Tati Bernardi

Ogrodulce


.
—Has vuelto pronto del baño.
—Solo fui a escupir el chicle.
—¿Por qué no lo escupiste en ese cacharro de ahí?
—Porque eso es un chisme de poner velitas.
—Me he bebido una botella entera de vino. Creo que es mejor que me vaya a casa.
—Creo que deberías quedarte.
—Creo que si me quedara, voy a querer ver tus tetas.
—Ahora no mola, hay niños por aquí.
—Fíjate bien: es una enana.
—No me gusta mi culo.
—Tu culo es bonito. Eres toda bonita, bonita normal, pero tus tetas son internacionales.
—Me gusta tu pantalón blandito, permite sentir exactamente cómo es tu polla.
—¿No quieres sentirla en la boca?
—Sí, en cuanto se vayan los niños.
—Fíjate bien: es una enana.
—No lo es.
—Pero si está fumando.
—Por Dios. Es verdad, es una enana.
—¿Entonces me chupas la polla?
—Espera, ¿vamos a mi casa?
—¿Vas a llevarme a tu casa?
—Solo si prometes que no vas a matarme.
—Lo prometo, porque además hoy no tengo tiempo.

—Si haces eso, no voy a poder conducir.
—Sigue conduciendo, quiero ver.
—No puedo golpear el coche, voy a venderlo el miércoles.
—¿Está cerca? Estoy muy caliente.
—Yo también. Aunque tomo un medicamento que afecta a mi libido. Me parece raro estar tan caliente.
—Yo no tomo nada, pero debería porque no duermo.
—Duerme en mi casa.
—Dijiste que odias que duerman en tu casa.
—Pero tú me gustas. Me gusta tu olor.
—¿Mi olor o mi colonia?
—No lo sé. Me gustaste porque eres medio ogro, medio dulce. Eres ogrodulce.
—Te has puesto muy sensual ahora.
—¿Solo ahora?
—Solo.
—Pero estamos juntos desde las seis de la tarde ¿y solo me he puesto sensual ahora?
—Solo.
—Pero te he hecho reír desde las seis de la tarde hasta ahora.
—Un mono de circo no es sensual. Es divertido, es majo, pero no es sensual.
—Siempre pensé que ser graciosa era mi punto fuerte.
—No lo es.
—(…).
—¿Te ha sentado mal lo que he dicho?
—Mucho.
—¿Por qué?
—Porque si no hago chistes no sé hacer nada más.
—Entonces chúpame la polla.
—Me da asco si no estoy excitada.
—Entonces excítate.
—Ya está.
—¿Llegamos?
—Sí.

—Majo esto, pequeño pero majo.
—¿Y si yo dijera lo mismo de ti?
—¿Vas a volver a hacer chistes?
—No consigo parar.
—Para solo un poco, solo un poco.
—Voy a intentarlo.
—Ríndete, vamos.
—Voy a intentarlo.
—¿Puedo mirar ahora?
—Puedes.
—¿Puedo quitarte el pantalón?
—Puedes. Pero antes quita la bota, las botas son complicadas.
—Quito.
—¿Tú solo me obedeces?
—Solo.
—¡Ah, no. Estás haciendo chistes!
—Sí.
—No tiene gracia. Entrégate. Hacer chistes es tu defensa, no te defiendas.
—Yo estoy borracho, no estoy defendiéndome.
—Para ti es fácil.
—¿Por qué?
—Porque tú eres hombre.
—Un hombre se muere de miedo con una mujer como tú.
—¿Cómo soy yo?
—Todo el tiempo analizando profundidades, dando notas de actuación para almas.
—¿Notas?
—Sí, eres la Bruna Surfistinha de la profundidad.
—Quiero chuparte la polla.
—No. Antes quiero ver una cosa.
—Puedes ver.
—¿Tienes frío?
—No, estoy temblando porque tú me gustas mucho.
—Calma.
—Ya sé.
—Calma.
—Ya sé.
—¿Puedo?
—Espera, déjame coger una goma.
—¿Dónde las tienes?
—Ahí.
—Eres una descarada.
—¿Porque tengo las gomas junto a la cama?
—Mañana, cuando yo me vaya, el portero va a reírse y a pensar «esa tía del 64 no pierde el tiempo».
—¿Soy una zorra porque voy a acostarme contigo y acabo de conocerte?
—¡No!
—¿Lo soy?
—No.
—Entonces no.
—Chupa un poco más antes de ponerla.
—(…).
—Espera, despacio.
—Ya está.
—¿Puedo?
—Puedes.
—¿Te giras?
—Me giro.
—¿Te quedas así?
—Me quedo.
—¿Qué pasa?
—Me ha dolido un poco.
—Disculpa.
—No.
—¿No disculpas?
—Disculpo. Pero no, no pares.
—¿Puedo correrme?
—Puedes.
—¿Y tú?
—Yo bien, gracias.
—No hagas chistes ahora, porfa. Yo estoy a punto de correrme y tú sigues en guardia.
—Disculpa, pero me siento sexy siendo graciosa.
—Eres muy sexy siendo graciosa.
—Has dicho que no.
—Mentí.
—Adoro esta música.
—¿Qué es?
—Animal Collective.
—No me gustan esas cosas extrañas, medio electrónicas, medio no sé qué.
—Tienes el mejor beso del año, el mejor sexo oral del año, la mano caliente, la boca caliente, y es todo tan sabroso.
—¿En serio que no vas a hablar de mi polla?
—Tu polla es linda.
—Nunca imaginé que sería tan bueno.
—¿Por qué?
—Porque eres demasiado intelectual, bla bla bla.
—¿Puedo lamer tu tatuaje?
—¿Puedo estrangularte un poco?
—Ahí digo basta.
—Toda mujer dice basta, pero tú pareces ser del tipo de loca que dice basta enseguida.
—Ya estoy diciendo basta.
—Voy a correrme.
—¡¡¡¡¡Córrete!!!!!

