Control de plagio (XI)

101
Necesito amor
como un preso una rima,
o, aun mejor,
necesito tanto amor
como un poeta una lima.

102
Sexo en la playa;
focas grises enamoradas.
El objetivo es
engendrar la cría perfecta

103
Oh dulce, deseable, bello objeto:
un pequeño cerebro
no te hubiera sentado nada mal.

104
Nunca me desanimo,
—¡vida cabrona!—
nada me decepciona:
es todo limo.

105
Aunque las putas derrotas
—lucharemos hasta morir;
moriremos hasta vencer—
sean jodidamente eternas.

106
Poeta
a tiempo completo:
prometo
no entrar en tu treta.

107
La araña saltadora
es una hábil depredadora;
esta extraña   araña
es digna de ver

108
Me hiciste soñar,
y me despertaste
—¡oh, Zeuxo!—
con un petardo
bajo la almohada.

109
Estoy más allá
de lo que haya más allá
de los límites del tiempo;
el espacio, simplemente,
jamás me encontrará.

110
En el pecado está la recompensa
y en la virtud, la penitencia.

.
(continuará)

Fuentes


ēgm. 2017

Romancero portugués

Romance de la nao Catrineta


.
De la nao Catrineta
ahora os quiero contar:
Siete años y más días
que ya andaban por el mar,
no tenían que comer
ni tampoco que almorzar;
pusieron cuero en remojo
para el domingo cenar,
pero el cuero era muy duro,
no lo podían tragar.
Echan a suertes por ver
quién habían de matar,
y le fue a caer la suerte
al capitán general.
—Sube, sube, marinero,
a aquella gavia real,
por si ves tierras de España
o playas de Portugal.
—No veo tierras de España,
ni playas de Portugal;
veo siete espadas desnudas,
todas os quieren matar.
—Arriba, arriba, gaviero,
a aquella gavia real,
por si ves tierras de España,
las playas de Portugal.
—¡Albricias, mi capitán,
mi capitán general:
veo ya tierras de España
y playas de Portugal!
También veo allá tres niñas
debajo de un naranjal:
la una veo coser,
la otra en la rueca hilar,
la más hermosa de todas
veo en el medio llorar.
—¡Las tres son las hijas mías,
quién las pudiera abrazar!
La más hermosa de todas
contigo la he de casar.
—Vuestra hija yo no quiero,
que os la costó criar.
—Te daré tanto dinero
que no lo puedas contar.
—No quiero vuestro dinero,
pues os costó de ganar.
—Te doy mi caballo blanco,
que nunca hubo otro igual.
—Guardaos vuestro caballo,
que os costó de enseñar.
—¿Qué quieres tú, mi gaviero,
qué albricias te he de dar?
—Quiero la nao Catrineta,
para en ella navegar.
—La nao Catrineta, amigo,
es del rey de Portugal;
pero, o yo no soy quien soy,
o el rey te la ha de dar.
.


Romance da Nau Catrineta (Versión de Lisboa)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Fernando Pessoa

 

(Álvaro de Campos)

Oda marítima


.
Solo, en el muelle desierto, en esta mañana de verano,
miro hacia la parte de la bocana, miro hacia lo Indefinido,
miro y me alegra ver,
pequeño, negro y claro, un paquebote entrando.
Viene muy lejos, nítido, clásico a su manera.
Deja en el aire distante tras él la orla vana de su humo.
Viene entrando, y la mañana entra con él, y en el río,
aquí, más allá, despierta la vida marítima,
se izan velas, avanzan remolcadores,
surgen barcos pequeños detrás de los buques que están en el puerto.
Hay una vaga brisa.
Pero mi alma está con lo que menos veo.
Con el paquebote que entra,
porque él está con la Distancia, con la Mañana,
con el sentido marítimo de esta Hora,
con la dolorosa dulzura que sube en mí como una náusea,
como un empezar a marearse, pero en el espíritu.

Miro a lo lejos el paquebote, con una gran independencia de alma,
y dentro de mí un volante empieza a girar, lentamente.

Los paquebotes que entran de mañana en el puerto
traen consigo a mis ojos
el misterio alegre y triste de quien llega y parte.
Traen recuerdos de muelles distantes y de otros momentos,
de otro modo de la misma humanidad en otros puntos.
Todo atracar, todo zarpar de navío,
es —lo siento en mí como mi sangre—
inconscientemente simbólico, terriblemente
amenazador, de significaciones metafísicas
que perturban en mí a quien yo fui…

¡Ah, todo el muelle es una nostalgia de piedra!
Y cuando el barco zarpa del muelle
y de repente reparo en que se ha abierto un espacio
entre el muelle y el barco,
me viene, no sé por qué, una angustia reciente,
una niebla de sentimientos de tristeza
que brilla al sol de mis angustias herbosas
como la primera ventana en que la madrugada golpea,
y me envuelve con una evocación de otra persona
que fuera misteriosamente mía.

Ah, ¿quién sabe, quién sabe
si no partí antaño, antes de mí,
de un muelle; si no dejé, barco al sol
oblicuo de la madrugada,
alguna otra clase de puerto?
¿Quién sabe si no dejé, antes de que la hora
del mundo exterior como yo lo veo
rayase para mí,
un gran muelle lleno de poca gente,
de una gran ciudad medio despierta,
de una enorme ciudad comercial, crecida, apoplética,
en cuanto eso pueda ser fuera del Espacio y del Tiempo?

Sí, de un muelle, de un muelle de algún modo material,
real, visible como muelle, muelle realmente,
el Muelle Absoluto por cuyo modelo inconscientemente imitado,
insensiblemente evocado,
nosotros los hombres construimos
nuestros muelles en nuestros puertos,
nuestros muelles de piedra actual sobre agua verdadera,
que después de construidos se anuncian de repente
Cosas-Reales, Espíritus-Cosas, Entidades en Piedra-Almas,
a ciertos momentos nuestros de sentimiento-raíz
cuando en el mundo exterior como si se abriese una puerta
y, sin que nada se altere,
todo se revela distinto.

¡Ah, el Gran Muelle de donde partimos en Navíos-Nación!
¡El Gran Muelle Anterior, eterno y divino!
¿De qué puerto? ¿En qué aguas? ¿Y por qué pienso yo esto?
El Gran Muelle como los otros muelles, pero el Único,
lleno como ellos de silencios rumorosos en las madrugadas,
y abriéndose con las mañanas en un ruido de grúas
y llegadas de convoyes de mercancías,
y bajo la nube negra y ocasional y leve
del fondo de las chimeneas de las fábricas cercanas
que ensombrecen su negro suelo de carbón diminuto que brilla,
como si fuera la sombra de una nube que pasara sobre agua sombría.

¡Ah, qué esencialidad de misterio y sentido parados
en divino éxtasis revelador!
¡En las horas de color de silencios y angustias
no hay puente entre cualquier muelle y El Muelle!

¡Muelle negramente reflejado en las aguas quietas,
bullicio a bordo de los barcos,
oh alma errante e inestable de la gente que está embarcada,
de la gente simbólica que pasa y con la que nada dura,
que cuando el barco regresa a puerto
crea siempre gran alteración a bordo!

¡Oh fugas continuas, partidas, ebriedad de lo Diverso!
¡Alma eterna de los navegantes y de las navegaciones!
¡Cascos reflejados lentamente en el agua
cuando el buque zarpa del puerto!
Flotar como alma de la vida, partir como voz,
vivir el momento trémulamente sobre aguas eternas.
Despertar hacia días más directos que los días de Europa.
Ver puertos misteriosos sobre la soledad del mar,
doblar cabos lejanos hacia súbitos vastos paisajes
por innumerables orillas atónitas…

Ah, las playas lejanas, los muelles vistos de lejos,
y después las playas próximas, los muelles vistos de cerca.
El misterio de cada ida y de cada llegada,
la dolorosa inestabilidad e incomprensibilidad
de este imposible universo
¡a cada hora marítima más sentido en la propia piel!
El sollozo absurdo que nuestras almas derraman
sobre las extensiones de mares diferentes con islas a lo lejos,
sobre las islas lejanas de las costas que se dejan pasar,
sobre el crecer nítido de los puertos, con sus casas y su gente,
hacia el barco que se aproxima.

Ah, la frescura de las mañanas en que se llega,
y la palidez de las mañanas en que se parte,
cuando se nos revuelven las entrañas
y una vaga sensación parecida a un miedo
—el miedo ancestral de alejarse y partir,
el misterioso temor ancestral a la Llegada y a lo Nuevo—
nos encoge la piel y nos aflige,
y todo nuestro cuerpo angustiado siente,
como si fuera nuestra alma,
una inexplicable voluntad de poder sentir esto de otra manera:
una nostalgia de alguna cosa,
una perturbación de apegos —¿a qué vaga patria?
¿a qué costa? ¿a qué barco? ¿a qué muelle?—
que enferma nuestro pensamiento,
y solo queda un gran vacío dentro de nosotros,
una hueca saciedad de minutos marítimos,
y una ansiedad vaga que sería tedio o dolor
si supiera cómo serlo…

La mañana de verano es, con todo, un poco fresca.
Un leve sopor de noche anda aún en el aire agitado.
Se acelera ligeramente el volante dentro de mí.
Y el paquebote viene entrando, porque debe venir entrando, sin duda,
aunque yo no lo vea moverse en su distancia excesiva.

En mi imaginación él está ya cerca y es visible
en toda la extensión de las líneas de sus portillas.
Y tiembla en mí todo, toda la carne y toda la piel,
a causa de aquella criatura que nunca llega en ningún barco
y yo he venido a esperar hoy al muelle, por un impreciso mandato.

Los barcos que entran por la bocana,
los barcos que salen de los puertos,
los barcos que pasan a lo lejos,
(me supongo mirándolos desde una playa desierta)
todos estos barcos casi abstractos en su partida,
todos estos barcos me conmueven tanto como si fueran otra cosa
y no solo barcos, barcos yendo y viniendo.

Y los buques vistos de cerca, incluso si no vamos a embarcar en ellos,
vistos desde abajo, desde los botes —altas murallas de chapa—,
vistos por dentro, por los camarotes, las salas, las despensas,
mirando de cerca los mástiles, afilándose allá hacia lo alto,
pasando junto a las cuerdas, descendiendo las incómodas escaleras,
oliendo la pegajosa mezcla metálica y marítima de todo aquello;
los barcos vistos de cerca son otra cosa y la misma cosa,
producen la misma nostalgia y la misma ansia de otra manera.
.

¡Toda la vida marítima! ¡Todo en la vida marítima!
Se insinúa en mi sangre toda esa fina seducción
y cavilo indeterminadamente en los viajes.

¡Ah, las líneas de las costas distantes, alisadas por el horizonte!
¡Ah, los cabos, las islas, las arenosas playas!
¡Las soledades marítimas, como ciertos momentos en el Pacífico
en los que no sé por qué sugestión aprendida en la escuela
se siente pesar sobre los nervios el hecho de que aquel
es el mayor de los océanos; y el mundo y el sabor de las cosas
se convierten en un desierto en nuestro interior!
¡La extensión más humana, más salpicada, del Atlántico!
¡El Índico, el más misterioso de todos los océanos!
¡El Mediterráneo, dulce, sin misterio alguno, clásico,
un mar para darse de súbito con explanadas
miradas desde jardines contiguos por blancas estatuas!
¡Todos los mares, todos los estrechos, todas las bahías, todos los golfos,
querría apretarlos al pecho, sentirlos dentro y morir!

¡Y vosotras, oh cosas navales, mis viejos juguetes de sueño!
¡Componed mi vida interior fuera de mí!
¡Quillas, mástiles y velas, ruedas de timón, cordajes,
chimeneas de vapores, hélices, gavias, gallardetes,
guardines, escotillas, calderas, colectores, válvulas:
caed adentro de mí en montón, amontonados,
como el contenido confuso de un cajón vaciado en el suelo!
¡Sed el tesoro de mi avaricia febril,
sed el fruto del árbol de mi imaginación,
tema de cantos míos, sangre en las venas de mi inteligencia,
vuestro sea el lazo que me une al exterior por la estética,
suministradme metáforas, imágenes, literatura,
porque en realidad, en serio, literalmente,
mis sensaciones son un barco de quilla al aire,
mi imaginación, un ancla semisumergida,
mi ansia, un remo partido,
y la tesitura de mis nervios, una red puesta a secar en la playa!

Suena en el azar del río un pitido, solo uno.
Tiembla ya todo el suelo de mi psiquismo.
Se acelera cada vez más el volante dentro de mí.

¡Ah, los paquebotes, los viajes, el «no se sabe el paradero»
de Fulano de Tal, marino, conocido nuestro!
¡Ah, la gloria de que se sepa que un hombre que andaba con nosotros
murió ahogado al pie de una isla del Pacífico!
¡Los que anduvimos con él vamos a hablarle de ello a todos,
con un orgullo legítimo, con una confianza invisible
en que todo eso tenga un sentido más bello y más vasto
que no solo el haberse hundido el barco en el que iba
y que él se haya ido al fondo por que le entró agua en los pulmones!

¡Ah, los paquebotes, los buques carboneros, los barcos de vela!
¡Van escaseando —¡ay de mí!— los barcos de vela en los mares!

Y yo, que amo la civilización moderna,
yo que beso con el alma a las máquinas,
yo el ingeniero, yo el civilizado, yo el educado en el extranjero,
quisiera tener ante mi vista otra vez solo veleros y barcos de madera,
no saber de otra vida marítima que la antigua vida de los mares!
Porque los mares antiguos son la Distancia Absoluta,
la Pura Lejanía, liberada del peso de lo Actual…
Y, ah, cómo todo aquí me recuerda a esa vida mejor,
a esos mares, mayores, porque se navegaba más despacio,
a esos mares, misteriosos, porque se sabía menos de ellos.

Todo vapor a lo lejos es un barco de vela próximo.
Todo barco distante visto ahora es un barco en el pasado visto de cerca.
Todos los marineros invisibles a bordo de los barcos en el horizonte
son los marineros visibles del tiempo de los viejos navíos
de la época lenta y velera de las navegaciones peligrosas,
de la época de madera y lona de los viajes que duraban meses.

