El cielo disuelto

Un elfo se emborrachaba, el tequila
se transmutó en leche aguada a la sombra
de las rubias palmeras del paseo,

llovió una definición equívoca,
chavales socialmente ansiosos miran
al cenagoso cielo blanquecino,

breves pantalones y camisetas
afiladas, las lombrices de arena
se entrelazan bajo el sol licuefacto,

ponte bragas rojas con corazones
blancos y el sujetador amarillo,
ámame aunque no sepas follarme,

el gnomo le dijo al hada del bosque:
vente conmigo a la luz de los valles,
no —susurró ella—, espero al elfo,

todo relato es una tergiversación
de la realidad, toda realidad
es una refutación del relato,

sin embargo aquella noche llevabas
sujetador granate y tanga negro,
fóllame aunque tu amor sea mentira,

licúa mi universo sin estrellas,
enfréntate a lo extraño aunque vayas
tan lejos que no quieras regresar,

en las islas del bosque nunca nieva,
ni nadie es responsable de su propia
deflación, queda tan solo el contorno

de la difusa sombra que antes eras,
no te amargues con monsergas, no hay juez
ni censor que puedan prohibir la vida,

rosa, fucsia, anaranjado brillaba
el hada en un hueco del olmo seco,
allá, clara la playa en sal y dunas,

en un instante la chispa que aflora,
en un instante, se apaga, un instante
en el que el elfo, borracho, se duerme.

.


ēgm. 2018

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