Carlos Drummond de Andrade

Disolución


Oscurece, y no me seduce
tantear siquiera una lámpara.
Ya que le agrada al día acabar,
la noche acepto.

Y con ella acepto que brote
un otro orden de seres
y cosas no figuradas.
Brazos cruzados.

Huero de cuanto amábamos,
más vasto es el cielo. Poblaciones
surgen del vacío.
¿Habito alguna?

Y ni diferencio mi piel
de la confluente oscuridad.
Un fin unánime se concentra
y posa en el aire. Vacilando.

Y aquel agresivo espíritu
que el día carga consigo,
ya no oprime. Así la paz,
destrozada.

¿Va a durar mil años, o
a extinguirse al color del gallo?
Esta rosa es definitiva,
aunque pobre.

Imaginación, falsa demente,
ya te desprecio. Y a ti, palabra.
En el mundo, perenne tránsito,
callamos.

Y sin alma, cuerpo, eres suave.


Carlos Drummond de Andrade. Dissolução (companhiadasletras.com.br, Claro enigma, pdfp, 15)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Dissolução

Escurece, e não me seduz
tatear sequer uma lâmpada.
Pois que aprouve ao dia findar,
aceito a noite.

E com ela aceito que brote
uma ordem outra de seres
e coisas não figuradas.
Braços cruzados.

Vazio de quanto amávamos,
mais vasto é o céu. Povoações
surgem do vácuo.
Habito alguma?

E nem destaco minha pele
da confluente escuridão.
Um fim unânime concentra-se
e pousa no ar. Hesitando.

E aquele agressivo espírito
que o dia carreia consigo,
já não oprime. Assim a paz,
destroçada.

Vai durar mil anos, ou
extinguir-se na cor do galo?
Esta rosa é definitiva,
ainda que pobre.

Imaginação, falsa demente,
já te desprezo. E tu, palavra.
No mundo, perene trânsito,
calamo-nos.

E sem alma, corpo, és suave.

Anne Archet

Tercera ola de calor


Piernas piernas piernas piernas pese a los polis
Tengo el impudor tatuado por los ministerios
Y no me gusta nada más que tus olores
Callejuelas caninas y amorosas

Quiero tu lengua rizomatosa
Soy fácil pero no simple
No soy mejillón sino medusa
Oculta en una montaña de azúcar moreno

Zumo de melocotón zumo de órganos
Zumo de pera tus senos como sopapos
Quiero ver mi oro líquido hundirse en el vórtice
Del lago de fuego de tu boca charcutera

Es la gran noche
El verano es amarillo en mi corazón de queso
Picadora de carne este pavimento ardiente
De la vil ciudad de los viragos purgados

Prueba la gota del odre de mis pestañas tan lisas
Soy el bacalao volante de las secretarias
Y disfruto llorando
Cuando caen las niñas muertas


Anne Archet. Troisième vague de chaleur (archet.net)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Troisième vague de chaleur

Rédigé sur une serviette de table en papier

Jambes jambes jambes jambes malgré les flics
J’ai l’impudeur tatouée par les ministères
Et je n’aime que tes odeurs
De ruelles canines et amoureuses

Je veux ta langue rhizomique
Je suis facile mais pas simple
Je ne suis pas une moule mais une méduse
Cachée dans une montagne de sucre roux

Jus de pêche jus d’organes
Jus de poire tes seins comme des gifles
Je veux voir mon or liquide sombrer au vortex
Du lac de feu de ta bouche charcutière

C’est le grand soir
L’été est jaune dans mon coeur de fromage
Moulin à viande ce trottoir brûlant
De la vile ville des viragos vidangées

Goûte la goutte de l’outre de mes cils si lisses
Je suis la morue volante des secrétaires
Et je jouis en pleurant
Quand tombent les filles mortes

Manoel de Barros

Bernardo es casi árbol


Bernardo es casi árbol.
Su silencio es tan alto que los pajarillos lo oyen
de lejos.
Y vienen a posarse en su hombro.
Su ojo renueva las tardes.
Guarda en un viejo baúl sus instrumentos de trabajo:
1 abridor de amanecer
1 clavo que farfulla
1 encojedor de ríos y
1 estirador de horizontes.
(Bernardo consigue estirar el horizonte usando tres
hilos de telaraña.
La cosa queda bien estirada).
Bernardo desregula la naturaleza.
Su ojo aumenta el poniente.
(¿Puede un hombre enriquecer la naturaleza con su
incompletitud?)


Manoel de Barros. Bernardo é quase árvore (escritas.org)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Bernardo é quase árvore

Bernardo é quase árvore.
Silêncio dele é tão alto que os passarinhos ouvem
de longe
E vêm pousar em seu ombro.
Seu olho renova as tardes.
Guarda num velho baú seus instrumentos de trabalho;
1 abridor de amanhecer
1 prego que farfalha
1 encolhedor de rios – e
1 esticador de horizontes.
(Bernardo consegue esticar o horizonte usando três
Fios de teias de aranha. A coisa fica bem esticada.)
Bernardo desregula a natureza:
Seu olho aumenta o poente.
(Pode um homem enriquecer a natureza com a sua
Incompletude?)

Al final, la cuenta atrás

Jamás cruzaron de Calais la niebla,
ni pisaron París la inabarcable,
ni Zúrich, Berlín, Venecia,
ni Lisboa, oscura y colorida,
ni Madrid, luminosa y confusa,
pero tampoco deambularon nunca
la multitudinaria Londres,
oh Albión, victoriosa Albión;

ni probaron una hamburguesa,
o gulasch, gazpacho, sauerkraut,
sachertorte ni zabaione,
ni un áspero trago de pálinka,
pero tampoco comieron nunca
pescado frito con patatas
en su inmutable vida, oh falsa
sopa de falsa tortuga, oh Albión.

De esos infortunados paletos,
de esos y otros como ellos,
soberbios engreídos ignorantes,
no necesariamente isleños
pero igualmente hartos de razón,
fermentados en su ignorancia,
depende una vez más la eterna Europa,
ay Albión, victoriosa Albión.

Ay Albión, isla aislada entre islas.
Ejemplo de naciones, extraviada Albión.

Europa,  25 de junio de 2016

egm.2016

Wallace Stevens

Las auroras de otoño


I

Es aquí donde la serpiente habita, la incorpórea.
Su cabeza es aire. Bajo su punta en la noche
se abren los ojos observándonos en cada cielo.

¿O es otra culebreando al salir del huevo,
otra imagen al final de la cueva,
otra incorpórea mudando de piel su cuerpo?

Es aquí donde la serpiente habita. Es este su nido,
estos campos, estas colinas, estas matizadas distancias,
y los pinos encima y a lo largo y junto al mar.

Es esta la forma engullendo tras la informidad,
piel fulgurante anhelando desapariciones
y el cuerpo de la serpiente fulgurando sin piel.

Es esta la emergente altura y su base
estas luces que pueden al fin alcanzar un polo
en mitad de la medianoche y hallar a la serpiente allí,

en otro nido, la dueña de la confusión
de cuerpo y aire y formas e imágenes,
inexorable en posesión de la felicidad.

Es este su veneno: que deberíamos dudar
también de esto. Sus meditaciones en los helechos,
cuando se movía tan levemente para asegurarse el sol,

nos dejaron no menos seguros. Vimos en su cabeza,
perla negra sobre la roca, el moteado animal,
la móvil hierba, el indio en su claro del bosque.

