V. Jardín bajo la nieve

—Las habitaciones polares—


Aquí, entre una y otra orilla, mientras
el tiempo se retira, considerad el futuro
y el pasado con ecuanimidad.
T. S. Eliot
 

Camíname despacio
y sea como la serpiente ordena,
en el amplio vacío astral
donde el tiempo danza, fundido
con la espuma del espacio,

después de intensos millones de años
llovía sobre la lluvia,
y los bosones bailan,
de aquella Tierra humefacta
en la profundidad del tiempo,

tan breves,
nuevos mundos nacen continuamente
para que puedan ir otros muriendo,
hasta que un día escampó,
lo siento en el aliento,

en los andenes del presente
el futuro ya no existe
y la nostalgia es solo al fin
un lánguido esfuerzo inútil,
a los nenúfares desvío

luz blanca y dolor,
la mariposa vibra persiguiendo
el arabesco del pez
contra el glaucor de las algas,
ralentizado, el fluido oscuro

vuelca la niebla en la orilla
y el río dobla hacia la penumbra
entre grises azulados
y crudos violetas sombríos,
y quemar alguna esperanza

de que nada vuelva a ser lo que fue
deviene un vano ejercicio de angustia
sin razón ni redención,
abril, este mes tan vil,
azuleante electricidad,

recuerdos mezcla al ansia febril,
equívoca ecuación,
rubia coleta, confusas pecas,
vete a jugar con tus muñecas
a tu mustia habitación,

el torvo pensamiento,
tanga azul, azul biquini,
germina lilas en tierras yertas,
revive rancias raíces muertas,
adorando a la diosa prostituta,

abril, con sus penas mil,
escucha a tu cerebro de reptil,
lo noto en el escroto,
luz blanca y dolor, es como nacer,
y con esquivo movimiento

la palomilla no vuela
dos veces la misma brisa,
ves el mar en tu ventana
sin gozar las rosas ni el tetraclinis,
ni el lucio roza dos veces

las mismas raíces ciegas
del sauce en el azogue fugitivo,
yertas nostalgias muertas,
calculas mal los días, y es por eso,
rubia garza en tanga azul,

que sueles llegar tarde al vado,
tres piedras resbaladizas,
que cruza el río del presente,
ya sabes, de lo ido hacia lo incógnito,
lo vivo en el lascivo

abril, el mes más gil,
infausto afán febril,
cuando comienza a escampar,
fumareles en la boya,
charranes y pagazas en las rocas,

regreso al frágil río
de los nebulosos días,
desterrado del paraíso
y expulsado también de los infiernos,
gran ganga, Maa Ganga,

a los nenúfares desvío
el turbio pensamiento
y con errátil movimiento
regreso al blando río
de denso lecho mineral,

viviendo un jubiloso e
inacabable enero de rebajas,
yo soy de Aldán
y ya me suicidé hace décadas,
sin ceremonia y sin escándalos,

si lo miras, oh Suzie Q,
ahora no sé morir,
¿podré comer un melocotón? ¿puedo
modificar mis recuerdos?
si el Universo observas desde fuera

verás que brilla como una luciérnaga
en el tupido zarzal infinito,
Susi, lo que la bicha ordena,
eflorecescentes ardentías
en tu biquini azul eléctrico

y ni intento del mástil desatarme,
silencios que por nadie fueron vistos,
cuántica gravitación
y fiebre de la noche a la mañana,
partículas supersimétricas,

flácida fluctuación, uh Susy,
de la estructura del espaciotiempo,
abismos de fría energía oscura
donde retumba el tiempo
y choques entre hatos de galaxias

con la única intención,
que mis bosones bailen,
de devorarte el corazón,
me fui muy lejos, muy lejos,
y ya no he vuelto, tan lejos,

olvida todo el tiempo sobre el aire,
recuerda nada más donde estás hoy,
tan solo eres otro replicante
y no podrás matar a dios,
no hay nadie en la estación del aeropuerto,

la calle está vacía,
no hay nadie en el vagón ni en todo el tren
y la ciudad murió,
pocos saben quien fue Hank Woothreed
perdido en el jardín bajo la nieve

ni qué libélulas amaba
en el vado de las tres piedras,
entre los chopos, las mimbreras
y los verdeazules maizales
tras la llovizna, en Gonderande,

mientras nuevos mundos nacían
y morían otros en la corriente
del tibio río de Islajamás,
torrente de conciencia mineral,
nublosa garza de las peñas,

en la noche tan feroz
el silencio más oscuro
era el muro de tu voz,
pero sigues corriendo, ¿verdad, nena?
ni en este ni en otro infierno,

mas tantos evos estuvo lloviendo
que la humedad fosilizó,
pero yo sigo sin saber,
después de que miss conejo
se afeitara el bigote ante el espejo,

qué lado de la seta he de morder,
aunque ya empieza a escampar
en las dunas de la playa,
en las simas del presente,
detrás de los carrizos del futuro,

