John Ashbery

Siringa


A Orfeo le gustaba la alegre calidad individual
de las cosas bajo el cielo. Por supuesto Eurídice era parte
de aquello. Pero un día todo cambió. Orfeo abrió
grietas en las rocas con su lamento. Ni montes ni barrancos
pudieron resistirlo. El cielo se estremeció de un confín
a otro, casi a punto de ceder completamente.
Entonces Apolo le dijo en voz baja: «Déjalo todo en la tierra.
¿Tu laúd, para qué? A qué obstinarse en un son aburrido que pocos
siguen, salvo unos cuantos pájaros de plumas polvorientas,
representaciones sin vida del pasado.» ¿Y por qué no?
También las demás cosas deben cambiar.
Las estaciones ya no son como eran antes,
pero es la naturaleza de las cosas que sean vistas una sola vez,
a medida que suceden, chocando entre ellas, siguiendo adelante
de algún modo. Ahí fue donde Orfeo cometió su error.
Por supuesto Eurídice se desvaneció en las sombras;
y sería así aunque él no se hubiera dado la vuelta.
Inútil quedarse allí como una toga de piedra gris mientras pasa destellando
la entera rueda de la historia registrada, sin habla, incapaz de proferir
un comentario sensato sobre el elemento más inspirador de su séquito.
Tan solo el amor permanece en la mente, y algo que esas personas,
esos otros, llaman vida. Cantando con exactitud,
de suerte que las notas asciendan desde el pozo del sombrío
mediodía rivalizando con las diminutas y brillantes flores amarillas
que brotan por todo el borde de la cantera, abarca
los diferentes pesos de las cosas.
                                                                      Pero no es suficiente
simplemente seguir cantando. Orfeo lo comprendió
y no le importó demasiado obtener su recompensa en el cielo
después de que las bacantes lo hubieran despedazado,
semienloquecidas por su música, mientras él tocaba.
Algunos dicen que fue por cómo trató a Eurídice.
Pero probablemente la música tuvo más que ver en ello, y
la forma en que la música transcurre, emblema
de la vida y cómo una nota no puede ser aislada
y decirse que es buena o mala; hay que
esperar a que haya acabado. «El fin corona todo»,
lo que significa también que el tableau está equivocado.
Pues aunque los recuerdos, de una estación, por ejemplo,
se fundieran en una sola instantánea, no se puede guardar, atesorar
ese momento estático. También es fluido, fugaz;
Es un cuadro fluido, paisaje, aunque vivo, mortal,
sobre el cual una acción abstracta está trazada en bastas
y rudas líneas. Y pedir algo más
es convertirse en el junco agitado por la lenta
y poderosa corriente, la planta trepadora
juguetonamente arrastrada, pero sin participar en la acción
nada más que esto. Luego en el encapotado cielo violáceo
las descargas eléctricas, aparentemente débiles al principio, estallan
en un chaparrón de inmóviles llamas anaranjadas. Los caballos
ven cada uno una porción de la verdad, y aun así cada uno piensa:
«Soy un inconformista. Nada de esto me está sucediendo,
aunque puedo entender el lenguaje de los pájaros, y
el itinerario de las luces atrapadas en la tormenta es del todo evidente para mí.
Su disputa termina en música de igual modo
que los árboles se mecen más fácilmente al viento tras una tormenta estival
y está sucediendo en las entrelazadas sombras de los árboles costeros, ahora, día tras día».