Me invade poco a poco el delirio de las cosas marítimas,
me penetran físicamente el muelle y su atmósfera,
el ondeo del Tajo trepa por encima de mis sentidos,
y comienzo a soñar, comienzo a envolverme del sueño de las aguas.
Empiezan a enganchar las correas de transmisión en mi alma
y la aceleración del volante me sacude nítidamente.

Me llaman las aguas,
me llaman los mares,
me llaman, levantando una voz corpórea, las lejanías,
todas las épocas marítimas sentidas en el pasado, llamando.

Tú, marinero inglés, Jim Barns, mi amigo, fuiste tú
quien me enseñó ese grito antiquísimo, inglés,
que tan venenosamente resume,
para las almas complejas como la mía,
el llamamiento confuso de las aguas,
la voz inédita e implícita de todas las cosas del mar,
de los naufragios, de los viajes lejanos, de las travesías peligrosas.
Ese tu grito inglés, convertido en universal en mi sangre,
sin hechura de grito, sin forma humana ni voz,
ese grito tremendo que parece sonar
desde dentro de una caverna cuya bóveda fuera el cielo
y parece narrar todas las siniestras cosas
que pueden suceder en lo Remoto, en el Mar, por la Noche…
(Fingías siempre que era a una goleta a la que llamabas,
y decías así, poniendo una mano a cada lado de la boca,
haciendo altavoz con las grandes manos curtidas y oscuras:
Ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó − yyyy…!
Schooner ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó − yyyy…!)

Te escucho desde aquí, ahora, y despierto a alguna cosa.
Estremece el viento. Sube la mañana. El calor abre.
Siento ruborizarse mis mejillas.
Mis ojos conscientes se dilatan.
El éxtasis en mí se levanta, crece, avanza,
y con un ruido ciego de tumulto se acentúa
el giro vivo del volante.

¡Oh clamorosa llamada
a cuyo calor, a cuya furia hierven en mí,
en unanimidad explosiva, todas mis ansias,
mis propios tedios vueltos dinámicos, todos!…
¡Llamamiento lanzado a mi sangre
desde un amor pasado, no sé dónde, que regresa
y aún tiene fuerza para atraerme y tirar,
que aún tiene fuerza para hacerme odiar esta vida
que paso entre la impenetrabilidad física y psíquica
de la gente real con la que vivo!

¡Ah, sea cómo sea, sea a dónde fuera, partir!
¡Zarpar por ahí adelante, por las olas, por el peligro, por el mar.
Ir hacia Lejos, ir hacia Afuera, hacia la Distancia Abstracta,
indefinidamente, por las noches misteriosas y hondas,
llevado, como el polvo, por los vientos, por los vendavales!
¡Ir, ir, ir, ir de una vez!

¡Toda mi sangre rabia por unas alas!
¡Todo mi cuerpo se echa hacia el frente!
¡Salto fuera de mi imaginación en torrentes!
¡Me atropello, rujo, me precipito!…
¡Revientan en espuma mis ansias
y mi carne es una ola que rompe contra los peñascos!

¡Pensando en esto, —¡oh rabia! ¡pensando en esto!— oh furia!
Pensando en esta estrechez de mi vida llena de ansias,
súbitamente, trémulamente, exorbitantemente,
con una oscilación viciosa, vasta, violenta,
del volante vivo de mi imaginación.
Brota en mí, soplando, silbando, vertiginando,
el deseo sombrío y sádico de la estridente vida marítima.

¡Eh, marineros, gavieros! ¡Eh, tripulantes, pilotos!
¡Navegantes, marinos, grumetes, aventureros!
¡Eh capitanes de barco! ¡Hombres al timón y en los mástiles!
¡Hombres que duermen en toscas literas!
¡Hombres que duermen con el Peligro acechando por las portillas!
¡Hombres que duermen con la Muerte por almohada!
¡Hombres que tienen toldillas, que tienen puentes desde donde mirar
la inmensidad inmensa del mar inmenso!
¡Eh, manipuladores de las grúas de barco!
¡Eh, recogedores de velas, fogoneros, camareros de a bordo!
¡Hombres que estiban la carga en los pañoles!
¡Hombres que enrollan cabos en el combés!
¡Hombres que limpian los metales de las escotillas!
¡Hombres del timón!
¡Hombres de las máquinas! ¡Hombres de los mástiles!
¡Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!
¡Gentes de gorra de visera! ¡Gentes de camiseta de malla!
¡Gentes de anclas y banderas cruzadas bordadas en el pecho!
¡Gente tatuada! ¡Gente de cachimba! ¡Gente de amurada!
¡Gente oscura de tanto sol, quemada de tanta lluvia,
limpia de ojos de tanta inmensidad por delante de ellos,
audaz de rostro de tantos vientos que les golpearon fuerte!

¡Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!
¡Hombres que visteis la Patagonia!
¡Hombres que pasasteis por Australia!
¡Que llenasteis vuestra mirada de costas que nunca veré!
¡Que fuisteis a tierra en tierras a las que nunca descenderé!
¡Que comprasteis artículos rústicos en colonias a proa de los páramos!
¡E hicisteis todo eso como si no fuera nada,
como si eso fuera natural,
como si la vida fuera eso,
como simplemente por cumplir con un destino!
¡Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!
¡Hombres del mar actual! ¡Hombres del mar pasado!
¡Sobrecargos de a bordo! ¡Esclavos de las galeras!
¡Combatientes de Lepanto!
¡Piratas de los tiempos de Roma! ¡Navegantes de Grecia!
¡Fenicios! ¡Cartagineses! ¡Portugueses salidos de Sagres
hacia la aventura indefinida, hacia el Mar Absoluto,
para realizar lo Imposible!
¡Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!
¡Hombres que erigisteis padrones, que disteis nombre a cabos!
¡Hombres que negociasteis por vez primera con negros!
¡que primero vendisteis esclavos de nuevas tierras!
¡que disteis el primer espasmo europeo a las negras atónitas!
¡que trajisteis oro, abalorios, maderas aromáticas, plantas,
de costas que explotaban en verde vegetación!
¡Hombres que saqueasteis tranquilas poblaciones africanas,
que hicisteis huir con el ruido de los cañones a aquellas razas,
que matasteis, robasteis, torturasteis, ganasteis
los premios de la Novedad de quien, de cabeza baja,
arremete contra el misterio de nuevos mares! ¡Eh-eh-eh eh-eh!
¡A todos vosotros en uno, a todos vosotros en todos vosotros como uno,
a todos vosotros mezclados, entrecruzados,
a todos vosotros sangrientos, violentos, odiados, temidos, sagrados,
yo os saludo, yo os saludo, yo os saludo!
¡Eh-eh-eh-eh eh! ¡Eh eh-eh-eh eh! ¡Eh-eh-eh eh-eh-eh eh!
¡Eh, holá-holá-hoLá-holá-a-a-á-á!

¡Quiero ir con vosotros, quiero ir con vosotros,
al mismo tiempo con todos vosotros,
hacia todos los lugares a los que fuisteis!
¡Quiero encontrar vuestros peligros frente a frente,
sentir en mi cara los vientos que arrugaron las vuestras,
escupir de mis labios la sal de los mares que besaron los vuestros,
poner mis brazos a vuestra faena, compartir vuestras tormentas,
llegar como vosotros, finalmente, a puertos extraordinarios!
¡Huir con vosotros de la civilización!
¡Perder con vosotros la noción de la moral!
¡Sentir en lo Remoto como cambia mi humanidad!
¡Beber con vosotros en los mares del Sur
nuevas salvajerías, nuevos desórdenes del alma,
nuevos fuegos centrales en mi volcánico espíritu!
¡Ir con vosotros, despojar de mí —¡ah, venga fuera de aquí!—
mi traje de civilizado, mi suavidad de acciones,
mi miedo innato a las cadenas,
mi pacífica vida,
mi vida sentada, estática, reglada y revisada!

En el mar, en el mar, en el mar, en el mar,
¡Eh! ¡Poner en el mar, al viento, a las olas,
mi vida!
Salar de espuma arrojada por los vientos
mi paladar de los grandes viajes.
Fustigar de agua azotante las carnes de mi aventura,
empapar de fríos oceánicos los huesos de mi existencia,
flagelar, cortar, arrugar de vientos, de espumas, de soles,
mi ser ciclónico y atlántico.
¡Mis nervios, como jarcias,
lira en las manos de los vientos!

¡Sí, sí, sí… Crucificadme en las navegaciones
y mis hombros gozarán mi cruz!
¡Atadme a los viajes como a postes
y la sensación de los postes entrará por mi espina dorsal
y yo pasaré a sentirlos en un vasto espasmo pasivo!
¡Haced lo que queráis de mí, mientras sea en los mares!
¡Sobre el combés, al son de las olas,
que me rasguéis, matéis, hiráis!
Lo que quiero es llevar hacia la Muerte
un alma rebosante de Mar,
tambaleándose ebria de las cosas marítimas,
tanto de los marineros como de las anclas y los cabos,
tanto de las costas lejanas como del ruido de los vientos,
tanto de lo Remoto como del Muelle, tanto de los naufragios
como de los tranquilos comercios,
tanto de los mástiles como de las olas.
¡Llevar hacia la Muerte, con dolor, voluptuosamente,
una copa llena de sanguijuelas, chupando, chupando,
de extrañas, verdes, absurdas sanguijuelas marítimas!

¡Hagan jarcias de mis venas,
amarras de mis músculos!
¡Arránquenme la piel, clávenla a las quillas,
y pueda yo sentir el dolor de los clavos y nunca dejar de sentirlo!
¡Hagan de mi corazón un gallardete de almirante
a la hora de la guerra de los viejos navíos!
¡Aplasten con los pies en la cubierta mis ojos arrancados!
¡Quiébrenme los huesos contra las bordas!
¡Fustíguenme amarrado a los mástiles, fustíguenme!
¡A todos los vientos de todas las latitudes y longitudes
derramen mi sangre sobre las aguas agitadas
que atraviesan el barco, el castillo de popa, de lado a lado,
en las bravas sacudidas de las tormentas!

¡Tener la audacia al viento del paño de las velas!
¡Ser, como las altas gavias, el silbido de los vientos!
¡La vieja guitarra del Fado de los mares llenos de peligros,
canción para que los navegantes la oigan y no la repitan!
.

Los marineros amotinados
ahorcaron al capitán en una verga.
Desembarcaron a otro en una isla desierta:
Marooned!

El sol de los trópicos puso la fiebre de la piratería antigua
en mis venas intensivas.
Los vientos de la Patagonia tatuaron mi imaginación
de imágenes trágicas y obscenas.
¡Fuego, fuego, fuego, dentro de mí!
¡Sangre! ¡Sangre! ¡Sangre! ¡Sangre!
¡Explota todo mi cerebro!
¡Se me parte el mundo en rojo!
¡Revientan con un sonido de amarras mis venas!
Y estalla en mí, feroz, voraz,
la canción del Gran Pirata,
la muerte vociferada del Gran Pirata al cantar
hasta infundir pavor por la espina dorsal de sus hombres abajo.
Los de popa a morir, y a chillar, y a cantar:

Fifteen men on the Dead Man’s Chest —
Yo-ho ho and a bottle of rum!

Y después a gritar, en una voz ya irreal, reventando en el aire:

Darby M’Graw-aw-aw-aw-aw!
Darby M’Graw-aw-aw-aw-aw!
Fetch a-a-aft the ru-u-u-u-u-u-u-u-u-um, Darby.

¡Ea, qué vida esa! ¡Esa era la vida, ea!
¡Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!
¡Eh, holá-holá-hoLá-holá-a-a-á-á!
¡Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!

¡Quillas partidas, barcos a pique!
¡Sangre en los mares! ¡Cubiertas ensangrentadas!
¡Fragmentos de cuerpos! ¡Dedos cercenados sobre la borda!
¡Cabezas de niños, aquí, más allá!
¡Gente de ojos desorbitados, gritando, aullando!
¡Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!
¡Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!
¡Me arropo de todo esto como de una capa en el frío!
¡Me rozo con todo esto como una gata en celo con un muro!
¡Rujo como un león hambriento por todo esto!
¡Arremeto como un toro furioso contra todo esto!
¡Clavo uñas, parto garras, sangro por los dientes sobre esto!
¡Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!

De repente estalla sobre mis oídos,
como un clarín junto a mí,
el viejo grito, pero ahora iracundo, metálico,
llamando a la presa que se ha avistado,
la goleta que va a ser capturada:

Ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó − yyyy…!
Schooner ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó − yyyy…!

¡El mundo entero no existe para mí! ¡Ardo encarnado!
¡Rujo en la furia del abordaje!
¡Pirata-Mayor! ¡César-Pirata!
¡Saqueo, mato, despedazo, rasgo!
¡Solo siento el mar, la presa, el pillaje!
¡Solo siento en mí golpear, golpeándome,
las venas en mis sienes!
¡Chorrea sangre caliente la conmoción de mis ojos!
¡Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!

¡Ah piratas, piratas, piratas!
¡Piratas, amadme y odiadme!
¡Mezcladme con vosotros, piratas!

¡Vuestra furia, vuestra crueldad, cómo hablan a la sangre
de un cuerpo de mujer que fue mío antaño y cuyo deseo pervive!

¡Yo quisiera ser una bestia representativa de todos vuestros gestos,
una bestia que hincase sus dientes en las amuradas, en las quillas,
que comiese mástiles, que bebiese sangre y alquitrán en las cubiertas,
que desgarrase velas, remos, cordaje y poleame,
serpiente de mar femenina y monstruosa cebándose en los crímenes!

¡Y hay una sinfonía de sensaciones incompatibles y análogas.
Hay una orquestación en mi sangre de barahúndas de crímenes,
de estrépitos convulsionados de orgías de sangre en los mares,
furibundamente, como un vendaval de calor en el espíritu,
nube de polvo caliente nublando mi lucidez
y haciéndome ver y soñar todo esto tan solo con la piel y las venas!

