Herménégilde Chiasson

Ultramar


.
Me quedaré con vosotros hasta la emotiva hora
en que vuestro corazón sea un continente helado
en el gran momento perdido de la carretera.
Cuando todo se hastía y se deforma
en la mirada de foto instantánea de los turistas.
En la tierra en la que no hemos hecho más que amar.

Me hubiera gustado tener tus ojos, padre,
para mirar el mar, para sondear el horizonte
hasta sus inefables y tortuosos refugios.
Pero tan solo me has dejado carreteras
que se entremezclan en las sinapsis
hurañas y fustigadas de mi memoria.
La sonda averiada de un viajero inquieto.

Me hubiera gustado tener tus ojos, madre, para desconfiar,
para mirar hacia el cielo misterioso
en el que se perfilan las conclusiones y los indicios.
Me hubiera gustado tener tu fuerza
para escupir a los obispos,
a sus túnicas doradas,
y a todos los que nos han cogido por el cuello
en nuestros senderos débiles y torpes.

Yo hubiera querido que mi vida fuera portadora
de la absoluta necesidad de las cosas y los seres.
De su urgencia y de su fragilidad
en el vientre de la amenaza.

Y el mar ha quedado entre nosotros
como un interminable lapsus de memoria,
una estatua de sal junto a la autopista.
.


Herménégilde Chiasson. Outremer
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

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