II

Adiós a una idea… Una caseta sigue en pie,
abandonada, en la playa. Es blanca,
como por una costumbre o de acuerdo a

un motivo ancestral o como consecuencia
de un proceso infinito. Las flores contra la pared
son blancas, un poco secas, una especie de marca

que recuerda, que intenta recordar, un blanco
que era diferente, otra cosa, el año pasado
o antes, no el blanco de una tarde envejecida,

ya fuera más fresco o más apagado, de nube
o de cielo invernal, de uno a otro horizonte.
El viento remueve la arena en el suelo.

Aquí ser visible es ser blanco,
es ser de la solidez del blanco, la culminación
de un exaltado en un ejercicio…

La estación cambia. Un viento frío hiela la playa.
Sus largas líneas se hacen más largas, más vacías,
la oscuridad se concentra aunque no desciende

y la blancura se vuelve menos vívida en la pared.
El caminante se queda desconcertado sobre la arena.
Observando cómo el norte extiende siempre el cambio,

con sus gélidos brillos, sus rojo-azules lavados
y ráfagas de grandes deflagraciones, su verde polar,
un color de hielo y fuego y soledad.

III

Adiós a una idea… El rostro de la madre,
el propósito del poema, llena la habitación.
Están todos juntos, aquí, y hace calor,

sin nada de la presciencia de los sueños que se acercan.
Anochece. La casa anochece, medio disuelta.
Solo la mitad que ellos nunca poseerán permanece,

aún-estrellada. Es la madre que poseen,
quien da transparencia a su paz actual.
Ella hace más amable cuanto puede ser amable.

Y sin embargo también ella se disuelve, se destruye.
Ella da transparencia. Pero ha envejecido.
El collar es una talla y no un beso.

Las suaves manos son un movimiento, no un roce.
La casa se desmoronará y los libros arderán.
Están a salvo en un refugio de la mente

y la casa es de la mente y ellos y el tiempo,
juntos, todos juntos. La noche boreal
semejará escarcha al acercárseles

y a la madre mientras va adormeciéndose
y le van dando las buenas-noches, buenas-noches. Arriba
las ventanas se iluminarán, mas no las habitaciones.

Un viento esparcirá su ventada magnificencia en derredor
golpeando como un culatazo contra la puerta.
El viento dominará sobre ellos con invencible sonido.

IV

Adiós a una idea… Las anulaciones,
las negaciones no son definitivas. El padre se sienta
en el espacio, donde quiera sentarse, con desolada mirada,

como alguien que es fuerte en el matorral de sus ojos.
Dice no al no y sí al sí. Dice sí
al no; y al decir sí, dice adiós.

Mide las velocidades del cambio.
Salta de cielo en cielo con mayor rapidez
que los ángeles malos saltan del cielo al llameante infierno.

Pero ahora se sienta en el tranquilo y qué-verde-día.
Asume las grandes celeridades del espacio y las agita
de nuboso a despejado, de despejado a punzante claridad

en vuelos de ojo y de oído, el más alto ojo
y el más bajo oído, el oído profundo que discierne,
al anochecer, cosas a las que atiende hasta que escucha

los sobrenaturales preludios de sí mismo,
en el momento en que el ojo angelical define
a sus actores acercándose, en compañía, con sus máscaras.

Señor, oh señor, sentado junto al fuego
y aun así en el espacio e inmóvil y aun así
del movimiento el siempre-esplendente origen,

profundo, y aun así el rey y aun la corona,
mira este presente trono. ¿Qué compañía,
con máscaras, puede ser coro del viento desnudo?

V

La madre invita a la humanidad a su casa
y a la mesa. El padre trae narradores de cuentos
y músicos que callan tanto, cavilan tanto, de los cuentos.

El padre trae negras para que bailen,
entre los niños, como curiosa maduración
de la pauta en la madurez del baile.

Para ellas los músicos tocan insidiosos tonos,
arañando el soniquete a sus instrumentos.
Los niños ríen y tintinean con ritmo metálico.

El padre trae desfiles aéreos,
decorados de teatro, panoramas y bloques de madera
y telones como una ingenua pretensión de sueño.

Entre ellos los músicos atacan al poema instintivo.
El padre trae sus disgregados rebaños,
de lengua bárbara, babeantes y jadeando medias

respiraciones, obedientes a su toque de trompeta.
Entonces esto es Châtillon o donde tú quieras.
Nos hallamos en el tumulto de un festival.

¿Qué festival? ¿Este ruidoso y anárquico deambular?
¿Estos anfitriones? ¿Estos embrutecidos invitados?
Estos músicos redoblando en una tragedia,

rataplán, rataplán, que se compone de lo siguiente:
¿Es que no hay frases que decir? No hay obra.
O bien, las personas actúan con solo estar aquí.

VI

Es un teatro flotando entre las nubes,
él mismo nube, aunque de roca empañada
y montañas corriendo como agua, ola a ola,

por entre olas de luz. Es de nube transformada
en nube transformada de nuevo, indolente, el modo
en que una estación cambia de color para no tener fin,

salvo la prodigalidad de sí misma en el cambio,
como la luz cambia el amarillo en oro y el oro
en sus elementos de ópalo y delicia de fuego,

salpicada ampliamente porque ama la magnificencia
y los solemnes placeres del magnificente espacio.
La nube vaga indolente por entre semi-ideadas formas.

El teatro se llena de pájaros que vuelan,
salvajes cuñas, como humo de volcán, ojipalmeados
y evanescentes, una telaraña en un pasillo

o un enorme pórtico. Un palacio,
tal vez, está emergiendo o simplemente acaba
de desplomarse. El desenlace ha de ser pospuesto…

Esto no es nada hasta que un solo hombre lo abarque,
nada hasta que este nombrado objeto sin nombre sea
y sea destruido. Abre la puerta de su casa

en llamas. El estudioso del candil ve
una ártica refulgencia flameando en la figura
de cuanto él es. Y se siente asustado.

VII

¿Existe una imaginación sentada en un trono
tan severo como benevolente, lo justo
y lo injusto, que en mitad del verano se detenga

a imaginar el invierno? ¿Que, cuando las hojas han muerto,
ocupe su lugar en el norte y se envuelva a sí misma,
cabra-saltarina, cristalada y luminosa, sentándose

en la más alta noche? ¿Y a la que estos cielos adornen
y proclamen, la blanca hacedora del negro, impulsada
por extinciones, incluso de planetas quizá,

incluso de tierra, incluso de perspectiva, en la nieve,
salvo si es necesario en una suerte de majestad,
en el cielo, como corona y cábala de diamante?

Salta a través de nosotros y de todos nuestros cielos salta,
extinguiendo nuestros planetas, uno a uno,
dejando, de donde estábamos y mirábamos, de donde

sabíamos uno del otro y de cada pensamiento del otro,
un trémulo residuo, helado e inevitable,
salvo por la corona y la cábala mística.

Pero no osa saltar a la ventura en su propia oscuridad.
Debe transformarse de destino en banal capricho.
Y de este modo su impulsada tragedia, su estela

y apariencia y el lastimero hacer intentan hallar
lo que debe deshacer y, al fin, lo que puede,
esto es, un insustancial mensaje bajo la luna.

