Claudia Emerson

Caza de superficie


Lavabas siempre tus objetos
              en el fregadero de la cocina, de espaldas
                          a la habitación, a mí, al barro

que arrastrabas desde algún
              vecino campo recientemente arado.
                          Puntas de flecha llamadas picos de pájaro,

punzones y cuchillos en forma de hoja, emergidos
              de la tierra removida como si trataras
                          de escudriñar bajo un agua turbulenta.

No te cansabas nunca, decías, del tangible
              pasado que podías admirar, devuelto
                          por fin a tu mano, la primera

en tocarlo desde la muerte de aquel que había
              trabajado la piedra. Los alineabas en estantes
                          y sobre mesitas; obsidiana,

cuarzo, sílex, midieron las horas que pasaste
              con la cabeza inclinada, buscando aún más,
                          y también las valiosas horas de mi propia

soledad… reunidas, valiosas,
              guardadas junto a todos esos objetos
                          durante tanto tiempo olvidados.
 


Claudia Emerson. Surface Hunting (blackbird.vcu.edu)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Surface Hunting

You always washed artifacts
at the kitchen sink, your back
to the room, to me, to the mud

you’d tracked in from whatever
neighbor’s field had just been plowed.
Spearpoints, birdpoints, awls and leaf-

shaped blades surfaced from the turned earth
as though from beneath some thicker
water you tried to see into.

You never tired, you told me, of the tangible
past you could admire, turn over
and over in your hand—the first

to touch it since the dead one that had
worked the stone. You lined bookshelves
and end tables with them; obsidian,

quartz, flint, they measured the hours you’d spent
with your head down, searching for others,
and also the prized hours of my own

solitude—collected, prized,
saved alongside those artifacts
that had been for so long lost.



Manoel de Barros

Tratado general de las grandezas de lo ínfimo


La poesía se almacena en palabras; es todo cuanto sé.
Mi destino es el no saber casi todo.
Sobre la nada tengo profundidades.
No tengo conexión alguna con la realidad.
Poderoso para mí no es quien descubre oro.
Poderoso para mí es quien descubre las insignificancias (del mundo y las nuestras).
Por esta breve sentencia me elogiarán de imbécil.
Me he emocionado.
Soy parco en elogios.
 


Manoel de Barros. Tratado geral das grandezas do ínfimo (revistabula.com)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Tratado geral das grandezas do ínfimo

A poesia está guardada nas palavras — é tudo que eu sei.
Meu fado é o de não saber quase tudo.
Sobre o nada eu tenho profundidades.
Não tenho conexões com a realidade.
Poderoso para mim não é aquele que descobre ouro.
Para mim poderoso é aquele que descobre as insignificâncias (do mundo e as nossas).
Por essa pequena sentença me elogiaram de imbecil.
Fiquei emocionado.
Sou fraco para elogios.



Chester Kallman

Un romance


Cabalgó armado: coraza y penacho
y ciencia; cabalgó vestido
para matar, pero la muerte estaba en su ojo,
la muerte en su corazón; bajo el blasón familiar
acorralado, rechazando la huida, fue muerto;
y cuando pensó en ello, ya sabía que iba a morir.

Cabalgó armado: razón, experiencia,
interés propio, e impaciencia
por un rápido cortejo, ocultó su sed
de amor; y, queriendo esa experiencia,
cargó sobre su enemigo con amor.
Amó, murió. Nadie sabe qué fue primero.
 


Chester Kallman. A Romance (poetryfoundation.org)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

A Romance

He rode forth armed: breast-plate and crest
And science; he rode forth dressed
To kill, but death was in his eye,
Death in his heart; under the fanili crest
Hemmed in, unwilling to escape, was death;
And when he thought, he knew he was to die.

He rode forth armed: sense, experience,
Self-interest, and impatience
For a quick wooing, hid his thirst
For love; and, wanting that experience,
He charged upon his enemy with love.
He loved, he died. No one knows which came first.



Celso Emilio Ferreiro

Flor de otoño


Te daré dolor, con el tiempo, vida,
porque me aguardan lejos, ya me espera
un camino sin luz, una amargura
que ya me está creciendo, ya me trepa
como una flor de otoño en un sendero.

Yo te daré dolor, te daré acerbas
lágrimas al alba en noches huidizas,
pues siento en mi adentro la dura piedra
que para dormir Dios pone allá al fondo
de todas las secretas
olas del mar, que no serán palabras,
ni siquiera son aire, o voz siquiera.

Te daré dolor, con el tiempo a tiempo,
dolor sin ti, sin mí, sin la serena
canción de esta mi vida que me muere,
que me muele, moliendo ya a mi vera;
moliéndome despacio voy muriendo,
como el mar muele al mar, una mar llena,
que muere cada día desde siempre
(yo te daré dolor) la mar inmensa.
 


Celso Emilio Ferreiro. Frol de outono (sonhosulagado.pressbooks.com)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Frol de outono

Eu daréiche delor, co tempo, vida,
porque me agardan lonxe, xa me espera
un camiño sin luz, unha tristura
que xa me está medrando, xa me medra
coma unha frol de outono nun carreiro.