Pero es tarde para arrepentirse de todo ello, incluso
sabiendo que el remordimiento aparece siempre tarde, ¡tan tarde!
A lo que Orfeo, una nube azulada de contornos blancos,
responde que estos, por supuesto, no son en absoluto remordimientos,
tan solo una erudita y detallada exposición de
hechos incuestionables, un inventario de guijarros a lo largo del camino.
Y poco importa cómo ha desaparecido todo,
o cómo llegó a donde se dirigía; no es ya
material para un poema. Su asunto
importa demasiado, y no lo bastante, permaneciendo allí impotente
mientras el poema pasa como un rayo, la cola en llamas, un malvado
cometa que grita odio y desastres, pero tan vuelto hacia su interior
que el significado, bueno o no, nunca podrá
ser conocido. El cantor piensa
constructivamente, edifica su canto en fases progresivas
como un rascacielos, pero a última hora se aleja.
En un instante el canto se sumerge en una oscuridad
que le lleva a su vez a inundar el continente entero
de oscuridad, para no ser visto. El cantor
debe entonces ocultarse, ni siquiera aliviado
de la funesta carga de las palabras. El estrellato
es para unos pocos, y sobreviene mucho más tarde
cuando todo recuerdo de aquella gente y de sus vidas
ha desaparecido en las bibliotecas, en microfilm.
Algunos aún se interesan por ellos. «¿Pero qué fue
de tal y cual?» preguntan de vez en cuando. Pero yacen
gélidos y postergados hasta que un arbitrario coro habla
de un incidente totalmente distinto con un nombre similar
en cuyo relato hay sílabas ocultas
de lo que ocurrió hace ya mucho tiempo
en alguna pequeña ciudad, un verano cualquiera.


John Ashbery. Syringa (poets.org)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Syringa

Orpheus liked the glad personal quality
Of the things beneath the sky. Of course, Eurydice was a part
Of this. Then one day, everything changed. He rends
Rocks into fissures with lament. Gullies, hummocks
Can’t withstand it. The sky shudders from one horizon
To the other, almost ready to give up wholeness.
Then Apollo quietly told him: “Leave it all on earth.
Your lute, what point? Why pick at a dull pavan few care to
Follow, except a few birds of dusty feather,
Not vivid performances of the past.” But why not?
All other things must change too.
The seasons are no longer what they once were,
But it is the nature of things to be seen only once,
As they happen along, bumping into other things, getting along
Somehow. That’s where Orpheus made his mistake.
Of course Eurydice vanished into the shade;
She would have even if he hadn’t turned around.
No use standing there like a gray stone toga as the whole wheel
Of recorded history flashes past, struck dumb, unable to
utter an intelligent
Comment on the most thought-provoking element in its train.
Only love stays on the brain, and something these people,
These other ones, call life. Singing accurately
So that the notes mount straight up out of the well of
Dim noon and rival the tiny, sparkling yellow flowers
Growing around the brink of the quarry, encapsulizes
The different weights of the things.
But it isn’t enough
To just go on singing. Orpheus realized this
And didn’t mind so much about his reward being in heaven
After the Bacchantes had torn him apart, driven
Half out of their minds by his music, what it was doing to them.
Some say it was for his treatment of Eurydice.
But probably the music had more to do with it, and
The way music passes, emblematic
Of life and how you cannot isolate a note of it
And say it is good or bad. You must
Wait till it’s over. “The end crowns all,”
Meaning also that the “tableau”
Is wrong. For although memories, of a season, for example,
Melt into a single snapshot, one cannot guard, treasure
That stalled moment. It too is flowing, fleeting;
It is a picture of flowing, scenery, though living, mortal,
Over which an abstract action is laid out in blunt,
Harsh strokes. And to ask more than this
Is to become the tossing reeds of that slow,
Powerful stream, the trailing grasses
Playfully tugged at, but to participate in the action
No more than this. Then in the lowering gentian sky
Electric twitches are faintly apparent first, then burst forth
Into a shower of fixed, cream-colored flares. The horses
Have each seen a share of the truth, though each thinks,
“I’m a maverick. Nothing of this is happening to me,
Though I can understand the language of birds, and
The itinerary of the lights caught in the storm is
fully apparent to me.
Their jousting ends in music much
As trees move more easily in the wind after a summer storm
And is happening in lacy shadows of shore-trees, now,
day after day.”

