Lana Hechtman Ayers

Baba Yaga aconseja a Caperucita Roja


.

Estaba cansada de ser mujer,
cansada de las cucharas y las ollas,
cansada de mi boca y de mis pechos…
Anne Sexton

.
He tirado del arado
con mis dientes, he alimentado almas
de bebés no nacidos con la médula
de mis propios huesos,

he hecho bajar a las nubes
del cielo y tragado las estrellas
con mi disfraz de cuervo,
he hechizado serpientes,

cantado a los lobos,
tarareado truenos y
escupido lluvia; nadie puede afirmar
que he tenido una vida aburrida.

Yo no soy la esposa de nadie
ni la abuela de nadie.
No vengas a mi choza
en busca de pasteles recién horneados

o pegajosas galletas de avena.
Te daré fuego si negocias
justamente e incluso un mechón
de mi acerado cabello,

pero no conseguirás un abrazo
de mi parte. No vengas con gimoteos
buscando a alguien que te limpie
los mocos de la nariz.

Preferiría hacer una sopa
con tus dedos. No tengo tiempo
para perderlo con quejicas.
Y los hombres… una vez amé a uno.

Era un asno cabeza hueca,
como el tuyo, que pretendía casarse
con su madre en un cuerpo más joven.
Le dije que se fuera a paseo.

Y cuando eso no funcionó
le saqué los ojos y lo envié
a la pica. Aquel Edipo no ha sido
visto ni oído desde entonces.

No gesticules, niña de la caperuza.
Acepta mi consejo:
dirige a los ratones,
encanta husos,

pon a los zorros en trance;
enséñale a bailar a tu casa
sobre patas de gallina.
Un hombre tan solo te sujetaría.

¿Cómo vas a patrullar
la puerta de entrada de los muertos
llevando zapatos de cristal
y un traje de baile?

Cambia esa capa roja por
un vestido aún más rojo.
Vive tu historia, señorita;
la tuya, no la mía.

Nunca digas sí
cuando quieras decir no,
y diles no
todo el tiempo.
.


Lana Hechtman Ayers. Baba Yaga Advises Red Riding Hood
lanaayers.com
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Baba Yaga Advises Red Riding Hood

I was tired of being a woman,
tired of the spoons and the pots,
tired of my mouth and my breasts…
Anne Sexton

I’ve pulled the plow
by my teeth, fed souls
of unborn babes on the marrow
of my own bones.

I’ve called clouds down
from heaven, swallowed the stars
while in my raven guise.
I’ve charmed snakes,

sung to wolves,
hummed thunder and
spit rain. No one can claim
I’ve had a dull life.

I’m nobody’s wife
and no one’s Grandma.
Don’t come by my roost
looking for fresh-baked pies

or gooey oat cookies.
I’ll give you fire if you bargain
fair and even a lock
of my steely hair,

but you won’t get a hug
from me. Don’t come whining,
looking for someone to wipe
your snotty nose.

I’d sooner make soup
of your toes. I don’t have time
to waste on complainers.
And men, I loved one once.

He was a woodcutting dunce
like yours, looking to marry
his mother in a younger body.
I told him to take a hike.

And when that didn’t work,
I cut out his eyes and sent him
toward the pike. That Oedipus has not
been seen or heard from since.

Don’t wince, hood girl.
Take my advice,
command mice,
enchant spindles,

put foxes in a trance.
Teach your chicken-legged
house to dance.
A man will just keep you down.

How are you going to patrol
the gateway of the dead
wearing glass slippers
and a ball gown?

Trade in that red cape for
an even redder dress.
Live your story, missy,
your own—not mine.

Never say yes
when you mean no,
and mean no
all of the time.


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