Hilda Hilst

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De la noche


I

Vi a las yeguas de la noche galopando entre las viñas
y buscando mis sueños. Eran soberbias, altas.
Algunas tenían manchas azuladas
y su lomo relucía igual que la noche,
y las mañanas morían
bajo sus patas encarnadas.
Las vi sorbiendo las uvas que colgaban
y sus belfos eran negros y orvallados.
Unísonas, resollaban.
Vi a las yeguas de la noche entre los escombros
del paisaje que fui. Vi sombras, elfos y celadas.
Lazos de piedra y paja entre las alfombras
y, vasto, un pozo engullendo mi nombre y mi retrato.
Las vi tumultuosas. Intensas.
Y en una de ellas, insomne, me vi.

II

¿Qué canto ha de cantar lo que perdura?
La sombra, el sueño, el laberinto, el caos,
el vértigo de ser, el ala, el grito.
Qué mitos, mi amor, entre las sábanas:
Lo que tú crees gozo es tan finito,
y lo que crees amor lo es mucho más.
Cómo cubrirte de pájaros y plumas
y al mismo tiempo decirte adiós,
porque imperfecto eres carne y perecedero,
y lo que yo deseo es luz e inmaterial.
¿Qué canto ha de cantar lo indefinible?
El tantear sin tocar, el mirar sin ver,
el alma, amor, entrelazada de indescriptibles.
¿Cómo amarte sin nunca merecerlo?

III

Viene de los valles la voz. Del pozo.
De los peñascos. Viene honda y fría,
reblandecida y tierna, anémonas que he visto:
Corfú. En el mar Egeo. En Creta.
Viene revestida a veces de aspereza,
viene con brillos de dolor y madreperla,
pero resuena cruel y abyecta
si me propongo oírla. Viene de la Nada.
De los vínculos disueltos. Viene de la Nada.
De los vínculos disueltos. Viene del resentimiento.
Y sibilante y lisa
se hace pasión, serpiente, y nos habita..

IV

¿Dirás que sueño el demencial sueño de un poeta
si digo que me he visto en otras vidas
entre claustros, pájaros de marfil, unos barcos?
¿Dirás que sueño una reina persa
si digo que me he visto doliente e inaudita
entre moras negras, nísperos, siemprevivas?
Pero no. Alguien gritaba: despierta, despierta Vida.
Y si te digo que estabas a mi lado,
y elocuente y amante y de palabras ávido,
¿dirás que mentí? Pero no. Alguien gritaba:
Palabras… apenas ecos y arena. Despierta.
Despierta Vida.

V

Aguas. En las que solo los tigres mitigan su sed.
También yo en ti, feroz, arrinconada,
atravesé las orladuras raras
y me hice máscara, mujer y conjetura.
Aguas que no bebí. Crespusculares. Hondas.
Códigos que descifré y donde me vi mil veces
inconexa, parca. Ah, tómame de nuevo,
antíquisima, nueva. Como si fueras el tigre
bebiendo aquellas aguas.

VI

¿Qué es la carne? Qué es ese Eso
que recubre el hueso,
este ovillo liso y convulso,
este desorden de placer y roce,
este caos de dolor doble y viscoso.
La carne. No sé este Eso.
¿Qué es el hueso? Este vigor luciente,
deseoso de envoltorio y tierra.
Lucido rostro.
Huesos. Carne. Dos Esos sin nombre.

VII

Dunas y cabras. Y mi alma vuelta
hacia el mate profundo de Tu Cara.
Recorro mi camino de piedra, leche y pelo.
Soy esto: un alguien-nada que te busca.
Una cáscara. Un olor. Vacíame de preguntas.
De itinerario. Que yo apenas suba.

VIII

Me coso el infinito sobre el pecho.
Y sin embargo soy agua huidiza y amarga.
Y soy creíble y antigua como aquello que ves:
Piedras, frontones en el Todo inamovible.
Terrena, me adivino montaña algunas veces.
Reciente, inhumana, inexpresable,
me coso el infinito sobre el pecho,
como aquellos que aman.

IX

Pienso vendas y ungüentos
para el corazón herido de Tiempo.
Pienso cántaros y patios
por la conmoción de contemplarlos.
(Y de verte allí,
a la luz de la geometría de tus actos).
Te pienso
pensándome en agonía. Y no estoy.
Estoy apenas densa,
recogiendo aroma, dejo
lo refulgente de ti que me ha quedado.

X

Que te demores, que me persigas,
como algunos persiguen los tulipanes
para proveer el olvido de sí mismos.
Que te demores
cubriéndome de jugos y de tintas
en mi noche de hambres.
Refléjame. Soy tu destino y poniente.
Duerme.