—Siento vergüenza ahora.
—¿Por qué?
—Por culpa del escándalo.
—Fue chulo, parecías Luisa Marilac hablando “pijo” y tomándose unos buenos drinks en Eu-ro-pa.
—¿Parezco un travesti cuando me corro?
—Disculpa, no consigo dejar de hacer chistes.
—Me voy.
—¿Cinco más, por favor?
—¿Revolcones?
—No, minutos.
—Tengo que irme.
—¿Por qué?
—Para no quedarme para siempre.
—Quédate para siempre.
—¿Por qué?
—Porque aquí tienes amor, dinero y pastillas. Solo tienes que descansar existiendo, yo hago todo el resto.
—Las pastillas vician.
—El dinero también.
—¿Estás dándotelas de rica?
—No, estoy dándomelas de hombre.
—Tú eres una niña.
—Junto a ti yo consigo ser, y tú no sabes el placer que me da eso.
—¿Sentirte niña?
—Estar con un hombre. Solo he estado con chiquillos en los últimos años.
—¿Soy viejo yo?
—Tú eres demasiado guapo.
—Yo soy guapo porque tú admiras mi trabajo, yo no soy un tipo guapo andando por la calle.
—Tú eres un tipo guapo andando por la calle.
—Tus tetas son internacionales.
—Llévate una y déjame la otra.
—¿Cuál quieres darme?
—La que tiene el corazón.
—¿Cuándo vas a Río?
—Quiero verte de nuevo.
—Entonces, vas a Río.
—Le tengo fobia a Río.
—Yo también.
—Porque allá todo es feliz, pero yo me siento sola.
—Exactamente.
—Deseo tanto verte.
—La próxima vez pagas tú el vino.
—Pero fuiste tú quien lo bebió.
—No importa.
—Di «no importa» otra vez.
—No importa.
—Me encanta tu voz.
—¿Y qué más?
—Y tu mano caliente y tu beso suavecito e intenso y tu manera de lamer las bragas antes para ver sí olía bien.
—Olía genial.
—Pero trabajé todo el día.
—Pero estaba genial.
—El olor combina o no combina.
—Cierto.
—Cierto.
—Llama a un taxi.
—No.
—Me quedaría más si no tuviera que marcharme.
—No te marches, quédate desnudo para siempre. Estás tan guapo desnudo.

—Voy a tirar esto antes de que se caiga todo en tu cama.
—Déjalo caer. Fecunda mi soledad.
—Qué bonito eso. Deberías ser escritora.
—Que cínico tú. Deberías ser actor.
—Me quedaría más.
—Nunca me gusta nada y tú me has gustado tanto.
—¿Sí?
—Droga.
—¿El qué?
—Yo hablando de gustar.
—¿Y por eso?
—Y por eso que va a suceder todo de nuevo.
—¿El qué?
—Voy a sentir demasiado, hablar demasiado, escribir demasiado. Tú te vas.
—Ahora me voy.
—¿Y después?
—Después no sé.
—Ya.
—Me quedaría, en serio, me quedaría mucho, mucho, mucho.
—Lo sé.
—Pero ahora me voy.
—Entonces saca el dedo de ahí.
—No lo consigo.
—Entonces no lo saques.
—Yo quería follar el día entero contigo.
—Yo quería follar la vida entera contigo.
—Eres una exagerada.
—Es todo lo que puedo ser.
—¿Me chupas la polla?
—Para siempre.
.


Tati Bernardi. Ogrodoce
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

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