Los piratas, la piratería, los barcos, la hora,
aquella hora marítima en que las presas son asaltadas
y el terror de los apresados huye hacia la locura —esa hora,
en su total de crímenes, terror, barcos, gente, mar, cielo, nubes,
brisa, latitud, longitud, vocerío—
querría yo que fuese en su Todo mi cuerpo en su Todo, sufriendo,
que fuese mi cuerpo y mi sangre,
que compusiese mi ser en rojo, ¡que floreciese
cual comezón de una herida en la carne irreal de mi alma!

¡Ah, serlo todo en los crímenes!
¡Ser todos los elementos que componen los asaltos a los navíos,
las matanzas y las violaciones!
¡Ser cuanto fue en el lugar de los saqueos!
¡Ser cuanto vivió o yació en el sitio de las tragedias de sangre!
¡Ser el pirata-resumen de toda la piratería en su auge,
y la víctima-síntesis, pero de carne y hueso,
de todos los piratas del mundo!
¡Ser mi cuerpo pasivo la mujer-todas-las-mujeres
que fueron violadas, muertas, heridas, desgarradas por los piratas!
¡Ser en mi ser subyugado la hembra que tiene que pertenecerles
y sentir todo eso —todas estas cosas en una sola— por la espina dorsal!

¡Oh mis velludos y bruscos héroes de la aventura y el crimen!
¡Mis marítimas fieras, maridos de mi imaginación!
¡Amantes casuales de la ambigüedad de mis sensaciones!
¡Querría ser Aquella que os esperase en los puertos,
a vosotros, odiados amados de su sangre de pirata en los sueños!
¡Porque ella tendría con vosotros, pero solo en espíritu, saña
con los cadáveres desnudos de las víctimas que hacéis en el mar!
¡Porque ella habría acompañado vuestro crimen
y, en la orgía oceánica, su espíritu de bruja danzaría invisible
en torno a los movimientos de vuestros cuerpos,
de vuestros sables, de vuestras manos estranguladoras!
¡Y ella en tierra, esperándoos, cuando llegaseis, si acaso llegarais,
iría a beber en los rugidos de vuestro amor todo el vasto,
todo el nebuloso y siniestro perfume de vuestras victorias,
y a través de vuestros espasmos silbaría un sabbat en rojo y amarillo!

¡La carne desgarrada, la carne abierta y destripada, la sangre corriendo!
¡Ahora, en el auge conciso de soñar lo que hacíais,
me pierdo absolutamente de mí; ya no os pertenezco, soy vosotros!
¡Mi feminidad, que os acompaña, es ser vuestras almas,
estar dentro de toda vuestra ferocidad cuando la practicabais,
succionaros por dentro la conciencia de vuestras sensaciones
cuando teñíais de sangre los altos mares,
cuando de vez en cuando arrojabais a los tiburones
los cuerpos aún vivos de los heridos, la carne rosada de los niños,
y llevabais a la borda a las madres para que vieran lo que les ocurría!

¡Estar con vosotros en la matanza, en el pillaje!
¡Estar acompasado con vosotros en la sinfonía de los saqueos!
¡Ah, no sé qué, no sé cuánto querría yo ser de vosotros!
¡No era solo seros la hembra, seros las hembras, seros las víctimas,
seros las víctimas —hombres, mujeres, niños, navíos—,
no era solo ser la hora y los barcos y las olas,
no solo vuestras almas, vuestros cuerpos, vuestra furia, vuestro botín,
no solo ser concretamente vuestro acto abstracto de orgía,
no era solo esto lo que yo querría ser; era más que esto, oh Dios, esto!
¡Sería preciso ser dios, el dios de un culto a la inversa,
un dios monstruoso y satánico, un dios de un panteísmo de sangre,
para llegar a colmar toda la medida de mi furia imaginativa,
para nunca poder agotar mis deseos de identidad
con el cada, y el todo, y el más-que-todo de vuestras victorias!

¡Ah, torturadme para curarme!
¡Mi carne, haced de ella el aire que vuestros sables atraviesan
antes de caer sobre las cabezas y los hombros!
¡Mis venas sean las ropas que los cuchillos traspasan!
¡Mi imaginación, el cuerpo de las mujeres que violáis!
¡Mi inteligencia, la cubierta donde permanecéis en pie matando!
¡Mi vida toda, en su conjunto nervioso, histérico, absurdo,
el gran organismo del que cada acto de piratería cometido
fuera una célula consciente —y todo yo me arremolinase
como una inmensa podredumbre ondeando— y fuese aquello todo!

Con tal velocidad desmedida, pavorosa,
la máquina de fiebre de mis visiones rebosantes
gira ahora, que mi conciencia, volante,
es apenas un nebuloso círculo zumbando en el aire.

Fifteen men on the Dead Man’s Chest —
Yo-ho ho and a bottle of rum!

¡Eh, holá-holá-hoLá holá-a-aaa ááá…!

¡Ah, la salvajería de esta salvajería! ¡Mierda
para toda la vida como la nuestra, que no es nada de esto!
¡Yo, aquí, ingeniero, práctico a la fuerza, sensible a todo,
aquí parado, en relación a vosotros, incluso cuando ando;
incluso cuando actúo, inerte; incluso cuando me impongo, débil;
estático, quebrado, cobarde disidente de vuestra Gloria,
de vuestra gran dinámica estridente, caliente y sangrienta!

¡Arre! ¡Por no poder actuar de acuerdo con mi delirio!
¡Arre! ¡Por ir siempre agarrado a las faldas de la civilización!
¡Por ir con la douceur des moeurs a cuestas como una bolsa de encajes!

¡Mozos de cuerda —todos lo somos— del humanitarismo moderno!
¡Estupores de tísicos, de neuróticos, de asténicos,
sin coraje para ser gente de violencia y audacia,
con el alma como una gallina atada por una pata!

¡Ah, los piratas! ¡Los piratas!
¡El ansia de lo ilegal unido a lo feroz,
el ansia de las cosas absolutamente crueles y abominables,
que roe como un deseo abstracto nuestros cuerpos escuálidos,
nuestros nervios femeninos y delicados,
y pone grandes fiebres dementes en nuestras vacías miradas!

¡Obligadme a arrodillarme ante vosotros!
¡Humilladme y golpeadme!
¡Haced de mí vuestro esclavo y vuestra cosa!
¡Y que vuestro desprecio por mí nunca me abandone,
oh mis señores! ¡Oh mis señores!

¡Tomar siempre gloriosamente la parte sumisa
en los acontecimientos de sangre y en las sensualidades prolongadas!
¡Desplomaos sobre mí como grandes muros pesados,
oh bárbaros del mar antiguo!
¡Rasgadme y heridme!
¡De este a oeste de mi cuerpo,
rayad de sangre mi carne!
¡Besad con machetes de a bordo y azotes y rabia
mi alegre terror carnal de perteneceros,
mi ansia masoquista de darme a vuestra furia,
de ser el objeto inerte y sintiente de vuestra omnívora crueldad,
dominadores, señores, emperadores, corceles!
¡Ah, torturadme,
rasgadme y abridme!
¡Deshecho en pedazos conscientes,
derramadme sobre las cubiertas,
dispersadme por los mares, dejadme
en las ávidas playas de las islas!

¡Cebad sobre mí todo mi misticismo de vosotros!
¡Cincelad a sangre mi alma,
cortad, rayad!

¡Oh tatuadores de mi imaginación corpórea!
¡Despellejadores amados de mi carnal sumisión!
¡Sometedme como quien mata un perro a patadas!
¡Haced de mí el pozo para vuestro dominante desprecio!

¡Haced de mí vuestras víctimas todas!
¡Como Cristo sufrió por todos los hombres, quiero sufrir
por todas las víctimas de vuestras manos,
de vuestras manos callosas, sangrientas y de dedos cercenados
en los brutales asaltos a las amuradas!

¡Haced de mí cualquier cosa, como si yo fuera
arrastrado, —¡oh placer, oh besado dolor!—
arrastrado a la cola de caballos fustigados por vosotros…
¡Pero esto en el mar, esto en el ma-a-a-ar, esto en el MA-A-AR!
¡Eh-eh-eh-eh-eh-eh! ¡Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!
¡EH-EH-EH-EH-EH-EH! ¡EN EL MA-A-A-AR!

¡Yeh eh-eh-eh-eh-eh! ¡Yeh-eh-eh-eh-eh-eh! ¡Yeh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!
¡Todo grita! ¡Todo gritando! ¡Vientos, olas, navíos,
mareas, gavias, piratas, mi alma, la sangre, y el aire, y el aire!
¡Eh-eh-eh-eh! ¡Yeh-eh-eh-eh-eh! ¡Yeh-eh-eh-eh-eh-eh!
¡Todo canta gritando!

FIFTEEN MEN ON THE DEAD MAN’S CHEST —
YO-HO-HO AND A BOTTLE OF RUM!

¡Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!
¡Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh! ¡Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!
¡Eh-holá-holá-hoLÁ-A-A-áá-holá-á-á − aaa!

¡AHÓ-Ó-Ó Ó Ó Ó-Ó Ó Ó Ó Ó − yyy…!
¡SCHOONER AHÓ-Ó-Ó-Ó-Ó-Ó-Ó-Ó-Ó-Ó − yyyy…!

Darby M’Graw-aw-aw-aw-aw-aw!
DARBY M’GRAW-AW-AW-AW-AW-AW-AW!
FETCH A-A-AFT THE RU-U-U-U-U-UM, DARBY!

¡Eh Eh Eh Eh Eh Eh Eh Eh Eh Eh Eh Eh Eh!
¡Eh Eh Eh Eh Eh Eh Eh Eh Eh Eh Eh Eh Eh!
¡Eh Eh Eh Eh Eh Eh Eh Eh Eh Eh Eh Eh Eh!
¡EH EH EH EH EH EH EH EH EH EH EH EH!

¡EH EH EH EH EH EH EH EH EH EH EH EH!
.

Se rompe en mí alguna cosa. El rojo ha anochecido.
He sentido demasiado para poder continuar sintiendo.
Se me ha agotado el alma; queda solo un eco dentro de mí.
Decrece sensiblemente la velocidad del volante.
Mis sueños me quitan un poco las manos de los ojos.
Dentro de mí hay solo un vacío, un desierto, un mar nocturno.
Y en cuanto siento ese mar nocturno dentro de mí,
sabe de sus lejanías, nace de su silencio,
otra vez, otra vez el vasto grito antiquísimo.
De pronto, como un relámpago de sonido,
pero que no produce estruendo sino ternura,
Súbitamente, abarcando todo el horizonte marítimo,
húmedo y sombrío susurro humano en la noche,
una voz de lejana sirena llorando, llamando, viene
del fondo de lo Remoto, del fondo del Mar, del alma de los Abismos,
y en su superficie, como algas, flotan mis sueños disueltos…

Ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó − yyy…!
Schooner ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó − yyy…!

¡Ah, el relente sobre mi excitación!
¡El frescor nocturno en mi océano interior!
He aquí todo en mí de repente ante una noche en el mar
llena del enorme misterio humanísimo de las olas nocturnas.
La luna sube en el horizonte
y mi infancia feliz despierta, como una lágrima, en mí.
Mi pasado resurge, como si ese grito marítimo
fuese un aroma, una voz, el eco de una canción
que quisiera llamar a mi pasado,
a aquella felicidad que nunca más volveré a tener.

(Era en la vieja casa sosegada al pie del río…
Las ventanas de mi cuarto, y las del cenador también,
daban, sobre unas casas bajas, hacia el río cercano,
hacia el Tajo, este mismo Tajo, pero en otro punto, más adelante…
Si yo ahora llegase a las mismas ventanas
no llegaría a las mismas ventanas.
Aquel tiempo pasó, como el humo de un vapor en alta mar…)

Una inexplicable ternura,
un remordimiento conmovido y lacrimoso,
por todas aquellas víctimas —principalmente los niños—
que soñé hacer cuando me soñaba pirata antiguo,
emoción conmovida, porque ellas fueron mis víctimas;
tierna y suave, porque no lo fueron realmente;
una ternura confusa, como un cristal empañado, azulada,
canta viejas canciones en mi pobre alma dolorida.

Ah, ¿cómo pude yo pensar, soñar aquellas cosas?
¡Qué lejos estoy de lo que fui hace unos momentos!
¡Histeria de sensaciones; ora unas, ora las opuestas!
¡En la rubia mañana que se yergue, cómo mi oído solo escoge
las cosas de acuerdo con esta emoción: el oleaje de las aguas,
el oleaje leve de las aguas del río contra los muelles…
la vela pasando cerca del otro lado del río,
los montes lejanos, de un azul japonés,
las casas de Almada,
y lo que hay de suavidad y de infancia en la hora matutina!…

Una gaviota que pasa,
y mi ternura es mayor.

Pero en todo este tiempo no estaba fijándome en nada.
Todo esto fue una impresión solo de la piel, como una caricia.
¡En todo este tiempo no aparté los ojos de mi sueño lejano,
de mi casa al pie del río,
de mi infancia al pie del río,
de las ventanas de mi cuarto dando hacia el río de noche,
y la paz de la luz lunar dispersa en las aguas!…

Mi vieja tía, que me quería a causa del hijo que perdió…
Mi vieja tía solía adormecerme cantándome
(aunque yo fuera ya demasiado mayor para eso)…
Me acuerdo, y las lágrimas caen sobre mi corazón y lo lavan de la vida,
y se alza una leve brisa marina dentro de mí.
A veces ella cantaba la “Nau Catrineta”:

Lá vai a Nau Catrineta
por sobre as águas do mar…

Y otras veces, con una melodía muy nostálgica, y tan medieval,
era la “Bela Infanta”…
Recuerdo, y la pobre vieja voz se alza dentro de mí y me recuerda
qué poco me acordé de ella después, ¡y ella me quería tanto!
Qué ingrato fui con ella… Y al final ¿qué hice yo de la vida?
Era la “Bela Infanta”… Yo cerraba los ojos y ella cantaba:

Estando a Bela Infanta
no seu jardim assentada…

Yo abría un poco los ojos y veía la ventana llena de luz de luna
y después cerraba los ojos otra vez, y con todo esto era feliz.

