Un parpadeo


Aquel dios, abstraído,
contemplaba el cosmos inabarcable,
en su infinidad de universos

y antiuniversos, incendiados
de cúmulos de galaxias, de plasma
y energía expansiva.

Preguntándose quién
—por qué, para qué— lo habría creado,
engarzado, erigido,

por un muy breve instante
—un destello de oscuridad—, absorto,
el dios parpadeó.

Durante ese trivial
—brevísimo— lapso del parpadeo
de aquel dios, en algún planeta

apareció la vida,
que evolucionó, que mutó sus formas,
y por fin se extinguió.

Y cuando el dios volvió a mirar
no quedaba ni el mínimo vestigio
de vida en el planeta

—en cualquier universo—
al que sus seres más autoconscientes
solían llamar Tierra.

El tiempo y el espacio ni siquiera
habían comenzado a contraerse.

egm.2017



Clayton Eshleman

Silencio delirante


Golpeteos, golpeos, esferas de Apolo, sonido
rompiendo en silencio, brasas
que aún oigo, maraña de pozos de sentido,
el modo en que una cueva puede gotear perfume…

fue en los cromañones, por sus húmedas paredes ocultas,
como si una flor dentro, allí dentro, dibujara sus zancudos
cuerpos panespermáticos, trotando como arañas sobre
presagios sin fondo, a tientas hacia el destino de Perséfone:
arrastrados por la pulpa del hongo del pelo púrpura de Hades
         estallando en sus cerebros.

Vertieron sus frentes en las brasas y los rediles
zigzagueados en el aire de la noche,
         —los animales conducidos a cruzarse—
una enorme vulva incisa ante la puerta,
el poder que surgió de allí era el paraíso, el poder
que los cromañones nos legaron:
hacer un altar de nuestras gargantas.

Las primeras palabras se mezclaron con grasa animal,
los heridos intentaban decir quién lo había hecho.
El grupo era la llanta de una rueda por-ser-inventada,
su lenguaje era radios, girando,
alrededor, el eje del fuego, su hilo de nosotros,
su quema de ellos,    monta nos moja, tú moja,
nosotros moja a ti, tú moja a nosotros, Dioniso
el renuente, reuniendo palabras, agitado
por las pausas de la lira entre los picos de la llama,
agua al fuego, nosotros a ellos.

Ojos-brasa, flexibles, que giran de nuevo
en aquellas cuevas cuyas paredes podrían ser ensartadas
entre sus dientes, la viscosa materia del alma tiraba de
sus manos hacia los flancos, ooh
qué hueso mostraban cosido dentro de sí mismos, ah
qué diminutas arañas macho eran
capaces de devorarlos en lo inmenso
¡palabra elástica de roca hembra!
.


Clayton Eshleman. Silence Raving (poets.org)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Silence Raving


Patters, paters, Apollo globes, sound
breaking up with silence, coals
I can still hear, entanglement of sense pools,
the way a cave might leak perfume—

in the Cro-Magnons went, along its wet hide walls,
as if a flower in, way in, drew their leggy
panspermatic bodies, spidering over
bottomless hunches, groping toward Persephone’s fate:
to be quicksanded by the fungus pulp of Hades’ purple hair
exploding in their brains.

They poured their foreheads into the coals and corrals
zigzagged about in the night air—
the animals led in crossed
a massive vulva incised before the gate,
the power that came up from it was paradise, the power
the Cro-Magnons bequeathed to us:
to make an altar of our throats.

The first words were mixed with animal fat,
wounded men tried to say who did it.
The group was the rim of a to-be-invented wheel,
their speech was spokes, looping over,
around, the hub of the fire, its silk of us,
its burn of them, bop we dip, you dip,
we dip to you, you will dip to us, Dionysus
the plopping, pooling words, stirred
by the lyre gaps between the peaks of flame,
water to fire, us to them.

Foal-eyes, rubbery, they looped
back into those caves whose walls could be strung
between their teeth, the sticky soul material pulled to
The sides by their hands, ooh
what bone looms they sewed themselves into, ah
what tiny male spiders they were
on the enormous capable of devouring them
female rock elastic word!



Jimmy Santiago Baca

Día nublado


Hace un día ventoso. Un muro de viento estalla,
resuena contra las ventanas, contra los marcos de hierro,
y cuando pasa por un cristal roto
se revuelve como un gato asustado
en los espacios vacíos del bloque de celdas.

En el patio de ejercicios nos acurrucábamos
con nuestros uniformes carcelarios,
en cuclillas contra la valla,
y el viento se llevaba nuestras palabras
sobre las alambradas,
mientras el guardia en la torre
se sujetaba la gorra ante una súbita ráfaga.

