—Eh, tío

—me dijo el encargado mientras yo
reparaba un tálamo defectuoso—,

haz una lista de cinco mujeres
que conozcas y que te gusten
y dime si no es así:
a la una le falta un tornillo,
a la otra le faltan todos,
a esta no sabes lo que le falta
pero algo le falta,
a esa no sabes lo que le pasa
pero algo le pasa,
y a la última no le falta ni le sobra nada
pero lo que le pasa
es que pasa de ti.

—Bueno… —dije yo— aquí en el taller…

—Vale —cortó—, ya puedes seguir
con tu trabajo. Y repasa el núcleo interno
—añadió— y comprueba las sinapsis.

Que era precisamente
lo que yo estaba haciendo.
No me extraña que no moje ni en una inundación.

.


ēgm. 2018

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