VIII

Quizá haya siempre un tiempo de inocencia.
Nunca es un lugar. O si no es un tiempo,
si no es un asunto de tiempo, ni de lugar,

existente en la idea de ello, por sí sola,
en el sentido contra la calamidad, no es
menos real. Para el más anciano y escéptico filósofo

hay o puede haber un tiempo de inocencia
como principio puro. Su naturaleza es su fin,
el cual debiera ser, y empero no ser, algo

que hostigue la piedad del hombre piadoso,
igual que un libro al atardecer, bello aunque falaz,
igual que un libro en el amanecer, bello y veraz.

Es como algo de un éter que existe
casi como predicado. Pero que existe,
que existe, que es visible, que es, que es.

Así, por tanto, estas luces no son un hechizo de luz,
un proverbio surgido de una nube, sino inocencia.
Una inocencia de la tierra y no un falso signo

o símbolo de malicia. De ella participamos,
acostados como niños en esta beatitud,
cual si, despiertos, yaciéramos en la quietud del sueño,

cual si la inocente madre cantara en la oscuridad
de la habitación y en un acordeón, semi-escuchado,
creara el tiempo y el lugar en el que respiramos…

IX

Y de lo que uno del otro pensábamos; en el idioma
de la obra, en el idioma de una tierra inocente,
no del enigma del sueño culpable.

Éramos como daneses en Dinamarca todo el día
y nos conocíamos bien, recios hombres de tierra firme,
para quienes un forastero era otro día de la semana,

más raro que un domingo. Pensábamos igual
y eso nos hacía hermanos en un hogar,
alimentados de ser hermanos, alimentados

y cebados como en una decorosa colmena.
Este drama que vivimos: Caemos pegajosos de sueño;
este sentido de la actividad del hado.

La cita, cuando ella vino sola,
por su venida se convirtió en libertad de los dos,
un aislamiento que solo ambos podrían compartir.

¿Nos encontrarán colgando de los árboles esta primavera?
¿De qué desastre es esta inminencia: ramas
desnudas, árboles desnudos y un viento afilado como sal?

Las estrellas van situándose en sus radiantes cinturones.
De sus hombros desprenden mantos que destellan
como el último embellecimiento de una gran sombra.

Puede venir mañana en la palabra más sencilla,
casi como parte de la inocencia, casi,
casi como la más tierna y la más verdadera parte.

X

Una gente infeliz en un mundo feliz:
Lee, rabino, las fases de esta diferencia.
Una gente infeliz en un mundo infeliz.

Aquí hay demasiados espejos de la desdicha.
Una gente feliz en un mundo infeliz:
No puede ser. No hay nada allí para deslizar

en la lengua expresiva, hallado el colmillo.
Una gente feliz en un mundo feliz:
¡Genial! Un baile, una ópera, un bar.

Vuelve a donde estábamos al comienzo:
Una gente infeliz en un mundo feliz.
Ahora solemniza las sílabas ocultas.

Lee a la congregación, para hoy
y para mañana, este extremo,
esta artera idea del espectro de las esferas,

ideando el equilibrio para idear un todo,
el vital y nunca-errado genio,
concluyendo sus meditaciones, grandes y pequeñas.

Para estos infelices él medita un todo,
la plena fortuna y la plena fatalidad,
como viviendo todas las vidas, las que pueda conocer,

en el zaguán de una bruja, no un silencioso paraíso,
o una disputa entre viento y clima, bajo estas luces
cual llamarada de paja en verano, al filo del invierno.


Wallace Stevens. The Auroras of Autumn (poemhunter.com)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

The Auroras of Autumn

I
This is where the serpent lives, the bodiless.
His head is air. Beneath his tip at night
Eyes open and fix on us in every sky.
Or is this another wriggling out of the egg,
Another image at the end of the cave,
Another bodiless for the body’s slough?
This is where the serpent lives. This is his nest,
These fields, these hills, these tinted distances,
And the pines above and along and beside the sea.
This is form gulping after formlessness,
Skin flashing to wished-for disappearances
And the serpent body flashing without the skin.
This is the height emerging and its base
These lights may finally attain a pole
In the midmost midnight and find the serpent there,
In another nest, the master of the maze
Of body and air and forms and images,
Relentlessly in possession of happiness.
This is his poison: that we should disbelieve
Even that. His meditations in the ferns,
When he moved so slightly to make sure of sun,
Made us no less as sure. We saw in his head,
Black beaded on the rock, the flecked animal,
The moving grass, the Indian in his glade.

II
Farewell to an idea . . . A cabin stands,
Deserted, on a beach. It is white,
As by a custom or according to
An ancestral theme or as a consequence
Of an infinite course. The flowers against the wall
Are white, a little dried, a kind of mark
Reminding, trying to remind, of a white
That was different, something else, last year
Or before, not the white of an aging afternoon,
Whether fresher or duller, whether of winter cloud
Or of winter sky, from horizon to horizon.
The wind is blowing the sand across the floor.
Here, being visible is being white,
Is being of the solid of white, the accomplishment
Of an extremist in an exercise . . .
The season changes. A cold wind chills the beach.
The long lines of it grow longer, emptier,
A darkness gathers though it does not fall
And the whiteness grows less vivid on the wall.
The man who is walking turns blankly on the sand.
He observes how the north is always enlarging the change,
With its frigid brilliances, its blue-red sweeps
And gusts of great enkindlings, its polar green,
The color of ice and fire and solitude.

III
Farewell to an idea . . . The mother’s face,
The purpose of the poem, fills the room.
They are together, here, and it is warm,
With none of the prescience of oncoming dreams.
It is evening. The house is evening, half dissolved.
Only the half they can never possess remains,
Still-starred. It is the mother they possess,
Who gives transparence to their present peace.
She makes that gentler that can gentle be.
And yet she too is dissolved, she is destroyed.
She gives transparence. But she has grown old.
The necklace is a carving not a kiss.
The soft hands are a motion not a touch.
The house will crumble and the books will burn.
They are at ease in a shelter of the mind
And the house is of the mind and they and time,
Together, all together. Boreal night
Will look like frost as it approaches them
And to the mother as she falls asleep
And as they say good-night, good-night. Upstairs
The windows will be lighted, not the rooms.
A wind will spread its windy grandeurs round
And knock like a rifle-butt against the door.
The wind will command them with invincible sound.

IV
Farewell to an idea . . . The cancellings,
The negations are never final. The father sits
In space, wherever he sits, of bleak regard,
As one that is strong in the bushes of his eyes.
He says no to no and yes to yes. He says yes
To no; and in saying yes he says farewell.
He measures the velocities of change.
He leaps from heaven to heaven more rapidly
Than bad angels leap from heaven to hell in flames.
But now he sits in quiet and green-a-day.
He assumes the great speeds of space and flutters them
From cloud to cloudless, cloudless to keen clear
In flights of eye and ear, the highest eye
And the lowest ear, the deep ear that discerns,
At evening, things that attend it until it hears
The supernatural preludes of its own,
At the moment when the angelic eye defines
Its actors approaching, in company, in their masks.
Master O master seated by the fire
And yet in space and motionless and yet
Of motion the ever-brightening origin,
Profound, and yet the king and yet the crown,
Look at this present throne. What company,
In masks, can choir it with the naked wind?