Desde donde yo estaba podía ver la torre principal,
y el viento en mi cara
me daba la impresión de que podría agarrar
la torre como una planta de maíz
y arrancarla de sus raíces de roca.

El viento sopla como en una flauta
en este agujero en la roca,
el borde rodeado por alambre de púas,
con un guardia sentado allí también,
escuchando atentamente los sonidos
cuando las nubes cubren el sol.

Pensaba en el día que llegué a la cárcel,
en el asiento trasero de un coche patrulla,
manos y tobillos encadenados, el policía señaló:
      «¿Ves aquel gran tanque de agua, el grande
      y plateado que sobresale allá lejos?
      Eso es la cárcel».

Y aquí estoy, no puedo creerlo.
A veces es un sueño, un sueño,
en el que me levanto frente al viento,
como ahora, soplando en mi uniforme,
y mis párpados guiñan un poco,
mientras miro incrédulo…

El tercer día de la primavera,
y cuatro años más tarde, puedo decirte
cómo un hombre puede aguantar, cómo un hombre
puede llegar a ser tan cruel, cómo puede morir
o llegar a ser tan frío. Puedo decirte esto,
lo he visto todos los días, todos los días,
y todavía soy lo bastante fuerte para amarte,
me amo a mí mismo y me siento bien;
aun cuando la tierra tiemble y se estremezca,
y no tenga nada a mi nombre,
siento como si lo tuviera todo, todo.
.


Jimmy Santiago Baca. Cloudy Day (poetryfoundation.org)
jimmysantiagobaca.com
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Cloudy Day

It is windy today. A wall of wind crashes against,
windows clunk against, iron frames
as wind swings past broken glass
and seethes, like a frightened cat
in empty spaces of the cellblock.

In the exercise yard
we sat huddled in our prison jackets,
on our haunches against the fence,
and the wind carried our words
over the fences,
while the vigilant guard on the tower
held his cap at the sudden gust.

I could see the main tower from where I sat,
and the wind in my face
gave me the feeling I could grasp
the tower like a cornstalk,
and snap it from its roots of rock.

The wind plays it like a flute,
this hollow shoot of rock.
The brim girded with barbwire
with a guard sitting there also,
listening intently to the sounds
as clouds cover the sun.

I thought of the day I was coming to prison,
in the back seat of a police car,
hands and ankles chained, the policeman pointed,
“See that big water tank? The big
silver one out there, sticking up?
That’s the prison.”

And here I am, I cannot believe it.
Sometimes it is such a dream, a dream,
where I stand up in the face of the wind,
like now, it blows at my jacket,
and my eyelids flick a little bit,
while I stare disbelieving…

The third day of spring,
and four years later, I can tell you,
how a man can endure, how a man
can become so cruel, how he can die
or become so cold. I can tell you this,
I have seen it every day, every day,
and still I am strong enough to love you,
love myself and feel good;
even as the earth shakes and trembles,
and I have not a thing to my name,
I feel as if I have everything, everything.



Relé de tiempo inverso


A
veces solo hablas para no hablar, otoño
en el cerebro y pronto medianoche en los yermos
ingrávidos, callando lo que sueles callar,

en un cerrar y abrir de mente se revelan
los soles y se ocultan los dioses, esto puede
que sea una venganza o acaso una impotencia,

dónde vas, Galileo, dónde, que no te veo,
croajaba el agujero negro al fatuo viajero
del tiempo, tan valiente tal vez como imprudente,

los homínidos tientan el terso monolito
descubriendo el saber que nunca por sí solos
podrían adquirir, ciencia, ficción, falacia,

quiero creer, parpó el dios al sacerdote,
bullendo entre burbujas de comba espuma cuántica
y sagrados versículos también tergiversables,

en el nodo afeitado se conectan espacios
separados y tiempos diferentes, presiona
rápido la segunda tecla de la derecha,

a
veces una brana vibra sobre la obscena
oncena dimensión, fluctuando en su mecánica
excéntrica, y a eso le llamamos crepúsculo,

ella se plancha el pelo teñido cada viernes
y perfila dos orlas simétricas e idénticas
subrayando el melifluo deseo en su mirada,

aunque el tiempo se arrugue aún más a ti te arruga,
gruyó el desvergonzado gusano en su agujero,
y a continuación pulsa el cero, el dos y el uno,

para armar sus trilitos en el círculo místico
los súbditos del Sol leían arduos planos
en las planas pantallas del navío espacial,

