Diego Moraes

Aquel Neruda que robamos en la biblioteca


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Diego y Estefany no tenían nada. Solo amor, poesía y hambre. Y el último día, cuando el oficial de justicia cumpliría la orden de desahucio, Diego besó en la frente a la mujer y se sentó a la mesa con ella. Dos platos y cubiertos sin nada en la olla. Nada para detener el ronquido del estómago vacío. Entonces Diego cogió el cuchillo y perforó su propio pecho retirando el corazón aún latiendo. Estefany partió el corazón a la mitad y dio el primer bocado masticando con fuerza. Diego también se metió un pedazo en la boca. Las estrellas allá fuera parpadeaban intensamente. Lo dejaron todo y salieron caminando sin rumbo. La mujer, preocupada por el agujero en el pecho del marido, preguntó: «¿qué vamos a poner ahí para taparlo?» Diego miró a los lindos ojos de ella y respondió: «creo que aquel libro de Pablo Neruda que robamos en la biblioteca tapará ese agujero perfectamente».

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Diego Moraes. Aquele Neruda que roubamos da biblioteca
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

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