V
The mother invites humanity to her house
And table. The father fetches tellers of tales
And musicians who mute much, muse much, on the tales.
The father fetches negresses to dance,
Among the children, like curious ripenesses
Of pattern in the dance’s ripening.
For these the musicians make insidious tones,
Clawing the sing-song of their instruments.
The children laugh and jangle a tinny time.
The father fetches pageants out of air,
Scenes of the theatre, vistas and blocks of woods
And curtains like a naive pretence of sleep.
Among these the musicians strike the instinctive poem.
The father fetches his unherded herds,
Of barbarous tongue, slavered and panting halves
Of breath, obedient to his trumpet’s touch.
This then is Chatillon or as you please.
We stand in the tumult of a festival.
What festival? This loud, disordered mooch?
These hospitaliers? These brute-like guests?
These musicians dubbing at a tragedy,
A-dub, a-dub, which is made up of this:
That there are no lines to speak? There is no play.
Or, the persons act one merely by being here.

VI
It is a theatre floating through the clouds,
Itself a cloud, although of misted rock
And mountains running like water, wave on wave,
Through waves of light. It is of cloud transformed
To cloud transformed again, idly, the way
A season changes color to no end,
Except the lavishing of itself in change,
As light changes yellow into gold and gold
To its opal elements and fire’s delight,
Splashed wide-wise because it likes magnificence
And the solemn pleasures of magnificent space
The cloud drifts idly through half-thought-of forms.
The theatre is filled with flying birds,
Wild wedges, as of a volcano’s smoke, palm-eyed
And vanishing, a web in a corridor
Or massive portico. A capitol,
It may be, is emerging or has just
Collapsed. The denouement has to be postponed . . .
This is nothing until in a single man contained,
Nothing until this named thing nameless is
And is destroyed. He opens the door of his house
On flames. The scholar of one candle sees
An Arctic effulgence flaring on the frame
Of everything he is. And he feels afraid.

VII
Is there an imagination that sits enthroned
As grim as it is benevolent, the just
And the unjust, which in the midst of summer stops
To imagine winter? When the leaves are dead,
Does it take its place in the north and enfold itself,
Goat-leaper, crystalled and luminous, sitting
In highest night? And do these heavens adorn
And proclaim it, the white creator of black, jetted
By extinguishings, even of planets as may be,
Even of earth, even of sight, in snow,
Except as needed by way of majesty,
In the sky, as crown and diamond cabala?
It leaps through us, through all our heavens leaps,
Extinguishing our planets, one by one,
Leaving, of where we were and looked, of where
We knew each other and of each other thought,
A shivering residue, chilled and foregone,
Except for that crown and mystical cabala.
But it dare not leap by chance in its own dark.
It must change from destiny to slight caprice.
And thus its jetted tragedy, its stele
And shape and mournful making move to find
What must unmake it and, at last, what can,
Say, a flippant communication under the moon.

VIII
There may be always a time of innocence.
There is never a place. Or if there is no time,
If it is not a thing of time, nor of place,
Existing in the idea of it, alone,
In the sense against calamity, it is not
Less real. For the oldest and coldest philosopher,
There is or may be a time of innocence
As pure principle. Its nature is its end,
That it should be, and yet not be, a thing
That pinches the pity of the pitiful man,
Like a book at evening beautiful but untrue,
Like a book on rising beautiful and true.
It is like a thing of ether that exists
Almost as predicate. But it exists,
It exists, it is visible, it is, it is.
So, then, these lights are not a spell of light,
A saying out of a cloud, but innocence.
An innocence of the earth and no false sign
Or symbol of malice. That we partake thereof,
Lie down like children in this holiness,
As if, awake, we lay in the quiet of sleep,
As if the innocent mother sang in the dark
Of the room and on an accordion, half-heard,
Created the time and place in which we breathed . . .

IX
And of each other thought—in the idiom
Of the work, in the idiom of an innocent earth,
Not of the enigma of the guilty dream.
We were as Danes in Denmark all day long
And knew each other well, hale-hearted landsmen,
For whom the outlandish was another day
Of the week, queerer than Sunday. We thought alike
And that made brothers of us in a home
In which we fed on being brothers, fed
And fattened as on a decorous honeycomb.
This drama that we live—We lay sticky with sleep.
This sense of the activity of fate—
The rendezvous, when she came alone,
By her coming became a freedom of the two,
An isolation which only the two could share.
Shall we be found hanging in the trees next spring?
Of what disaster in this the imminence:
Bare limbs, bare trees and a wind as sharp as salt?
The stars are putting on their glittering belts.
They throw around their shoulders cloaks that flash
Like a great shadow’s last embellishment.
It may come tomorrow in the simplest word,
Almost as part of innocence, almost,
Almost as the tenderest and the truest part.

X
An unhappy people in a happy world—
Read, rabbi, the phases of this difference.
An unhappy people in an unhappy world—
Here are too many mirrors for misery.
A happy people in an unhappy world—
It cannot be. There’s nothing there to roll
On the expressive tongue, the finding fang.
A happy people in a happy world—
Buffo! A ball, an opera, a bar.
Turn back to where we were when we began:
An unhappy people in a happy world.
Now, solemnize the secretive syllables.
Read to the congregation, for today
And for tomorrow, this extremity,
This contrivance of the spectre of the spheres,
Contriving balance to contrive a whole,
The vital, the never-failing genius,
Fulfilling his meditations, great and small.
In these unhappy he meditates a whole,
The full of fortune and the full of fate,
As if he lived all lives, that he might know,
In hall harridan, not hushful paradise,
To a haggling of wind and weather, by these lights
Like a blaze of summer straw, in winter’s nick.

Nina Puro

Prescripción


Si miedo, cuero viejo y humo de leña. Si olvido,
sasafrás y nixtamal. Si recuerdo,
brillante gancho azul. Si despojo, cordero

tostado. Si ruptura, obsidiana y
pamplina. Si sutura, dormir enroscándose en torno

a un pino. Si oleaje, charco de leche. Si sombra,
charco de gasolina. Si género, sombra chocando
encima. Si género, soñar en un lenguaje

que no conoces. Si género, nadar
en paralelo a la costa. Si matinal, manchas solares

y pimienta negra. Si funeral, mancha
negra en un pulmón. Si cosecha, análisis
de sangre y deporte sangriento.

Si lenguaje, ramas
quebradas. Si fantasma, traje de luto usado
raído en las rodillas. Si tormenta, vena

de vela. Si proximidad, deseo de muerte y calma
de dracma. Si adicción, humanos. Si adicción, sutura

y hocicar. Si te atrapan, locura
y bozal. Si caminata, década de
rayados finos. Si cristal de rubí, sacar

los puntos con los dientes.
Si picazón, reorganizar el cielo.
Si picazón, punto suelto y plato

desconchado. Si apagón, cinabrio
y refugio antinuclear. Si caminata, seguir caminando.


Nina Puro. Prescription (poetrysociety.org)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Prescription

If afraid, cured leather & wood-smoke. If forgotten,
sassafras & hominy. If remembered,
bright blue hook. If bereft, lamb

sizzling. If rupture, obsidian &
chickweed. If suture, sleep curled around

a pine tree. If surge, puddle of milk. If shadow,
puddle of gasoline. If gender, shadow hurtling
overhead. If gender, dream in a language

you don’t know. If gender, swim
parallel to shore. If morning, sunspots

& black pepper. If mourning, black
spot on a lung. If harvest, blood
sport & blood work.

If language, cracked
branches. If ghost, funeral suit worn
thin at the knees. If rainstorm, core

of candle. If closeness, death wish & warm
dram. If addict, human. If addict, suture

& nuzzle. If caught out, folly
and muzzle. If walk, decade of
tiny crosshatches. If ruby glass, pick out

the stitches with your teeth.
If itch, reorganize the sky.
If itch, dropped stitch & chipped

saucer. If blackout, cinnabar
& fallout shelter. If walk, keep walking.