Estando a Bela Infanta
no seu jardim assentada,
seu pente de ouro na mão,
seus cabelos penteava…

¡Oh, mi pasado de infancia, el muñeco que me rompieron!
¡No poder viajar hacia el pasado, hacia aquella casa y aquel afecto,
y quedarme allá para siempre, siempre niño y siempre alegre!

Pero todo esto fue el Pasado, farola en una esquina de calle vieja.
Pensar esto da frío, da hambre de una cosa que no se puede obtener.
Me produce no sé qué remordimiento absurdo pensar en esto.
¡Oh lento remolino de sensaciones desencontradas!
¡Tenue vértigo de confusas cosas en el alma!
Furias partidas, ternuras como cochecitos con que los niños juegan,
grandes desmoronamientos de la imaginación
sobre los ojos de los sentidos,
lágrimas, lágrimas inútiles,
leves brisas de contradicción rozando la superficie del alma…
.

Evoco, por un esfuerzo voluntario, para salir de esta emoción,
evoco, con un esfuerzo desesperado, seco, nulo,
la canción del Gran Pirata, cuando estaba muriéndose:

Fifteen men on the Dead Man’s Chest —
Yo-ho-ho and a bottle of rum!

Pero la canción es una línea recta mal trazada dentro de mí…
Me esfuerzo y consigo convocar otra vez ante mis ojos en el alma,
otra vez, pero a través de una imaginación casi literaria,
la furia de la piratería, de la matanza, el apetito, casi el paladar,
del saqueo, de la matanza inútil de mujeres y de niños,
de la tortura fútil, y solo para distraernos, de los pasajeros pobres,
y el deleite de estropear y romper las cosas más queridas de los otros,
pero sueño todo esto con el miedo de algo respirando sobre mi nuca.

Me acuerdo de que sería interesante
ahorcar a los hijos a la vista de las madres
(pero sin querer, me siento las madres de ellos),
enterrar vivos en islas desiertas a los niños de cuatro años
llevando a los padres en barcos hasta allí para que los viesen
(pero me estremezco al pensar en un hijo que no tengo
y que está durmiendo tranquilamente en casa).

Aguijoneo el ansia fría de los crímenes marítimos,
de una inquisición sin la disculpa de la fe,
crímenes sin ni siquiera la razón de ser de la maldad y la furia,
cometidos en frío, ni siquiera para herir, ni siquiera para hacer daño,
ni siquiera para divertirnos, sino solo para pasar el tiempo,
como quien hace solitarios en una mesa de cenar de pueblo,
con el mantel apartado hacia el otro lado de la mesa tras la cena,
solo por el suave gusto de cometer crímenes abominables
y no encontrarlos gran cosa,
de ver sufrir hasta el punto de la locura y de la muerte-por-dolor
aunque sin nunca dejar que se llegue a ella…
Pero mi imaginación se niega a acompañarme.

Un escalofrío me estremece.
Y de repente, más de repente que la otra vez, desde más lejos,
desde más hondo, de repente —¡oh pavor por todas mis venas!
¡oh frío repentino de la puerta hacia el Misterio que se ha abierto
dentro de mí dejando entrar una corriente de aire!—
me acuerdo de Dios, de lo Trascendental de la vida, y de repente
la vieja voz del marinero inglés Jim Barns con quien yo hablaba,
hecha voz de las ternuras misteriosas dentro de mí,
de las pequeñas cosas de regazo de madre
y de cinta del pelo de hermana,
pero asombrosamente venida de allende la apariencia de las cosas,
la Voz sorda y remota convertida en la Voz Absoluta, la Voz Sin Boca,
venida de sobre y de dentro de la soledad nocturna de los mares,
me llama, me llama, me llama…

Viene sordamente, como si fuera amortiguada y se oyera  a lo lejos,
como si estuviera sonando en otro lugar y aquí no se pudiese oír,
como un sollozo ahogado, una luz que se apaga, un aliento silencioso.
de ninguna parte del espacio, de ningún lugar en el tiempo,
el grito eterno y nocturno, el soplo hondo y confuso:

Ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó − yyy…!!
Ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó − yyy…!!
Schooner ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó − yyy…!!

Tiemblo con frío del alma recorriéndome el cuerpo
y abro de repente los ojos, que no había cerrado.
¡Ah, qué alegría la de salir de los sueños de pronto!
¡He aquí otra vez el mundo real, tan beneficioso para los nervios!
Helo aquí, a esta hora matutina
a la que entran los paquebotes que llegan temprano.

Ya no me importa el paquebote que entraba. Aún está lejos.
Solo lo que está cerca me limpia ahora el alma.
Mi imaginación higiénica, fuerte, práctica,
tan solo se preocupa ahora de las cosas modernas y útiles,
de los barcos de carga, de los paquebotes y los pasajeros,
de las fuertes cosas inmediatas, modernas, comerciales, verdaderas.
Atenúa su giro dentro de mí el volante.

¡Maravillosa vida marítima moderna,
toda limpieza, máquinas y salud!
¡Todo tan bien arreglado, tan espontáneamente ajustado;
todas las piezas de las máquinas, todos los barcos en los mares,
todos los elementos de la actividad comercial
de exportación e importación combinándose tan maravillosamente
que todo funciona como si fuera por leyes naturales,
sin que ninguna cosa tropiece con otra!

Nada ha perdido la poesía. Y ahora están además las máquinas,
con su poesía también, y todo el nuevo género de vida
comercial, mundana, intelectual, sentimental,
que la era de las máquinas ha venido a traer a las almas.
Los viajes ahora son tan bellos como eran antaño
y un barco será siempre bello solo porque es un barco.
Viajar es todavía viajar y lo remoto está siempre donde estuvo:
¡en ninguna parte, gracias a Dios!

¡Los puertos llenos de vapores de muchos tipos!
¡Pequeños, grandes, de varios colores,
con diversas disposiciones de portillas,
de tan deliciosamente tantas compañías de navegación!
¡Vapores en los puertos,
tan individuales en la separación destacada de los atraques,
tan placentero su garbo quieto de cosas comerciales
que van por el mar! ¡Por el viejo mar siempre homérico, oh Ulises!

¡La mirada humanitaria de los faros en la distancia de la noche,
o el súbito faro próximo en la noche muy oscura
(«¡Qué cerca de tierra que estábamos pasando!»)
y el sonido del agua nos canta al oído!…

Todo esto es hoy como siempre fue, pero está el comercio,
y el destino comercial de los grandes vapores.
¡Me vanaglorio de mi época!
La mezcla de gente a bordo de los buques de pasaje me produce
el orgullo moderno de vivir en una época en la que es tan fácil
mezclarse las razas, transponerse los espacios, ver con facilidad
todas las cosas y gozar la vida realizando un gran número de sueños.

Limpios, regulares, modernos, como una oficina con ventanillas
entre enrejados de alambre dorado, mis sentimientos ahora,
naturales y comedidos, de hombre moderno, son prácticos,
lejos de desvaríos, llenan de aire marino los pulmones,
como gente perfectamente consciente
de cuán saludable es respirar el aire del mar.

El día ha entrado plenamente en horas de trabajo.
Todo empieza a moverse, a regularizarse.

Con un gran placer natural y directo recorro con el alma
todas las operaciones comerciales necesarias
para un embarque de mercancías.
Mi época es el sello que llevan todas las facturas
y siento que todas las cartas de todos los despachos
debieran estar dirigidas a mí.

¡Un documento de a bordo tiene tanta individualidad,
y una firma de capitán de barco es tan bella y moderna!
Rigor comercial del principio y del fin de las cartas:
Dear Sirs – Messieurs − Estimados Sres…
Yours faithfully − Nos salutations empressées…
Todo esto es no solo humano y limpio, sino también bello,
y tiene al fin un destino marítimo, un vapor donde embarquen
las mercancías de las que las cartas y las facturas tratan.

¡Complejidad de la vida! Las facturas están hechas por gente
que tiene amores, odios, pasiones políticas, a veces crímenes;
¡y están tan bien escritas, tan alineadas,
tan independientes de todo eso!
Hay quien mira una factura y no siente esto.
Con seguridad que tú, Cesário Verde, lo sentías.
Yo incluso hasta las lágrimas lo siento humanísimamente.
¡Que vengan a decirme que no hay poesía en el comercio,
en los despachos! Ahora, me entra por todos los poros…
En este aire marino la respiro, porque todo esto viene a propósito
de los vapores, de la navegación moderna, porque las facturas
y las cartas comerciales son el principio de la historia,
y los barcos que llevan las mercancías por el mar eterno son el fin.

Ah, y los viajes, los viajes de recreo, y los otros,
los viajes por mar, donde todos somos compañeros de los demás
de una manera especial, como si un misterio marítimo
aproximara nuestras almas y nos volviera momentáneamente
compatriotas transitorios de una misma patria incierta,
desplazándonos eternamente sobre la inmensidad de las aguas!
¡Grandes hoteles de lo Infinito, oh transatlánticos míos!

¡Con el cosmopolitismo perfecto y total de no detenerse
nunca en un punto y contener toda clase de trajes, de caras, de razas!

¡Los viajes, los viajeros; de tantos tipos diferentes!
¡Tanta nacionalidad sobre el mundo! ¡Tanta profesión! ¡Tanta gente!
¡Tanto destino diferente que se le puede dar a la vida,
a la vida, al final, en el fondo siempre, siempre la misma!
¡Tantas caras curiosas! Todas las caras son curiosas
y nada aporta tanta religiosidad como mirar mucho a la gente.
La fraternidad realmente no es una idea revolucionaria; es algo
que la gente aprende por la vida adelante, donde debe tolerarlo todo
y llega a encontrarle gracia a lo que tiene que tolerar,
¡y acaba casi llorando de ternura sobre lo que ha tolerado!

Ah, todo esto es bello, todo esto es humano y está conectado
con los sentimientos humanos, tan convivientes y burgueses.
¡Tan complicadamente simples, tan metafísicamente tristes!
La vida fluctuante, diversa, acaba por educarnos en lo humano.
¡Pobre gente! ¡Pobre gente toda la gente!

Me despido de esta hora en el cuerpo de este otro barco
que está saliendo ahora. Es un carguero inglés,
muy sucio, como si fuera un barco francés,
con un aire simpático de proletario de los mares,
y sin duda anunciado ayer en la última página de los diarios.

Me enternece el pobre vapor, tan humilde va él y tan natural.
Parece tener un cierto escrúpulo no sé por qué,
de ser persona honesta, cumplidora de cualquier clase de deber.
Allá va él dejando el lugar delante del muelle donde estoy.
Allá va él tranquilamente, pasando por donde las naos estuvieron,
otrora, otrora…
¿Hacia Cardiff? ¿Hacia Liverpool? ¿Hacia Londres?
No tiene importancia.
Él cumple su deber. Así cumplamos nosotros el nuestro.
¡Bella vida! ¡Buen viaje! ¡Buen viaje!
Buen viaje, mi pobre amigo casual, que me has hecho el favor
de llevarte contigo la fiebre y la tristeza de mis sueños,
y restituirme a la vida para mirar hacia ti y verte pasar.
¡Buen viaje! ¡Buen viaje! La vida es esto…

¡Qué aplomo tan natural, tan inevitablemente matutino
en tu salida del puerto de Lisboa, hoy!
Te tengo un afecto curioso y grato por eso…
¿Por ese qué? ¡A saber lo que es!… Ve… Pasa…
Con un ligero estremecimiento
(T-t–t—t––t—–t…)
el volante dentro de mí se detiene.

Pasa, lento vapor, pasa y no te quedes…
Pasa de mí, pasa de mi vista,
vete de dentro de mi corazón,
piérdete en lo Remoto, en lo Remoto, bruma de Dios,
piérdete, sigue tu destino y déjame…
¿Quién soy yo para llorar e interrogar?
¿Quién soy yo para hablarte y amarte?
¿Quién soy yo para que me perturbe verte?
Zarpa del muelle; crece el sol, se alza oro,
lucen los tejados de los edificios del muelle,
toda la zona de aquí de la ciudad brilla…
Parte, déjame, vuélvete.
Primero el barco en mitad del río, destacado y nítido,
después el barco de camino a la bocana, pequeño y negro,
después punto vago en el horizonte (¡oh angustia mía!),
punto cada vez más vago en el horizonte…
Nada después, y solo yo y mi tristeza,
y la gran ciudad, ahora llena de sol,
y la hora real y desnuda como un muelle ya sin barcos,
y el giro lento de la grúa que, como un compás al girar,
traza un semicírculo de no sé qué emoción
en el silencio conmovido de mi alma…
.