But how late to be regretting all this, even
Bearing in mind that regrets are always late, too late!
To which Orpheus, a bluish cloud with white contours,
Replies that these are of course not regrets at all,
Merely a careful, scholarly setting down of
Unquestioned facts, a record of pebbles along the way.
And no matter how all this disappeared,
Or got where it was going, it is no longer
Material for a poem. Its subject
Matters too much, and not enough, standing there helplessly
While the poem streaked by, its tail afire, a bad
Comet screaming hate and disaster, but so turned inward
That the meaning, good or other, can never
Become known. The singer thinks
Constructively, builds up his chant in progressive stages
Like a skyscraper, but at the last minute turns away.
The song is engulfed in an instant in blackness
Which must in turn flood the whole continent
With blackness, for it cannot see. The singer
Must then pass out of sight, not even relieved
Of the evil burthen of the words. Stellification
Is for the few, and comes about much later
When all record of these people and their lives
Has disappeared into libraries, onto microfilm.
A few are still interested in them. “But what about
So-and-so?” is still asked on occasion. But they lie
Frozen and out of touch until an arbitrary chorus
Speaks of a totally different incident with a similar name
In whose tale are hidden syllables
Of what happened so long before that
In some small town, one indifferent summer.

Mário Cesariny de Vasconcelos

El navío de espejos


El navío de espejos
no navega, cabalga

Su mar es la selva
que le sirve de nivel

Al crepúsculo espeja
sol y luna en los flancos

(Por eso el tiempo gusta
de acostarse con él)

Los armadores no aman
su ruta clara

(Vista del movimiento
se diría que para)

Cuando llega a la ciudad
ningún muelle lo abriga

(Su bodega no trae nada
nada lleva a la partida)

Voces y aire pesado
es todo lo que transporta

(Y en el mástil reflejado
una especie de puerta)

Sus diez mil capitanes
tienen el mismo rostro

(La misma faja oscura
el mismo grado y puesto)

Cuando uno se subleva
hay diez mil insurrectos

(Como los ojos de la mosca
reflejan los objetos)

Y cuando uno de ellos hala
el cuerpo sobre los mástiles
y escruta el mar al fondo

Toda la nave cabalga
(como en el espacio los astros)

Del principio del mundo
hasta el fin del mundo


Mário Cesariny de Vasconcelos. O navio de espelhos (archive.org)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

O navio de espelhos

O navio de espelhos
não navega, cavalga

Seu mar é a floresta
que lhe serve de nível

Ao crepúsculo espelha
sol e lua nos flancos

(Por isso o tempo gosta
de deitar-se com ele)

Os armadores não amam
a sua rota clara

(Vista do movimento
dir-se-ia que pára)

Quando chega à cidade
nenhum cais o abriga

(O seu porão traz nada
nada leva à partida)

Vozes e ar pesado
é tudo o que transporta

(E no mastro espelhado
uma espécie de porta)

Seus dez mil capitães
têm o mesmo rosto

(A mesma cinta escura
o mesmo grau e posto)

Quando um se revolta
há dez mil insurrectos

(Como os olhos da mosca
reflectem os objectos)

E quando um deles ala
o corpo sobre os mastros
e escruta o mar do fundo

Toda a nave cavalga
(como no espaço os astros)

Do princípio do mundo
até ao fim do mundo

Carlos Drummond de Andrade

El miedo


En realidad tenemos miedo.
Nacemos a oscuras.
Las existencias son pocas;
cartero, dictador, soldado.
Nuestro destino, incompleto.

Y fuimos educados para el miedo.
Olemos flores de miedo.
Vestimos telas de miedo.
De miedo, ríos púrpuras
vadeamos.

Somos apenas hombres y la naturaleza
nos ha traicionado.
Hay árboles, hay fábricas,
enfermedades galopantes, hambres.

Nos refugiamos en el amor,
ese célebre sentimiento,
y el amor no vino: llovía,
ventaba, hacía frío en Sao Paulo.

Hacía frío en Sao Paulo…
Nevaba.
El miedo, con su capa,
nos encubre y nos acuna.

Me quedé con miedo de ti,
mi compañero moreno.
De nosotros, de vosotros, y de todo.
Tengo miedo del honor.

Así nos hacen burgueses.
Nuestro camino: trazado.
¿Por qué morir en conjunto?
¿Y si todos viviéramos?

