André Velter

El artillero de Orión


.
Para nombrar a un poeta que no tenía mentalidad de serlo
Y pienso en Blaise Cendrars
Habría que andar de aquí para allá
Saltar en medio
Torcerse el tobillo derecho
Beber cerveza con los legionarios
Reír bajo las estrellas
Correr a pesarse en una farmacia
No parar

Romper barajas
Remendar planisferios
Improvisar un terceto de amor de 80 kilos
Visionar varias películas aceleradas
Mentir a cada paso sin dejar de ser franco como el oro que se acaba de robar
No parar

Aprender a escribir con la mano izquierda
Bailar con los paisajes que desfilan por las ventanillas de los trenes
Embarcarse hacia Panamá o Brasil
Tener nostalgia sin ser de ningún sitio
Saltar una marquesina a las cinco en punto
Recorrer París una noche de invierno desde Batignolles hasta el Barrio Latino
No parar

Cambiar de ritmo en cuanto se cruza la cadencia
Reconocer a François Villon en la calle Arbre-sec
Amar a una actriz de gira en el extremo del mundo
Partirle el bautismo y si es posible el maxilar a los fantasmas del patinaje literario
Volver a toda prisa e irse
Estar en todas partes
No parar

Despertarse de repente en plena tarde
Reconciliarse con el tipo que te ha dejado KO el día anterior
Bañarse en las aguas del lago Ilmen sin preocuparse demasiado de Nóvgorod
No esperar nunca
No releer los artículos que uno ha publicado en los periódicos
Encontrar el nombre de la madre
No parar

Acariciar dulcemente los ojos de una desconocida
No tener miedo
No dar el cambio más que con dinero falso
No parar no parar no parar
Sobre todo no parecerse a los poetas que se tienen por poetas
Pero precipitarse en la vida de la poesía
Atravesando la poesía de la vida.
.


André Velter. L’artilleur d’Orion
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

L’artilleur d’Orion

Pour dire un poète qui n’avait pas la tête de l’emploi
Et je pense à Blaise Cendrars
Il faudrait se promener de long en large
Sauter sur place
Se tordre la cheville droite
Boire des bières avec des légionnaires
Rire sous les étoiles
Courir se peser dans une pharmacie
Ne pas s’arrêter

Déchirer des cartes à jouer
Rafistoler des planisphères
Improviser un tercet d’amour de 80 kilos
Visionner plusieurs films en accéléré
Mentir à tout bout de champ sans cesser d’être franc
comme l’or que l’on vient de voler
Ne pas s’arrêter

Apprendre à écrire de la main gauche
Danser avec les paysages qui défilent aux fenêtres
des trains
S’embarquer pour Panama ou le Brésil
Avoir le mal du pays en se disant de nulle part
Enjamber une marquise à cinq heures
Arpenter Paris une nuit d’hiver des Batignolles
jusqu’au Quartier Latin
Ne pas s’arrêter

Changer de rythme dès qu’on traverse la cadence
Reconnaître François Villon rue de l’Arbre-sec
Aimer une actrice qui tourne au bout du monde
Claquer le beignet et si possible le maxillaire aux
demi-sels du patinage littéraire
Revenir en vitessse et partir
ëtre partout
Ne pas s’arrêter

Se réveiller en sursaut en plein après-midi
Se réconcilier avec le type qui vous a mis KO la veille
Se baigner dans les eaux du lac Ilmen sans trop se
soucier de Novgorod
Ne jamais s’attendre
Ne pas relire les articles qu’on fait paraître dans
les journaux
Retrouver le nom de sa mère
Ne pas s’arrêter

Caresser doucement les yeux d’une inconnue
Ne pas avoir peur
Ne donner le change qu’avec de la fausse-monnaie
Ne pas s’arrêter ne pas s’arrêter ne pas s’arrêter
Surtout ne pas ressembler aux poètes qui se prennent
pour des poètes
Mais s’engouffrer dans la vie de la poésie
En traversant la poèsie de la vie.


 

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