Notas
Ahoy! Schooner ahoy!: ‘¡Ah del barco! ¡Ah de la goleta!’.
Darby M’Graw! Tetch aft the rum, Darby!: ‘¡Darby M’Graw, ve a popa a por el ron, Darby!’. Últimas palabras (pronunciadas por su fantasma) del capitán Flint en La isla del tesoro de Stevenson.
Estando a Bela Infanta / no seu jardim assentada, / seu pente de ouro na mão, / seus cabelos penteava: ‘Estando la Bella Infanta / en su jardín sentada, / su peine de oro en la mano, / sus cabellos peinaba.’ Comienzo del Romance da Bela Infanta (Youtube).
Fifteen men on the Dead Man’s Chest — / Yo-ho-ho, and a bottle of rum! ( / Drink and the devil had done for the rest — / Yo-ho-ho, and a bottle of rum!): ‘¡Quince hombres sobre el Cofre del Muerto, / hale-oh, y una botella de ron! / ¡La bebida y el diablo hicieron el resto, / hale-oh, y una botella de ron!’. Conocida canción pirata creada por Robert Louis Stevenson para La isla del tesoro, que podría estar basada en hechos sucedidos a principios del siglo XVIII en el islote de Dead Chest (‘cofre o pecho del muerto’), perteneciente a las Islas Vírgenes. Al parecer un capitán pirata abandonó en el islote a parte de su tripulación amotinada, sin comida ni agua y con una botella de ron y un cuchillo por cabeza, con la intención de que se matasen entre sí; al regresar al cabo de un mes encontró a quince de los hombres aún vivos. (Fuente)
La douceur des moeurs: ‘la suavidad de costumbres’, la buena educación, los buenos modales.
Lá vai a Nau Catrineta / por sobre as águas do mar: ‘Allá va la Nao Catrineta / sobre las aguas del mar.’Comienzo del Romance da Nau Catrineta. (Youtube).
Marooned!: ‘¡Abandonado!’. ‘Marooning’ es el acto de abandonar a alguien en una isla desierta. Solía ser un castigo para los tripulantes amotinados de un barco, o para los capitanes y oficiales a manos de la tripulación en caso de triunfo del motín. En general un hombre era abandonado en una isla desierta, a veces nada más que una barra de arena, con solo un poco de comida, un recipiente con agua y una pistola cargada para que pudiera suicidarse. En La isla del tesoro, Ben Gunn, un miembro de la tripulación del capitán Flint, es abandonado en la isla durante tres años.

.

Términos marinos
Amurada. Cada uno de los costados de un buque por la parte interior.
Bocana (pt. barra). Entrada a una bahía, fondeadero o puerto.
Carguero. Buque de carga. (En el original ‘tramp-steamer‘, buque dedicado al comercio, sin rutas o escalas determinadas).
Castillo de popa o toldilla (pt. tombadilho). Parte elevada de algunos buques desde el palo de mesana a la popa.
Combés (pt. convés). Parte de la cubierta superior de un navío desde el palo mayor hasta el castillo de proa.
Gavia (pt. gávea). Vela que se coloca en los masteleros de una nave. También se denomina así a veces a la cofa.
Gaviero (pt. gajeiro). Marinero que se ocupa de vigilar desde la cofa o gavia (plataforma en lo alto de los mástiles para asegurar cabos y apostar vigías).
Goleta (pt. escuna). Barco de vela de dos o más palos.
Guardines (pt. galdropes). Los dos cabos o cadenas que mueven el timón de un barco.
Nao (pt. nau). Navío utilizado entre os siglos XIV y XVI caracterizado por un elevado francobordo, tres mástiles dotados de velas cuadradas y castillos en proa y popa.
Padrón (pt. padrão). Lápida o columna de piedra rematada por una cruz que llevaba grabadas las armas de Portugal y una inscripción, utilizada por los navegantes portugueses para establecer la presencia o soberanía de su país en los lugares que descubrían.
Pañol (pt. porão). Cada uno de los compartimentos del buque destinados a guardar víveres y pertrechos.
Paquebote (pt. paquete). Barco de vapor utilizado durante el siglo XIX para el transporte de correo y pasaje. En portugués el término ‘paquete’ siguió designando posteriormente a los grandes navíos que en español pasaron a ser llamados transatlánticos.
Poleame (pt. poleame). Conjunto de las poleas de una embarcación.
Portilla (pt. vigia). Cada una de las aberturas en los costados de los buques, cerradas con un cristal grueso, para iluminar las diversas dependencias.
Sobrecargo (pt. comissário de bordo). Oficial que se ocupa de la documentación y administración de la carga y la tripulación de un barco.
Toldilla (pt. tombadilho). Castillo de popa.
Vapor (Barco de). Cualquier buque impulsado por máquinas de vapor.
Verga. Cada uno de los palos perpendiculares a los mástiles de un navío a los que se aseguran las velas.


Fernando Pessoa. Ode marítima
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Ode marítima

Sozinho, no cais deserto, a esta manhã de Verão,
Olho pró lado da barra, olho pró Indefinido,
Olho e contenta-me ver,
Pequeno, negro e claro, um paquete entrando.
Vem muito longe, nítido, clássico à sua maneira.
Deixa no ar distante atrás de si a orla vã do seu fumo.
Vem entrando, e a manhã entra com ele, e no rio,
Aqui, acolá, acorda a vida marítima,
Erguem-se velas, avançam rebocadores,
Surgem barcos pequenos detrás dos navios que estão no porto.
Há uma vaga brisa.
Mas a minh’alma está com o que vejo menos.
Com o paquete que entra,
Porque ele está com a Distância, com a Manhã,
Com o sentido marítimo desta Hora,
Com a doçura dolorosa que sobe em mim como uma náusea,
Como um começar a enjoar, mas no espírito.

Olho de longe o paquete, com uma grande independência de alma,
E dentro de mim um volante começa a girar, lentamente.

Os paquetes que entram de manhã na barra
Trazem aos meus olhos consigo
O mistério alegre e triste de quem chega e parte.
Trazem memórias de cais afastados e doutros momentos
Doutro modo da mesma humanidade noutros pontos.
Todo o atracar, todo o largar de navio,
É — sinto-o em mim como o meu sangue —
Inconscientemente simbólico, terrivelmente
Ameaçador de significações metafísicas
Que perturbam em mim quem eu fui…

Ah, todo o cais é uma saudade de pedra!
E quando o navio larga do cais
E se repara de repente que se abriu um espaço
Entre o cais e o navio,
Vem-me, não sei porquê, uma angústia recente,
Uma névoa de sentimentos de tristeza
Que brilha ao sol das minhas angústias relvadas
Como a primeira janela onde a madrugada bate,
E me envolve com uma recordação duma outra pessoa
Que fosse misteriosamente minha.

Ah, quem sabe, quem sabe,
Se não parti outrora, antes de mim,
Dum cais; se não deixei, navio ao sol
Oblíquo da madrugada,
Uma outra espécie de porto?
Quem sabe se não deixei, antes de a hora
Do mundo exterior como eu o vejo
Raiar-se para mim,
Um grande cais cheio de pouca gente,
Duma grande cidade meio-desperta,
Duma enorme cidade comercial, crescida, apopléctica,
Tanto quanto isso pode ser fora do Espaço e do Tempo?

Sim, dum cais, dum cais dalgum modo material,
Real, visível como cais, cais realmente,
O Cais Absoluto por cujo modelo inconscientemente imitado,
Insensivelmente evocado,
Nós os homens construímos
Os nossos cais nos nossos portos,
Os nossos cais de pedra actual sobre água verdadeira,
Que depois de construídos se anunciam de repente
Coisas-Reais, Espíritos-Coisas, Entidades em Pedra-Almas,
A certos momentos nossos de sentimento-raiz
Quando no mundo-exterior como que se abre uma porta
E, sem que nada se altere,
Tudo se revela diverso.

Ah o Grande Cais donde partimos em Navios-Nações!
O Grande Cais Anterior, eterno e divino!
De que porto? Em que águas? E porque penso eu isto?
Grandes Cais como os outros cais, mas o ònico.
Cheio como eles de silêncios rumorosos nas antemanhãs,
E desabrochando com as manhãs num ruído de guindastes
E chegadas de comboios de mercadorias,
E sob a nuvem negra e ocasional e leve
Do fundo das chaminés das fábricas próximas
Que lhe sombreia o chão preto de carvão pequenino que brilha,
Como se fosse a sombra duma nuvem que passasse sobre água sombria.

Ah, que essencialidade de mistério e sentido parados
Em divino êxtase revelador
Ës horas cor de silêncios e angústias
Não é ponte entre qualquer cais e O Cais!

Cais negramente reflectido nas águas paradas,
Bulício a bordo dos navios,
Ó alma errante e instável da gente que anda embarcada,
Da gente simbólica que passa e com quem nada dura,
Que quando o navio volta ao porto
Há sempre qualquer alteração a bordo!

Ó fugas contínuas, idas, ebriedade do Diverso!
Alma eterna dos navegadores e das navegações!
Cascos reflectidos devagar nas águas,
Quando o navio larga do porto!
Flutuar como alma da vida, partir como voz,
Viver o momento tremulamente sobre águas eternas.
Acordar para dias mais directos que os dias da Europa.
Ver portos misteriosos sobre a solidão do mar,
Virar cabos longínquos para súbitas vastas paisagens
Por inumeráveis encostas atónitas…

Ah, as praias longínquas, os cais vistos de longe,
E depois as praias próximas, os cais vistos de perto.
O mistério de cada ida e de cada chegada,
A dolorosa instabilidade e incompreensibilidade
Deste impossível universo
A cada hora marítima mais na própria pele sentido!
O soluço absurdo que as nossas almas derramam
Sobre as extensões de mares diferentes com ilhas ao longe,
Sobre as ilhas longínquas das costas deixadas passar,
Sobre o crescer nítido dos portos, com as suas casas e a sua gente,
Para o navio que se aproxima.

Ah, a frescura das manhãs em que se chega,
E a palidez das manhãs em que se parte,
Quando as nossas entranhas se arrepanham
E uma vaga sensação parecida com um medo
— O medo ancestral de se afastar e partir,
o misterioso receio ancestral à Chegada e ao Novo —
Encolhe-nos a pele e agonia-nos,
E todo o nosso corpo angustiado sente,
Como se fosse a nossa alma,
Uma inexplicável vontade de poder sentir isto doutra maneira:
Uma saudade a qualquer coisa,
Uma perturbação de afeições a que vaga pátria?
A que costa? a que navio? a que cais?
Que se adoece em nós o pensamento,
E só fica um grande vácuo dentro de nós,
Uma oca saciedade de minutos marítimos,
E uma ansiedade vaga que seria tédio ou dor
Se soubesse como sê-lo…

A manhã de Verão está, ainda assim, um pouco fresca.
Um leve torpor de noite anda ainda no ar sacudido.
Acelera-se ligeiramente o volante dentro de mim.
E o paquete vem entrando, porque deve vir entrando sem dúvida,
E não porque eu o veja mover-se na sua distância excessiva.

Na minha imaginação ele está já perto e é visível
Em toda a extensão das linhas das suas vigias.
E treme em mim tudo, toda a carne e toda a pele,
Por causa daquela criatura que nunca chega em nenhum barco
E eu vim esperar hoje ao cais, por um mandado oblíquo.

Os navios que entram a barra,
Os navios que saem dos portos,
Os navios que passam ao longe
(Suponho-me vendo-os duma praia deserta) —
Todos estes navios abstractos quase na sua ida
Todos estes navios assim comovem-me como se fossem outra coisa
E não apenas navios, navios indo e vindo.

E os navios vistos de perto, mesmo que se não vá embarcar neles,
Vistos de baixo, dos botes, muralhas altas de chapas,
Vistos dentro, através das câmaras, das salas, das despensas,
Olhando de perto os mastros, afilando-se lá pró alto,
Roçando pelas cordas, descendo as escadas incómodas,
Cheirando a untada mistura metálica e marítima de tudo aquilo —
Os navios vistos de perto são outra coisa e a mesma coisa,
Dão a mesma saudade e a mesma ânsia doutra maneira.

Toda a vida marítima! tudo na vida marítima!
Insinua-se no meu sangue toda essa sedução fina
E eu cismo indeterminadamente as viagens.
Ah, as linhas das costas distantes, achatadas pelo horizonte!
Ah, os cabos, as ilhas, as praias areentas!
As solidões marítimas como certos momentos no Pacífico
Em que não sei por que sugestão aprendida na escola
Se sente pesar sobre os nervos o facto de que aquele é o maior dos oceanos
E o mundo e o sabor das coisas tornam-se um deserto dentro de nós!
A extensão mais humana, mais salpicada, do Atlântico!
O Índico, o mais misterioso dos oceanos todos!
O Mediterrâneo, doce, sem mistério nenhum, clássico, um mar para bater
De encontro a esplanadas olhadas de jardins próximos por estátuas brancas!
Todos os mares, todos os estreitos, todas as baías, todos os golfos,
Queria apertá-los ao peito, senti-los bem e morrer!

E vós, ó coisas navais, meus velhos brinquedos de sonho!
Componde fora de mim a minha vida interior!
Quilhas, mastros e velas, rodas do leme, cordagens,
Chaminés de vapores, hélices, gáveas, flâmulas,
Galdropes, escotilhas, caldeiras, colectores, válvulas;
Caí, por mim dentro em montão, em monte,
Como o conteúdo confuso de uma gaveta despejada no chão!
Sede vós o tesouro da minha avareza febril,
Sede vós os frutos da árvore da minha imaginação,
Tema de cantos meus, sangue nas veias da minha inteligência,
Vosso seja o laço que me une ao exterior pela estética,
Fornecei-me metáforas imagens, literatura,
Porque em real verdade, a sério, literalmente,
Minhas sensações são um barco de quilha pró ar,
Minha imaginação uma âncora meio submersa,
Minha ânsia um remo partido,
E a tessitura dos meus nervos uma rede a secar na praia!

Soa no acaso do rio um apito, só um.
Treme já todo o chão do meu psiquismo.
Acelera-se cada vez mais o volante dentro de mim.

Ah, os paquetes, as viagens, o não-se-saber-o-paradeiro
De Fulano-de-tal, marítimo, nosso conhecido!
Ah, a glória de se saber que um homem que andava connosco
Morreu afogado ao pé duma ilha do Pacífico!
Nós que andámos com ele vamos falar nisso a todos,
Com um orgulho legítimo, com uma confiança invisível
Em que tudo isso tenha um sentido mais belo e mais vasto
Que apenas o ter-se perdido o barco onde ele ia
E ele ter ido ao fundo por lhe ter entrado água prós pulmões!

Ah, os paquetes, os navios-carvoeiros, os navios de vela!
Vão rareando — ai de mim! — os navios de vela nos mares!
E eu, que amo a civilização moderna, eu que beijo com a alma as máquinas,
Eu o engenheiro, eu o civilizado, eu o educado no estrangeiro,
Gostaria de ter outra vez ao pé da minha vista só veleiros e barcos de madeira,
De não saber doutra vida marítima que a antiga vida dos mares!
Porque os mares antigos são a Distância Absoluta,
O Puro Longe, liberto do peso do Actual…
E ah, como aqui tudo me lembra essa vida melhor,
Esses mares, maiores, porque se navegava mais devagar.
Esses mares, misteriosos, porque se sabia menos deles.