sí, fiebre, cuelga un poco más de fiebre
en tu perfil personal,
algún eco quedará resonando
en los mimbrerales del río
donde traza el pez su su arabesco

de vaporosos violetas
y verdeazules violentos,
donde el tiempo danzó
con el tordo en la rosaleda,
y el futuro determina el presente

junto al vado del hoy,
ningún profeta predicó
sobre la fugacidad de la roca,
la brevedad del semen en la arena
o la levedad del mar,

ma’ Ganga, buen tanga,
tan breve,
olvida todo el tiempo bajo el agua
en las peñas de la ría de Aldán,
acuérdate de ser quien eres hoy,

tan bellas,
igual que la gacela en el zoológico
añora la sabana, libre y plena
de azares y peligros,
así el hombre contempla las doncellas,

uy, digo, perdón, las estrellas,
olvida que el recuerdo es muy cabrón,
tan ellas,
¿verdad, nena?
garza blanca en tanga azul,

no cambia su color la mariposa
ni ha de volver a volar
en el aura que ya coloreó,
por los farallones la luz
reconfigura su fulgor, el verde

vira a añil vidrioso y luego el violeta
a un hostil rojo de labios,
no muda su laberinto de escamas
nunca el pez, ni jamás sabe encontrar
la ola que antes besó,

olvida el porvenir que no ha venido,
recuerda que olvidaste tu ambición,
la playa desde la ventana,
olvida los recuerdos imborrables,
cancela el porvenir que no vendrá

en abril, el mes febril
que la lila eyaculó,
oscila el agua en la ninfa,
y fue como la serpiente ordenaba,
pero corres contra corriente, niña,

las lunas del desierto arrastran
jaurías, escorpiones y agujeros
negros, ¿puedo?
la Humanidad aún se pierde en preguntas
que ya obtuvieron respuesta hace mucho,

el vencejo cazó al mosquito
que acababa de picarme en el prado,
y los fermiones bailan
entre Centauro y Perseo,
huye el blanco Sol por el brazo izquierdo

de aquella otra galaxia
hacia la eterna implosión
de la espuma del espacio,
escupe el infinito en la otra orilla,
redes, algas,

mientras otros van muriendo, a la par
nuevos mundos van brotando
en los meandros del río de ahora,
sobre los vastos nuevos océanos,
tan leves,

sobre la Tierra encharcada,
sobre la lluvia llovió
cientos de millones de años
y, ese olor de petricor,
no sé qué día, por fin escampó.

