Donald Justice

El turista de Syracuse


Uno de esos hombres que podría ser un vendedor de coches
o un turista 
de Syracuse o un asesino a sueldo.
John D. MacDonald

.

Tú no me reconocerías.
La mía es la cara que brilla en
los húmedos espejos de los baños
mientras buscas el interruptor.

Mis ojos tienen la expresión
de los fríos ojos de las estatuas
atentos al regreso de sus palomas
de la comida que les has arrojado,

y yo permanezco en mi esquina
con la paciencia del mármol.
Si me muevo un poco, es
exactamente al mismo ritmo

de la sombra del toldo
bajo el que estoy esperando
y con cuya negrura parece
que ya me haya mezclado.

Hablo raramente y siempre
en un murmullo tan silencioso
como el de la gente que rodea
a las víctimas de los accidentes.

¿Debo confesar quién soy?
Tengo todos los nombres, o ninguno.
Soy el vendedor de coches usados,
el turista de Syracuse,

el asesino a sueldo, esperando.
Me quedaré aquí para siempre,
como alguien que ha perdido
el autobús, —familiar, anónimo—

en mi esquina habitual,
la esquina en la que tú giras
hacia ese lugar al que ahora
no deberías llegar.
.


Donald Justice. The Tourist from Syracuse
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

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