Fernando Pessoa

(Álvaro de Campos)

Al final, la mejor manera de viajar es sentir


.
Al final, la mejor manera de viajar es sentir.
Sentirlo todo de todas las maneras.
Sentirlo todo excesivamente,
porque todas las cosas son en verdad excesivas
y toda la realidad es un exceso, una violencia,
una alucinación extraordinariamente nítida
que vivimos todos en común con la furia de las almas,
el centro hacia donde tienden las extrañas fuerzas centrífugas
que son las psiques humanas en su conjunto de sentidos.

Cuanto yo más sienta, cuanto yo más sienta como varias personas,
cuantas más personalidades tenga,
cuanto más intensamente, estridentemente las tenga,
cuanto más simultáneamente sienta con todas ellas,
cuanto más unificadamente diverso, dispersamente atento
esté, sienta, viva, sea,
más poseeré la existencia total del Universo,
más completo seré en el espacio entero afuera,
más análogo seré a Dios, sea él quién fuere,
porque, sea él quién fuere, ciertamente lo es Todo,
y fuera de Él solo hay Él, y Todo para Él es poco.

Cada alma es una escalera hacia Dios,
cada alma es un pasillo-Universo hacia Dios,
cada alma es un río corriendo por las orillas de lo Externo
hacia Dios y en Dios con un lúgubre susurro.

¡Sursum corda! ¡Elevad las almas! ¡Toda la Materia es Espíritu,
porque Materia y Espíritu son apenas nombres confusos
dados a la gran sombra que empapa lo Exterior en sueño
y funde en Noche y Misterio el Universo Excesivo!
¡Sursum corda! En la noche me despierto, el silencio es grande.
Las cosas, de brazos cruzados sobre el pecho, reparan
con una tristeza noble en mis ojos abiertos
que las ven como vagos bultos nocturnos en la noche negra.
¡Sursum corda! Me despierto en la noche y me siento diverso.
Todo el Mundo con su forma visible de costumbre
yace en el fondo de un pozo y hace un ruido confuso.
Lo escucho, y en mi corazón un gran pasmo solloza.

¡Sursum corda! ¡Oh Tierra, jardín colgante, cuna
que mece el Alma dispersa de la humanidad sucesiva!
¡Madre verde y florida, todos los años reciente,
todos los años vernal, estival, otoñal, hiemal,
todos los años celebrando a manos llenas las fiestas de Adonis
en un rito anterior a todas las significaciones,
en un gran culto en tumulto por las montañas y los valles!
¡Gran corazón palpitando en el pecho desnudo de los volcanes,
gran voz despertando en cataratas y mareas,
gran bacante ebria del Movimiento y la Mudanza,
en brote de vegetación y florescencia rompiendo
tu propio cuerpo de tierra y rocas, tu cuerpo sumiso
a tu propia voluntad trastornadora y eterna!
¡Madre cariñosa y unánime de los vientos, los mares, los prados,
vertiginosa madre de los vendavales y ciclones,
madre caprichosa que hace vegetar y secar,
que perturba a las propias estaciones y confunde
en un beso inmaterial los soles y las lluvias y los vientos!

¡Sursum corda! ¡Reparo en ti y todo yo soy un himno!
Todo en mí, como un satélite de tu dinámica íntima,
gira serpenteando hasta quedar como un anillo
neblinoso de sensaciones reminiscentes y vagas
en torno a tu bulto interno túrgido y fervoroso.

¡Ocupa de toda tu fuerza y de todo tu poder caliente
mi corazón a ti abierto!
Como una espada traspasando mi ser erguido y extático,
intersecciona con mi sangre, con mi piel y mis nervios,
tu movimiento continuo, contiguo a ti misma siempre.

Soy un monte confuso de fuerzas llenas de infinito
tendiendo a todas las direcciones hacia todos los puntos del espacio.
La Vida, esa cosa enorme, es lo que sujeta todo y todo une
y hace que todas las fuerzas que rabian dentro de mí
no pasen de mí, no quiebren mi ser, no partan mi cuerpo,
no me proyecten, como una bomba de Espíritu que estalla
en sangre y carne y alma espiritualizados, hacia entre las estrellas,
más allá de los soles de otros sistemas y de los astros remotos.

