Nizar Qabbani

Salmodia sobre los mausoleos de los santones


I

Yo os rechazo a todos vosotros
y pongo fin al diálogo.
No tengo nada más que decir.
Hice una hoguera
con mis diccionarios y mis papeles.
Hui de la poesía antigua
y de la rima en “r” del largo poema Farazdak;
emigré de mi voz,
emigré de las ciudades de sal amarga
y de los poemas de loza pintada.

Traje mis árboles a vuestro desierto,
de desesperación los árboles se suicidaron;
traje mi lluvia a vuestra sequía,
la lluvia se abstuvo de caer;
planté mis poemas en vuestras matrices,
y allí se asfixiaron.
¡Oh matriz, portadora del polvo y las espinas!

II

He intentado arrancaros
del pegamento de la historia,
del calendario de las fatalidades,
de la poesía llorosa del tópico,
del culto a las piedras;
he intentado liberar Troya sitiada,
pero el sitio me ha sitiado.
Yo os rechazo. Sí, os rechazo,
a vosotros que habéis creado a vuestro Dios
a partir de la baba,
que habéis elevado una cúpula
a cada santón,
un lugar de peregrinaje
a cada falso profeta.
He intentado salvaros
de la clepsidra que os engulle
en cada instante del día y de la noche,
de los amuletos que lleváis colgados,
de las salmodias recitadas sobre las tumbas,
de los derviches giróvagos,
de la buenaventura de la adivina
y de la danza del Zaar.
He intentado clavar un clavo en vuestra carne,
pero he desesperado
de vuestra carne y de mis garras,
he desesperado del espesor del muro,
he desesperado de mi desesperación.

Ayer me enredé
en las trenzas de mi amante,
pero no pude hacerle el amor
como la he acostumbrado;
los rasgos de su cuerpo eran extraños,
la cama estaba fría,
el frío estaba frío,
el seno de la que amo era una vieja naranja exprimida
y una bandera agujereada.

Miro, azorado, el mapa del arabismo:
En cada palmo de tierra ha nacido un califa,
se ha establecido un poder absoluto,
ha sido levantada una jaima…
La bandera y los escudos me hacen reír,
los imperios me hacen reír,
los sultanatos de pacotilla,
las leyes originales,
los jeques del petróleo,
los matrimonios de corto disfrute
y los instintos desordenados.

Me voy. Rostro extranjero en Granada,
abrazo a los niños, los árboles y los minaretes derribados.
Allí acamparon los almorávides,
aquí se establecieron los almohades,
allí tuvieron lugar las orgías,
aquí sucedió el trance,
allí un manto ensangrentado,
aquí un patíbulo levantado.

¡Tribus árabes!
¡Dispersas como hojas secas!
¡Mataos! ¡Peleaos! ¡Suicidaos!
¡Oh puñalada,
por segunda vez,
como la de aquella Andalucía vencida!
.


Nizar Qabbani. Psalmodie sur les mausolees des santons
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

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