mitómanos, mitólogos, micólogos, micciómanos,
el tiempo es la escondida meada de una niña
filtrándose a través de estas tres dimensiones,

el clima y la erosión cuartean el peñasco
en formas definidas de ángulos rectángulos,
ahí pretende ver el experto alienólogo

las huellas sintomáticas de los protoastronautas,
pero entre los caprichos de la naturaleza
destaca, tercamente, la fría geometría,

a
veces se agazapa, tras una densa nube
de gases y de estrellas, nuestro agujero negro
predilecto, atrapando, eternizando el tiempo,

en busca de respuestas, y algo de luz, el brioso
viajero fue a encender su mechero neutrónico
pero olvidó que había dejado de fumar,

la respuesta no late al final de esta línea,
aulló, condescendiente, a la luna la runa
desde su erecta estela, a la velocidad

de la luz los más ciertos hechos viran deshechos,
los actos, putrefactos, la singularidad
apenas es mentira ni tampoco verdad,

a
veces los obreros que elevan las pirámides
oyen Radio Sumeria, timbal y theremín,
mientras levitan rectos bloques de piedra eterna,

eterno es lo fugaz para el ojo del hombre,
eras como un relámpago bailando en mi botella
y eres dúctil y dulce, golosa golosina

condensando mis venas, dame el trallazo eléctrico
de miel en tu mirada, trisó el viajero audaz
entrando al agujero de gusano sin tique,

el dado por las aguas compró una furgoneta
usada y se pasó muy bien cuarenta años
adobando y vendiendo kebab en el desierto,

a
veces truena así, pero en el otro polo
del tiempo irreductible, sin más, crucificasteis
al loco jipi en una vil barraca de feria

y en su cruz te dejaron agonizante mientras
los vecinos del pueblo y los veraneantes
me tiraban con rifles de aire comprimido

y te lanzaban dardos y pelotas de goma,
pero él resueltamente resucitó al tercer
cuarto de hora en punto, el rey, de entre los tuertos,

así es como se escribe la fría geometría,
y ya sus amiguetes te erigían en líder
supremo del cotarro, y los días de fiesta

las niñas de la escuela con sus vestidos blancos
cantan ante el retrato de ese señor con barba,
y tal que así se traza la trigonometría,

a
veces un retrato no es la vera efigie
prodigiosa del dios, ni un trato es un contrato,
oh Romeo, no estás esforzándote nada,

himpla el inca en su trono, ella se desvanece
en la incierta llovizna, pues las máquinas son,
al igual que la carne, más bellas cuando nuevas,

deidad de las letrinas, permíteme siquiera
semialcanzar el post-surrealismo-pop,
perdonen por favor este divagamento,

pulsas la cuarta tecla, y de repente el tiempo
se invierte paulatina si bien violentamente,
te gusta la luz pero no debes negar que

a
veces en la niebla hurgas nieblas oscuras,
sube un hombre borracho por una calle extrema,
mira una mujer sola en la puerta entornada,

murmuraban las musas de calor embriagadas
musitando responsos por el sol y fermiones
mutilaron las costras de sus labios ardidos,

Solotetes, que ama, el enano, en secreto
a doña Clitemnestra, con Orestes jugaba
al julepe en un antro del camino de Delfos,

oh, carámbanos, fuck, larga Hamlet y ahueca
a trincarse a ña Ofelia engomando un porrito,
se los guipa el miranda camellero de Olmedo,

no se apuestan monedas sino solo los iris
de las ninfas aviesas de la noche de asfalto,
luego Arcturo invitaba a una ronda de ajenjo,

a
veces alzo reglas para poder saltármelas,
esculpe un huero pájaro de vaho en la banquisa,
y otras sigo normas que no importan ya a nadie,

después piensas que eres el único arrecife
en un planeta obtuso, o el último planeta
en un viejo universo cuyo tiempo implosiona,

hay ritos más antiguos que el mismo ser humano,
creados en su instinto por mentes animales
que más tarde ha imitado el bípedo alopécico,

el faraón apaga intranquilo la radio,
arrodíllate y órame, le ordena a cualquier sombra,
teme que la pirámide no esté acabada a tiempo,

tiempo, una vez pulsada la tecla verde el tiempo
ya no es reversible y fluye destrabado,
el mundo nunca ha sido realmente seguro,