Michael Meyerhofer

El problema con los martillos


El problema de tener martillos es
que hay que ponerlos en algún lugar,
en clavijas o en un cajón, o haciéndoles
sitio en la caja de herramientas,
mucho después de construida la casa
y que el circo se plegara como un envoltorio
en la trasera de extraños camiones,
toda la noche de Maine a Hollywood.
Yo querría tener tres nombres como
un niño actor o un asesino en serie.
Mi padre guardaba los martillos
en una caja y un día que vino
por aquí cuando yo estaba fuera,
clavó un listón robado de una obra
bajo los cojines de mi sofá.
Yo guardo mis martillos en el armario,
pero él logró encontrarlos. Creo que
a mí me gustaría ser martillo
y golpear todo el día las cabezas
de los incautos y delgados clavos,
aunque no soy demasiado violento
ni estoy sin medicación, si eso importa.
Cierto que nunca se me dieron bien
las mates, desde aquel tercer premio
en quinto curso, y sé que no se debe
comenzar un discurso diciendo,
ni tampoco escribirlo en un poema,
lo nervioso que uno está, pero creo
que hay más clavos y más martillos
que personas, y estoy harto de esos
continuos recordatorios de que nada
construido después de las pirámides
puede seguir en pie mucho tiempo,
no solo las relaciones, sino otras cosas
como las estanterías, los gobiernos
o el nuevo acuerdo sobre la circuncisión.
Dicen que la primera herramienta
del ser humano fue el martillo, lo que tiene
sentido ya que no puedo imaginarme
a los monos usando el goniómetro,
ni el sextante bajo las húmedas estrellas.
Pero cada vez que golpeo puedo
sentir mi cabeza aflojándose en su eje
de hueso pulido, y sé bien que cuando
salte, nunca más volverá a encajar.


Michael Meyerhofer. The Trouble With Hammers (poemhunter.com)
troublewithhammers.com
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

The Trouble With Hammers

The trouble with owning hammers
is that you have to store them somewhere,
on pegs or at least in a drawer
or inside an emptied out tackle box,
long after the house is built
and the circus folded like an envelope
on the backs of unfamiliar trucks,
all night from Maine to Hollywood.
I want to go by three names
like child actors and serial killers.
My father kept hammers in a drawer
and once, when he stopped by
but I was out, he nailed a two-by-four
he stole from a construction site
under the sagging cushions of my couch.
I keep my hammers in the closet
but he found them anyway. I would
like to be a hammer, I think,
and swing all day down on the heads
of thin, unsuspecting nails
even though I am not particularly
violent or unmedicated, if that matters.
It’s true, I was never any good
at math ever since that one bronze
star in fifth grade, and I know
you’re not supposed to begin a speech
or say in a poem how nervous
you are, but I think there are more nails
than people, and more hammers
than people, and I am weary of these
constant reminders that nothing
built after the pyramids
seems able to hold together for long—
not just relationships, but other things
like bookshelves, governments,
the new consensus on circumcision.
They say Man’s first tool was a hammer,
which makes sense since I can’t
imagine apes working a protractor,
much like a sextant under the wet stars.
But each time I swing, I can feel
my own head loosen from its shaft
of lacquered bone, and I know
once it flies, it will never be tight again.

Antoine Maine

A veces


A veces uno cree ver el cielo
se queda allí inmóvil
como un astronauta
en órbita geoestacionaria
uno mide el desplazamiento
de las nubes sobre el hocico de la zorra
uno se tapa los ojos
para oír mejor latir
el corazón de las gaviotas
y después cuenta
una a una
las horas que tiemblan
en las ramas de los álamos

A veces uno cree ver el cielo
y luego no
no es más que un tragaluz
mal recortado
en la pendiente del techo


Nota
la zorra: Vulpecula, La Zorra o La Raposilla, es una pequeña constelación del Norte ubicada en medio del Triángulo de verano, al norte de Sagitta y Delphinus. (wikipedia)

Antoine Maine. Parfois (depassage.tumblr.com)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Parfois

Parfois on croit voir le ciel
on se tient là immobile
comme un astronaute
en orbite géostationnaire
on mesure le déplacement
des nuages à gueule de renard
on se bouche les yeux
pour mieux entendre battre
le cœur des goélands
et puis on compte
une à une
les heures qui tremblent
aux branches des peupliers

Parfois on croit voir le ciel
et puis non
ce n’est qu’une lucarne
mal découpée
dans la pente du toit


Carlos Drummond de Andrade

Búsqueda de la poesía


No hagas versos sobre acontecimientos.
No hay creación ni muerte ante la poesía.
Frente a ella la vida es un sol estático,
no calienta ni ilumina.
Las afinidades, los aniversarios,
los incidentes personales no cuentan.
No hagas poesía con el cuerpo,
ese excelente, completo y confortable cuerpo,
tan indefenso en la efusión lírica.

Tu gota de bilis, tu mueca de placer o dolor en la oscuridad
son indiferentes.
Ni me reveles tus sentimientos,
que se benefician del equívoco e intentan el largo viaje.
Lo que pienses y sientas, eso aún no es poesía.

No cantes a tu ciudad, déjala tranquila.
El canto no es el movimiento de las máquinas
ni el secreto de las casas.
No es música oída al pasar,
rumor del mar en las calles junto a la línea de espuma.

El canto no es la naturaleza
ni los hombres en sociedad.
Para él, lluvia y noche, fatiga y esperanza nada significan.
La poesía (no saques poesía de las cosas)
elide sujeto y objeto.

No dramatices, no invoques,
no indagues. No pierdas tiempo en mentir.
No te aborrezcas.
Tu yate de marfil, tu zapato de diamante,
vuestras mazurcas y excesos, vuestros esqueletos de familia
desaparecen en la curva del tiempo; es algo inútil.

No recompongas
tu sepultada y melancólica infancia.
No osciles entre el espejo y la
memoria que se desvanece.
Si se desvaneció, no era poesía.
Si se rompió, cristal no era.

Penetra sigilosamente en el reino de las palabras.
Allí están los poemas que esperan ser escritos.
Están paralizados, mas no hay desesperanza;
hay paz y frescura en la superficie intacta.
Permanecen solos y mudos, en estado de diccionario.
Convive con tus poemas antes de escribirlos.
Ten paciencia, si oscuros; calma, si te provocan.
Espera a que cada uno se realice y consume
con su poder de palabra
y su poder de silencio.
No fuerces al poema a desprenderse del limbo.
No recojas del suelo el poema que se perdió.
No adules al poema. Acéptalo
como él aceptará su forma definitiva y concentrada
en el espacio.

Acércate más y contempla las palabras.
Cada una
tiene mil caras secretas bajo la cara neutra
y te pregunta, sin interés por la respuesta,
pobre o terrible, que puedas darle:
¿Has traído la llave?

Repara:
yermas de melodía y concepto
ellas se han refugiado en la noche, las palabras.
Aún húmedas e impregnadas de sueño
viran en un río difícil y se transforman en desprecio.


Carlos Drummond de Andrade. Procura da poesia (letras.com.br)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Procura da poesia

Não faças versos sobre acontecimentos.
Não há criação nem morte perante a poesia.
Diante dela, a vida é um sol estático,
não aquece nem ilumina.
As afinidades, os aniversários, os incidentes pessoais não contam.
Não faças poesia com o corpo,
esse excelente, completo e confortável corpo, tão infenso à efusão lírica.

