Manoel de Barros

Una didáctica de la invención


I

Para tantear las intimidades del mundo es preciso saber:
a) Que el esplendor de la mañana no se abre con cuchillo
b) La forma en que las violetas preparan el día para morir
c) Por qué las mariposas de bandas rojas tienen devoción por las tumbas
d) Si el hombre que toca en la tarde su existencia en un fagot tiene salvación
e) Que un río que fluye entre dos jacintos lleva más ternura que un río que  fluye entre dos lagartos
f) Cómo atrapar la voz de un pez
g) Cuál es el lado de la noche que se humedece antes.
etc.
etc.
etc.
Desaprender ocho horas al día enseña los principios.

II

Desinventar objetos. El peine, por ejemplo.
Dar al peine funciones de no peinar. Hasta que tome la disposición de ser una  begonia, o una corbata.
Usar algunas palabras que aún no tengan idioma.

III

Repetir repetir… hasta que quede diferente.
Repetir es un don del estilo.

IV

En el Tratado de las Grandezas de lo Ínfimo estaba escrito:

Poesía es cuando la tarde es competente para las dalias.
Es cuando
al lado de un gorrión el día se duerme antes.
Cuando el hombre hace su primera lagartija.
Es cuando un trébol asume la noche
y un sapo engulle las auroras.

V

Las hormigas porteadoras entran de culo en casa.

VI

Las cosas que no tienen nombre son más pronunciadas por los niños.

VII

En el desprincipio era el verbo.
Solo después fue cuando vino el delirio del verbo.
El delirio del verbo estaba en el principio, allí donde el niño dice: Yo escucho  el color de los pajaritos.
El niño no sabe que el verbo escuchar no funciona para el color, sino para el  sonido.
Entonces si el niño cambia la función de un verbo, delira.
Y por tanto,
en poesía, que es voz de poeta, que es la voz de hacer nacimientos…
el verbo tiene que llegar al delirio.

VIII

Un girasol se apropió de Dios: fue en Van Gogh.

IX

Para entrar en estado de árbol es preciso partir de un sopor animal de lagarto a las tres de la tarde, en el mes de agosto.
En dos años la inercia y el bosque crecerán en nuestra boca.
Sufriremos alguna descomposición lírica hasta que el bosque salga en la voz.
Hoy yo dibujo el olor de los árboles.

X

No tiene altura el silencio de las piedras.
.


Manoel de Barros. Uma didática da invenção
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

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