Todo lo que hay dentro de mí tiende a volver a ser todo.
Todo lo que hay dentro de mí tiende a arrojarme al suelo,
al vasto suelo supremo que no está encima ni debajo
sino bajo las estrellas y los soles, bajo las almas y los cuerpos
por una oblicua posesión de nuestros sentidos intelectuales.

Soy una llama ascendente, pero asciendo hacia abajo y hacia arriba,
asciendo hacia todas partes al mismo tiempo; soy un globo
de llamaradas explosivas buscando a Dios y quemando
la costra de mis sentidos, el muro de mi lógica,
mi inteligencia limitadora y helada.

Soy una gran máquina movida por grandes correas
de las que solo veo el extremo que alcanza mis tambores;
el resto va más allá de los astros, pasa más allá de los soles
y nunca parece llegar al tambor del que parte…

Mi cuerpo es el centro de un volante asombroso e infinito,
siempre en vertiginosa marcha en torno a sí mismo,
cruzándose en todas las direcciones con otros volantes
que se entrepenetran y mezclan; porque esto no está en el espacio,
aunque no sé dónde, espacial de otra manera-Dios.

Dentro de mí están sujetos y atados al suelo
todos los movimientos que componen el Universo,
la furia minuciosa de los átomos,
la furia de todas las llamas, la rabia de todos los vientos,
la espuma furiosa de todos los ríos que se precipitan,
y la lluvia, como piedras lanzadas con catapultas
por enormes ejércitos de enanos escondidos en el cielo.

Soy un formidable dinamismo obligado al equilibrio
de estar dentro de mi cuerpo y no desbordar de mi alma.
Ruge, estalla, vence, quiebra, retumba, sacude,
vibra, tiembla, espuma, vienta, invade, explota.
Piérdete, trasciéndete, circúndate, vívete, rompe y huye.
¡Sé con todo mi cuerpo todo el universo y la vida,
arde con todo mi ser todas las llamas y luces,
rasga con toda mi alma todos los relámpagos y fuegos,
sobrevíveme en mi vida en todas las direcciones!
.


Fernando Pessoa. Afinal, a melhor maneira de viajar é sentir
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Afinal, a melhor maneira de viajar é sentir

Afinal, a melhor maneira de viajar é sentir.
Sentir tudo ele todas as maneiras.
Sentir tudo excessivamente
Porque todas as coisas são, em verdade excessivas
E toda a realidade é um excesso, uma violência,
Uma alucinação extraordinariamente nítida
Que vivemos todos em comum com a fúria das almas,
O centro para onde tendem as estranhas forças centrífugas
Que são as psiques humanas no seu acordo de sentidos.

Quanto mais eu sinta, quanto mais eu sinta como várias pessoas,
Quanto mais personalidades eu tiver,
Quanto mais intensamente, estridentemente as tiver,
Quanto mais simultaneamente sentir com todas elas,
Quanto mais unificadamente diverso, dispersadamente atento,
Estiver, sentir, viver, for,
Mais possuirei a existência total do universo,
Mais completo serei pelo espaço inteiro fora,
Mais análogo serei a Deus, seja ele quem for,
Porque, seja ele quem for, com certeza que é Tudo,
E fora d’EIe há só EIe, e Tudo para Ele é pouco.

Cada alma é uma escada para Deus,
Cada alma é um corredor-Universo para Deus,
Cada alma é um rio correndo por margens de Externo
Para Deus e em Deus com um sussurro soturno.

Sursum corda! Erguei as almas! Toda a Matéria é Espírito,
Porque Matéria e Espírito são apenas nomes confusos
Dados à grande sombra que ensopa o Exterior em sonho
E funde em Noite e Mistério o Universo Excessivo!
Sursum corda! Na noite acordo, o silêncio é grande.
As coisas, ele braços cruzados sobre o peito, reparam
Com uma tristeza nobre para os meus olhos abertos
Que as vê como vagos vultos nocturnos na noite negra.
Sursum corda! Acordo na noite e sinto-me diverso.
Todo o Mundo com a sua forma visível do costume,
Jaz no fundo dum poço e faz um ruído confuso.
Escuto-o. e no meu coração um grande pasmo soluça.

