Queso

L’amour ne meurt jamais de besoin,
mais souvent d’indigestion.
Ninon de Lenclos

No es un perro loco (si los perros
estuvieran locos) soltado del
infierno (si existiera algún infierno)

que aúlla a las arañas del garaje
de la vecina mientras ella ajusta
las tiras de su liguero a las medias,

no es un milagro (si hay milagros)
ni (si hay brujas) un cuesco de bruja
retumbando en las montañas, ni es

mucho más que el hambre, o la sed nublosa
de la mañana siguiente a un gran día
reinando sobre el polvo, ni tampoco

más que serotonina y dopamina
e irreductibles instintos atávicos;
aunque, en realidad,

mirándolo de forma menos técnica:
¿por qué carajo me hablas de amor
cuando, mi amor, lo que quieres es queso?

egm.2018


* El amor nunca muere de hambre, sino, a menudo, de indigestión.