egm.2015



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Camíname despacio
y sea como la serpiente ordena,
en el amplio vacío astral
donde el tiempo danza, fundido
con la espuma del espacio,
después de intensos millones de años
llovía sobre la lluvia,
y los bosones bailan,
de aquella Tierra humefacta
en la profundidad del tiempo,
tan breves,
nuevos mundos nacen continuamente
para que puedan ir otros muriendo,
hasta que un día escampó,
lo siento en el aliento,
en los andenes del presente
el futuro ya no existe
y la nostalgia es solo al fin
un lánguido esfuerzo inútil,
a los nenúfares desvío
luz blanca y dolor,
la mariposa vibra persiguiendo
el arabesco del pez
contra el glaucor de las algas,
ralentizado, el fluido oscuro
vuelca la niebla en la orilla
y el río dobla hacia la penumbra
entre grises azulados
y crudos violetas sombríos,
y quemar alguna esperanza
de que nada vuelva a ser lo que fue
deviene un vano ejercicio de angustia
sin razón ni redención,
abril, este mes tan vil,
azuleante electricidad,
recuerdos mezcla al ansia febril
equívoca ecuación,
rubia coleta, confusas pecas,
vete a jugar con tus muñecas
a tu mustia habitación,
un torvo pensamiento,
tanga azul, azul biquini,
germina lilas en tierras yertas,
revive rancias raíces muertas,
y mis fermiones danzan,
abril, con sus lluvias mil,
adorando a la diosa prostituta,
lo noto en el escroto,
luz blanca y dolor, es como nacer,
y con esquivo movimiento
la palomilla no vuela
dos veces la misma brisa,
ves el mar en tu ventana
sin gozar las rosas ni el tetraclinis,
ni el lucio roza dos veces
las mismas raíces ciegas
del sauce en el azogue fugitivo,
yertas nostalgias muertas,
calculas mal los días, y es por eso,
rubia garza en tanga azul,
que sueles llegar tarde al vado,
tres piedras resbaladizas,
que cruza el río del presente,
ya sabes, de lo ido hacia lo incógnito,
lo vivo en el lascivo
abril, el mes más gil,
infausto afán febril,
cuando comienza a escampar,
fumareles en la boya,
charranes y pagazas en las rocas,
regreso al frágil río
de los nebulosos días,
desterrado del paraíso
y expulsado también de los infiernos,
gran ganga, Maa Ganga,
a los nenúfares desvío
el turbio pensamiento
y con errátil movimiento
regreso al blando río
de denso lecho mineral,
viviendo un jubiloso e
inacabable enero de rebajas,
yo soy de Aldán
y ya me suicidé hace décadas,
sin ceremonia y sin escándalos,
si lo miras, oh Suzie Q,
ahora no sé morir,
¿podré comer un melocotón? ¿puedo
modificar mis recuerdos?
si el Universo miras desde fuera
verás que brilla como una luciérnaga
en el tupido zarzal infinito,
Susi, lo que la bicha ordena,
eflorecescentes ardentías
en tu biquini azul eléctrico
y ni intento del mástil desatarme,
silencios que por nadie fueron vistos,
cuántica gravitación
y fiebre de la noche a la mañana,
partículas supersimétricas,
flácida fluctuación, uh Susy,
de la estructura del espaciotiempo,
abismos de fría energía oscura
donde retumba el tiempo
y choques entre hatos de galaxias
con la única intención,
que mis bosones bailen,
de devorarte el corazón,
me fui muy lejos, muy lejos,
y ya no he vuelto, tan lejos,
olvida todo el tiempo sobre el aire,
recuerda nada más donde estás hoy,
tan solo eres otro replicante
y no podrás matar a dios,
no hay nadie en la estación del aeropuerto,
la calle está vacía,
no hay nadie en el vagón ni en todo el tren
y la ciudad murió,
pocos saben quien fue Hank Woothreed
perdido en el jardín bajo la nieve
ni qué libélulas amaba
en el vado de las tres piedras,
entre los chopos, las mimbreras
y los verdeazules maizales
tras la llovizna, en Gonderande,
mientras nuevos mundos nacían
y morían otros en la corriente
del tibio río de Islajamás,
torrente de conciencia mineral,
nublosa garza de las peñas,
en la noche tan feroz
el silencio más oscuro
era el muro de tu voz,
pero sigues corriendo, ¿verdad, nena?
ni en este ni en otro infierno,
mas tantos evos estuvo lloviendo
que la humedad fosilizó,
pero yo sigo sin saber,
después de que miss conejo
se afeitara el bigote ante el espejo,
qué lado de la seta he de morder,
aunque ya empieza a escampar
en las dunas de la playa,
en las simas del presente,
detrás de los carrizos del futuro,
sí, fiebre, cuelga un poco más de fiebre
en tu perfil personal,
algún eco quedará resonando
en los mimbrerales del río
donde traza el pez su arabesco
de vaporosos violetas
y verdeazules violentos,
donde el tiempo danzó
con el tordo en la rosaleda,
y el futuro determina el presente
junto al vado del hoy,
ningún profeta predicó
sobre la fugacidad de la roca,
la brevedad del semen en la arena
o la levedad del mar,
ma’ Ganga, buen tanga,
tan breve,
olvida todo el tiempo bajo el agua
en las peñas de la ría de Aldán,
acuérdate de ser quien eres hoy,
tan bellas,
igual que la gacela en el zoológico
añora la sabana, libre y plena
de azares y peligros,
así el hombre contempla las doncellas,
uy, digo, perdón, las estrellas,
olvida que el recuerdo es muy cabrón,
tan ellas,
¿verdad, nena?
garza blanca en tanga azul,
no cambia su color la mariposa
ni ha de volver a volar
en el aura que ya coloreó,
por los farallones la luz
reconfigura su fulgor, el verde
vira a añil vidrioso y luego el violeta
a un hostil rojo de labios,
no muda su laberinto de escamas
nunca el pez, ni jamás sabe encontrar
la ola que antes besó,
olvida el porvenir que no ha venido,
recuerda que olvidaste tu ambición,
la playa desde la ventana,
olvida los recuerdos imborrables,
cancela el porvenir que no vendrá
en abril, el mes febril
que la lila eyaculó,
vibra el agua en la ninfa,
y fue como la serpiente ordenaba,
pero corres contra corriente, niña,
las lunas del desierto arrastran
jaurías, escorpiones y agujeros
negros, ¿puedo?
la Humanidad aún se pierde en preguntas
que ya obtuvieron respuesta hace mucho,
el vencejo cazó al mosquito
que acababa de picarme en el prado
y los fermiones bailan
entre Centauro y Perseo,
huye el blanco Sol por el brazo izquierdo
de aquella otra galaxia
hacia la eterna implosión
de la espuma del espacio,
escupe el infinito en la otra orilla,
redes, algas,
mientras otros van muriendo, a la par
nuevos mundos van brotando
en los meandros del río de ahora,
sobre los vastos nuevos océanos,
tan leves,
sobre la Tierra encharcada,
sobre la lluvia llovió
cientos de millones de años
y, ese olor del petricor,
no sé qué día, por fin escampó.



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