Hilda Hilst. Da noite. Obra poética reunida (musadopoeta.files.wordpress.com, pdf)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Da noite

I
Vi as éguas da noite galopando entre as vinhas
E buscando meus sonhos. Eram soberbas, altas.
Algumas tinham manchas azuladas
E o dorso reluzia igual à noite
E as manhãs morriam
Debaixo de suas patas encarnadas.
Vi-as sorvendo as uvas que pendiam
E os beiços eram negros e orvalhados.
Uníssonas, resfolegavam.
Vi as éguas da noite entre os escombros
Da paisagem que fui. Vi sombras, elfos e ciladas.
Laços de pedra e palha entre as alfombras
E vasto, um poço engolindo meu nome e meu retrato.
Vi-as tumultuadas. Intensas.
E numa delas, insone, me vi.

II
Que canto há de cantar o que perdura?
A sombra, o sonho, o labirinto, o caos
A vertigem de ser, a asa, o grito.
Que mitos, meu amor, entre os lençóis:
O que tu pensas gozo é tão finito
E o que pensas amor é muito mais.
Como cobrir-te de pássaros e plumas
E ao mesmo tempo te dizer adeus
Porque imperfeito és carne e perecível
E o que eu desejo é luz e imaterial.
Que canto há de cantar o indefinível?
O toque sem tocar, o olhar sem ver
A alma, amor, entrelaçada dos indescritíveis.
Como te amar, sem nunca merecer?

III
Vem dos vales a voz. Do poço.
Dos penhascos. Vem funda e fria
Amolecida e terna, anêmonas que vi:
Corfu. No mar Egeu. Em Creta.
Vem revestida às vezes de aspereza
Vem com brilhos de dor e madrepérola
Mas ressoa cruel e abjeta
Se me proponho ouvir. Vem do Nada.
Dos vínculos desfeitos. Vem do Nada.
Dos vínculos desfeitos. Vem dos ressentimentos.
E sibilante e lisa
Se faz paixão, serpente, e nos habita.

IV
Dirás que sonho o dementado sonho de um poeta
Se digo que me vi em outras vidas
Entre claustros, pássaros, de marfim uns barcos?
Dirás que sonho uma rainha persa
Se digo que me vi dolente e inaudita
Entre amoras negras, nêsperas, sempre-vivas?
Mas não. Alguém gritava: acorda, acorda Vida.
E se te digo que estavas a meu lado
E eloqüente e amante e de palavras ávido
Dirás que menti? Mas não. Alguém gritava:
Palavras… apenas sons e areia. Acorda.
Acorda Vida.

V
Águas. Onde só os tigres mitigam a sua sede.
Também eu em ti, feroz, encantoada
Atravessei as cercaduras raras
E me fiz máscara, mulher e conjetura.
Águas que não bebi. Crespusculares. Cavas.
Códigos que decifrei e onde me vi mil vezes
Inconexa, parca. Ah, toma-me de novo
Antíquissima, nova. Como se fosses o tigre
A beber daquelas águas.

VI
O que é a carne? O que é esse Isso
Que recobre o osso
Este novelo liso e convulso
Esta desordem de prazer e atrito
Este caos de dor dobre o pastoso.
A carne. Não sei este Isso.
O que é o osso? Este viço luzente
Desejoso de envoltório e terra.
Luzidio rosto.
Ossos. Carne. Dois Issos sem nome.

VII
Dunas e cabras. E minha alma voltada
Para o fosco profundo da Tua Cara.
Passeio meu caminho de pedra, leite e pêlo.
Sou isto: um alguém-nada que te busca.
Um casco. Um cheiro. Esvazia-me de perguntas.
De roteiro. Que eu apenas suba.

VIII
Costuro o infinito sobre o peito.
E no entanto sou água fugidia e amarga.
e sou crível e antiga como aquilo que vês:
Pedras, frontões no Todo inamovível.
Terrena, me adivinho montanha algumas vezes.
Recente, inumana, inexprimível
Costuro o infinito sobre o peito
Como aqueles que amam.

IX
Penso linhos e ungüentos
Para o coração machucado de Tempo.
Penso bilhas e pátios
Pela comoção de contemplá-los.
(E de te ver ali
À luz da geometria de teus atos)
Penso-te
Pensando-me em agonia. E não estou.
Estou apenas densa
Recolhendo aroma, passo
O refulgente de ti que me restou.

X
Que te demores, que me persigas
Como alguns perseguem as tulipas
Para prover o esquecimento de si.
Que te demores
Cobrindo-me de sumos e de tintas
Na minha noite de fomes.
Reflete-me. Sou teu destino e poente.
Dorme.