Ven, armonía del miedo,
Ven, oh terror de los caminos,
espanto en la noche, recelo
de aguas contaminadas. Muletas

del hombre solo. Ayudadnos,
lentos poderes del láudano.
Hasta la canción medrosa
se marcha, transita y se calla.

Haremos casas de miedo,
duros ladrillos de miedo,
medrosos tallos, surtidores,
calles solo de miedo, y calma.

Y con alas de prudencia,
con resplandores cobardes,
alcanzaremos la cumbre
de nuestra cauta subida.

El miedo con su física
produce mucho: carceleros,
edificios, escritores,
este poema, otras vidas.

Tengamos el mayor temor.
Los más viejos lo entienden.
El miedo los ha cristalizado.
Estatuas sabias, adiós.

Adiós: vamos hacia adelante,
reculando con ojos encendidos.
Nuestros hijos tan felices…
fieles herederos del miedo,

ahora pueblan la ciudad.
Después de la ciudad, el mundo.
Después del mundo, las estrellas,
bailando la danza del miedo.


Carlos Drummond de Andrade.O medo (pensador.com)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

O medo

Em verdade temos medo.
Nascemos escuro.
As existências são poucas:
Carteiro, ditador, soldado.
Nosso destino, incompleto.

E fomos educados para o medo.
Cheiramos flores de medo.
Vestimos panos de medo.
De medo, vermelhos rios
vadeamos.

Somos apenas uns homens
e a natureza traiu-nos.
Há as árvores, as fábricas,
Doenças galopantes, fomes.

Refugiamo-nos no amor,
este célebre sentimento,
e o amor faltou: chovia,
ventava, fazia frio em São Paulo.

Fazia frio em São Paulo…
Nevava.
O medo, com sua capa,
nos dissimula e nos berça.

Fiquei com medo de ti,
meu companheiro moreno,
De nós, de vós: e de tudo.
Estou com medo da honra.

Assim nos criam burgueses,
Nosso caminho: traçado.
Por que morrer em conjunto?
E se todos nós vivêssemos?

Vem, harmonia do medo,
vem, ó terror das estradas,
susto na noite, receio
de águas poluídas. Muletas

do homem só. Ajudai-nos,
lentos poderes do láudano.
Até a canção medrosa
se parte, se transe e cala-se.

Faremos casas de medo,
duros tijolos de medo,
medrosos caules, repuxos,
ruas só de medo e calma.

E com asas de prudência,
com resplendores covardes,
atingiremos o cimo
de nossa cauta subida.

O medo, com sua física,
tanto produz: carcereiros,
edifícios, escritores,
este poema; outras vidas.

Tenhamos o maior pavor,
Os mais velhos compreendem.
O medo cristalizou-os.
Estátuas sábias, adeus.

Adeus: vamos para a frente,
recuando de olhos acesos.
Nossos filhos tão felizes…
Fiéis herdeiros do medo,

eles povoam a cidade.
Depois da cidade, o mundo.
Depois do mundo, as estrelas,
dançando o baile do medo.

Sinéad Morrissey

Migraña


Y aún sucede otra vez:
hay vándalos sueltos con afiladísimos cuchillos
en la sala de los tapices. Escenas tan bellas
como las blanqueadas nubes de este día
y la conmoción de floraciones púrpura
al otro lado del descampado

que parece bruscamente maltrecho,
apuñalado por la espalda, de modo
que surgen al azar una docena de brillantes agujeros
del tamaño de alfileres. Y después se ensanchan.
Pronto ni siquiera la hierba ha sido segada
ni el tojo cortado.

Ya no puedo ver tu cara.
En pie con las mangas caídas
y el encaje oculto, he renunciado
a toda esperanza de lo que estaba entero…
el mono al lado del naranjo,
el ruiseñor despedazado.


Sinéad Morrissey. Migraine (longhousepoetry.blogspot.com)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Migraine

And it’s happening yet again:
vandals set loose in the tapestry room
with pin-sharp knives. Such lovely scenes
as this day’s scrubbed-white clouds
and shock of scarlet blooms
across the wasteground

looking abruptly damaged —
stabbed-through from the back
so that a dozen shining pin-sized
holes appear at random. Then widen.
Soon even the grass has been unpicked,
the gorse hacked open.