Tua gota de bile, tua careta de gozo ou de dor no escuro
são indiferentes.
Nem me reveles teus sentimentos,
que se prevalecem do equívoco e tentam a longa viagem.
O que pensas e sentes, isso ainda não é poesia.

Não cantes tua cidade, deixa-a em paz.
O canto não é o movimento das máquinas nem o segredo das casas.
Não é música ouvida de passagem, rumor do mar nas ruas junto à linha de espuma.

O canto não é a natureza
nem os homens em sociedade.
Para ele, chuva e noite, fadiga e esperança nada significam.
A poesia (não tires poesia das coisas)
elide sujeito e objeto.

Não dramatizes, não invoques,
não indagues. Não percas tempo em mentir.
Não te aborreças.
Teu iate de marfim, teu sapato de diamante,
vossas mazurcas e abusões, vossos esqueletos de família
desaparecem na curva do tempo, é algo imprestável.

Não recomponhas
tua sepultada e merencória infância.
Não osciles entre o espelho e a
memória em dissipação.
Que se dissipou, não era poesia.
Que se partiu, cristal não era.

Penetra surdamente no reino das palavras.
Lá estão os poemas que esperam ser escritos.
Estão paralisados, mas não há desespero,
há calma e frescura na superfície intata.
Ei-los sós e mudos, em estado de dicionário.
Convive com teus poemas, antes de escrevê-los.
Tem paciência se obscuros. Calma, se te provocam.
Espera que cada um se realize e consume
com seu poder de palavra
e seu poder de silêncio.
Não forces o poema a desprender-se do limbo.
Não colhas no chão o poema que se perdeu.
Não adules o poema. Aceita-o
como ele aceitará sua forma definitiva e concentrada
no espaço.

Chega mais perto e contempla as palavras.
Cada uma
tem mil faces secretas sob a face neutra
e te pergunta, sem interesse pela resposta,
pobre ou terrível, que lhe deres:
Trouxeste a chave?

Repara:
ermas de melodia e conceito
elas se refugiaram na noite, as palavras.
Ainda úmidas e impregnadas de sono,
rolam num rio difícil e se transformam em desprezo.

Nizar Qabbani

Salmodia sobre los mausoleos de los santones


I

Yo os rechazo a todos vosotros
y pongo fin al diálogo.
No tengo nada más que decir.
Hice una hoguera
con mis diccionarios y mis papeles.
Hui de la poesía antigua
y de la rima en “r” del largo poema Farazdak;
emigré de mi voz,
emigré de las ciudades de sal amarga
y de los poemas de loza pintada.

Traje mis árboles a vuestro desierto,
de desesperación los árboles se suicidaron;
traje mi lluvia a vuestra sequía,
la lluvia se abstuvo de caer;
planté mis poemas en vuestras matrices,
y allí se asfixiaron.
¡Oh matriz, portadora del polvo y las espinas!

II

He intentado arrancaros
del pegamento de la historia,
del calendario de las fatalidades,
de la poesía llorosa del tópico,
del culto a las piedras;
he intentado liberar Troya sitiada,
pero el sitio me ha sitiado.
Yo os rechazo. Sí, os rechazo,
a vosotros que habéis creado a vuestro Dios
a partir de la baba,
que habéis elevado una cúpula
a cada santón,
un lugar de peregrinaje
a cada falso profeta.
He intentado salvaros
de la clepsidra que os engulle
en cada instante del día y de la noche,
de los amuletos que lleváis colgados,
de las salmodias recitadas sobre las tumbas,
de los derviches giróvagos,
de la buenaventura de la adivina
y de la danza del Zaar.
He intentado clavar un clavo en vuestra carne,
pero he desesperado
de vuestra carne y de mis garras,
he desesperado del espesor del muro,
he desesperado de mi desesperación.

Ayer me enredé
en las trenzas de mi amante,
pero no pude hacerle el amor
como la he acostumbrado;
los rasgos de su cuerpo eran extraños,
la cama estaba fría,
el frío estaba frío,
el seno de la que amo era una vieja naranja exprimida
y una bandera agujereada.

Miro, azorado, el mapa del arabismo:
En cada palmo de tierra ha nacido un califa,
se ha establecido un poder absoluto,
ha sido levantada una jaima…
La bandera y los escudos me hacen reír,
los imperios me hacen reír,
los sultanatos de pacotilla,
las leyes originales,
los jeques del petróleo,
los matrimonios de corto disfrute
y los instintos desordenados.

Me voy. Rostro extranjero en Granada,
abrazo a los niños, los árboles y los minaretes derribados.
Allí acamparon los almorávides,
aquí se establecieron los almohades,
allí tuvieron lugar las orgías,
aquí sucedió el trance,
allí un manto ensangrentado,
aquí un patíbulo levantado.

¡Tribus árabes!
¡Dispersas como hojas secas!
¡Mataos! ¡Peleaos! ¡Suicidaos!
¡Oh puñalada,
por segunda vez,
como la de aquella Andalucía vencida!


Nizar Qabbani. Psalmodie sur les mausolees des santons (lecaravanserail.blogspot.com)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Psalmodie sur les mausolees des santons

I
Je vous rejette tous
Et je mets fin au dialogue
Je n’ai plus rien à dire
J’ai fait un autodafé
De mes dictionnaires et de mes effets,
J’ai fui la poésie antique
Et la rime en “r” du long poème de Farazdak,
J’ai émigré de ma voix
J’ai émigré des cités du sel amer
Et des poèmes de poterie peinte.

J’ai apporté mes arbres à votre désert
De désespoir les arbres se sont suicidés;
J’ai apporté ma pluie à votre sécheresse
La pluie s’est retenue de tomber ;
J’ai planté mes poèmes dans vos matrices
Ils se sont étouffés.
O matrice, porteuse de poussière et d’épines!

II
J’ai essayé de vous arracher
De la colle de l’histoire,
Du calendrier des fatalités,
De la poésie pleurarde des clichés,
Du culte des pierres ;
J’ai tenté de libérer Troie assiégée,
Alors le siège m’a assiégé.
Je vous rejette, oui, je vous rejette
Vous qui avez créé votre Dieu
A partir de la bave,
Vous qui avez élevé une coupole
A chaque santon,
Un lieu de pèlerinage
A chaque faux prophète.
J’ai tenté de vous sauver
De la clepsydre qui vous engloutit
A chaque instant du jour et de la nuit,
Des amulettes que vous portez sur vous,
Des psalmodies récitées sur vos tombes,
Des derwiches tourneurs,
De la diseuse de bonne aventure,
Et de la danse du Zaar.
J’ai tenté de planter un clou dans votre chair,
Mais, j’ai désespéré
De votre chair et de mes serres,
J’ai désespéré de l’épaisseur du mur,
J’ai désespéré de mon désespoir.

Hier, je me suis pendu
Aux tresses de ma maîtresse
Mais je n’ai pu lui faire l’amour
Comme je l’ai habituée,
Les traits de son corps étaient étranges,
Le lit était froid
Le froid était froid,
Le sein de celle que j’aime était une vieille orange pressée,
Et un drapeau percé.