Egill compone haikus sobre muerte y batallas,
entrechoque de hierros, Perceval, eremita,
en la gruta del bosque se más turba aturdido,

por los campos sin nombre sangran las amapolas,
el escriba en sus cuñas fragua dioses e infiernos,
espejismos de almas refluyendo hacia el caos,

a
veces el viajero recuerda que hoy es viernes,
lo efímero es eterno para el pulso del hombre,
esfuérzate, Guillade, la cierva vuelve el agua,

Guigemar, espabila, el bajel surca ensueños,
el viajero del tiempo no llega a fin de mes
y ella, anfibia, se pinta mar melifluo en los ojos,

lo humano crea al hombre, roznó el dios al chamán,
el cronón plegó el tiempo, replicaba la niña,
Tristán, digiere el filtro, jamás podrás salvarte,

a
veces no te callas, a veces solo hablas
para que no se note que no quieres hablar,
suena Radio Sumeria, theremín y timbal.

egm.2017



Tsitsi Jaji

Papillons


Observa a las ávidas mariposas nocturnas
y aprende lo que viene de volar demasiado cerca de la Llama.

Considera la ceniza amontonada: todas esas alas

                              alguna vez usaron su seda arrogantemente.

Aunque ahora estamos cegados como murciélagos,
revueltos hocicos de color.

Aguantamos las miradas
como bichos raros, pegados contra el cristal.

¿Quién va primero? ¿Quién tantea? ¿Quién tropieza?
Pídenos una canción de acera, un rezo para la vista.

Yo sé poco,
y menos aún qué es bueno.

Pero es mejor para dos renquear con mano generosa,
como gemelos,
que solos, con el puño aferrado en torno a un palo.
.


Tsitsi Jaji. Papillons (munyori.org)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Papillons

Look on, you greedy nightmoths,
And learn what comes of flying too close to the Flame.

Consider the mounded ash: so many wings

once wore their wormsilk so haughtily.

Well now, we are blinded like fruitbats,
Fumbling muzzles of color.

We endure the stares
As if we were rare, and pinned against glass.

Who goes first? Who gropes? Who stumbles?
Beg us a pavement song, a kaddish for sight.

I know little,
Even less I know is good.

But better for two to hobble openhanded as twins
Than alone, fist knotted over a stick.



Allen Ginsberg

Haiku


Tomo el té
sin azúcar:
no hay diferencia.

Excrementos de gorrión
boca abajo,
¡ah! mi cerebro y huevos.

Cabeza maya en un tronco
a la deriva en el Pacífico;
un día viviré en Nueva York.

Al mirar por encima del hombro
mi trasero estaba cubierto
de flores de cerezo.

Haiku de invierno
No conocía los nombres
de las flores; ahora
mi jardín ya no está.

Aplasté al mosquito
y lo eché de menos.
¿Por qué hice eso?

Leyendo haikus
soy infeliz,
anhelo lo Innombrado.

Una rana flota
en el tarro de farmacia:
lluvia del verano sobre pavimento gris.
(al estilo de Shiki)

En el porche
con pantalones cortos;
luces de coche en la lluvia.

Otro año
ha pasado; el mundo
no es diferente.

Lo primero que busqué
en mi antiguo jardín fue
El Cerezo.

Mi viejo escritorio:
lo primero que busqué
en mi casa.

Mi primer diario:
lo primero que encontré
en mi viejo escritorio.

El fantasma de mi madre:
lo primero que encontré
en la sala de estar.

Dejé de afeitarme
pero los ojos que me miraban
permanecieron en el espejo.

El loco
emerge del cine:
la calle a la hora de comer.

Ciudades de chicos
están en sus tumbas,
y en esta ciudad…

Se acuesta a mi lado
en el vacío:
la respiración en mi nariz.

En el decimoquinto piso
el perro mastica un hueso;
chirrido de taxis.

Empalmado en Nueva York,
niño
en San Francisco.

La luna sobre el tejado,
gusanos en el jardín.
Alquilaré esta casa.
.


Allen Ginsberg. Haiku (poemhunter.com)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Haiku

Drinking my tea
Without sugar-
No difference.

The sparrow shits
upside down
—ah! my brain & eggs

Mayan head in a
Pacific driftwood bole
—Someday I’ll live in N.Y.

Looking over my shoulder
my behind was covered
with cherry blossoms.

Winter Haiku
I didn’t know the names
of the flowers—now
my garden is gone.

I slapped the mosquito
and missed.
What made me do that?

Reading haiku
I am unhappy,
longing for the Nameless.

A frog floating
in the drugstore jar:
summer rain on grey pavements.
(after Shiki)

On the porch
in my shorts;
auto lights in the rain.

Another year
has past-the world
is no different.