Sursum corda! Ó Terra, jardim suspenso, berço
Que embala a Alma dispersa da humanidade sucessiva!
Mãe verde e florida todos os anos recente,
Todos os anos vernal, estival, outonal, hiemal
Todos os anos celebrando às mancheias as festas de Adónis
Num rito anterior a todas as significações,
Num grande culto em tumulto pelas montanhas e os vales!
Grande coração pulsando no peito nu dos vulcões,
Grande voz acordando em cataratas e mares,
Grande bacante ébria do Movimento e da Mudança,
Em cio de vegetação e florescência rompendo
Teu próprio corpo de terra e rochas, teu corpo submisso
À tua própria vontade transtornadora e eterna!
Mãe carinhosa e unânime dos ventos, dos mares, dos prados,
Vertiginosa mãe dos vendavais e ciclones,
Mãe caprichosa que faz vegetar e secar.
Que perturba as próprias estações e confunde
Num beijo imaterial os sóis e as chuvas e os ventos!

Sursum corda! Reparo para ti e todo eu sou um hino!
Tudo em mim como um satélite da tua dinâmica íntima
Volteia serpenteando ficando como um anel
Nevoento, de sensações reminiscidas e vagas,
Em torno ao teu vulto interno túrgido e fervoroso.

Ocupa de toda a tua força e de todo o teu poder quente
Meu coração a ti aberto!
Como uma espada trespassando meu ser erguido e extático,
Intersecciona com o meu sangue, com a minha pele e os meus nervos,
Teu movimento contínuo, contíguo a ti própria sempre.

Sou um monte confuso de forças cheias de infinito
Tendendo em todas as direcções para todos os lados do espaço,
A Vida, essa coisa enorme, é que prende tudo e tudo une
E faz com que todas as forças que raivam dentro de mim
Não passem de mim, não quebrem meu ser, não partam meu corpo,
Não me arremessem, como uma bomba de Espírito que estoira
Em sangue e carne e alma espiritualizados para entre as estrelas,
Para além dos sóis de outros sistemas e dos astros remotos.

Tudo o que há dentro de mim tende a voltar a ser tudo.
Tudo o que há dentro de mim tende a despejar-me no chão,
No vasto chão supremo que não está em cima nem em baixo
Mas sob as estrelas e os sóis, sob as almas e os corpos
Por uma oblíqua posse dos nossos sentidos intelectuais.

Sou uma chama ascendendo, mas ascendo para baixo e para cima,
Ascendo para todos os lados ao mesmo tempo, sou um globo
De chamas explosivas buscando Deus e queimando
A crosta dos meus sentidos, o muro da minha lógica,
A minha inteligência limitadora e gelada.

Sou uma grande máquina movida por grandes correias
De que só vejo a parte que pega nos meus tambores,
O resto vai para além dos astros, passa para além dos sóis,
E nunca parece chegar ao tambor donde parte…

Meu corpo é um centro dum volante estupendo e infinito
Em marcha sempre vertiginosamente em torno de si,
Cruzando-se em todas as direcções com outros volantes,
Que se entrepenetram e misturam, porque isto não é no espaço
Mas não sei onde espacial de uma outra maneira-Deus.

Dentro de mim estão presos e atados ao chão
Todos os movimentos que compõem o universo,
A fúria minuciosa […] dos átomos
A fúria de todas as chamas, a raiva de todos os ventos,
A espuma furiosa de todos os rios, que se precipitam,
E a chuva como pedras atiradas de catapultas

De enormes exércitos de anões escondidos no céu.

Sou um formidável dinamismo obrigado ao equilíbrio
De estar dentro do meu corpo, de não transbordar da minh’alma.
Ruge, estoira, vence, quebra, estrondeia. sacode,
Freme, treme, espuma, venta, viola, explode.
Perde-te, transcende-te, circunda-te, vive-te, rompe e foge,
Se com todo o meu corpo todo o universo e a vida,
Arde com todo o meu ser todos os lumes e luzes ,
Risca com toda a minha alma todos os relâmpagos e fogos
Sobrevive-me em minha vida em todas as direcções!


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