Todo o vapor ao longe é um barco de vela perto.
Todo o navio distante visto agora é um navio no passado visto próximo.
Todos os marinheiros invisíveis a bordo dos navios no horizonte
São os marinheiros visíveis do tempo dos velhos navios,
Da época lenta e veleira das navegações perigosas,
Da época de madeira e lona das viagens que duravam meses.

Toma-me pouco a pouco o delírio das coisas marítimas,
Penetram-me fisicamente o cais e a sua atmosfera,
O marulho do Tejo galga-me por cima dos sentidos,
E começo a sonhar, começo a envolver-me do sonho das águas,
Começam a pegar bem as correias-de-transmissão na minha alma
E a aceleração do volante sacode-me nitidamente.

Chamam por mim as águas,
Chamam por mim os mares.
Chamam por mim, levantando uma voz corpórea, os longes,
As épocas marítimas todas sentidas no passado, a chamar.

Tu, marinheiro inglês, Jim Barns meu amigo, foste tu
Que me ensinaste esse grito antiquíssimo, inglês,
Que tão venenosamente resume
Para as almas complexas como a minha
O chamamento confuso das águas,
A voz inédita e implícita de todas as coisas do mar,
Dos naufrágios, das viagens longínquas, das travessias perigosas.
Esse teu grito inglês, tornado universal no meu sangue,
Sem feitio de grito, sem forma humana nem voz,
Esse grito tremendo que parece soar
De dentro duma caverna cuja abóbada é o céu
E parece narrar todas as sinistras coisas
Que podem acontecer no Longe, no Mar, pela Noite…
(Fingias sempre que era por uma escuna que chamavas,
E dizias assim, pondo uma mão de cada lado da boca,
Fazendo porta-voz das grandes mãos curtidas e escuras:

Ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó—yyyy…
Schooner ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó — yyyy…)

Escuto-te de aqui, agora, e desperto a qualquer coisa.
Estremece o vento. Sobe a manhã. O calor abre.
Sinto corarem-me as faces.
Meus olhos conscientes dilatam-se.
O êxtase em mim levanta-se, cresce avança,
E com um ruído cego de arruaça acentua-se
O giro vivo do volante.

Ó clamoroso chamamento
A cujo calor, a cuja fúria fervem em mim
Numa unidade explosiva todas as minhas ânsias,
Meus próprios tédios tornados dinâmicos, todos!…
Apelo lançado ao meu sangue
Dum amor passado, não sei onde, que volve
E ainda tem força para me atrair e puxar,
Que ainda tem força para me fazer odiar esta vida
Que passo entre a impenetrabilidade física e psíquica
Da gente real com que vivo!

Ah seja como for, seja por onde for, partir!
Largar por aí fora, pelas ondas, pelo perigo, pelo mar.
Ir para Longe, ir para Fora, para a Distância Abstracta,
Indefinidamente, pelas noites misteriosas e fundas,
Levado, como a poeira, plos ventos, plos vendavais!
Ir, ir, ir, ir de vez!
Todo o meu sangue raiva por asas!
Todo o meu corpo atira-se prà frente!
Galgo pla minha imaginação fora em torrentes!
Atropelo-me, rujo, precipito-me!…
Estoiram em espuma as minhas ânsias
E a minha carne é uma onda dando de encontro a rochedos!

Pensando nisto — ó raiva! pensando nisto — ó fúria!
Pensando nesta estreiteza da minha vida cheia de ânsias,
Subitamente, tremulamente, extraorbitadamente,
Com uma oscilação viciosa, vasta, violenta,
Do volante vivo da minha imaginação,
Rompe, por mim, assobiando, silvando, vertiginando,
O cio sombrio e sádico da estrídula vida marítima.

Eh marinheiros, gajeiros! eh tripulantes, pilotos!
Navegadores, mareantes, marujos, aventureiros!
Eh capitães de navios! homens ao leme e em mastros!
Homens que dormem em beliches rudes!
Homens que dormem co’o Perigo a espreitar plas vigias!
Homens que dormem co’a Morte por travesseiro!
Homens que têm tombadilhos, que têm pontes donde olhar
A imensidade imensa do mar imenso!
Eh manipuladores dos guindastes de carga!
Eh amainadores de velas, fogueiros, criados de bordo!
Homens que metem a carga nos porões!
Homens que enrolam cabos no convés!
Homens que limpam os metais das escotilhas!
Homens do leme! homens das máquinas! homens dos mastros!
Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!
Gente de boné de pala! Gente de camisola de malha!
Gente de âncoras e bandeiras cruzadas bordadas no peito!
Gente tatuada! gente de cachimbo! gente de amurada!
Gente escura de tanto sol, crestada de tanta chuva,
Limpa de olhos de tanta imensidade diante deles,
Audaz de rosto de tantos ventos que lhes bateram a valer!

Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!
Homens que vistes a Patagónia!
Homens que passastes pela Austrália!
Que enchestes o vosso olhar de costas que nunca verei!
Que fostes a terra em terras onde nunca descerei!
Que comprastes artigos toscos em colónias à proa de sertões!
E fizestes tudo isso como se não fosse nada!
Como se isso fosse natural,
Como se a vida fosse isso,
Como nem sequer cumprindo um destino!
Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!
Homens do mar actual! homens do mar passado!
Comissários de bordo! escravos das galés! combatentes de Lepanto!
Piratas do tempo de Roma! Navegadores da Grécia!
Fenícios! Cartagineses! Portugueses atirados de Sagres
Para a aventura indefinida, para o Mar Absoluto, para realizar o Impossível!
Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!
Homens que erguestes padrões, que destes nomes a cabos!
Homens que negociastes pela primeira vez com pretos!
Que primeiro vendestes escravos de novas terras!
Que destes o primeiro espasmo europeu às negras atónitas!
Que trouxestes ouro, missanga, madeiras cheirosas, setas,
De encostas explodindo em verde vegetação!
Homens que saqueastes tranquilas povoações africanas,
Que fizestes fugir com o ruído de canhões essas raças,
Que matastes, roubastes, torturastes, ganhastes
Os prémios de Novidade de quem, de cabeça baixa
Arremete contra o mistério de novos mares! Eh-eh-eh-eh-eh!
A vós todos num, a vós todos em vós todos como um,
A vós todos misturados, entrecruzados,
A vós todos sangrentos, violentos, odiados, temidos, sagrados,
Eu vos saúdo, eu vos saúdo, eu vos saúdo!
Eh-eh-eh-eh eh! Eh eh-eh-eh eh! Eh-eh-eh-eh-eh-eh eh!
Eh lahô-lahô laHO-lahá-á-á-à-à!

Quero ir convosco, quero ir convosco,
Ao mesmo tempo com vós todos
Pra toda a parte pr’onde fostes!
Quero encontrar vossos perigos frente a frente,
Sentir na minha cara os ventos que engelharam as vossas.
Cuspir dos lábios o sal dos mares que beijaram os vossos,
Ter braços na vossa faina, partilhar das vossas tormentas,
Chegar como vós, enfim, a extraordinários portos!
Fugir convosco à civilização!
Perder convosco a noção da moral!
Sentir mudar-se no longe a minha humanidade!
Beber convosco em mares do sul
Novas selvajarias, novas balbúrdias da alma,
Novos fogos centrais no meu vulcânico espírito!
Ir convosco, despir de mim — ah! põe-te daqui pra fora! —
O meu traje de civilizado, a minha brandura de acções,
Meu medo inato das cadeias,
Minha pacífica vida,
A minha vida sentada, estática, regrada e revista!

No mar, no mar, no mar, no mar,
Eh! pôr no mar, ao vento, às vagas,
A minha vida!
Salgar de espuma arremessada pelos ventos
Meu paladar das grandes viagens.
Fustigar de água chicoteante as carnes da minha aventura,
Repassar de frios oceânicos os ossos da minha existência,
Flagelar, cortar, engelhar de ventos, de espumas, de sóis,
Meu ser ciclónico e atlântico,
Meus nervos postos como enxárcias,
Lira nas mãos dos ventos!

Sim, sim, sim… Crucificai-me nas navegações
E as minhas espáduas gozarão a minha cruz!
Atai-me às viagens como a postes
E a sensação dos postes entrará pela minha espinha
E eu passarei a senti-los num vasto espasmo passivo!
Fazei o que quiserdes de mim, logo que seja nos mares,
Sobre conveses, ao som de vagas,
Que me rasgueis, mateis, firais!
O que quero é levar prà Morte
Uma alma a transbordar de Mar,
Ébria a cair das coisas marítimas,
Tanto dos marujos como das âncoras, dos cabos,
Tanto das costas longínquas como do ruído dos ventos
Tanto do Longe como do Cais, tanto dos naufrágios
Como dos tranquilos comércios,
Tanto dos mastros como das vagas,
Levar prà Morte com dor, voluptuosamente,
Um copo cheio de sanguessugas, a sugar, a sugar,
De estranhas verdes absurdas sanguessugas marítimas!

Façam enxárcias das minhas veias!
Amarras dos meus músculos!
Arranquem-me a pele, preguem-a às quilhas.
E possa eu sentir a dor dos pregos e nunca deixar de sentir!
Façam do meu coração uma flâmula de almirante
Na hora de guerra dos velhos navios!
Calquem aos pés nos conveses meus olhos arrancados!
Quebrem-me os ossos de encontro às amuradas!
Fustiguem-me atado aos mastros, fustiguem-me!
A todos os ventos de todas as latitudes e longitudes
Derramem meu sangue sobre as águas arremessadas
Que atravessam o navio, o tombadilho, de lado a lado,
Nas vascas bravas das tormentas!

Ter a audácia ao vento dos panos das velas!
Ser, como as gáveas altas, o assobio dos ventos!
A velha guitarra do Fado dos mares cheios de perigos,
Canção para os navegadores ouvirem e não repetirem!

Os marinheiros que se sublevaram
Enforcaram o capitão numa verga.
Desembarcaram um outro numa ilha deserta.
Marooned!

O sol dos trópicos pôs a febre da pirataria antiga
Nas minhas veias intensivas.
Os ventos da Patagónia tatuaram a minha imaginação
De imagens trágicas e obscenas.
Fogo, fogo, fogo, dentro de mim!
Sangue! sangue! sangue! sangue!
Explode todo o meu cérebro!
Parte-se-me o mundo em vermelho!
Estoiram-me com o som de amarras as veias!
E estala em mim, feroz, voraz,
A canção do Grande Pirata,
A morte berrada do Grande Pirata a cantar
Até meter pavor plas espinhas dos seus homens abaixo.
Lá da ré a morrer, e a berrar, a cantar:

Fifteen men on the Dead Man’s Chest.
Yo-ho ho and a bottle of rum!

E depois a gritar, numa voz já irreal, a estoirar no ar:

Darby M’Graw-aw-aw-aw-aw!
Darby M’Graw-aw-aw-aw-aw!
Fetch a-a-aft the ru-u-u-u-u-u-u-u-u-um, Darby.

Eia, que vida essa! essa era a vida, eia!
Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!
Eh-lahô-lahô!-laHO-lahá-á-á-à-à!
Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!

Quilhas partidas, navios ao fundo, sangue nos mares!
Conveses cheios de sangue, fragmentos de corpos!
Dedos decepados sobre amuradas!
Cabeças de crianças, aqui, acolá!
Gente de olhos fora, a gritar, a uivar!
Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!
Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!
Embrulho-me em tudo isto como uma capa no frio!
Roço-me por tudo isto como uma gata com cio por um muro!
Rujo como um leão faminto para tudo isto!
Arremeto como um toiro louco sobre tudo isto!
Cravo unhas, parto garras; sangro dos dentes sobre isto!
Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!

De repente estala-me sobre os ouvidos,
Como um clarim a meu lado,
O velho grito, mas agora irado, metálico,
Chamando a presa que se avista,
A escuna que vai ser tomada:

Ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó—yyyy…
Schooner ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó— yyyy…

O mundo inteiro não existe para mim! Ardo vermelho!
Rujo na fúria da abordagem!
Pirata-mor! César-Pirata!
Pilho, mato, esfacelo, rasgo!
Só sinto o mar, a presa, o saque!
Só sinto em mim bater, baterem-me
As veias das minhas fontes!
Escorre sangue quente a minha sensação dos meus olhos!
Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!

Ah piratas, piratas, piratas!
Piratas, amai-me e odiai-me!
Misturai-me convosco, piratas!

Vossa fúria, vossa crueldade como falam ao sangue
Dum corpo de mulher que foi meu outrora e cujo cio sobrevive!

Eu queria ser um bicho representativo de todos os vossos gestos,
Um bicho que cravasse dentes nas amuradas, nas quilhas,
Que comesse mastros, bebesse sangue e alcatrão nos conveses,
Trincasse velas, remos, cordame e poleame,
Serpente do mar feminina e monstruosa cevando-se nos crimes!

E há uma sinfonia de sensações incompatíveis e análogas.
Há uma orquestração no meu sangue de balbúrdias de crimes,
De estrépitos espasmados de orgias de sangue nos mares,
Furibundamente, como um vendaval de calor pelo espírito,
Nuvem de poeira quente anuviando a minha lucidez
E fazendo-me ver e sonhar isto tudo só com a pele e as veias!

Os piratas, a pirataria, os barcos, a hora,
Aquela hora marítima em que as presas são assaltadas,
E o terror dos apresados foge prà loucura — essa hora,
No seu total de crimes, terror, barcos, gente, mar, céu, nuvens,
Brisa, latitude, longitude, vozearia,
Queria eu que fosse em seu Todo meu corpo em seu Todo, sofrendo,
Que fosse meu corpo e meu sangue, compusesse meu ser em vermelho,
Florescesse como uma ferida comichando na carne irreal da minha alma!

