Hilda Hilst

Vía vacía


I

Yo soy Miedo. Estertor.
Tú, mi Dios, un caballo de hierro
pegado a la futilidad de las alturas.

II

Me muevo en la poza. Entre el junco y el lagarto.
Y Tú, como Petrarca, debes cantar a tu Laura:
«Le stelle, il cielo, caldi sospiri».
Y no hay ni luna esta noche. Nacidas de este canto,
de las palabras, solo hay burbujas en el agua.

III

Ratón de agua, círculo en el remolino de la búsqueda.
Que soy tu hijo, Padre, me dicen. Husmeo.
Con la hociquez que me fue dada
encuentro algunos excrementos. Después, tendido
en la piedra (que dicen ser tu pecho), busco una señal.
Y de nuevo husmeo. Hace cuánto tiempo. Hace cuánto tiempo.

IV

A la carne, al pelo, a la garganta, a la lengua,
¿a todo eso te asemejas?
Pero, ¿y el después de la muerte, Padre?
Las chispas que nacen de la carne bajo tierra,
el estar allí cintilando de tiniebla. ¿Qué?
¿A la tiniebla te asemejas?

V

Dame la vía del exceso. El estupor.
Amputado de gestos, dame la elocuencia de la Nada,
los huesos cintilando
en el lloviznado frior de tu desierto.

VI

Que vértigo, Padre.
Pueril y disoluto,
en el furor de tu víscera
cada día trituras
mi exiguo espacio.

VII

¿Tú sabes que sierran caballos vivos
para que queden suaves
las carteras de los ricos?
¿Tú gozas o defecas
ante el acto sin nombre,
el rojo de esa orgía?

VIII

Descansa.
El Hombre ya se hizo,
el oscuro ciego rabioso animal
que pretendías.

IX

Una mujer suspendida entre las líneas y los dientes.
Antiquísima ave, marioneta de plumas,
las alas que pensó le fueron arrancadas.
Lavado de luces, un dios me impulsa.
Indiferente. Bufo.

X

PIEDRA DE AGUA, ABISMO, PIEDRA-HIERRO,
¿cómo te llamas? Para que yo pueda al menos
deletrear tu nombre, agarrada a tu hondura.

XI

En las ciénagas, en el palo lacre,
aquel de nervaduras y hojas brillantes, transitas.
En el palo de voltear tripas, solo en este último, Padre,
yo sé que te demoras, meditando mi víscera.

XII

Aguas de gran sombra, agua de espinos:
El Tiempo no roerá el verso de mi boca.
Aguas manchadas de un sopor de vinos:
He de tragarlas todas. Y lúbrico, discontinuo,
EL TIEMPO NO VIVIRÍA SI TOCASE MI BOCA.
.


Nota.
Palo lacre (pau-de-lacre): Vismia brasiliensis, planta arbustiva de la familia de las gutíferas, nativa del Nordeste y Sudeste de Brasil, con propiedades medicinales y de cuyo tronco, y por medio de incisiones, se extrae la goma lacre. Palo de voltear tripas (pau-de-virar-tripa): Palo largo y estrecho usado para voltear las tripas de animales como cerdo, oveja o buey para limpiarlas antes de embutirlas.


Hilda Hilst. Via Vazia. Obra poética reunida (pdf)
Paula Cristina Dolenc Cabral Tacca. Imagens da poesia erótica de Hilda Hilst
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Via Vazia

I
Eu sou Medo. Estertor.
Tu, meu Deus, uma cavalo de ferro
Colado à futilidade das alturas.

II
Movo-me no charco. Entre o junco e o lagarto.
E Tu, como Petrarca, deves cantar tua Laura:
“Le Stelle, il cielo, caldi sospiri”
E nem há lua esta noite. Nascidas deste canto
Das palavras, só há borbulhas n’água.

III
Rato d’água, círculo no remoinho da busca.
Que sou teu filho, Pai, me dizem. Farejo.
Com a focinhez que me foi dada
encontro alguns dejetos. Depois, estendido
Na pedra (que dizem ser teu peito) , busco um sinal.
E de novo farejo. Há quanto tempo. Há quanto tempo.

IV
À carnem aos pêlos, à garganta, à língua
A tudo isso te assemelhas?
Mas e o depois da morte, Pai?
As centelhas que nascem da carne sob a terra
O estar ali cintilando de treva.
À treva te assemelhas?

V
Dá-me a via do excesso. O estupor.
Amputado de gestos, dá-me a eloqüência do Nada
Os ossos cintilando
Na orvalhada friez do teu deserto.

VI
Que vertigem, Pai.
Pueril e devasso
No furor da tua víscera
Trituras a cada dia
Meu exíguo espaço.

VII
Tu sabes que serram cavalos vivos
Para que fiquem macias
As sacolas dos ricos?
Tu gozas ou defecas
Diante do ato sem nome
O rubro dessa orgia?

VIII
Descansa.
O Homem já se fez
O escuro cego raivoso animal
Que pretendias.

IX
Uma mulher suspensa entre as linhas e os dentes.
Antiqüíssima ave, marionete de penas
As asas que pensou lhe foram arrancadas.
Lavado de luzes, um deus me movimenta.
Indiferente. Bufo.

X
PEDRA D’ÁGUA, ABISMO, PEDRA-FERRO
Como te chamas? Para que eu possa ao menos
Soletrar teu nome, grudada à tua fundura.

XI
Nos pauis, no pau-de-lacre,
Aquele de nervuras e de folhas brilhantes, transitas.
No pau-de-virar-tripa, só neste último, Pai
Eu sei que te demoras, meditando minha víscera.

XII
Águas de grande sombra, água de espinhos:
O Tempo não roerá o verso da minha boca.
Águas manchadas de um torpor de vinhos:
Hei de tragá-las todas. E lúbrico, descontínuo
O TEMPO NÃO VIVERÁ SE TOCAR A MINHA BOCA.


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