I can no longer see your face.
Posed in unravelling sleeves
and disappearing lace,
I have given up all hope for what was whole —
the monkey under the orange tree,
the tatterdemalion nightingale.

 

La actual evolución del clima

Nuestro muy refinado y elegante
sesgo de la belleza primitiva
no reconoce el idioma olvidado

de los prolongados desprendimientos,
de las tierras de antaño, la mitad
de todas las veces que hemos ido

por el nuevo texto, pensando duro,
danzando lejos, las hierbas y flores
en el algo ventoso día azul,

los árboles y nubes con diseño
de hoja de ginkgo, turbio tatuaje
fantasmal, consiguiendo las noticias

cuando sean necesarias, oh chico,
artista contemporáneo, este tipo
de ideologías nihilistas son

como un repetitivo interrogante,
toma literalmente cada verso
de una fuente diferente y después

intercala otros al azar desde
los más prestigiosos laboratorios
de mecánica cuántica del mundo,

un camino entre nieve degenera
rápidamente en cuarcita y convierte
a simpáticos y sanos amigos

de larga duración en funcionarios
que suponen que la masturbación
nunca llega a través de un recorrido

en el tranvía de los corazones
triturados y les causa vergüenza
dejar sin marco las fotografías,

al final del amor el alfabeto
nos rechaza y la prosa recupera
un poema que no adelanta al tordo

que reflexiona a la sombra del tilo:
el fondo de pantalla es espantoso
y ahora el clima en el mundo moderno

evoluciona muy rápidamente.

egm.2016

Hilda Hilst

.
De la noche


I

Vi a las yeguas de la noche galopando entre las viñas
y buscando mis sueños. Eran soberbias, altas.
Algunas tenían manchas azuladas
y su lomo relucía igual que la noche,
y las mañanas morían
bajo sus patas encarnadas.
Las vi sorbiendo las uvas que colgaban
y sus belfos eran negros y orvallados.
Unísonas, resollaban.
Vi a las yeguas de la noche entre los escombros
del paisaje que fui. Vi sombras, elfos y celadas.
Lazos de piedra y paja entre las alfombras
y, vasto, un pozo engullendo mi nombre y mi retrato.
Las vi tumultuosas. Intensas.
Y en una de ellas, insomne, me vi.

II

¿Qué canto ha de cantar lo que perdura?
La sombra, el sueño, el laberinto, el caos,
el vértigo de ser, el ala, el grito.
Qué mitos, mi amor, entre las sábanas:
Lo que tú crees gozo es tan finito,
y lo que crees amor lo es mucho más.
Cómo cubrirte de pájaros y plumas
y al mismo tiempo decirte adiós,
porque imperfecto eres carne y perecedero,
y lo que yo deseo es luz e inmaterial.
¿Qué canto ha de cantar lo indefinible?
El tantear sin tocar, el mirar sin ver,
el alma, amor, entrelazada de indescriptibles.
¿Cómo amarte sin nunca merecerlo?

III

Viene de los valles la voz. Del pozo.
De los peñascos. Viene honda y fría,
reblandecida y tierna, anémonas que he visto:
Corfú. En el mar Egeo. En Creta.
Viene revestida a veces de aspereza,
viene con brillos de dolor y madreperla,
pero resuena cruel y abyecta
si me propongo oírla. Viene de la Nada.
De los vínculos disueltos. Viene de la Nada.
De los vínculos disueltos. Viene del resentimiento.
Y sibilante y lisa
se hace pasión, serpiente, y nos habita..

IV

¿Dirás que sueño el demencial sueño de un poeta
si digo que me he visto en otras vidas
entre claustros, pájaros de marfil, unos barcos?
¿Dirás que sueño una reina persa
si digo que me he visto doliente e inaudita
entre moras negras, nísperos, siemprevivas?
Pero no. Alguien gritaba: despierta, despierta Vida.
Y si te digo que estabas a mi lado,
y elocuente y amante y de palabras ávido,
¿dirás que mentí? Pero no. Alguien gritaba:
Palabras… apenas ecos y arena. Despierta.
Despierta Vida.