Ah, ser tudo nos crimes! ser todos os elementos componentes
Dos assaltos aos barcos e das chacinas e das violações!
Ser quanto foi no lugar dos saques!
Ser quanto viveu ou jazeu no local das tragédias de sangue!
Ser o pirata-resumo de toda a pirataria no seu auge,
E a vítima-síntese, mas de carne e osso, de todos os piratas do mundo!
Ser o meu corpo passivo a mulher-todas-as-mulheres
Que foram violadas, mortas, feridas, rasgadas pelos piratas!
Ser no meu ser subjugado a fêmea que tem de ser deles
E sentir tudo isso — todas estas coisas duma só vez — pela espinha!

Ó meus peludos e rudes heróis da aventura e do crime!
Minhas marítimas feras, maridos da minha imaginação!
Amantes casuais da obliquidade das minhas sensações!
Queria ser Aquela que vos esperasse nos portos,
A vós, odiados amados do seu sangue de pirata nos sonhos!
Porque ela teria convosco, mas só em espírito, raivado
Sobre os cadáveres nus das vítimas que fazeis no mar!
Porque ela teria acompanhado vosso crime, e na orgia oceânica
Seu espírito de bruxa dançaria invisível em volta dos gestos
Dos vossos corpos, dos vossos cutelos, das vossas mãos estranguladoras!
E ela em terra, esperando-vos, quando viésseis, se acaso viésseis,
Iria beber nos rugidos do vosso amor todo o vasto,
Todo o nevoento e sinistro perfume das vossas vitórias,
E através dos vossos espasmos silvaria um sabbat de vermelho e amarelo!

A carne rasgada, a carne aberta e estripada, o sangue correndo!
Agora, no auge conciso de sonhar o que vós fazíeis,
Perco-me todo de mim, já não vos pertenço, sou vós,
A minha femininidade que vos acompanha é ser as vossas almas!
Estar por dentro de toda a vossa ferocidade, quando a praticáveis!
Sugar por dentro a vossa consciência das vossas sensações
Quando tingíeis de sangue os mares altos,
Quando de vez em quando atiráveis aos tubarões
Os corpos vivos ainda dos feridos, a carne rosada das crianças
E leváveis as mães às amuradas para verem o que lhes acontecia!

Estar convosco na carnagem, na pilhagem!
Estar orquestrado convosco na sinfonia dos saques!
Ah, não sei quê, não sei quanto queria eu ser de vós!
Não era só ser-vos a fêmea, ser-vos as fêmeas, ser-vos as vítimas,
Ser-vos as vítimas — homens, mulheres, crianças, navios —,
Não era só ser a hora e os barcos e as ondas,
Não era só ser vossas almas, vossos corpos, vossa fúria, vossa posse,
Não era só ser concretamente vosso acto abstracto de orgia,
Não era só isto que eu queria ser — era mais que isto o Deus-isto!
Era preciso ser Deus, o Deus dum culto ao contrário,
Um Deus monstruoso e satânico, um Deus dum panteísmo de sangue,
Para poder encher toda a medida da minha fúria imaginativa,
Para poder nunca esgotar os meus desejos de identidade
Com o cada, e o tudo, e o mais-que-tudo das vossas vitórias!

Ah, torturai-me para me curardes!
Minha carne — fazei dela o ar que os vossos cutelos atravessam
Antes de caírem sobre as cabeças e os ombros!
Minhas veias sejam os fatos que as facas trespassam!
Minha imaginação o corpo das mulheres que violais!
Minha inteligência o convés onde estais de pé matando!
Minha vida toda, no seu conjunto nervoso, histérico, absurdo,
O grande organismo de que cada acto de pirataria que se cometeu
Fosse uma célula consciente — e todo eu turbilhonasse
Como uma imensa podridão ondeando, e fosse aquilo tudo!

Com tal velocidade desmedida, pavorosa,
A máquina de febre das minhas visões transbordantes
Gira agora que a minha consciência, volante,
É apenas um nevoento círculo assobiando no ar.

Fifteen men on fhe Dead Man’s Chest
Yo-ho ho and a bottle of rum!

Eh-lahô-lahô-laHO — láhá-á-ááá — ààà…

Ah! a selvajaria desta selvajaria! Merda
Pra toda a vida como a nossa, que não é nada disto!
Eu prà’qui engenheiro, prático à força, sensível a tudo
Prà’qui parado, em relação a vós, mesmo quando ando;
Mesmo quando ajo, inerte; mesmo quando me imponho, débil;
Estático, quebrado, dissidente cobarde da vossa Glória,
Da vossa grande dinâmica estridente, quente e sangrenta!

Arre! por não poder agir de acordo com o meu delírio!
Arre! por andar sempre agarrado às saias da civilização!
Por andar com a douceur des moeurs às costas, como um fardo de rendas!

Moços de esquina — todos nós o somos — do humanitarismo moderno!
Estupores de tísicos, de neurasténicos, de linfáticos,
Sem coragem para ser gente com violência e audácia,
Com a alma como uma galinha presa por uma perna!

Ah, os piratas! os piratas!
A ânsia do ilegal unido ao feroz,
A ânsia das coisas absolutamente cruéis e abomináveis,
Que rói como um cio abstracto os nossos corpos franzinos,
Os nossos nervos femininos e delicados,
E põe grandes febres loucas nos nossos olhares vazios!

Obrigai-me a ajoelhar diante de vós!
Humilhai-me e batei-me!
Fazei de mim o vosso escravo e a vossa coisa!
E que o vosso desprezo por mim nunca me abandone,
Ó meus senhores! ó meus senhores!

Tomar sempre gloriosamente a parte submissa
Nos acontecimentos de sangue e nas sensualidades estiradas!
Desabai sobre mim, como grandes muros pesados,
Ó bárbaros do antigo mar!
Rasgai-me e feri-me!
De leste a oeste do meu corpo
Riscai de sangue a minha carne!
Beijai com cutelos de bordo e açoites e raiva
O meu alegre terror carnal de vos pertencer.
A minha ânsia masoquista em me dar à vossa fúria,
Em ser objecto inerte e sentiente da vossa omnívora crueldade,
Dominadores, senhores, imperadores, corcéis!
Ah, torturai-me,
Rasgai-me e abri-me!
Desfeito em pedaços conscientes
Entornai-me sobre os conveses,
Espalhai-me nos mares, deixai-me
Nas praias ávidas das ilhas!

Cevai sobre mim todo o meu misticismo de vós!
Cinzelai a sangue a minh’alma
Cortai, riscai!

Ó tatuadores da minha imaginação corpórea!
Esfoladores amados da minha carnal submissão!
Submetei-me como quem mata um cão a pontapés!
Fazei de mim o poço para o vosso desprezo de domínio!

Fazei de mim as vossas vítimas todas!
Como Cristo sofreu por todos os homens, quero sofrer
Por todas as vossas vítimas às vossas mãos,
Ës vossas mãos calosas, sangrentas e de dedos decepados
Nos assaltos bruscos de amuradas!
Fazei de mim qualquer coisa como se eu fosse
Arrastado — ó prazer, ó beijada dor! —
Arrastado à cauda de cavalos chicoteados por vós…
Mas isto no mar, isto no ma-a-a-ar, isto no MA-A-A-AR!
Eh-eh-eh-eh-eh! Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh! EH-EH-EH-EH-EH-EH! No MA-A-AA-AR!

Yeh eh-eh-eh-eh-eh! Yeh-eh-eh-eh-eh-eh! Yeh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!
Grita tudo! tudo a gritar! ventos, vagas, barcos,
Marés, gáveas, piratas, a minha alma, o sangue, e o ar, e o ar!
Eh-eh-eh-eh! Yeh-eh-eh-eh-eh! Yeh-eh-eh-eh-eh-eh! Tudo canta a gritar!

FIFTEEN MEN ON THE DEAD MAN’S CHEST.
YO-HO-HO AND A BOTTLE OF RUM!

Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh! Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh! Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh!
Eh-lahô-lahô-laHO-O-O-ôô-lahá-á á — ààà!

AHÓ-Ó-Ó Ó Ó Ó-Ó Ó Ó Ó Ó — yyy!…
SCHOONER AHÓ-Ó-Ó-Ó-Ó-Ó-Ó-Ó-Ó-Ó — yyyy!…

Darby M’Graw-aw-aw-aw-aw-aw!
DARBY M’GRAW-AW-AW-AW-AW-AW-AW!
FETCH A-A-AFT THE RU-U-U-U-U-UM, DARBY!

Eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh-eh eh-eh-eh!
EH-EH EH-EH-EH EH-EH EH-EH EH-EH-EH!
EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH EH EH-EH!

EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH!

EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH-EH!

Parte-se em mim qualquer coisa. O vermelho anoiteceu.
Senti demais para poder continuar a sentir.
Esgotou-se-me a alma, ficou só um eco dentro de mim.
Decresce sensivelmente a velocidade do volante.
Tiram-me um pouco as mãos dos olhos os meus sonhos.
Dentro de mim há um só vácuo, um deserto, um mar nocturno.
E logo que sinto que, há um mar nocturno dentro de mim,
Sabe dos longes dele, nasce do seu silêncio,
Outra vez, outra vez o vasto grito antiquíssimo.
De repente, como um relâmpago de som, que não faz barulho mas ternura,
Subitamente abrangendo todo o horizonte marítimo
Húmido e sombrio marulho humano nocturno,
Voz de sereia longínqua chorando, chamando,
Vem do fundo do Longe, do fundo do Mar, da alma dos Abismos,
E à tona dele, como algas, bóiam meus sonhos desfeitos…

Ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó — yy…
Schooner ahó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó-ó — yy……

Ah, o orvalho sobre a minha excitação!
o frescor nocturno no meu oceano interior!
Eis tudo em mim de repente ante uma noite no mar
Cheia de enorme mistério humaníssimo das ondas nocturnas.
A lua sobe no horizonte
E a minha infância feliz acorda, como uma lágrima, em mim.
O meu passado ressurge, como se esse grito marítimo
Fosse um aroma, uma voz, o eco duma canção
Que fosse chamar ao meu passado
Por aquela felicidade que nunca mais tornarei a ter.

Era na velha casa sossegada ao pé do rio…
(As janelas do meu quarto, e as da casa-de-jantar também,
Davam, por sobre umas casas baixas, para o rio próximo,
Para o Tejo, este mesmo Tejo, mas noutro ponto, mais abaixo…
Se eu agora chegasse às mesmas janelas não chegava às mesmas janelas.
Aquele tempo passou como o fumo dum vapor no mar alto…)

Uma inexplicável ternura,
Um remorso comovido e lacrimoso,
Por todas aquelas vítimas — principalmente as crianças —
Que sonhei fazendo ao sonhar-me pirata antigo,
Emoção comovida, porque elas foram minhas vítimas;
Terna e suave, porque não o foram realmente;
Uma ternura confusa, como um vidro embaciado, azulada,
Canta velhas canções na minha pobre alma dolorida.

Ah, como pude eu pensar, sonhar aquelas coisas?
Que longe estou do que fui há uns momentos!
Histeria das sensações — ora estas, ora as opostas!
Na loura manhã que se ergue, como o meu ouvido só escolhe
As coisas de acordo com esta emoção — o marulho das águas,
O marulho leve das águas do rio de encontro aos cais…,
A vela passando perto do outro lado do rio,
Os montes longínquos, dum azul japonês,
As casas de Almada,
E o que há de suavidade e de infância na hora matutina!…

Uma gaivota que passa,
E a minha ternura é maior.

Mas todo este tempo não estive a reparar para nada.
Tudo isto foi uma impressão só da pele, como uma carícia
Todo este tempo não tirei os olhos do meu sonho longínquo,
Da minha casa ao pé do rio,
Da minha infância ao pé do rio,
Das janelas do meu quarto dando para o rio de noite,
E a paz do luar esparso nas águas!…

Minha velha tia, que me amava por causa do filho que perdeu…,
Minha velha tia costumava adormecer-me cantando-me
(Se bem que eu fosse já crescido demais para isso)…
Lembro-me e as lágrimas caem sobre o meu coração e lavam-no da vida,
E ergue-se uma leve brisa marítima dentro de mim.
Às vezes ela cantava a «Nau Catrineta»:

Lá vai a Nau Catrineta
Por sobre as águas do mar…

E outras vezes, numa melodia muito saudosa e tão medieval,
Era a «Bela Infanta»… Relembro, e a pobre velha voz ergue-se dentro de mim
E lembra-me que pouco me lembrei dela depois, e ela amava-me tanto!
Como fui ingrato para ela — e afinal que fiz eu da vida?
Era a «Bela Infanta»… Eu fechava os olhos e ela cantava:

Estando a Bela Infanta
No seu jardim assentada

Eu abria um pouco os olhos e via a janela cheia de luar
E depois fechava os olhos outra vez, e em tudo isto era feliz.

Estando a Bela Infanta
No seu jardim assentada,
Seu pente de ouro na mão,
Seus cabelos penteava

Ó meu passado de infância, boneco que me partiram!

Não poder viajar pra o passado, para aquela casa e aquela afeição,
E ficar lá sempre, sempre criança e sempre contente!

Mas tudo isto foi o Passado, lanterna a uma esquina de rua velha.
Pensar isto faz frio, faz fome duma coisa que se não pode obter.
Dá-me não sei que remorso absurdo pensar nisto.
Oh turbilhão lento de sensações desencontradas!
Vertigem ténue de confusas coisas na alma!
Fúrias partidas, ternuras como carrinhos de linha com que as crianças brincam,
Grandes desabamentos de imaginação sobre os olhos dos sentidos,
Lágrimas, lágrimas inúteis,
Leves brisas de contradição roçando pela face a alma…

Evoco, por um esforço voluntário, para sair desta emoção,
Evoco, com um esforço desesperado, seco, nulo,
A canção do Grande Pirata, quando estava a morrer:

Fifteen men on the Dead Man’s Chest.
Yo-ho-ho and a bottle of rum!

