Bonita,


esta niña, jamás entenderé,
no supo —o no pudo— encontrarme, la
compararé a un alba de verano,

o bien al humo de un fuego, yo estaba,
niña, buscándola a ella, bonita,
nuestros tibios labios que reposaran

en el prado del tiempo, o bien el humo
remolinado  —no vuelve, buscaba—
por el efímero caracoleo

de la vida humana, que nunca vuelve,
y ella, tórtola desorientada,
no supo encontrarme, después el clima

extrañamente variable, tal vez,
no te dejes desconcertar, me digo,
por las sensaciones inexploradas,

la conmemoración de las luciérnagas,
hoy, en el recóndito claroscuro
de los cañaverales, quizá sea,

tal vez ella crea en la eternidad, pero,
caramba, yo solo tengo el ahora,
ahora que el alba se desintegra,

ella no supo o no pudo —o no quiso—
y yo jamás entenderé, tan niña,
tan vertiginosamente, bonita.

egm.2018