V

Aguas. En las que solo los tigres mitigan su sed.
También yo en ti, feroz, arrinconada,
atravesé las orladuras raras
y me hice máscara, mujer y conjetura.
Aguas que no bebí. Crespusculares. Hondas.
Códigos que descifré y donde me vi mil veces
inconexa, parca. Ah, tómame de nuevo,
antíquisima, nueva. Como si fueras el tigre
bebiendo aquellas aguas.

VI

¿Qué es la carne? Qué es ese Eso
que recubre el hueso,
este ovillo liso y convulso,
este desorden de placer y roce,
este caos de dolor doble y viscoso.
La carne. No sé este Eso.
¿Qué es el hueso? Este vigor luciente,
deseoso de envoltorio y tierra.
Lucido rostro.
Huesos. Carne. Dos Esos sin nombre.

VII

Dunas y cabras. Y mi alma vuelta
hacia el mate profundo de Tu Cara.
Recorro mi camino de piedra, leche y pelo.
Soy esto: un alguien-nada que te busca.
Una cáscara. Un olor. Vacíame de preguntas.
De itinerario. Que yo apenas suba.

VIII

Me coso el infinito sobre el pecho.
Y sin embargo soy agua huidiza y amarga.
Y soy creíble y antigua como aquello que ves:
Piedras, frontones en el Todo inamovible.
Terrena, me adivino montaña algunas veces.
Reciente, inhumana, inexpresable,
me coso el infinito sobre el pecho,
como aquellos que aman.

IX

Pienso vendas y ungüentos
para el corazón herido de Tiempo.
Pienso cántaros y patios
por la conmoción de contemplarlos.
(Y de verte allí,
a la luz de la geometría de tus actos).
Te pienso
pensándome en agonía. Y no estoy.
Estoy apenas densa,
recogiendo aroma, dejo
lo refulgente de ti que me ha quedado.

X

Que te demores, que me persigas,
como algunos persiguen los tulipanes
para proveer el olvido de sí mismos.
Que te demores
cubriéndome de jugos y de tintas
en mi noche de hambres.
Refléjame. Soy tu destino y poniente.
Duerme.


Hilda Hilst. Da noite. Obra poética reunida (musadopoeta.files.wordpress.com, pdf)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Da noite

I
Vi as éguas da noite galopando entre as vinhas
E buscando meus sonhos. Eram soberbas, altas.
Algumas tinham manchas azuladas
E o dorso reluzia igual à noite
E as manhãs morriam
Debaixo de suas patas encarnadas.
Vi-as sorvendo as uvas que pendiam
E os beiços eram negros e orvalhados.
Uníssonas, resfolegavam.
Vi as éguas da noite entre os escombros
Da paisagem que fui. Vi sombras, elfos e ciladas.
Laços de pedra e palha entre as alfombras
E vasto, um poço engolindo meu nome e meu retrato.
Vi-as tumultuadas. Intensas.
E numa delas, insone, me vi.

II
Que canto há de cantar o que perdura?
A sombra, o sonho, o labirinto, o caos
A vertigem de ser, a asa, o grito.
Que mitos, meu amor, entre os lençóis:
O que tu pensas gozo é tão finito
E o que pensas amor é muito mais.
Como cobrir-te de pássaros e plumas
E ao mesmo tempo te dizer adeus
Porque imperfeito és carne e perecível
E o que eu desejo é luz e imaterial.
Que canto há de cantar o indefinível?
O toque sem tocar, o olhar sem ver
A alma, amor, entrelaçada dos indescritíveis.
Como te amar, sem nunca merecer?

