Heriberto Yépez

Cómo reciclar textos de otros


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En 2001 llevaba yo algunos años haciendo apropiación-sampleo-remezcla de textos de otros; creo que comencé con la apropiación de materiales etnográficos e históricos (algunos de los cuales aparecieron en mi primer libro Por una poética antes del paleolítico y después de la propaganda (2000).

Pero también tenía un nickname, una persona electrónica llamada “Hache” mediante la cual hacía literatura experimental menos solemne.

Fue este proyecto con el que hice algunos experimentos de apropiación de materiales de Internet a finales de siglo y principios del nuevo. Luego apareció el blog y ahí volqué (en mi sitio Border Blogger) del 2002 al 2007 todos mis siguientes experimentos de escritura electrónica.

Este texto, sin embargo, es anterior al blog. Apareció publicado en la revista Moho, núm. 17, de abril del 2002. Creo que nadie más en México hubiera aceptado publicar esta locura (y el relato porno copy-pasteado de Internet) sino Guillermo Fadanelli.

Fue una especie de manifiesto de mi apropiación (que prefería llamar “reciclaje”) y como material, en esa etapa, tomaba textos eróticos escritos por varones haciéndose pasar por mujeres, haciendo copy-paste y luego interpolándolos para sabotearlos o, simplemente, rodeándolos (como en este caso) de un aparato lúdico-crítico; usándolos como pre-texto para proponer otras formas de entender la literatura en la era electrónica.

En retrospectiva, veo que en este texto quedaron depositadas ideas que poco después aparecerían en movimientos poéticos norteamericanos como Flarf y aún después en la escritura conceptual.

No era el único en Tijuana haciendo apropiación; Rafa Saavedra la practicaba de distintas maneras desde años antes. En mi caso, me proponía entender la apropiación ahora en Internet y dentro de sus propios géneros de escritura (como el chat, porno, emails, e-groups, etc.).

Mi interés por esa etapa de reciclaje de textos se agotó hacia 2007 aproximadamente y no fue hasta la década siguiente que otros escritores mexicanos de mi generación y la siguiente se interesaron en la apropiación, vía la popularidad de la escritura conceptual de Kenneth Goldsmith. Creo que para entonces nadie se acordaba (o quería acordarse) del apropiacionismo electrónico que practicamos en Tijuana en los noventa y principios del siglo XXI.

El título original de este texto era “Cómo reciclar textos de otros. La Literatura en la Era del Lipsynching”, este par de leves (pero significativos) cambios por parte del editor de Moho y la accidental eliminación de algunas partes del texto son los únicos problemas de edición ocurridos. Agradezco a Moho haberlo publicado en su revista impresa.

Aquí está el PDF: “Cómo reciclar textos de otros. La Literatura en la Era del Lypsynching” (2001, 2002)

Y transcribo abajo la parte inicial y luego la final de mi manifiesto lúdico sobre el reciclaje de otras literaturas:

Cómo reciclar textos de otros. La literatura en la era del lipsynching

Hache

Existe una sobreabundancia de textos. Estamos en la Edad de la Basura Textual y de las chatarrerías lingüísticas. No solamente Todo Ha Sido Dicho, sino que Todo Ha Sido Dicho Hasta el Cansancio. Todos los Discursos han sido elaborados y ahora parecen fractalizarse infinitamente.

¿Qué hacer después de la orgía y la verborragia? –pregunta el neoprofeta Baudrillard–. Creo que lo que Baudrillard ha hecho tan bien: menús de nuestras gulas; menús que dicen estar asqueados de lo que ofrecen golosamente a sus clientes; menús incongruentes. Vivimos en la clonación indiscriminada de Relatos.

Toda página, por cierto, tiene un link a otra página. ¿No llamaban Eliot, Bajtin y Kristeva “intertextualidad” a esta promiscuidad? (Por cierto, no hay idea que no tenga varios inventores. En una era de intertextualidad, crossdressing y sampling, las patentes son impotentes). Cada palabra goza de una insoportable multiplicación, cada palabra es ya la réplica de todas las otras. Ha llegado el momento de no seguir reproduciendo la cantidad de lenguaje existente. Tenemos que poner alto a la creación de más escritura.

Internet, por cierto, ha colaborado en este exceso de autorías y sobrepoblación de textualidades y facsímiles. En unos pocos años, Internet ha duplicado la cantidad de palabras que existían en el universo. Por culpa de Internet casi cualquiera puede convertirse en Autor y ser Publicado. (Esto se ha visto sobre todo en la rama de la literatura confesional, erótica o pornográfica). Atravesamos un tiempo en que todos somos expeditamente pornógrafos y la Lectura ha dejado de ser un acto especial.