Je regarde, hagard, sur la carte de l’arabisme:
A chaque empan de terre un Califa est né
Un pouvoir absolu s’est établi,
Une tente a été dressée…
Le drapeau et les sceaux me font rire,
Les empires me font rire,
Les Sultanats de pacotille,
Les lois originales,
Les cheikhs du pétrole,
Les mariages de courte jouissance
Et les instincts déréglés.

Je marche, visage étranger dans Grenade
J’embrasse les enfants, les arbres et les minarets renversés,
Là, les Almoravides ont campé,
Ici, les Almohades se sont établis,
Là, ont eu lieu les orgies,
Ici, s’est effectuée la transe,
Là, un manteau ensanglanté,
Ici, un échafaud dressé.

Tribus arabes!
Dispersez-vous comme des feuilles mortes!
Entretuez-vous! Disputez-vous! Suicidez-vous!
O coup de poignard
Pour une seconde fois
Du genre d’une certaine Andalousie vaincue!

Gabriel Contino

Sonríe


No comas con la boca abierta,
no hables con la boca llena;
no bebas con el estómago vacío
no hables de la vida ajena,
no juzgues sin tener certeza y
no pongas los codos sobre la mesa
no te detengas en el arcén,
no adelantes por la derecha,
no pases bajo la escalera que trae mala suerte
no escupas en el suelo de la calle,
no escupas hacia arriba,
no olvides dar a la cisterna después de usar
no uses el nombre de Dios en vano
no uses el nombre de Dios en vano, hermano
no uses el nombre de Dios en vano
no uses medicamentos sin receta

¡SONRÍE! Estás siendo filmado
¡SONRÍE! Estás siendo observado
¡SONRÍE! Estás siendo controlado
¡Estás siendo filmado!

No comas con la boca abierta,
no hables con la boca llena,
no toques el producto si no vas a comprar
no pises el césped, no te hagas pis en la cama;
no ames a quien no te ama
no llames al ascensor en caso de incendio
no entres en el ascensor sin comprobar
si el mismo se encuentra en esta planta
no aceptes caramelos ofrecidos por extraños
no rechaces una invitación sin dar las gracias
no digas palabras feas delante de tus abuelos
no hables con el conductor; apenas es necesario
no te dejes llevar por los instintos carnales
no desobedezcas a tus padres
no des limosna a los mendigos,
no des de comer a los animales
no des de comer a los animales,
no des limosna a los mendigos
no comas con la boca abierta,
no hables con la boca llena,
no te des la primera noche,
no comas a la mujer de un amigo.

No uses el nombre de Dios en vano
no uses el nombre de Dios en vano, hermano
no uses el nombre de Dios en vano
no uses medicamentos sin receta

¡No te dejes engañar!
¡No te dejes engañar!

Come con la boca abierta, come con la boca cerrada
come en el ascensor
en caso de incendio come en las escaleras
come en el suelo de la calle, come en el césped, come en la cama
ama a quien no te ama,
no rechaces caramelos ofrecidos por extraños
no des limosna a los mendigos sin dar las gracias
no rechaces a los animales,
no desobedezcas a tus instintos carnales
no te des la primera noche delante de tus abuelos
no uses el nombre de Dios si no vas a comprar
no comas a la esposa de un amigo sin comprobar
si el mismo se encuentra en esta planta


Gabriel Contino. Sorria (vagalume.com.br)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Sorria

Não coma de boca aberta,
não fale de boca cheia;
não beba de barriga vazia
não fale da vida alheia,
não julgue sem ter certeza e
não apoie os cotovelos sobre a mesa
não pare no acostamento,
não passe pela direita,
não passe embaixo de escada que dá azar
não cuspa no chão da rua,
não cuspa pro alto,
não deixe de dar descarga depois de usar
não use o nome de Deus em vão
não use o nome de Deus em vão,irmão
não use o nome de Deus em vão
não use remédios sem orientação

SORRIA! Você tá sendo filmado
SORRIA! Você tá sendo observado
SORRIA! Você tá sendo controlado
’cê tá sendo filmado! ’cê tá sendo filmado!

Não coma de boca aberta, não fale de boca cheia,
não toque nos produtos se não for comprar
não pise na grama, não faça xixi na cama;
não ame quem não te ama [não ame quem não te ama!]
não chame os elevadores em caso de incêndio
não entre no elevador sem antes verificar
se o mesmo encontra-se neste andar
não chupe balas oferecidas por estranhos
não recuse um convite sem dizer obrigado
não diga palavras chulas na frente dos seus avós
não fale com o motorista; apenas o necessário
não se deixe levar pelos instintos carnais
não desobedeça seus pais
não dê esmola aos mendigos,
não dê comida aos animais
não dê comida aos animais,
não dê esmola aos mendigos
não coma de boca aberta,
não fale de boca cheia,
não dê na primeira noite,
não coma a mulher do amigo.

Não use o nome de Deus em vão
não use o nome de Deus em vão, irmão
não use o nome de Deus em vão
não use remédios sem orientação

Não se deixe levar!
não se deixe levar!

Coma de boca aberta, coma de boca fechada
coma nos elevadores
em caso de incêndio coma nas escadas
coma no chão da rua, coma na grama, coma na cama
ame quem não te ama,
não recuse balas oferecidas por estranhos
não dê esmola aos mendigos sem dizer obrigado
não chupe os animais,
não desobedeça aos seus instintos carnais
não dê na primeira noite na frente dos seus avós
não use o nome de Deus se não for comprar
não coma a mulher do amigo sem antes verificar
se o mesmo encontra-se neste andar.

 

Lope de Vega

Ir y quedarse


Ir y quedarse, y con quedar partirse,
partir sin alma, y ir con alma ajena,
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;

arder como la vela y consumirse
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo, y ser demonio en pena,
y de serlo jamás arrepentirse;

hablar entre las mudas soledades,
pedir prestada, sobre fe, paciencia,
y lo que es temporal llamar eterno;

creer sospechas y negar verdades,
es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma y en la vida infierno.

 

Los niños en la orilla

Este es el este,
donde termina el sueño
y el alba descubre,
un nunca bien, un algo mal,
los crímenes confusos de la noche,
el barquito de papel
intenta remontar la realidad,
cristales,
pero en el río zozobraba,
los niños contemplan desde la orilla,
espumas,
espejos,
la niebla que condensa
los mansos prados y el sendero,

el río, salta el río,
espejo inextinguible,
redibujando la realidad,
bruma lánguida y viscosa
que al barquito se llevaba
en labios de excitada hostilidad,
sin reacción ni redención,
hay demasiada pimienta en el aire,
lábil amnesia,
y es imposible transmitir el sueño,
serpiente oblicua,
ni la vivencia del ensueño, ni
la fulguración de la vida,
espejo esquivo, solos,
coletas,
ah, Ariene!