III
Vem dos vales a voz. Do poço.
Dos penhascos. Vem funda e fria
Amolecida e terna, anêmonas que vi:
Corfu. No mar Egeu. Em Creta.
Vem revestida às vezes de aspereza
Vem com brilhos de dor e madrepérola
Mas ressoa cruel e abjeta
Se me proponho ouvir. Vem do Nada.
Dos vínculos desfeitos. Vem do Nada.
Dos vínculos desfeitos. Vem dos ressentimentos.
E sibilante e lisa
Se faz paixão, serpente, e nos habita.

IV
Dirás que sonho o dementado sonho de um poeta
Se digo que me vi em outras vidas
Entre claustros, pássaros, de marfim uns barcos?
Dirás que sonho uma rainha persa
Se digo que me vi dolente e inaudita
Entre amoras negras, nêsperas, sempre-vivas?
Mas não. Alguém gritava: acorda, acorda Vida.
E se te digo que estavas a meu lado
E eloqüente e amante e de palavras ávido
Dirás que menti? Mas não. Alguém gritava:
Palavras… apenas sons e areia. Acorda.
Acorda Vida.

V
Águas. Onde só os tigres mitigam a sua sede.
Também eu em ti, feroz, encantoada
Atravessei as cercaduras raras
E me fiz máscara, mulher e conjetura.
Águas que não bebi. Crespusculares. Cavas.
Códigos que decifrei e onde me vi mil vezes
Inconexa, parca. Ah, toma-me de novo
Antíquissima, nova. Como se fosses o tigre
A beber daquelas águas.

VI
O que é a carne? O que é esse Isso
Que recobre o osso
Este novelo liso e convulso
Esta desordem de prazer e atrito
Este caos de dor dobre o pastoso.
A carne. Não sei este Isso.
O que é o osso? Este viço luzente
Desejoso de envoltório e terra.
Luzidio rosto.
Ossos. Carne. Dois Issos sem nome.

VII
Dunas e cabras. E minha alma voltada
Para o fosco profundo da Tua Cara.
Passeio meu caminho de pedra, leite e pêlo.
Sou isto: um alguém-nada que te busca.
Um casco. Um cheiro. Esvazia-me de perguntas.
De roteiro. Que eu apenas suba.

VIII
Costuro o infinito sobre o peito.
E no entanto sou água fugidia e amarga.
e sou crível e antiga como aquilo que vês:
Pedras, frontões no Todo inamovível.
Terrena, me adivinho montanha algumas vezes.
Recente, inumana, inexprimível
Costuro o infinito sobre o peito
Como aqueles que amam.

IX
Penso linhos e ungüentos
Para o coração machucado de Tempo.
Penso bilhas e pátios
Pela comoção de contemplá-los.
(E de te ver ali
À luz da geometria de teus atos)
Penso-te
Pensando-me em agonia. E não estou.
Estou apenas densa
Recolhendo aroma, passo
O refulgente de ti que me restou.

X
Que te demores, que me persigas
Como alguns perseguem as tulipas
Para prover o esquecimento de si.
Que te demores
Cobrindo-me de sumos e de tintas
Na minha noite de fomes.
Reflete-me. Sou teu destino e poente.
Dorme.

José Saramago

Science-fiction I


Quizá a este nuestro mundo lo convexe
la matriz positiva de otra esfera.

Quizá en el interespacio que media
se permuten secretas migraciones.

Quizá la cogujada, cuando sube,
otros nidos busque, u otro sol.

Quizá la cierva blanca de mi sueño
del cóncavo rebaño se perdiese.

Quizá del eco de un distante canto
nació la poesía que hacemos.

Quizá solo es amor lo que tenemos,
quizá nuestra corona, nuestro manto.


José Saramago. Science-fiction I (books.google.es)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Science-fiction I

Talvez o nosso mundo se convexe
Na matriz positiva doutra esfera.

Talvez no interspaço que medeia
Se permutem secretas migrações.

Talvez a cotovia, quando sobe,
Outros ninhos procure, ou outro sol.

Talvez a cerva branca do meu sonho
Do côncavo rebanho se perdesse.

Talvez do eco dum distante canto
Nascesse a poesia que fazemos.

Talvez só amor seja o que temos,
Talvez a nossa coroa, o nosso manto.