía a luz violeta dos seus ollos
por se aquel era Harold fillo de Godwin
que ela amara tanto.
E aquel mesmo era
a boca pola que saía un fío de sangue
pousada na boca terrea dunha toupeira.

Viña de lonxe o canto do mar. Edith sentouse
a carón do morto
e cun fío branco que tirou dos seus soñares
comezou a tecer un pequeno pano
pra tapar os ollos do Rei.

Escoitábase o mar, e mailas follas secas do bosque
aremuiñando nos camiños entre os outeiros.
A derradeira caricia de Edith foi aquel calado tecer
perto do morto, e cando saía a lúa
mesturou fíos azúes da luz da viaxeira cos seus
—as agullas iban e viñan en silencio
as mans movéndose coma quen anaina un neno
asegurándose de que aquel morto era Harold
o mirar violeta de Edith adentrábase máis e máis
nas escuras feridas,
recoñecendo o sangue do amante, e maila morte.
Así foi que Edith xa estaba cega
cando lle preguntaron quén
entre aquelas sesenta ducias de mortos
era Harold
—Este, dixo sinalando, a tentas,
que facía cantar os reiseñores nas noites de verán
cando me bicaba e me decía
—Swanehals, Colo de Cisne, envelleceremos xuntos
pro ti máis lentamente.

Paseo junto al mar (Fragmentos)

II
Salgamos a dar un largo paseo;
la tarde está tan buena
como las muchachitas en la playa.

VI
Por si acaso hace falta,
sóplale un poco más de aire al viento,
échale una pizca de sal al mar.

XIV
Descubres, sin asombro, cualquier día,
que eres otra ola más
batiendo —mira—, batiendo en las rocas.

XIX
Échale un poco de polvo al desierto
—criatura de las algas—
y que el simún empuje la marea.

XX
Hablando de echar polvos…
Ese prado, junto al cañaveral,
insinúa una hierba muy mullida.

XXVII
Evita siempre la erosión.
Es una fuente de graves problemas
y accidentes fatales.

XXXIV
Desde aquí las velas parecen
—tan arriba— poemas olvidados,
difuminándose entre la neblina.

XL
Duda de la verdad y las estrellas
y de que el sol produzca cáncer,
pero no de que el amor te herirá.

XLIII
Cariño, ten cuidado.
El pino crece horizontal
cortando la pared vertiginosa.

L
Ocultos, negros bultos,
los hadrones nos muerden los talones,
podridos e insepultos.

LII
Ten mi mano, cuidado,
cuidado; no te acerques demasiado
al borde del acantilado.

LVIII
Gracias a la química cósmica
hay demasiados ritos interiores,
y el orbe es inseguro, ya que […]

LIX
Porque somos perecederos,
por eso tan solo necesitamos
dinero en la tarjeta para el caos.

LXV
Escupe en la grasienta acera,
orina en el río contaminado,
olvida tus cenizas en la arena.

LXVIII
Cariño, qué día más loco.
Solo salimos a dar un paseo
y ahora estamos muertos, despeñados.

LXX
Las algas —la marea—,
las velas como dagas en la niebla,
las chicas en la playa, tan morenas.

egm.2014

Proclo

Canción del fuego


Consagremos este himno al dios.
Abandonemos la realidad que fluye;
acudamos al verdadero fin,
a la completa unión con el dios.
Conozcamos al señor,
amemos al padre;
sigámosle cuando nos llama:
Corramos hacia el calor
y huyamos del frío;
convirtámonos en fuego,
caminemos sobre el fuego
pues la vía de la ascensión es fácil,
el padre nos guía
desplegando sus caminos de fuego,
y no fluyamos nunca
cual profunda corriente del olvido.


Proclo (atribuido). Himno al dios caldeo o Canción del fuego

J. R. R. Tolkien

El Reino Peligroso


Ancho, alto y profundo es el reino de los cuentos de hadas, y lleno todo él de cosas diversas: hay allí toda suerte de bestias y pájaros; mares sin riberas e incontables estrellas; belleza que embelesa y un peligro siempre presente; la alegría, lo mismo que la tristeza, son afiladas como espadas.

Tal vez un hombre pueda sentirse dichoso de haber vagado por ese reino, pero su misma plenitud y condición arcana atan la lengua del viajero que desea describirlo.

