Mary Oliver

Octubre


1

Hay esa forma negra, como la entrada de una cueva.
Una avidez brota en su garganta
igual que una flor
respirando lentamente.

¿Qué significa el mundo
para ti si no puedes confiar
en que siga brillando cuando ya

no estés ahí? Y hay
un árbol, caído a lo largo; alguna vez
las abejas volaron a él, como un desfile
de mensajeros, y lo llenaron
de miel.

2

Le dije al herrerillo, cantaba desde el corazón
en el verde fresno:

pequeño fulgor,
pequeño canto,
pequeño pico.

3

La forma se alza de la hierba ondulada. Gruñe
hasta ser vista. No hay medida
para la confianza en el fondo de sus ojos;
y qué decir de
la flexibilidad de sus hombros cuando se gira
y bosteza.
Junto al árbol caído,
algo —una hoja desprendida
de la rama que desciende aleteando— intenta tirar de mí
hacia su trampa de atención.

4

Tira de mí
hacia su trampa de atención.

Y cuando me vuelvo otra vez, el oso ya se ha ido.

5

Mira, ¿no se ha sentido ya mi cuerpo
como el cuerpo de una flor?

6

Mira, voy a amar este mundo
como si fuera la última oportunidad que tuviera
de poder vivir
y conocerlo.

7

A veces, al final del verano, no quiero tocar nada, ni
las flores, ni las moras
que colman los zarzales; no quiero beber
del estanque; no quiero nombrar a los pájaros ni a los árboles;
no quiero ni susurrar mi propio nombre.

Una mañana
el zorro bajó la colina, centelleante y confiado,
sin verme, y pensé:

Así es el mundo.
Y yo no estoy en él.
Es hermoso.
.


Mary Oliver. October
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s