Los seres superfluos

The hope only
Of empty men.
T. S. Eliot

.
1

Somos los hombres prescindibles,
somos las mujeres innecesarias,
ajenos, apresurándonos
con la chola llena de humo,
¡qué guasa!

Nuestros secos actos, cuando
nos balanceamos ajenos,
son vanos e indiferentes
como polvo en la arena seca
o patas de araña sobre manteca
en nuestra nevera hueca.

Forma paralizada, gesto informe,
fuerza inmóvil, dormida sombra…

Que cuantos deambulan, con ojos lábiles,
en la cadena de los días
nos recuerden —si lo hicieran— no como
simples seres aturdidos, sino
como aquellas mujeres prescindibles,
esos hombres innecesarios.

2

Los ojos que quisiéramos hallar
en el insomne sueño de la vida
no son los que nos encuentran:
aquí los ojos son
brillos fluorescentes sobre las máquinas,
hay aquí un fulgor duradero
y los actos son,
en el ritmo del acero,
más baldíos e improductivos
que los transformadores sin tensión.

Dejadnos ser superfluos
en la abrupta cadena de la vida,
dejadnos también usar
los disfraces obligatorios
—el mono de faena, el uniforme,
gorros y guantes—, comportándonos
como el acero se comporta…
no menos superfluos.

No habrá celebración final
en la cadena de montaje.

3

Esta es la ciudad global,
esta es la ciudad penal,
donde se erigen y se adoran ídolos
de hormigón, y son despreciadas
las súplicas de los superfluos bajo
el zumbido de los transformadores.

Es así como
en la cadena de los años
nos despertamos y morimos solos
y a la hora en que deberíamos
estar vibrando jadeantes,
labios que se morderían elevan
oraciones al hormigón armado.

4

Los ojos no están aquí
—aquí no hay ojos—, en esta
avenida de borrosas farolas,
esta prescindible avenida, esta
ansiedad de nuestras horas frustradas.

En este último cruce de calles
vamos ajenos y a ciegas,
evitando ver, dispersos
por las aceras sitiadas del tráfico.

Ciegos. A menos que
los ojos se reencuentren,
se entrelace la palabra, licuando
la frase, el verso, la némesis
de la eterna cadena de montaje,
única esperanza
para los seres superfluos.

5

Vamos al baile del higo chumbo,
del higo chungo, del migo chumbo;
vamos al tajo del pago chungo,
a las siete y cinco de la mañana.

Entre el evento
y el movimiento,
entre la verdad
y la realidad
el Semen cae.
Porque nuestra es la cadena.

Entre la esencia
y la consciencia,
entre el deseo
y el lloriqueo,
el Semen cae.
Porque nuestra es la condena.

Entre la propuesta
y la respuesta,
entre lo potencial
y lo existencial,
entre la erección
y la consunción
el Semen cae.
Y es que la vida es muy chunga.

Porque somos innecesarios,
porque somos prescindibles,
porque seres superfluos somos…

Esta es la manera en que el mundo muda,
esta es la manera en que el mundo rula;
esta es la manera en que el mundo peta:
no con un trueno sino con un cuesco.

Pestilenciosamente.

.


ēgm. 2018
A partir de →T. S. Eliot, The Hollow Men (wikipedia)
A Hypertext Version of T. S. Eliot’s The Hollow Men

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