secretas pecas,
no lo alcanzo, no sé qué es,
la niebla ahoga las orillas
con la inercia de un pensamiento obsceno,
desde la muralla espío
los cadáveres que pasan flotando,
hilos aéreos,
y apresa el valle como una crecida,
cristales,
densa, láctea, nebulosa,
que después de desleír en sí misma
pasiones, afanes mustios,
no entenderás qué fue,
niña risueña,
ansias de tedio sin riesgo,
sabías que mi amor era de cuarzo,
feldespato y, a veces, mica,
se desvanece llevándose el tiempo
en el brusco fulgor del remolino,
el hilo es,
oblicuas piernas,

patrimonio de la araña,
ven a bailar,
niña radiante,
al cíclico círculo intemporal,
dame un spritz, y tu lívida sal,
o tal vez una escala en Monastirion,
a veces concreto un nuevo teorema,
no es fácil evitar la gravedad,
a veces bajo a la más lacia trampa,
olor de las algas,
salor de la sal, exacto
como que el viento solar es un plasma
y los epilobios florecen
en todos los planetas con anillos
de este brazo de la Galaxia
y los dados siguen rodando
más allá del confín del Universo,
donde rechina nítida
la reconocible arpa del grillo,
coletas,

lo que ocurre es
que no sabes casi nada de nada,
brumoso albor de otro universo,
lentos millones de años llovió,
nuestra vida va en las hojas
que por el río se van,
arboleda mental,
pero debo regresar al revólver,
sin imaginación nunca
podrías comprender la realidad,
deja que el caos ocupe su espacio
en el crítico vórtice
del centro del vacío universal,

hoy solo es otro día lúbrico
junto a las difusas dunas,
pino, aulagas, cardos marinos, crambe,
creemos,
no es el mapa lo que está equivocado,
hay siempre una trampa en la oscuridad,
linda rubita cobriza,
frágil amnesia eventual,
es el imán quien no cree en la brújula,
suben las algas al calmo arrecife
y un pétalo de semen en tu espalda
reconfigura las sombras
y el reflejo de las olas
en la ondulación de la arena
revierte la flecha del tiempo,
desde ahora mismo hacia casi jamás,
minerales, metales

y bismuto fundido y enfriado
lentamente para formar
hermosos cristales iridiscentes,
confusión es el signo de esta edad,
no sospecháis
lo muchitito que ignoráis,
confusión será mi puto epitafio,
la inútil mentira en la que creemos,
creemos,
rendez-nous la lumière, danos la luz,
helada geometría
de serpientes entrelazadas,
rendez-nous la beauté, y la belleza,
metales, minerales,
pequeños emblemas de eternidad,
el eco de los agujeros negros
canta ante el caos,
meteoritos,
cada planeta retorna a su órbita
y cada estrella busca su rincón
en la mente del ser,

más bebo y menos duermo,
noche en nieve,
la luna despierta a los criminales
y a los raptores de orquídeas,
amnesia circunstancial,
y danza el tordo,
el futuro determina el presente
y el presente modifica el pasado,
dejad que la bala vuelva al revólver
y que el caos encuentre su lugar,
dedo, saliva, amor en el cristal,
y cada delito es cometido
a la hora y en el sitio oportunos,
ponme otro spritz
y unas croquetas de champán,
dame sexo intersideral,

vibra el agua en el labio de la ninfa,
linda coleta, bonitas pecas,
whisky und cervezas,
un corazón de tiza en tu ventana
y otro en el tercer magnolio
con negro indeleble rotulador,
y cada ser humano
es amado por algún ser humano
a la hora y en el sitio precisos,
watusi!
en la plaza y en la playa,
a la luz de la luna o los ledes
o en los descorazonados desiertos
o en la perversa banquisa,
a las siete de la mañana,
obsesióname,
Ah, Geneviève, ma petite mordonnante!
dame el ardor,

aun creemos
que el futuro siempre ha existido,
que el pasado siempre ha de existir
en la mente del ser,
dame cuanto tú quieras darme,
cede al dolor,
dame la lluvia que me quieras dar,
violáceas noches mil,
qué me da más,
como epilobios en flor,
porque todo lo que piensas tú,
qué más me da,
tú nunca elegiste ser quien yo soy,
flujos de sal,
como medusa en el mar,
como es el océano prisionero en la Tierra,
sí, Perceval,
cual un cometa de hielo y vacío,
como un guijarro en el lodo del río
se deja llevar,

mil noches violáceas
reidealizan la realidad,
antes yo nunca me hacía preguntas,
si no estuviera conectado
ni siquiera sangraría,
ahora apenas intuyo respuestas,
virus arbóreo,
qué más me da, son ilusiones,
con mis fermiones la danza va,
wah watusi!
el oleaje te impide ver el mar,
arboleda viral,
son ilusiones y así nací,
con los bosones baila,
echaré mis fatigosas metáforas
en una bolsa del supermercado,
toma el ardor,
rompe este enésimo trozo de mí,
baila watusi, mi amor!

no detengas la crecida,
si caminas lo suficiente
a alguna parte llegarás,
la eternidad no es tan larga,
lácteo fluir
de aves marinas tras el viento,
realineando la realidad
el barquito de papel
detrás del crepúsculo se asumió,
el pasado se licuó con el río
la tarde de la niebla inconsistente
y no quiso más volver,
olvida todo el tiempo contra el tiempo,
recuerda que el ayer nunca ocurrió,
efímera amnesia local,
no es tan larga la eternidad,
uy, Perceval,
si puedes aguantar hasta el final,

los pájaros saben algo
que el viento sabe ignorar,
el futuro está bajando las dunas
dando al badajo,
con mi ritmo y con mi rima
con mi áspera línea de bajo,
por arriba y por debajo,
por abajo y por encima,
din, don, el badajo,
dumb, dub, dumb, con el bajo,
se yergue la incorpórea
mientras cambia el sabor de las estrellas,
el futuro falsifica el pasado
en la mente del ser,
bajando la alegría del desierto
muere y renace el cauce
de alguna indubitable hesitación,
no oculta la roca sus grietas
ni tampoco quiere la coccinela
el trazo y la cantidad de sus motas
redelinear ni variar,
medusas,

sobre el río ramas rotas arrastran,
la garza,
junto a la niebla, esa bruma,
los sucios derrelictos del pasado,
para entregarlos a la bajamar,
todo lo que no tienes que saber
es lo que yo he olvidado,
con las inmundicias de la marea,
redes, plásticos,
y en la ribera los chopos susurran,
gaviotas,
que un grito reduce a otro grito,
cerezas,
que un beso disuelve a otro beso,
aullidos,
que un lobo reemplaza a otro lobo
en la jerarquía de la manada,
a qué dios rezar,
en qué templo orar
por la reina de las algas,
los niños atraviesan en la orilla
lientas reviviscencias fantasmáticas,
rubio escamaje,

este es el este,
donde la sierpe habita, la incorpórea,
chubasco en el páramo
contra la madrugada nueva,
donde se abisma el sueño,
en el primer amanecer
de la sabana, tan vasta y extraña,
pasa el silencio sobre el agua,
duerme el león,
el presente se integra en el pasado
transfigurando el futuro
y al bonito barquito de papel
se lo comió un fermión,
eres acaso el mismo que ayer eras?
baila y rebaila, mi amor!
acaso, quizá la misma?
no en este ni en otro infierno,
coletas, rubita,
mi amor,

la niebla
entre la inflorescencia del crepúsculo,
vencejos,
pía el agapornis,
vagando la vaga planicie,
anuncia
que un día devora a otro día
como un rey destrona a otro rey,
los hilos,
y una araña substituye a otra araña
entretejiendo su ardid en el risco
en el que el vencejo cazó,
sin razón ni reducción,
coloca otra bolsa del súper
en el puto cubo de la basura,
wah-watusi,
oh, putilla en minifalda
a las siete de la mañana,
y acuérdate de seguir olvidando
el polvo y los derelictos del tiempo,
olvida que el futuro no ha existido,
cristales,
recuerda que el pasado no existió

egm. 2016
→Las habitaciones polares (versión con hipertexto)