John Ashbery

Un poema del malestar


Los hombres comprenden al fin el río de la vida,
malinterpretándolo, a medida que se ensancha y sus ciudades
se tornan más densas y oscuras, cada vez más lejanas.

Y desde luego esa remota densidad nos conviene,
como a corderos o tréboles le convendría
si las cosas se hubieran construido para ser diferentes.

Pero ya que no me entiendo a mí mismo, tan solo segmentos
de mí mismo incomprendidos entre sí, no hay
razón para que tú quieras hacerlo; nunca podrías,

aunque ambos lo quisiéramos. ¿Existen aún aquellas torres?
Debemos verlo de este modo, a lo largo de esas líneas
hasta que la mente se eleve, como almenas de contrachapado.


John Ashbery. A Poem of Unrest (poetryfoundation.org)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

A Poem of Unrest

Men duly understand the river of life,
misconstruing it, as it widens and its cities grow
dark and denser, always farther away.

And of course that remote denseness suits
us, as lambs and clover might have
if things had been built to order differently.

But since I don’t understand myself, only segments
of myself that misunderstand each other, there’s no
reason for you to want to, no way you could

even if we both wanted it. Do those towers even exist?
We must look at it that way, along those lines
so the thought can erect itself, like plywood battlements.

Mário Cesariny de Vasconcelos

Discurso al príncipe Epaminondas, mancebo de gran futuro


Despójate de verdades
de las grandes antes que de las pequeñas
de las tuyas antes que de cualquier otras
cava un hoyo y entiérralas
a tu lado
primero las que te impusieron cuando eras aún dócil
y no poseías mácula sino la de un nombre extraño
después las que creciendo penosamente vestiste
la verdad del pan _ la verdad de las lágrimas
pues no eres flor ni luto ni caricia ni estrella
después las que ganaste con tu semen
donde la mañana yergue un espejo vacío
y un niño llora entre nubes y abismos
después las que han de poner sobre tu retrato
cuando les suministres el gran recuerdo
que todos esperan tanto porque lo esperan de ti
Nada después, solo tú y tu silencio
y venas de coral rasgándonos las muñecas
Entonces, mi señor, podremos pasar
por la planicie desnuda
tu cuerpo con nubes en los hombros
mis manos llenas de barbas blancas
Allí no habrá demora ni cobijo ni llegada
sino un cuadrado de fuego sobre nuestras cabezas
y un camino de piedra hasta el fin de las luces
y un silencio de muerte a nuestro paso


Mário Cesariny de Vasconcelos. Discurso ao príncipe Epaminondas, mancebo de grande futuro (archive.org)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Discurso ao príncipe Epaminondas, mancebo de grande futuro

Despe-te de verdades
das grandes primeiro que das pequenas
das tuas antes que de quaisquer outras
abre uma cova e enterra-as
a teu lado
primeiro as que te impuseram eras ainda imbele
e não possuías mácula senão a de um nome estranho
depois as que crescendo penosamente vestiste
a verdade do pão a verdade das lágrimas
pois não és flor nem luto nem acalanto nem estrela
depois as que ganhaste com o teu sémen
onde a manhã ergue um espelho vazio
e uma criança chora entre nuvens e abismos
depois as que hão-de pôr em cima do teu retrato
quando lhes forneceres a grande recordação
que todos esperam tanto porque a esperam de ti
Nada depois, só tu e o teu silêncio
e veias de coral rasgando-nos os pulsos
Então, meu senhor, poderemos passar
pela planície nua
o teu corpo com nuvens pelos ombros
as minhas mãos cheias de barbas brancas
Aí não haverá demora nem abrigo nem chegada
mas um quadrado de fogo sobre as nossas cabeças
e uma estrada de pedra até ao fim das luzes
e um silêncio de morte à nossa passagem

Autorretrato con cola erecta

Anomalías en la galería
del coprocesador, en la película
inepta la niña radiante divierte

a sus adictos con la flor del hielo,
círculo desfigurado, meandros
en la noche, laberintos lunares

escudriñados desde la terraza,
le disparo a mi amante en un estudio
de la periferia con vistas previas

y rosas rosas, luego en el museo
algunos mirlos son más saltarines
que otros tras ver la poda en el triángulo

de juncos, ahora, a precio imbatible,
manganita sobre rodocrosita,
mermelada de moras por mis venas,

y la nube gigante de compuestos
congelados, mira, virando gira
hasta que las neuronas se refresquen,

como monalisa quien, como allí,
deliciosa lamida luminosa,
columpiándose en la lívida rueda

la hemimorfita cimbra finos haces
de rayos con curvas guías de onda,
falsos impactos de publicidad

falsa, bella aceituna de sí misma,
algunas orquídeas igual son más
coloridas que otras, yo soy solo

un trivial espectador inocente
de las floraciones de los insectos
que alcanzan niveles tóxicos antes

del acoplamiento, triángulo rosa,
vértice fresa, porque en este vuelo
ellos marcan el auténtico trazo,

boceto preliminar de un ambiguo
retrato realista en actitud
paralizada, colas columpiándose

en la tela, germinan minotauros
de una mota solar tapada por
la forma de los días indecisos

y raíces azules hacia el suelo,
hay días en que soy flor en lo más
superfluo de la corteza terrestre,

aunque acaso en estos resisto bajo
la lluvia de la que los trilobites
brotan, gusano primitivo con

prolongación caudal y anteojeras
en un otro eclipse de impenetrable
amnesia y tubos de neón tostado,

confitura de fresa en mis arterias,
soy collage sobre papel de liar,
fusión cerebral sin ensambladuras,

columpios aflorados en la noche,
creo que erais de color orquídea,
saturada de calma y penetrante,

deletérea nube evasiva que
llama agave a la boca, investigando
el pornoarte con finalidades

profundas y purpúreos pensamientos,
transfiguro, coproceso a la oruga
en flor de hielo, rosas rosas, moras,

fresas, por favor, no pierdas la rima
cuando circunnavegues, y me quedo
mirando al mirlo con la cola erecta.
.


ēgm. 2015