The first thing I looked for
in my old garden was
The Cherry Tree.

My old desk:
the first thing I looked for
in my house.

My early journal:
the first thing I found
in my old desk.

My mother’s ghost:
the first thing I found
in the living room.

I quit shaving
but the eyes that glanced at me
remained in the mirror.

The madman
emerges from the movies:
the street at lunchtime.

Cities of boys
are in their graves,
and in this town…

Lying on my side
in the void:
the breath in my nose.

On the fifteenth floor
the dog chews a bone-
Screech of taxicabs.

A hardon in New York,
a boy
in San Fransisco.

The moon over the roof,
worms in the garden.
I rent this house.



John Ashbery

El pato Lucas en Hollywood


Algo extraño está reptando a través de mí.
La Celestina solo tiene que gorjear las primeras líneas
de “I Thought about You” o algo suave de
Amadigi di Gaula para cualquier cosa —un bote mentolado
de Levadura Rumford, unos pendientes de plástico, Speedy
Gonzales, lo último de Helen Topping Miller y su prolífico
escritorio, un fajo de sugerentes fotos gris-beis, con bordes
mal cortados— y venir traqueteando por el irisado arriate
donde Pistachio Avenue embiste al bloque 2300 de Highland
Fling Terrace. Me prometió que me sacaría de aquí,
ese viejo dibujante ruin, ¡pero mira lo que me
ha hecho ahora! Ni me atrevo a acercarme al reflejo atenuado
en la taza del tapacubos, tan ictéricos, tan déconfits son sus
rasgos; divertidos, sin duda, para algunos frenólogos charlatanes
con sala de espera tupida de helechos, pero nunca lo que dirías
amigables. Aunque todo se está ahogando hasta el extremo del
silencio. Ahora mismo una tormenta magnética pendía del trozo
de cielo sobre el garaje de Fudds, reduciéndolo —drásticamente—
al aura de una cabaña de troncos azul jazmín sobre
un cobertor, recuerdo de la Venta de La Mesilla. De pronto todo
es detestable. No quiero volver adentro jamás. Tú conoces
a suficiente gente borrosa en esta esmeralda isla de tráfico; no,
no gente, idas y venidas, más: chapoteos, cuchicheos, estrafalaria
pero efectivamente equipadas infanterías de revueltas vegetales
de ardillas-locas, empenachadas, puntiagudas en el pequeño
castillo de cartón blanco en la ruta del molino. «Por el
perezoso río arriba, ¿cómo de felices podríamos ser?»
¿De qué modo acabará? Aquel resplandor de geranio
sobre Anaheim era la ley antidisturbios leída por el
petardo tamaño Etna que explotó en el último minuto en
una carte de Tendre en cuyo ángulo inferior derecho
(duro por la punzante trampa de arena que rodea la parcela
de espárragos de algolágnicas nuits blanches) Amadís seduce
a la princesa de Cléveris en una juerga de micciones a medianoche
en el Tamigi con los Wallets (Walt, Blossom y el pequeño
Sleezix) en una barcaza de lamé “prestada” por Ollie,
la temible señora de las túnicas en las películas. ¡Espera!
¡Tengo un anuncio! Este amplio, tibio y serpenteante
Leteo civilizado (apenas puedes distinguir los mástiles de cintas
de los chalets de nécessité en su juncosa orilla) lleva a Tofet, el
vertedero-encantado, complejo no-tan-residencial, ¡del cual
algunos viajeros regresan! Todo este momento es la ingle
de un gigante borborígmico que incluso ahora
está rodando sobre nosotros en su sueño. Adiós praderías,
albercas, humedales. La alegoría se desenreda
demasiado pronto; una lluvia de agudos arpones de caoba es
todo lo que hay que señalar entre los tornados. Yo tengo
solo mi vida intermitente en tus pensamientos para vivir,
lo que es como pensar en otro idioma. Todo
depende de si alguien te recuerda a mí.
Que esto es una fabulación, y que esos “otros tiempos”
son de hecho los silencios del alma, elegidos entre diamantes
