Larissa Pham

A veces incluso eres curioso


.
Tú no crees en nada, porque creer en algo
es creer en todo. Viste la línea de mi espalda
a la luz de la luna a través de mi camisa y me tocaste.
Si la teoría cuántica puede explicar un fantasma,
¿sigue siendo un fantasma? Yo te hablé de las casas
en las que he dormido y que me daban escalofríos, de los cuartos
con sombras reunidas en los rincones. Hablabas
de la muerte mientras desabrochabas mis pantalones cortos
y los sacabas de mis caderas. Tú no tienes miedo a morir.
A veces incluso eres curioso; tu boca relumbra con ello.

Horas después estoy en New Haven. Tengo el pelo mojado.
Recuerdo cómo brillaban las luciérnagas mientras estaba
sentada en Prospect Park, en aquella neblina crepuscular:
una araña me mordió en la muñeca provocando
la reacción de histamina que dejaría mi piel tensa y blanda
mientras yacía contigo en el sofá;
los intensos lienzos del alba pintaban de luz nuestros cuerpos,
un negro aclarado de enjuague bucal y restos de tu esperma
endulzaban mi lengua.

Me refiero a la forma en que se elevaban, como una densa
y espectral masa, estos pinchazos de luz pura, sin calor,
parpadeando cuando el sol se ponía,
mientras se extendía la oscuridad, lanzada
a través de la hierba, nadando entre mis piernas,
su verde resplandor tan inquietante como si alguien
hubiera encendido una lámpara en la habitación del dios
que nos ama, que pone su mano sobre nuestras bocas
para detener nuestro llanto.
.


Larissa Pham. Sometimes, You Are Even Curious
larissapham.com
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Sometimes, You Are Even Curious

You don’t believe in anything, because to believe in anything
is to believe in everything. You saw
the moonlit line of my back through my shirt, and touched me.
If quantum theory can explain a ghost,
is it still a ghost? I told you about the houses
I have slept in that give me chills, the rooms with shadows
gathered in the corners.
You spoke of death as you unbuttoned my shorts
and slid them off my hips. You are not afraid to die.
Sometimes, you are even curious, your mouth gleaming with it.

Hours later, I am in New Haven. My hair is wet.
I’m remembering how the fireflies looked
as I sat there in Prospect Park in that crepuscular haze:
a spider biting my wrist, triggering the histamine reaction
that would leave my skin taut and tender as I lay on the couch with you,
the heavy panels of sunrise painting our bodies in light,
a black rinse of mouthwash and traces of your cum
sweetening on my tongue.

I mean the way they rose as a dense
and spectral mass, these pinpricks of pure light, no heat,
flickering as the sun set, as the darkness spread, darting
through the grass, swimming between my legs, their green glow
so eerie as though someone had turned on a lamp in the room
of the god who loves us, who puts his hand over our mouths
to stop our crying out.


2 comentarios en “Larissa Pham”

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