Y mientras está en él le resulta peligroso hacer demasiadas preguntas, no vaya a ser que las puertas se cierren y desaparezcan las llaves.


J. R. R. Tolkien. Fragmento de Sobre los cuentos de hadas (On Fairy Tales), traducción de J.C. Santoyo y J.M. Santamaría (Editorial Minotauro)

Robert Gall / Alain Goraguer

Esta melodía



Cuando son largos los días de lluvia,
cuando estoy sola, cuando me aburro,
con un ritmo monótono
tu nombre resuena dentro de mí.

Me queda esta melodía
que viene a hablarme de ti,
porque al cantar esta melodía
solo puedo pensar en ti.

Si una y otra vez en mi vida
no te he visto en la semana,
entonces digo como una letanía
a mi almohada que te amo.

Me queda esta melodía
que viene a hablarme de ti,
porque al cantar esta melodía
solo puedo pensar en ti.

En el triste andén de una estación
si un día la vida nos separa
o tu corazón cambia de ruta,
el mío estará perdido.

Quedará esta melodía
para siempre dentro de mí
pues eternamente esta melodía
hablará de ti y de mí.

Quedará esta melodía
para siempre dentro de mí
y yo sé que esta melodía
te ha de devolver a mí.


France Gall. Cet air là
Lost Acapulco & Ely Guerra. Melodía que no se va

Inventario provisional y balance de daños

Aguanté en este planeta indiferente y desolado
un tiempo no muy largo pero tampoco tan breve:
miré los pájaros, las flores, la belleza azul del cielo,
y vi la sangre y la herrumbre sin tocarlas ni mancharme,
vagué las playas, los bosques y los ardientes suburbios

sin perderme nada más que en mis propios laberintos,
corrí incansablemente para llegar adonde me esperaran
y esperé infinitamente a quien supiera correr conmigo,
dibujé, escribí poemas que otros vieron y leyeron
pero descubrí que escupía más cobalto que madreselvas,

grabé silogismos en el agua pura y recia de la lluvia,
esbocé paisajes sucios en los ojos de las sirenas,
y alguna vez escuché sus llantos y sus mentiras
pero en realidad siempre supe que para mí no cantaban,
mordí, arañé, tragué todo aquello cuanto pude,

dejé que me arrancaran lo que pudieran arrancarme,
me enfrenté siempre a los tópicos y rehuí las rutinas,
busqué vetas de oro en los bares más profundos,
floté y volé lo suficiente para que fuera demasiado
y vi a otros estrellarse por exceso de suficiencia,

no fui muy generoso ni negué lo que era justo,
preferí no pedir nada para que no me negaran lo obvio,
llegué un día tarde a donde jamás debería haber ido
y volví más ciego y más sordo, más estúpido y más duro,
sé que alguna vez entendí la trigonometría y el álgebra

pero nunca logré alcanzar los misterios de la química,
me reí de los petulantes y me apiadé de los tontos simples,
admiré a los ecuánimes y desprecié a los simples necios,
me vendí a veces por poco y me di por menos de nada,
amé a todas las hadas y me dejé querer de los elfos,

aceleré aturdido al bajar, quise frenar en las subidas
y derrapando en las rectas me fui a vivir a una curva,
salté muchas hogueras sin que el fuego me rozara
pero me consumí en incendios de los que aún quedan rescoldos,
me apasioné por los violines y disfruté las guitarras

pero jamás soporté la prepotencia de los metales,
descifré el mudo lenguaje oscuro de las arañas
mientras no recuerdo quién se atragantaba con mi semen,
comprendí en un único instante el sentido del universo
pero en un nanosegundo ya no entendía palabra,

no mentí ni hice más daño de lo que era necesario,
aguardé en un arrecife a que el temporal me abatiera,
dejé que el viento, el frío viento, me mostrara su peor cara
y enseñé el peor de mis rostros al sol, al frío y al viento,
no perdoné los golpes ni fui perdonado por ello,

nunca olvidé pero sé que pronto seré olvidado,
anduve vagando errático por este planeta errante
un tiempo no muy largo ni en demasía breve:
miré la sangre, la herrumbre, y vi las flores, los pájaros…
crucé todo el gris del cielo sin notarlo ni alterarlo.

egm.2014