Mas a canção é uma linha recta mal traçada dentro de mim…

Esforço-me e consigo chamar outra vez ante os meus olhos na alma,
Outra vez, mas através duma imaginação quase literária,
A fúria da pirataria, da chacina, o apetite, quase o paladar, do saque,
Da chacina inútil de mulheres e de crianças,
Da tortura fútil, e só para nos distrairmos, dos passageiros pobres
E a sensualidade de escangalhar e partir as coisas mais queridas dos outros,
Mas sonho isto tudo com um medo de qualquer coisa respirar-me sobre a nuca.

Lembro-me de que seria interessante
Enforcar os filhos à vista das mães
(Mas sinto-me sem querer as mães deles),
Enterrar vivas nas ilhas desertas as crianças de quatro anos
Levando os pais em barcos até lá para verem
(Mas estremeço, lembrando-me dum filho que não tenho e está dormindo tranquilo em casa).

Aguilhoo uma ânsia fria dos crimes marítimos,
Duma inquisição sem a desculpa da Fé,
Crimes nem sequer com razão de ser de maldade e de fúria,
Feitos a frio, nem sequer para ferir, nem sequer para fazer mal,
Nem sequer para nos divertirmos, mas apenas para passar o tempo,
Como quem faz paciências a uma mesa de jantar de província com a toalha atirada pra o outro lado da mesa depois de jantar,
Só pelo suave gosto de cometer crimes abomináveis e não os achar grande coisa,
De ver sofrer até ao ponto da loucura e da morte-pela-dor mas nunca deixar chegar lá…
Mas a minha imaginação recusa-se a acompanhar-me.

Um calafrio arrepia-me.
E de repente, mais de repente do que da outra vez, de mais longe, de mais fundo,
De repente — oh pavor por todas as minhas veias! —,
Oh frio repentino da porta para o Mistério que se abriu dentro de mim e deixou entrar uma corrente de ar!
Lembro-me de Deus, do Transcendental da vida, e de repente
A velha voz do marinheiro inglês Jim Barns com quem eu falava,
Tornada voz das ternuras misteriosas dentro de mim, das pequenas coisas de regaço de mãe e de fita de cabelo de irmã,
Mas estupendamente vinda de além da aparência das coisas,
A Voz surda e remota tornada A Voz Absoluta, a Voz Sem Boca,
Vinda de sobre e de dentro da solidão nocturna dos mares,
Chama por mim, chama por mim, chama por mim…

Vem surdamente, como se fosse suprimida e se ouvisse,
Longinquamente, como se estivesse soando noutro lugar e aqui não se pudesse ouvir,
Como um soluço abafado, uma luz que se apaga, um hálito silencioso,
De nenhum lado do espaço, de nenhum local no tempo,
O grito eterno e nocturno, o sopro fundo e confuso:

Ahô-ô-ô-ô-ô-ô-ô-ô-ô-ô-ô-ô — yyy ……
Ahô-ô-ô-ô-ô-ô-ô-ô-ô-ô-ô-ô-ô-ô-ô — — yyy……
Schooner ah-ô-ô-ô-ô-ô-ô-ô-ô-ô-ô-ô-ô-ô-ô-ô — — yy………

Tremo com frio da alma repassando-me o corpo
E abro de repente os olhos, que não tinha fechado.
Ah, que alegria a de sair dos sonhos de vez!
Eis outra vez o mundo real, tão bondoso para os nervos!
Ei-lo a esta hora matutina em que entram os paquetes que chegam cedo.

Já não me importa o paquete que entrava. Ainda está longe.
Só o que está perto agora me lava a alma.
A minha imaginação higiénica, forte, prática,
Preocupa-se agora apenas com as coisas modernas e úteis,
Com os navios de carga, com os paquetes e os passageiros,
Com as fortes coisas imediatas, modernas, comerciais, verdadeiras.
Abranda o seu giro dentro de mim o volante.

Maravilhosa vida marítima moderna,
Toda limpeza, máquinas e saúde!
Tudo tão bem arranjado, tão espontaneamente ajustado,
Todas as peças das máquinas, todos os navios pelos mares,
Todos os elementos da actividade comercial de exportação e importação
Tão maravilhosamente combinando-se
Que corre tudo como se fosse por leis naturais,
Nenhuma coisa esbarrando com outra!

Nada perdeu a poesia. E agora há a mais as máquinas
Com a sua poesia também, e todo o novo género de vida
Comercial, mundana, intelectual, sentimental,
Que a era das máquinas veio trazer para as almas.
As viagens agora são tão belas como eram dantes
E um navio será sempre belo, só porque é um navio.
Viajar ainda é viajar e o longe está sempre onde esteve —
Em parte nenhuma, graças a Deus!

Os portos cheios de vapores de muitas espécies!
Pequenos, grandes, de várias cores, com várias disposições de vigias,
De tão deliciosamente tantas companhias de navegação!
Vapores nos portos, tão individuais na separação destacada dos ancoramentos!
Tão prazenteiro o seu garbo quieto de coisas comerciais que andam no mar,
No velho mar sempre o homérico, ó Ulisses!

O olhar humanitário dos faróis na distância da noite,
Ou o súbito farol próximo na noite muito escura
(«Que perto da terra que estávamos passando!» E o som da água canta-nos ao ouvido)!…

Tudo isto hoje é como sempre foi, mas há o comércio;
E o destino comercial dos grandes vapores
Envaidece-me da minha época!
A mistura de gente a bordo dos navios de passageiros
Dá-me o orgulho moderno de viver numa época onde é tão fácil
Misturarem-se as raças, transporem-se os espaços, ver com facilidade todas as coisas,
E gozar a vida realizando um grande número de sonhos.

Limpos, regulares, modernos como um escritório com guichets em redes de arame amarelo,
Meus sentimentos agora, naturais e comedidos como gentlemen,
São práticos, longe de desvairamentos, enchem de ar marítimo os pulmões,
Como gente perfeitamente consciente de como é higiénico respirar o ar do mar.

O dia é perfeitamente já de horas de trabalho.
Começa tudo a movimentar-se, a regularizar-se.

Com um grande prazer natural e directo percorro com a alma
Todas as operações comerciais necessárias a um embarque de mercadorias
A minha época é o carimbo que levam todas as facturas,
E sinto que todas as cartas de todos os escritórios
Deviam ser endereçadas a mim.

Um conhecimento de bordo tem tanta individualidade,
E uma assinatura de comandante de navio é tão bela e moderna!
Rigor comercial do princípio e do fim das cartas:
Dear Sirs — Messieurs — Amigos e Srs.,
Yours faithfully —… nos salutations empressées…
Tudo isto não é só humano e limpo, mas também belo,
E tem ao fim um destino marítimo, um vapor onde embarquem
As mercadorias de que as cartas e as facturas tratam.

Complexidade da vida! As facturas são feitas por gente
Que tem amores, ódios, paixões políticas, às vezes crimes —
E são tão bem escritas, tão alinhadas, tão independentes de tudo isso!
Há quem olhe para uma factura e não sinta isto.
Com certeza que tu, Cesário Verde, o sentias.
Eu é até às lágrimas que o sinto humanissimamente.
Venham dizer-me que não há poesia no comércio, nos escritórios!
Ora, ela entra por todos os poros… Neste ar marítimo respiro-a,
Porque tudo isto vem a propósito dos vapores, da navegação moderna,
Porque as facturas e as cartas comerciais são o princípio da história
E os navios que levam as mercadorias pelo mar eterno são o fim.

Ah, e as viagens, as viagens de recreio, e as outras,
As viagens por mar, onde todos somos companheiros dos outros
Duma maneira especial, como se um mistério marítimo
Nos aproximasse as almas e nos tornasse um momento
Patriotas transitórios duma mesma pátria incerta,
Eternamente deslocando-se sobre a imensidade das águas!
Grandes hotéis do Infinito, oh transatlânticos meus!

Com o cosmopolitismo perfeito e total de nunca pararem num ponto
E conterem todas as espécies de trajes, de caras, de raças!

As viagens, os viajantes — tantas espécies deles!
Tanta nacionalidade sobre o mundo! tanta profissão! tanta gente!
Tanto destino diverso que se pode dar à vida,
Ë vida, afinal, no fundo sempre, sempre a mesma!
Tantas caras curiosas! Todas as caras são curiosas
E nada traz tanta religiosidade como olhar muito para gente.
A fraternidade afinal não é uma ideia revolucionária.
É uma coisa que a gente aprende pela vida fora, onde tem que tolerar tudo,
E passa a achar graça ao que tem que tolerar,
E acaba quase a chorar de ternura sobre o que tolerou!

Ah, tudo isto é belo, tudo isto é humano e anda ligado
Aos sentimentos humanos, tão conviventes e burgueses.
Tão complicadamente simples, tão metafisicamente tristes!
A vida flutuante, diversa, acaba por nos educar no humano.
Pobre gente! pobre gente toda a gente!

Despeço-me desta hora no corpo deste outro navio
Que vai agora saindo. É um tramp-steamer inglês,
Muito sujo, como se fosse um navio francês,
Com um ar simpático de proletário dos mares,
E sem dúvida anunciado ontem na última página das gazetas.

Enternece-me o pobre vapor, tão humilde vai ele e tão natural.
Parece ter um certo escrúpulo não sei em quê, ser pessoa honesta,
Cumpridora duma qualquer espécie de deveres.
Lá vai ele deixando o lugar defronte do cais onde estou.
Lá vai ele tranquilamente, passando por onde as naus estiveram
Outrora, outrora…
Para Cardiff? Para Liverpool? Para Londres? Não tem importância.
Ele faz o seu dever. Assim façamos nós o nosso. Bela vida!
Boa viagem! Boa viagem!
Boa viagem, meu pobre amigo casual, que me fizeste o favor
De levar contigo a febre e a tristeza dos meus sonhos,
E restituir-me à vida para olhar para ti e te ver passar.
Boa viagem! Boa viagem! A vida é isto…

Que aprumo tão natural, tão inevitavelmente matutino
Na tua saída do porto de Lisboa, hoje!
Tenho-te uma afeição curiosa e grata por isso…
Por isso quê? Sei lá o que é!… Vai… Passa…
Com um ligeiro estremecimento,
(T-t–t—t—-t—–t…)
O volante dentro de mim pára.

Passa, lento vapor, passa e não fiques…
Passa de mim, passa da minha vista,
Vai-te de dentro do meu coração.
Perde-te no Longe, no Longe, bruma de Deus,
Perde-te, segue o teu destino e deixa-me…
Eu quem sou para que chore e interrogue?
Eu quem sou para que te fale e te ame?
Eu quem sou para que me perturbe ver-te?
Larga do cais, cresce o sol, ergue-se ouro,
Luzem os telhados dos edifícios do cais,
Todo o lado de cá da cidade brilha…
Parte, deixa-me, torna-te
Primeiro o navio a meio do rio, destacado e nítido,
Depois o navio a caminho da barra, pequeno e preto,
Depois ponto vago no horizonte (ó minha angústia!),
Ponto cada vez mais vago no horizonte…,
Nada depois, e só eu e a minha tristeza,
E a grande cidade agora cheia de sol
E a hora real e nua como um cais já sem navios,
E o giro lento do guindaste que, como um compasso que gira,
Traça um semicírculo de não sei que emoção
No silêncio comovido da minh’alma…


Marooning

Yo-ho-ho, and a bottle of rum!
R. L. Stevenson

.
Quedan quince hombres con vida
en un islote funesto,
—¡dale, dale!— cada uno
con su botella de ron.

¡Ron, ron, ron,
la botella de ron!

Allí el diablo y la bebida
bien se encargaron del resto,
—¡dele, dele!— y ninguno
sin su botella de ron.

¡Ron, ron, ron,
la botella de ron!

Ni cuchillo ni pistola
para matar o matarme,
—¡dame, dame!— solo quiero
una botella de ron.

¡Ron, ron, ron,
mi botella de ron!

.


ēgm. 2017
A partir de →Robert Louis Stevenson, Dead Man’s Chest (wikipedia) y →la versión española de la película Treasure Island (1950) de Byron Haskin (youtube). Más información en →Canciones con historia: ‘Ron, ron, ron, la botella de ron’ por Emilio de Gorgot.

Control de plagio (X)

91
Oh, anteayer sufrí
un eclipse total de corazón.
¡Oh, qué hermoso espectáculo
fulgurando sobre mi petulancia,
mi enorme presunción!

92
≈ La relación termina ahí,
y el tiburón macho se aleja
en busca de otra pareja

93
Colapso
(en un —otro— universo…)
de la función
(…no me he equivocado)
de onda.

94
No buscaré tu corazón
desamorado:
en algún rincón un ratón
lo ha devorado.

95
—Lo que no saben los ultracatólicos
es que el demonio en el infierno tiene
un lugar especial tan solo para ellos.
—Ah, ¿pero tú crees en esas cosas?
—Yo no. Pero ellos sí.

96
Deberé llenarte el culo
y lloverte el coño,
pero no lavarte el coño
ni lamerte el culo.

97
≈ Todos los sospechosos reconocen
haberse acostado con ella, pero
todos negaron haberla matado;
incluso el señor párroco

98
Aunque no pueda, puedo;
quiera o no quiera que no quiera, quiero:
sea o no sea, es.

99
Yo no existo, pues ahí veo
a otro estar donde yo estoy,
y él no tiene más deseo
que no ser sino quien soy.

100
Y con toda   la lencería,
que se joda   tu poesía.

.
(continuará)

Fuentes


ēgm. 2017

Adiós, reina de las hadas,

Hoje sou verdadeiramente um poeta menor.
Álvaro de Campos

.
no volveremos a amarnos:
tus alas eran de luna
y mis pasos son de barro.

Dejadme, pues, seguir
con mis banales bromas,
sin pretensión ni sentido,
sin sueño de trascendencia:

cuanto pudiera yo quizá
escribir sobre mí en serio
lo dejó ya escrito antes
algún heterónimo de Pessoa,

algún gran poeta menor
—¡para y por siempre adiós,
oh reina de las hadas!—
en la turbia fiebre de un mal resfriado.

.


ēgm. 2017