Así que no tiene mucho sentido continuar escribiendo nuevos textos, como si esto todavía pudiera ser una actividad privilegiada, restringida a las elites literarias. Para ser “escritor” ya no se requiere ningún mérito o clasificación social. Tampoco para ser Lector. Basta entrar a un sitio de relatos swinger y enviar por e-mail nuestro cuento o leer tres horas de basura verbal. Al cabo de dos días de enviar un relato, este será subido a la red y tendrá tantos lectores como la última novela de García Márquez. Convertirse en un Best-Seller está a un “Enviar” de distancia.

Así que para evitar crear nuevos textos, aquellos que no podemos evitar escribir, tenemos que reciclar textos de otros, reducir cada vez más el número de nuevos discursos. La clave, lo repito, está en el World Wide Web, cuyas siglas (WWW) ya son un anuncio en sí mismas de que lo que puede ser escrito una vez será escrito por lo menos tres veces; y que ese plagio será considerado el más sexy de los Signos.

En cínica consonancia con estos descubrimientos y advertencias es prudente, entonces, tomar textos de otros para declararlos nuestros y así no tener que emitir más palabrería y, sin embargo, no dejar de firmar discursos y recibir regalías. Lo mejor, por ejemplo, es tomar textos anónimos (altamente plagiables) y hacerlos nuestros. He aquí, pues, el procedimiento ideal para los Próximos Literatos:

• Escríbase un término clave (como “relatos sexuales”) en un buscador (digamos Yahoo o Altavista) y permítase que el tráfico (no la Inspiración o la Inteligencia) sea lo que determine nuestra obra maestra.
• Cópiese el primer relato con el que nos topemos. He dicho el primero no para introducir el Azar en el proceso creativo (eso sería una estrategia “vanguardista”) sino para evitar esa engorrosa e imbécil actividad llamada Lectura.
• Háganse unas pocas correcciones al texto robado. Tan pocas como sea posible. El mejor escritor es el que menos trabaja. Además, si la ortografía y la gramática en general han sido sustituidas por el Corrector ortográfico de Microsoft, los Autores a partir de ahora deben prescindir de otras de sus antiguas funciones. Por ello, preferentemente, colóquense solo signos de puntuación. De ahora en adelante sería bueno que los literatos nos restringiéramos a utilizar la coma, el punto y el paréntesis, pero nunca el alfabeto.
• Fírmese el texto bajado de Internet como si fuera nuestro. Luego republíquese rápidamente. De preferencia hágase esto en algún website de Internet. El resultado (un Fósil Fácil) será una Obra Estupendamente Estúpida y que reflejará adecuadamente el Espíritu de Nuestra Época.

Así he procedido con el texto siguiente, del que, en lugar de citar, me he apropiado. ¿Para qué entrecomillar un texto que resulta más provechoso firmar? El cuento electrónico que he bajado de Internet, por supuesto, no es bueno. Tiene toda clase de defectos narrativos. Así que mi consejo como Autor de él, es que el lector no lo lea y salte directamente a las conclusiones (las cuales son a su manera un plagio más sofisticado). Saltándolo evitamos también causar que alguien se convierta en Lector.

Si ya evitamos escribir literatura gracias a Internet, el paso consiguiente es evitar la Lectura. No escribamos más, no leamos más. Hagamos que en materia de libros sólo haya firmas y recibos de compra. Si yo no he escrito el relato siguiente le corresponde al neolector, asimismo, no leerlo. De esta manera todos podremos presumir de que somos bastante experimentales.

A lo que quiero llegar es que no me importa la Originalidad. Así que ahora que he recibido el Gran Honor de ser invitado a colaborar en la revista Moho, he decidido mandar al diablo mis ideas y enunciados y sencillamente entrar en Internet, toparme con el primer relato erótico a mano, masturbarme con él y copiarlo (Ctrl-C) y pegarlo (Ctrl-V) y firmarlo con mi nombre. (En lugar de escribir libros propios, escaneemos obras maestras de otros y atribuyámoslas a nuestro talento). Lo considero un mejor cuento que “Continuidad de los Parques” de Julio Cortázar. Lo considero mi más grande creación. Mi mejor ensayo. Mi mejor cuento. Soy un genio.

 
[Aquí aparece el reláto erótico reciclado. Puede leerse siguiendo el enlace de arriba al pdf.]

10 Conclusiones Terminantes Acerca del Estado Actual de la Literatura

1. Lo que parece ficción podría ser real. (No a la inversa. A la inversa, sería una Situación Moderna). (Lo que nos está siendo relatado podría estar ocurriendo realmente). (Quizás la televisión, después de todo, verdaderamente nos presente imágenes verídicas). (Todo lo que creemos que nos está siendo contado de manera ficticia no es más que la crónica de hechos verdaderos que quieren ocultar su origen). (La imaginación no existe). (La mentira es una verdad avergonzada de sí misma). (Todo esto es verdad; todo esto desgraciadamente es real). (Nada de lo que relatamos puede ser ficticio).

