Hilda Hilst

Filó, la Hadita lésbica


.
Ella era gorda y menuda,
tenía pechitos redondos
y su almeja era peluda
como la mano de un mono.
Muy alegre y vital
cual golondrina,
por las tardes se vestía
como un chaval
para engañar mocitas.
La llamaban “Filó, la lésbica hadita”.
En todo cuanto tocaba
dejaba su marca registrada:
una estrellita color de maravilla,
fucsia, rojo de flor,
nadie sabía el nombre de aquel color.
Metía el dedo en todos
los coñitos: negras, rubias con pecas,
incluso se decía…
que escarbaba en las muñecas.
Revolvía, pellizcaba,
como quien bien sabía
lo que un dedo hace
desde recién nacida.
Pero por la noche… cuando dormía…
se peía, rugía… y…
le nacía un palo grueso,
al principio igual que un hueso,
luego allí…
iba abultando, creciendo,
y se volvía un tronco
malva,
fucsia,
rojo de flor,
nadie sabía el color del tronco
de la Hadita Filó.
Hacían fila en la Villa,
conocida por “Villa del Tronco”,
y por toda la comarca
se extendió pronto la fama
y todo mundo cogía
de aquel árbol una rama.
Era un gozo gozoso,
tenebroso, sabroso,
¡un espasmo en el medio!
Muchachitas, mozarrones
y resecas viejecitas,
todo mundo gemía y lloraba
de pura alegría
en la Villa del Tronco.
Hasta que un buen día…
un tipo corpulentón,
con hocico de ardilla,
de boca roja, fucsia o maravilla,
(nadie sabía el nombre de aquel color)
raptó a la Hadita
y la llevó a vivir a su Isla.
Ni barco, ni puente,
el corpulentón nadando
como un bisonte impaciente
cargó con la Hadita.
De piernas abiertas
en la espalda del gigante,
por primera vez
en su corta vida
Filó se convulsionaba
revolviendo los ojillos
mientras, veloz veloz,
el corpulentón nadaba.
La Villa del Tronco
se quedó triste, vacía,
zurumbática, tétrica,
pues nunca más se vio
a Filó, la Hadita lésbica,
que por la noche se volvía fiera
y se peía y rugía,
y le nacía un tronco
fucsia,
malva,
maravilla,
rojo de flor,
hasta hoy nadie conoce
el nombre de aquel color.
Y nunca más se vio
a Alguien-Fantasía
que dejaba una estrella
en todo cuanto tocaba
y un agujero en el culo
de quien se apasionaba.

Moraleja del cuento, en relación a la Hadita:
Cuando menos se espera,
todo reverbera.

Moraleja del cuento, en relación a los vecinos
de la Villa del Tronco:
Nunca creas en haditas,
y mucho menos con tranca,
o se van cual golondrinas
o te dejan cara blanca.
.


Hilda Hilst. Filó, a Fadinha lésbica
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

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