Bianca Stone

Introducción a El Club de la Cinta de Moebius de la Aflicción


¡En el Club de la Cinta de Moebius de la Aflicción, ven a verlo, las chicas son XXX! Si las quieres flacas, tenemos esqueletos rompiéndose en torno a las barras de stripper. Y en el bar… allí está la Abuela, con los pechos colgando sobre su estómago… espléndida, agitando un cóctel y asesinando con una compresa maxi. En el Club de la Cinta de Moebius de la Aflicción todas las bebidas son gratis. Vino rosado del ultramarinos en botellas de tres litros en cada mesa. Y los muertos no quieren tus propinas. Solo quieren que escuches sus poemas. No hagas nada peligroso. Y llama de vez en cuando. De hecho, te informan sobre la Iglesia de Dios de Misisipi. Con cheques. Con un suspiro lanzarán uno a tus pies… Hacemos llover con cheques.

Y los muertos están sentados al fondo del club, muriéndose aún más. Olfateando. Arrastrando los pies en los baños, sujetándose la piel con las manos, soltando metano y sollozando por el escenario con su última comida: es el espectáculo más atrevido de la ciudad. Y, señoras, también hay hombres colgados en las puertas del baño y de las vigas, totalmente desnudos, con sus pollas en la mano, con lágrimas cayendo por sus caras. Señoras, les encantará cómo les huelen los pies. Cómo les sobresalen los huesos. Cómo no dejan nota alguna.


Bianca Stone. The Möbius Strip Club of Grief (tinhouse.com, pdf p. 11)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

At the Möbius Strip Club of Grief, come on in, the ladies are XXX! If you want the skinny ones we got skeletons cracking round those poles. And over at the bar—there Grandma is, with her breasts hanging at her stomach—gorgeous with a shook manhattan, and murderous with a maxi pad. At the Möbius Strip Club of Grief all the drinks are free. Grocery store rosé in gallon bottles on every table. And the dead don’t want your tips. They just want you to listen to their poems. Don’t do anything dangerous. And call every once in a while. In fact, they tip you at the MSCOG. With checks. With a sigh they’ll throw one down at your feet—We make it rain with checks.

Then the dead are sitting at the back of the club, dying further. Sniffing. Shuffling into the bathrooms, holding their skin in their hands, farting methane and sobbing across the stage with their last meal—it’s the raciest show in town. And ladies, there’s men too, hanging themselves on the bathroom doors and from the rafters, totally naked, with their cocks in their hands, tears coming down their faces. Ladies, you’ll love how their feet smell. How their bones protrude. How they leave no note.


 

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