2. Yo soy el Mudo que le habla a mi Madre por Teléfono, se queda callado o gime y la excita (y ambos nos masturbamos). (Pero más tarde. No durante la llamada. Ello sería Complejo de Edipo. Y nadie quiere repetir esa historia) ( . ) (Sería Moderno) ( . ) ( . )

3. Los relatos eróticos están destinados a calentarnos. Casi siempre lo consiguen. La literatura erótica, incluso la más torpe, casi siempre cumple su cometido mejor que la Literatura.

4. Escribir cuentos es anticuado. Se empieza relatando una historia (La Frase que Abre) (Que Abre Bien) e inmediatamente después (¡Vaya que abrió bien!) se desarrollan los personajes y la anécdota evoluciona. Pero dedicarse a una actividad tan sosa como esa en estos tiempos de Control Remoto (¡Zapatero a tu Zapping!) y Pérdida de la Atención sería bastante cursi y conservador. Escribir cuentos es una actividad de idiotas. Casi tan estúpida como escribir poesía. El único macrorrelato disculpable son las telenovelas que duran seis meses.

5. La literatura erótica de Internet ha probado que los escritores no somos necesarios. La sociedad no requiere obreros especializados en imaginar a través del lenguaje literario. Un relato electrónico naíf demuestra que cada uno de nosotros (sin ser literatos) podemos narrar y cumplir nuestro objetivo de obtener y dar placer a través de la escritura. Los escritores salen sobrando. Después de la videopornografía casera, el phone-sex, los talk shows y el chat ya todos nos hemos dado cuenta de que no necesitamos a un nuevo Marqués de Sade o ni siquiera a un Bill Burroughs para construir relatos libidinosos. Cada uno ahora es su propio pornógrafo. Todos podemos escribir para masturbarnos y hacer que otros se masturben. Los lugares comunes de la literatura son incluso menos eficaces que los de la redacción común de los internautas o los pasquines. (La Semántica del Semen Semanal). La literatura ha perdido sus privilegios. La humanidad ha acabado por enterarse de que puede prescindir de las Letras Universales. Cualquiera puede escribir y causar más excitación que Masoch. En el futuro nadie volverá a ser un Jorge Luis Borges o un Andy Warhol. Ambas categorías han caducado. El Sueño ha terminado. Estamos en la Época de la Legaña.

6. Con Gran Hermano (el programa de origen europeo que consiste en la trasmisión permanente de un grupo de personas que han sido seleccionadas por los productores) se ha llegado a la etapa final de nuestro tiempo. Pero para acelerar este proceso, propongo que se haga una nueva forma de Gran Hermano en la que se trasmita un grupo de personas permanentemente viendo otra versión de Gran Hermano que se está realizando en alguna otra parte. En esta nueva versión de Gran Hermano veríamos por televisión a gente encerrada durante una temporada en torno a su relación con otro grupo de encerrados a los que ven por televisión. Paulatinamente todos nosotros asistiríamos a los castings y en cuestión de algunos años toda la humanidad sería contratada para participar en este experimento de Reality Shows extremos. Todos estaríamos dentro de la televisión. Poco a poco todos apareceríamos en televisión y la televisión consistiría exclusivamente en la trasmisión permanente de gente viendo permanentemente a otra gente en televisión. La era de los Reality Shows, por otra parte, exige a los narradores ir más allá de la ficción. La novela y el cuento también tienen que actualizarse.

7. La originalidad, más que imposible, es indeseable. Buscar la originalidad en la Era del Copy-Paste y la Disponibilidad de Todos los Saberes y Fraseologías sería demasiado retro.

8. Reciclar discursos de otros pone fin al realismo sucio. Si la Literatura Basura busca ser lo Inferior, la Peor de Todas las Literaturas, entonces la peor de todas, la inferior es la que hacen los escritores anónimos de Internet, aquellos que la escriben para eyacular o para imaginar que son mujeres o, por lo menos, ninfómanas, parejas, tríos o swingers. Esa es la basura textual más baja de todas. Después de ella no tiene sentido querer ir más abajo. Todo lo que nos queda es reciclar. En lugar de Literatura Basura hagamos Literatura Reciclada.

9. La MTV debería trasmitir exclusivamente videos de narcocorridos y debería ser instaurada la clonación en lugar de la Familia.

10. Lo que me inspira esta apropiación de un texto ajeno no son los ready-mades de Duchamp sino el Lipsyching de Milli Vanilli, aquel dúo alemán de bailarines negros que fingían cantar los hits musicales del pop de los años noventa pero que en realidad no eran más que un par de artistas mediocres que habían sido escogidos por un productor musical por la facilidad para ser manipulados, por su look cool y su relativo domino del arte de mover los labios al son de una pista donde se grababa una voz ajena. En la época post-Milli Vanilli, no nos queda sino fingir que hablamos, pensamos, cantamos o escribimos nosotros aunque en realidad no hagamos más que robar las palabras de otros. ¿Qué esperas, pues, para convertirte tú mismo en un gran genio del Lipsynching Literario? Tu firma lo merece. Tú también puedes ser un genio.

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Border Destroyer

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