sobre terciopelo estigio, importa menos de lo que debería.
El prodigioso sincronismo puede ser arreglado para convencerles
de que vivimos en una dimensión, la nuestra. Mientras yo en
el extranjero por todas las costas de la oscura destrucción busco
la liberación para todos nosotros, pienso en ese idioma: su
gramática, aunque torturada, ofrece pabellones
en cada nueva bifurcación de caminos. Ambulancias
pastel los recogen rápido y los llevan a los hospitales.
«Es todo trozos, lentejuelas, parches realmente; nada
permanece solo. ¿Qué fue de la evolución creativa?»
Aglavaine suspiró. Entonces, a su Sélysette: «Si su
único logro es acabar menos aburrido que los demás,
¿qué nos mantiene aquí? ¿Por qué no partir de inmediato?
Tengo que quedarme aquí mientras ellos permanezcan allí;
ríe, bebe, pasa un buen rato. En mis tiempos
uno se tendía bajo las recias hojas verdes,
fingiendo no darse cuenta de cómo se desangraban en
el agua celeste las incoloras regiones flotantes que
supuestamente no nos preocupan. Y también nosotros
llegamos a donde los otros llegan: noches de resistencia física,
o, si de día, nuestro comportamiento era anárquicamente
correcto, al menos para los estándares del Nuevo Brutalismo,
entonces todo crecía taciturno por previo acuerdo. Nos
desvanecimos en bateau, bajo la cobertura de tofe oscuro.
No son los fastidiosos defectos, sino lo escalofriante
del producto final. Cierto, pedir menos sería locura, aunque
si él es el resultado de sí mismo, ¡cuánto mejor deberíamos
ser para él! ¡Y qué poco, al final, tenemos esto en cuenta!
¿Es el arrugado satén brillante de un estuche que una vez
contuvo unas pistolas de duelo nuestro único reconocimiento
de ese color? No me gusta esto, sin embargo esta decepcionante
secuela de nosotros mismos ha sido aplaudida en Londres
y San Petersburgo. En algún lugar los cuervos rezan
por nosotros». La tormenta terminó de incubarse. Y por tanto
ella preguntó a cuantos entraban por la gran puerta, pero a nadie
encontró que hubiera oído hablar de Amadís,
ni del austero Aurangzeb, su primer amor. A algunos
de ellos esto no les importaba ni un bledo, pues todo
por definición es completitud (así
razonaban en absoluta oscuridad), ¿por qué no
aceptarlo como le plazca revelarse? Como cuando
los rascacielos bajos desde las nubes más bajas revelan
una torreta aquí, una cornisa art déco allí, y por último quizá
el esquema que podría conducir a un sentido, pero que
permanece oculto en los misterios de la paginación.
No lo que vemos, sino cómo lo vemos es lo que importa; todo
es igual, lo mismo, y saludamos a quien anuncia
el cambio como saludaríamos al cambio mismo.
Toda vida no es más que una invención; recíprocamente,
el delgado tomo que se te resbala de la mano quizá no es el
vínculo perdido en este picnic invisible cuya influencia
envuelve nuestro sentido de ello. Por tanto vivaqueemos
en esta gran autopista rubia, no interrumpida por
velados escrúpulos o adivinanzas trilladas. La mañana es
inconsistente. Agárrate a lo sexual, balanceándote
sobre el horizonte como un niño
en una jornada de pesca. Nadie sabe realmente,
ni le preocupa, si esta es la totalidad de cuyas partes
fueron otorgados —una vez— sino que deambulan por
la tradición más que custodiarla. Este mantillo de
juego los mantiene interesados y ocupados mientras la gran
materia imprecisa puede decidir qué quiere, qué planos, qué
ciudades modelo, cuánto espacio sobrante. La vida, nuestra
vida, de todos modos, está en medio. No nos interesa
ni tampoco notamos que el cielo es verde, un papagayo,
pero tenemos nuestra seriedad donde nos conviene,
insincera, intrigada, invitando a más,
siempre invocando al eco, un día de verano.
.