Eu daréiche delor, daréiche acedas
bágoas no albor de noites fuxidías,
pois sinto no meu dentro a dura pedra
que pra durmir pon Dios alá no fondo
de tódalas segredas
ondas do mar, que non serán palabras,
nin xiquera son ár, nin voz xiquera.

Eu daréiche delor, co tempo a tempo,
delor sin ti, sin min, sin a sinxela
cantiga de esta vida que me morre,
que me moe, moendo a miña veira;
moéndome amodiño vou morrendo,
coma a mar moe ó mar, unha mar chea,
que morre cada día dende sempre
(eu daréiche delor) a mar inmensa.



Anne Stevenson

Vértigo


La mente condujo al cuerpo
hasta el borde del precipicio.
Se miraron con deseo
en el abismo desnudo.
Si me amas, dijo la mente,
da ese paso hacia el silencio.
Si me amas, dijo el cuerpo,
giro y existo.
 


Anne Stevenson. Vertigo (anne-stevenson.co.uk)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Vertigo

Mind led body
to the edge of the precipice.
They stared in desire
at the naked abyss.
If you love me, said mind,
take that step into silence.
If you love me, said body,
turn and exist.



B. T. Joy

Orca


Una orca va rodeando el barco.
Su oscuro y lustroso cráneo sacude la madera.
Pero no quiere amar
nada más que lo que quiera no amar.

Es de noche. Las estrellas están firmes
y ese gran mamífero bate el negro remo
de su aleta contra la fosforescencia marina;
aunque no amigablemente.

Rilke dijo: Dafne dijo,
mientras se transformaba en laurel,
que deberíamos imitar al viento. Pero solo
ciertos animales han aprendido el truco.

Esta noche un viento de músculo y piel húmeda
choca y golpea contra el casco. Y de vez en cuando
la ballena vuelca su grácil masa y se desliza
por la superficie, con pectorales en forma de hojas de laurel.

Bajo la garganta de máscara su piel es tan blanca
como la Dafne de Bernini. Su cabeza, una espúmea
y angosta ensenada lavada en viento y su simplicidad
me recuerda el fetiche que hice con pensamientos.

He sido cegado, bajo altas murallas de coníferas rojas,
por cuerpos de agua que aun inmóviles alcanzaban el cielo.
He escuchado a una montaña que en silencio miraba
como un ciervo retrocedía hacia los pliegues de la niebla.
Pero aún no sé nada, excepto lo que sigue:

Cuando salgo a lo abierto, como ahora, mi cabeza y mi pecho
se convierten en partes de un barco; y la naturaleza,
en algo que ni me ama ni tampoco me odia.
Algo, que es solo curioso, golpeando su cuerpo
suavemente con mi cuerpo.
 


B. T. Joy. Orca
B. T. Joy
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda



Jimmy Santiago Baca

Como un animal


Detrás de la suave textura
de mis ojos, muy en mi interior,
un trozo de mí ha muerto:
Paso mis uñas ensangrentadas
sobre él, duro como una pizarra,
muevo mis dedos a lo largo de él,
las blancas cicatrices de tiza
que dicen TENGO MIEDO,
miedo de en qué podría convertirse
mi yo, el verdadero yo,
detrás de estos muros de prisión.


Jimmy Santiago Baca. Like An Animal (poemhunter.com)
jimmysantiagobaca.com
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Like An Animal

Behind the smooth texture
Of my eyes, way inside me,
A part of me has died:
I move my bloody fingernails
Across it, hard as a blackboard,
Run my fingers along it,
The chalk white scars
That say I AM SCARED,
Scared of what might become
Of me, the real me,
Behind these prison walls.

Jacques Ancet

La voz del mar


Él recuerda. El cenicero, la mesa baja, la ventana y su luz pálida. Ve, pero sin ver. Oye, pero sin oír. Ha levantado un brazo, ha pronunciado algunas palabras y una infinidad de brazos, de palabras se han levantado, han resonado. Y él después, busca. Esta emoción. Él está allí. Escribe palabras. Ya no sabe. Ya no comprende. El otro se ha puesto a hablar y es como si fuera la primera vez. Sí, un comienzo. La mañana o la infancia. Como una luz —y es todas las luces—. Un lugar —y son todos los lugares—. Él espera. Se dice: eso viene pero ya se ha ido. Cree que es el tiempo, pero no. Otra cosa. Como una minúscula efervescencia: hace una cama, camina por una calle cualquiera y eso está ahí. Como una claridad en medio del día, pero sin luz. Sin nada más que decir que algunas palabras, de repente, muy simples —mesa, grito o silencio o noche…— y que insisten. Entonces, las coge: forman pequeños organismos breves, semejantes a caracolas que se llevaría a la oreja para escuchar. O cristales ardiendo en el mismo resplandor multiplicado, ¿pero venido de dónde? Mira a su alrededor: subida de escalera, pared, rostro, lavabo, mañana sobre el cristal. Es como una ola única, silenciosa, invisible. Todas las cosas la reflejan y, al mismo tiempo, en ella brillan, y se apagan. Eso viene, sí, pero está inmóvil. No es nada de lo que él pueda decir algo. Pero habla, a pesar de todo. Para escuchar entre las palabras, como en la caracola. Este vacío susurrante. Él dice ¡silencio!, escuchad. Dice: es la voz del mar.
 


