João Cabral de Melo Neto

Psicología de la composición


1.

Salgo de mi poema
como quien se lava las manos.

Algunas conchas han cambiado
pues el sol de la atención
cristalizó; alguna palabra
que he soltado, como a un pájaro.

Tal vez alguna concha
de esas (o pájaro) recuerde,
cóncava, el gesto del cuerpo
extinto que el aire ya rellena;

tal vez como la camisa,
vacía, que me he quitado.

2.

Esta hoja blanca
me proscribe el sueño,
me incita al verso
nítido y preciso.

Y me refugio
en esta playa pura
en la que nada existe
donde la noche asiente.

Como no hay noche
cesa toda fuente;
como no hay fuente
cesa toda fuga;

como no hay fuga
nada recuerda el fluir
de mi tiempo, al viento
que en él sopla el tiempo.

3.

En este papel
puede tu sal
ser ceniza;

puede el limón
ser piedra;
el sol de la piel,
el trigo del cuerpo
ser ceniza.

(Teme, por eso,
a la joven mañana
sobre las flores
de la víspera).

En este papel
pronto perecen
las violáceas, tibias
flores morales;
todas las fluidas
flores de la prisa;
todas las húmedas
flores del sueño.

(Espera, por eso,
que la joven mañana
venga a revelarte
las flores de la víspera).

4.

El poema, con sus caballos,
quiere explotar
tu tiempo claro; rompiendo
su blanco hilo, su cemento
mudo y fresco.

(El descuido se quedó abierto
de par en par;
un sueño ha pasado, dejando
hebras, luego árboles instantáneos
coagulando la pereza).

5.

Vivo con ciertas palabras,
abejas domésticas.

Del día abierto
(blanca sombrilla)
esos lúcidos husos retiran
el hilo de miel
(del día que se abre
también como flor)

que en la noche
(pozo donde va a caer
la aérea flor)
persistirá: rubio
sabor, y ácido
contra el azúcar de lo podrido.

6.

No la forma encontrada
como una concha, perdida
en los suaves arenales
como cabellos;

no la forma obtenida
en lance santo o raro,
tiro a las liebres de vidrio
de lo invisible;

sino la forma alcanzada
como la punta del ovillo
que la atención, lenta,
desenrolla,

araña; como lo más extremo
de ese hilo frágil, que se rompe
al peso, siempre, de las manos
enormes.

7.

Es mineral el papel
donde se escribe
el verso; el verso
que es posible no hacer.

Son minerales
las flores y las plantas,
las frutas, los animales
cuando en estado de palabra.

Es mineral
la línea del horizonte,
nuestros nombres, esas cosas
hechas de palabras.

Es mineral, en fin,
cualquier libro:
pues mineral es la palabra
escrita, la fría naturaleza

de la palabra escrita.

8.

Cultivar el desierto
como una huerta al revés.

(El árbol destila
la tierra, gota a gota;
la tierra entera
ha caído: ¡fruto!

Mientras en el orden
de otra huerta
la atención destila
palabras maduras).

Cultivar el desierto
como una huerta al revés:

entonces, nada más
destila; se evapora;
donde fue manzana
queda un hambre;

donde fue palabra
(potros o toros
contenidos) queda la severa
forma del vacío.
.


João Cabral de Melo Neto. Psicologia da composição
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

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