John Ashbery. Daffy Duck In Hollywood (poets.org)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Daffy Duck In Hollywood

Something strange is creeping across me.
La Celestina has only to warble the first few bars
Of “I Thought about You” or something mellow from
Amadigi di Gaula for everything—a mint-condition can
Of Rumford’s Baking Powder, a celluloid earring, Speedy
Gonzales, the latest from Helen Topping Miller’s fertile
Escritoire, a sheaf of suggestive pix on greige, deckle-edged
Stock—to come clattering through the rainbow trellis
Where Pistachio Avenue rams the 2300 block of Highland
Fling Terrace. He promised he’d get me out of this one,
That mean old cartoonist, but just look what he’s
Done to me now! I scarce dare approach me mug’s attenuated
Reflection in yon hubcap, so jaundiced, so déconfit
Are its lineaments—fun, no doubt, for some quack phrenologist’s
Fern-clogged waiting room, but hardly what you’d call
Companionable. But everything is getting choked to the point of
Silence. Just now a magnetic storm hung in the swatch of sky
Over the Fudds’ garage, reducing it—drastically—
To the aura of a plumbago-blue log cabin on
A Gadsden Purchase commemorative cover. Suddenly all is
Loathing. I don’t want to go back inside any more. You meet
Enough vague people on this emerald traffic-island—no,
Not people, comings and goings, more: mutterings, splatterings,
The bizarrely but effectively equipped infantries of happy-go-nutty
Vegetal jacqueries, plumed, pointed at the little
White cardboard castle over the mill run. “Up
The lazy river, how happy we could be?”
How will it end? That geranium glow
Over Anaheim’s had the riot act read to it by the
Etna-size firecracker that exploded last minute into
A carte du Tendre in whose lower right-hand corner
(Hard by the jock-itch sand-trap that skirts
The asparagus patch of algolagnic nuits blanches) Amadis
Is cozening the Princesse de Cleves into a midnight micturition spree
On the Tamigi with the Wallets (Walt, Blossom, and little
Sleezix) on a lamé barge “borrowed” from Ollie
Of the Movies’ dread mistress of the robes. Wait!
I have an announcement! This wide, tepidly meandering,
Civilized Lethe (one can barely make out the maypoles
And châlets de nécessitê on its sedgy shore) leads to Tophet, that
Landfill-haunted, not-so-residential resort from which
Some travellers return! This whole moment is the groin
Of a borborygmic giant who even now
Is rolling over on us in his sleep. Farewell bocages,
Tanneries, water-meadows. The allegory comes unsnarled
Too soon; a shower of pecky acajou harpoons is
About all there is to be noted between tornadoes. I have
Only my intermittent life in your thoughts to live
Which is like thinking in another language. Everything
Depends on whether somebody reminds you of me.
That this is a fabulation, and that those “other times”
Are in fact the silences of the soul, picked out in
Diamonds on stygian velvet, matters less than it should.
Prodigies of timing may be arranged to convince them
We live in one dimension, they in ours. While I
Abroad through all the coasts of dark destruction seek
Deliverance for us all, think in that language: its
Grammar, though tortured, offers pavillions
At each new parting of the ways. Pastel
Ambulances scoop up the quick and hie them to hospitals.
“It’s all bits and pieces, spangles, patches, really; nothing
Stands alone. What happened to creative evolution?”
Sighed Aglavaine. Then to her Sélysette: “If his
Achievement is only to end up less boring than the others,
What’s keeping us here? Why not leave at once?
I have to stay here while they sit in there,
Laugh, drink, have fine time. In my day
One lay under the tough green leaves,
Pretending not to notice how they bled into
The sky’s aqua, the wafted-away no-color of regions supposed
Not to concern us. And so we too
Came where the others came: nights of physical endurance,
Or if, by day, our behavior was anarchically
Correct, at least by New Brutalism standards, all then
Grew taciturn by previous agreement. We were spirited
Away en bateau, under cover of fudge dark.
It’s not the incomplete importunes, but the spookiness
Of the finished product. True, to ask less were folly, yet
If he is the result of himself, how much the better
For him we ought to be! And how little, finally,
We take this into account! Is the puckered garance satin
Of a case that once held a brace of dueling pistols our
Only acknowledging of that color? I like not this,
Methinks, yet this disappointing sequel to ourselves
Has been applauded in London and St. Petersburg. Somewhere
Ravens pray for us.” The storm finished brewing. And thus
She questioned all who came in at the great gate, but none
She found who ever heard of Amadis,
Nor of stern Aureng-Zebe, his first love. Some
They were to whom this mattered not a jot: since all
By definition is completeness (so
In utter darkness they reasoned), why not
Accept it as it pleases to reveal itself? As when
Low skyscrapers from lower-hanging clouds reveal
A turret there, an art-deco escarpment here, and last perhaps
The pattern that may carry the sense, but
Stays hidden in the mysteries of pagination.
Not what we see but how we see it matters; all’s
Alike, the same, and we greet him who announces
The change as we would greet the change itself.
All life is but a figment; conversely, the tiny
Tome that slips from your hand is not perhaps the
Missing link in this invisible picnic whose leverage
Shrouds our sense of it. Therefore bivouac we
On this great, blond highway, unimpeded by
Veiled scruples, worn conundrums. Morning is
Impermanent. Grab sex things, swing up
Over the horizon like a boy
On a fishing expedition. No one really knows
Or cares whether this is the whole of which parts
Were vouchsafed—once—but to be ambling on’s
The tradition more than the safekeeping of it. This mulch for
Play keeps them interested and busy while the big,
Vaguer stuff can decide what it wants—what maps, what
Model cities, how much waste space. Life, our
Life anyway, is between. We don’t mind
Or notice any more that the sky is green, a parrot
One, but have our earnest where it chances on us,
Disingenuous, intrigued, inviting more,
Always invoking the echo, a summer’s day.