Jacques Ancet. La voix de la mer (satinea.tumblr.com)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

La voix de la mer

Il se souvient. Le cendrier, la table basse, la fenêtre et sa lumière pâle. Il voit, mais sans voir. Il entend, mais sans entendre. Il a levé un bras, prononcé quelques mots et une infinité de bras, de mots se sont levés, ont retenti. Et depuis, il cherche. Cette émotion. Il est là. Il écrit des mots. Il ne sait plus. Il ne comprend plus. L’autre s’est mis à parler et c’est comme si c’était la première fois. Oui, un commencement. Le matin ou l’enfance. Comme une lumière – et c’est toutes les lumières. Un lieu – et ce sont tous les lieux. Il attend. Il se dit: ça vient mais c’est déjà parti. Il croit que c’est le temps, mais non. Autre chose. Comme une effervescence minuscule: il fait un lit, il marche dans une rue quelconque et c’est là. Comme une clarté au milieu du jour, mais sans lumière. Sans rien d’autre pour le dire que quelques mots, soudain, très simples – table, cri ou silence ou nuit… – et qui insistent. Alors, il les prend: ils forment de petits organismes brefs, pareils à des coquillages qu’il porterait à l’oreille pour écouter. Ou des cristaux brûlant du même éclat multiplié, mais d’où venu? Il regarde autour de lui: montée d’escalier, mur, visage, cuvette, matin sur la vitre. C’est comme une vague unique, silencieuse, invisible. Toutes les choses la reflètent et, en même temps, elles y brillent, s’y effacent. Ça vient, oui, mais c’est immobile. Ce n’est rien de ce qu’il peut dire. Mais il parle, malgré tout. Pour écouter entre les mots, comme dans le coquillage. Ce vide bruissant. Il dit chut!, écoute. Il dit: c’est la voix de la mer.



Carlos Drummond de Andrade

José


¿Y ahora, José?
La fiesta acabó,
la luz se apagó,
el pueblo no está,
la noche se enfrió,
¿y ahora, José?
¿y ahora, tú qué?
tú, que eres sin nombre,
que de otros te mofas,
tú, que escribes versos,
que amas, ¿protestas?
¿y ahora, José?

Estás sin mujer,
estás sin discurso,
estás sin cariño,
ya no puedes beber,
ya no puedes fumar,
ni escupir ya puedes,
la noche se enfrió,
el día no vino,
el tren nunca vino,
la risa no vino,
ni la utopía
y todo ha acabado
y todo se ha ido
y todo se ha ajado
¿y ahora, José?

¿Y ahora, José?
tu dulce palabra,
tu instante de fiebre,
tu gula y tu ayuno,
y tu bilbioteca,
tu mina de oro,
tu traje elegante,
tu incoherencia,
tu odio, ¿y ahora?

La llave en la mano
vas a abrir la puerta,
no existe la puerta;
¿morir en el mar?
el mar se secó;
¿volver a tu tierra?
no hay tierra ya más.
José, ¿y ahora?

Aun si gritaras,
aun si gimieses,
aun si tocaras
el vals vienés ese,
si aun te durmieras,
o si te cansaras,
o si te murieses…
Mas tú no te mueres,
¡eres duro, José!

Y solo y a oscuras
cual bestia salvaje,
sin teogonía,
sin pared desnuda
en la que apoyarte
sin caballo negro
que huya al galope,
¡te marchas, José!
José, ¿hacia dónde?
 


Carlos Drummond de Andrade. José (algumapoesia.com.br)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

José

E agora, José?
A festa acabou,
a luz apagou,
o povo sumiu,
a noite esfriou,
e agora, José?
e agora, você?
você que é sem nome,
que zomba dos outros,
você que faz versos,
que ama, protesta?
e agora, José?

Está sem mulher,
está sem discurso,
está sem carinho,
já não pode beber,
já não pode fumar,
cuspir já não pode,
a noite esfriou,
o dia não veio,
o bonde não veio,
o riso não veio,
não veio a utopia
e tudo acabou
e tudo fugiu
e tudo mofou,
e agora, José?

E agora, José?
Sua doce palavra,
seu instante de febre,
sua gula e jejum,
sua biblioteca,
sua lavra de ouro,
seu terno de vidro,
sua incoerência,
seu ódio — e agora?

Com a chave na mão
quer abrir a porta,
não existe porta;
quer morrer no mar,
mas o mar secou;
quer ir para Minas,
Minas não há mais.
José, e agora?

Se você gritasse,
se você gemesse,
se você tocasse
a valsa vienense,
se você dormisse,
se você cansasse,
se você morresse…
Mas você não morre,
você é duro, José!

Sozinho no escuro
qual bicho-do-mato,
sem teogonia,
sem parede nua
para se encostar,
sem cavalo preto
que fuja a galope,
você marcha, José!
José, para onde?