Sylvia Plath

Persecución


.

Dans le fond des forêts votre image me suit.
Racine

.
Un jaguar viene siguiendo mis pasos;
él será quien un día me dé muerte:
su avidez ha incendiado los bosques,
merodeando más altivo que el sol.
Muy suave, muy blandamente se desliza,
avanzando siempre detrás de mí;
en la lúgubre cicuta los grajos graznan el desastre:
la caza ha comenzado y está armada la trampa.
Despellejada por las espinas cruzo entre peñas,
ojerosa en el blanco y ardiente  mediodía.
Por la roja red de sus venas,
¿qué fuego corre, qué ansia se despierta?

Insaciable, escudriña el terreno
condenado por nuestro yerro ancestral,
gritando: sangre, dejad que la sangre se derrame;
la carne debe saciar la herida abierta de su boca.
Afilados los dientes que desgarran y dulce
la requemada furia de su pelaje,
sus besos abrasan, cada garra una zarza;
el hado consuma su apetito.
En la estela del salvaje felino,
quemadas como teas para su regocijo,
yacen mujeres renegridas y calcinadas,
convertidas en cebo de su voraz cuerpo.

Ya las colinas incuban amenaza, engendran sombra;
la medianoche envuelve a la sofocante arboleda;
el merodeador oscuro, al que el amor lleva
sobre fluidas ancas, se mantiene a distancia.
Entre los enredados matorrales de mis ojos
se esconde ágil; en la emboscada del sueño
brillan esas zarpas que destrozan la carne
y hambrientos, hambrientos, los tensos muslos.
Su ardor me atrapa, ilumina los árboles,
y voy corriendo con la piel en llamas;
¿qué respiro, qué frescor puede calmarme
cuando quema y marca esa mirada amarilla?

Arrojo mi corazón para cortarle el paso,
para aplacar su sed derrocho sangre;
él come, y aun así su necesidad busca alimento,
impone un sacrificio absoluto.
Su voz me acecha, presagia un trance,
el bosque destruido cae en cenizas;
aterrada por el secreto deseo, me precipito
desde un gran ataque de luminosidad.
Al entrar en la torre de mis miedos,
cierro mis puertas a esa culpa oscura,
atranco la puerta, cada puerta la atranco.
La sangre se acelera, tintineando en mis oídos:

Las pisadas del jaguar están en la escalera,
subiendo, subiendo por la escalera.
.


Sylvia Plath. Pursuit
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

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