Nuno Júdice

Forma


.
Buscaba un estilo —algo que se le pudiera poner al
poema como un sombrero para la lluvia o para el
sol—. Quería vestir el lenguaje, la estrofa, el verso,
de la insólita elegancia del equilibrista. Leía
en voz alta los poemas de otros como si fueran
suyos y, aun así, no conseguía salir de la
“aurea mediocritas”, del tono bajo que caracteriza
a los simples imitadores. Una noche aprovechó
la soledad de la calle para observarse a sí
mismo en el reflejo de una puerta de cristal. «¿Quién
eres?», le preguntó a su imagen; y no se espantó
del silencio de la respuesta. ¿No era él,
al fin y al cabo, incapaz de explicar cosa alguna
de la vida? Construía ilusiones y las dejaba que
se desvanecieran, sin preocuparse de fijar
su imagen —finalmente, aquello de lo que están hechos
los poemas—. Y el invierno pasó, con el fuego de sus
aguas; una primavera le trajo el nombre al que hacía
mucho había dejado de llamar; julio y agosto
lo postraron en la indecisión de las tardes. ¿Para qué
escribir? Sin embargo las nubes de otoño descendieron al
nivel de los tejados; los días se volvían más cortos;
el viento del norte llegaba con una dicción de
antiguas hojas. Piensa que los muertos te visitan;
ábreles la página, y descubre que eres uno de ellos,
envuelto en un sudario de niebla y retórica.
.


Nuno Júdice. Forma
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

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