Chocolate

Espesa, la tarde tibia de octubre
vahea un vago vapor de azahar.
El fatuo Gran Timador-timonel
bebe y sonríe furtivo en la sombra.

Los enanos viajaron en ayunas
al superbio país de los gigantes
—al fin la burla ha sido consumada—
solo para enseñarles a crecer.

¡Huye de la secta ahora que puedes!
grita Charlie Manson encaramado
a un repetidor de telefonía
en las afueras de Torredembarra.

¡Cállate! ¡no entiendes nada, atorrao!
¡la bruma de la Verdad me posee!
responde Pattie Hearst desde una gruta
bajo el pulcro subsuelo de Estocolmo.

El Jedi eructa y se ríe entre dientes
mientras apaga eufórico la smart
y va a revisar sus cuentas anónimas;
la Martavolante trae más cava.

¡Nuestro paraíso es mejor que el vuestro!
reproclama el burguevolucionario
saltando en la cola de Disney World
sin llegar a divisar el Atomium.

Banderas. No llueve desde hace meses
y el futuro se ha quedado obsoleto.
—Mil mentiras mil veces masticadas
no dan para escupir una verdad.

En la noche perezosa de octubre
se disuelven alcohol y azahar.
—Mucho más claro se ve el chocolate
cuanto más se espesa la realidad.

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ēgm. 2017