Dan Chiasson

El elefante


.
¿Cómo explicar mi heroica  cortesía? Siento
que mi cuerpo hubiera sido inflado por un niño travieso.

Una vez yo era del tamaño de un halcón, del tamaño de un león,
una vez que no era el elefante que resulta que soy.

Mi pellejo cuelga, y mi amo me regaña por fallar
un truco. Lo ensayé toda la noche en mi carpa, por eso estaba

algo somnoliento. La gente me relaciona con la tristeza
y, a menudo, con la racionalidad. Randall Jarrell me comparó

a Wallace Stevens, el poeta estadounidense. Puedo verlo
en los premiosos tercetos, pero en mi mente

soy más como Eliot, un hombre de Europa, un hombre
cultivado. Cualquiera que sea tan ceremonioso padece

desajustes. No me gustan los experimentos espectaculares
de equilibrio, el número de la cuerda floja ni los conos.

Nosotros los elefantes somos imágenes de humildad, como cuando
emprendemos nuestras taciturnas migraciones para morir.

¿Sabías, sin embargo, que se enseñaba a los elefantes
a escribir el alfabeto griego con las pezuñas?

Agotados de sufrimiento, yacemos sobre nuestras grandes espaldas,
lanzando hierba hacia el cielo, para distraernos, no como oración.

No es humildad lo que se ve en nuestros largos viajes finales:
es aplazamiento. Me duele el pesado cuerpo al acostarme.
.


Dan Chiasson. The Elephant
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

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