John Ashbery

Gente interesante de Terranova


Terranova es, o lo era, un lugar lleno de gente interesante.
Como Larry, que se reía de sí mismo en las esquinas
por unas monedas. Estaban el ruso que se presentaba como
El Gran Duque, y del que decían que era un verdadero duque
de algún sitio, y la mujer que lo acompañaba a menudo en sus rondas.
El doctor Hanks, el matasanos, era un cirujano realmente bueno
cuando no estaba absolutamente borracho, que era casi todo el tiempo;
aún medio borracho podía realizar una cirugía craneal decente.
Estaba el ciego que no hablaba nunca
pero producía sonidos espectrales con una sierra musical.

Estaba Walsh, con su tienda de comestibles selectos.
Qué placer cuando mamá o papá
nos llevaban hasta allí, patinando sobre la resbaladiza nieve
y el hielo, y nos premiaban con un exótico higo dulce.
Tenían tés de todos los países que te puedas imaginar
y muchos pastelitos de Escocia, raros jereces
y madeiras para premiar a las tías y los tíos que venían a bailar.
En la eterna luz de las tardes de verano era una alegría
solo el estar allí y pensar. Dábamos largos paseos por el campo,
que siempre eran detenidos por algún que otro pantano. Entonces
era hora de volver a casa, lo que a todo el mundo le parecía bien,
al descubrir cada uno que él o ella podrían dar una cabezadita.

En fin, allí había un mayor porcentaje de personas interesantes
per cápita que casi en cualquier lugar de la Tierra, pero la población
era escasa, lo que significa que no había tantas personas interesantes.
Pero por todo eso nos amábamos unos a otros y tuvimos momentos
interesantes recogiendo el cerebro de los demás y secando redes
en los muelles de madera. Siempre llegaban algunos de nosotros.
Es un lugar del mundo de completa belleza, lo que nadie puede
negar —lo declaro— y de fuertes fronteras con las que tropezar.

Bien puede darse allí el culto a los poderes ctónicos, pero rara vez
es evidente. Eso nos encantaba también, ya que formábamos parte
de todo lo que sucedía, lo malo y lo bueno, y todos los matices
intermedios, felices de responder cuando pasaban lista, o competir
en los concursos de ortografía. Era demasiado de una cosa buena,
pero al menos ya se acabó. Están haciendo un documental sobre ello,
según me han contado. Lo pondrán pronto en un cine próximo a tu casa.
.


John Ashbery. Interesting People of Newfoundland (griffinpoetryprize.com)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Interesting People of Newfoundland

Newfoundland is, or was, full of interesting people.
Like Larry, who would make a fool of himself on street corners
for a nickel. There was the Russian who called himself
the Grand Duke, and who was said to be a real duke from somewhere,
and the woman who frequently accompanied him on his rounds.
Doc Hanks, the sawbones, was a real good surgeon
when he wasn’t completely drunk, which was most of the time.
When only half drunk he could perform decent cranial surgery.
There was the blind man who never said anything
but produced spectral sounds on a musical saw.

There was Walsh’s, with its fancy grocery department.
What a treat when Mother or Father
would take us down there, skidding over slippery snow
and ice, to be rewarded with a rare fig from somewhere.
They had teas from every country you could imagine
and hard little cakes from Scotland, rare sherries
and Madeiras to reward the aunts and uncles who came dancing.
On summer evenings in the eternal light it was a joy
just to be there and think. We took long rides
into the countryside, but were always stopped by some bog or other.
Then it was time to return home, which was OK with everybody,
each of them having discovered he or she could use a little shuteye.

In short there was a higher per capita percentage of interesting people
there than almost anywhere on earth, but the population was small,
which meant not too many interesting people. But for all that
we loved each other and had interesting times
picking each other’s brain and drying nets on the wooden docks.
Always some more of us would come along. It is in the place
in the world in complete beauty, as none can gainsay,
I declare, and strong frontiers to collide with.

Worship of the chthonic powers may well happen there
but is seldom in evidence. We loved that too,
as we were a part of all that happened there, the evil and the good
and all the shades in between, happy to pipe up at roll call
or compete in the spelling bees. It was too much of a good thing
but at least it’s over now. They are making a pageant out of it,
one of them told me. It’s coming to a theater near you.