Rabindranath Tagore

En mi cumpleaños


.
Hoy me imagino las palabras de incontables
lenguajes súbitamente desencadenadas,
después de un largo confinamiento
en el presidio de la gramática, súbitamente en rebeldía.
Enloquecidas por la estampación del cuño
de la implacable formalización reglamentada.
Se han saltado las coacciones de la oración
para buscar la libre expresión en un mundo carente de inteligencia,
rompiendo con sarcasmo las cadenas del sentido
y el ridículo de la corrección literaria.
Así liberadas, sus extrañas
posturas y gritos apelan únicamente al oído.
Nos dicen: «Quienes hemos nacido de la tempestuosa afinación
del primer aliento de la tierra, venimos por nosotras mismas,
raudas como el latido de la sangre, para impulsar
a la absurda vitalidad del hombre a que rompa a bailar en su garganta.
Hinchamos su voz infantil con el parloteo
del primer poema del mundo, el balbuceo original
de la existencia. Somos parientes de los torrentes salvajes
que brotan de las montañas para anunciar
la primavera: traemos a las moradas humanas
los conjuros de la Naturaleza».
El festivo sonido de las hojas susurrando en los bosques,
el sonido que mide el ritmo de las tempestades que se acercan,
el gran sonido del final de la noche cuando abre el día.
De estos campos sonoros el hombre capturó las palabras, las refrenó
como a un potro desbocado en complejas redes de orden
que le permitieran transmitir sus mensajes a las lejanas tierras del futuro.
Montado en palabras embridadas y con riendas
el hombre aceleró
el paso del tiempo en los lentos relojes:
la velocidad de su razón atravesó obstáculos materiales,
explorando recalcitrantes misterios;
con ejércitos de palabras
formadas en líneas de batalla resistió el continuo asalto de la imbecilidad.
Pero a veces se deslizan como ladrones en reinos de fantasía,
llevadas sobre aguas que descienden
del sueño, salvando escollos,
amarrando a la métrica toda clase de restos flotantes y desechos.
A partir de ellas, la mente vagando libre modela
creaciones artísticas
de un tipo que no se ajusta a ningún universo
ordenado y cuyos hilos son tenues, sueltos, arbitrarios,
como una camada de cachorros que se pelean
agarrándose del cuello unos a otros sin propósito ni sentido:
cada uno muerde al otro,
chillan y gañen con estruendo,
pero sus mordiscos y gañidos no significan real enemistad,
su violencia es ampulosidad, furia hueca.
En mi mente imagino palabras tan alejadas de su significado,
multitudes de ellas corriendo frenéticas todo el día,
como si en el cielo hubiera disparatados silabarios escolares resonando,
córcelum, riéndalum, móntalum, en la refriega.
.


Rabindranath Tagore. On My Birthday
Versión de Enrique Gutiérrez Miranda a partir de la traducción al inglés desde el bengalí de William Radice

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