Afonso López de Baián

Cantar de don Belpello


Era don Belpello   allá en su mansión,
que llamaban Longos,   do todos bien son;
por la puerta entróse   Martín Farazón
con su escudo al hombro   que muestra un capón
que fuera buen pollo   en otra ocasión,
en caballo agudo   semejante a hurón
que porta en los lomos   silla sin faldón
y falta de estribos   y un roto albardón;
no lleva loriga   ni trae lorigón,
ni tampoco grebas   tan recio varón,
mas trae un vil manto   y encima un jubón
que del forro ha tiempo   perdió el algodón,
la lanza es de pino,   un saco el pendón,
el yelmo de hierro   le quiebra el mentón,
debajo del brazo   un viejo espadón,
cuchillo mellado,   por cinto, un cordón,
dos espuelas diestras,   que zurdas no son,
la maza, de palo,   pende del arzón.
Allí a don Belpello   hablóle en razón:
—Oigáis, mi señor, y   os dé Dios perdón,
¿do va Juan Araña,   vuestro compañón
y aun vuestro alférez   que os porta el pendón?
Si es aquí, que salga   de aquesta mansión,
pues todos los otros   ya a Basto fuerón.
__________¡Eoy!

En buena hora llega   un Juan de Froián
en caballo viejo,   cazurro alazán,
el blasón que pinta   el faldón verán:
luengo campo verde   donde husmea un can,
y sobre el escudo   igual hallarán;
de capote y cinto   y calzas de Ruan,
con tal catadura   semeja un gañán.
Ante don Belpello   se va aparejan-
do y dice: —Señor, vos   no valdréis ni un pan
si aquellos en Basto   de tal guisa van;
mas id sobre ellos   que sin vos no irán:
los encontraréis y   escarmentarán.
Vengad pues la casa   en que meado os han,
y que digan todos   los que os seguirán
que aquí tal consejo   dio Juan de Froián.
__________¡Eoy!

Dicho esto llegaba   un Pero Ferreira,
en caballo blanco,   rojo en la boquera,
con escudo al hombro   de roída madera,
la lanza torcida   de tronco de higuera,
el yelmo de hierro   roto y sin visera
y con agujeros   sobre la mollera;
trae una polaina   y una rodillera,
picaba de espuelas   fuerte en gran manera,
y halló a don Belpello   que está en una era
y dice: —¡Aquí estábais,   viejo de zorrera!
Venga ese Pachacho   y don Ruy Cabreira,
y yo en la vanguardia,   si otro no acudiera,
que ya mucho os tarda   la gente de Beira
y el buen mayordomo,   sobrino de Cheira,
y ese Mendo Sapo y   don Martín de Meira
y Lopo Gato, hijo   de una monja era,
que no hay aquí lanza   atán pedorrera.
__________¡Eoy!


Afonso López de Baián. Sedia-xi Dom Belpelho em ũa sa maison (cantigas.fcsh.unl.pt)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Canción del náufrago

Miseri, quibus
intemptata nites.
Horacio

¿Quién es ese insensato que, habilidoso y grácil,
sobre la dulce arena contra ti se aniquila,
muchacha, tras las dunas? ¿Es para él que amansas
tu meduseo pelo en engañosas ondas?

Ah, cándido, cuán pronto se lamentará atónito
de tu firme inconstancia, tan sorprendido como
si en el mar, de improviso, se viera zarandeado
por las violentas aguas y el fiero temporal.

Él, que ahora costea en ti y en tu belleza,
hoy amorosa y calma, incauto va, ignorante
de tus traidores vientos; desdichado de aquel
que solo ve la orilla sin haberte surcado.

En cuanto a mí —ya a salvo—, colgadas como exvoto
en la pared del templo del dios de los océanos,
mis  ropas atestiguan —aún húmedas— que yo
ya he sobrevivido a esa tempestad.

egm.2018


A partir de →Horacio. Oda 1.5 (A Pirra)

Los números inconspicuos

El uno
es un todos contra alguno,
el dos
es alguno sin un dios,

el tres
es un clavo cada mes,
el cuatro
es el polvo en el teatro,

el cinco
es un salto y luego un brinco,
el seis
es el malva, el rosa, el beis,

el siete
es la cinta en el ojete,
el ocho
es la guinda sobre el chocho,

el nueve
es un fluido claro y leve,
el diez
es el néctar de una vez,

el once
es la luz que hiende el bronce,
el doce
es el roce que da el goce,

el trece
es mejor cuanto más crece,
el catorce
es ratón, ratita y sorce,

el quince
es el beis que veis al lince,
el dieciséis
es un lince al que no veis.

egm.2018

Charo Miranda

As sete vidas de Nicolás


.
Nicolás era un gato negro coma os pecados, moi ladrón, moi palanquín e moi limpo.

Limpiño, si que era limpo.

Cando tiña ganas de facer unha necesidade, cavaba un buraquiño na terra coas súas patas e alí metía a súa merdiña. Despois tapábaa coa mesma terra que acababa de arrincar para que non cheirase.

Estaba ben farto de comer das magas e as espiñas que miña avoa María botaba na poza do esterco.

E cando tiña a barriga chea, sentaba ó sol, mollaba con cuspe a punta dunha pata e limpaba con ela o fuciño, as barbas, a cachola e todo o seu corpiño ata deixalo brillante coma un espello. Logo arriquichaba o rabo e daba unha volta pola horta.

Era palanquín; si, moi palanquín.

Miña avoa María vivía en Beluso, no lugar da Vela, nunha casiña mariñeira pintada de branco ata o tellado. E había moitos ratos. De noite trouleaban no faiado como se sempre fose festa. Comían na cociña as migallas da cea que caeran no chan. Roían nos papeis e na roupa que atopaban no sobrado. Nicolás, encorquillado na borralleira, non movía nin un só pelo do seu bigote por ningún. E iso que para mirar de noite tiña unha lanterna en cada ollo!

E ladrón, si que era ladrón.

A avoa María non tapaba o peixe despois de fritido porque dicía que se abafaba. Así que, mentres non chegaba a súa xente para comer, facía traballos lixeiriños, como tende-la roupa, ir á fonte ou recolle-los ovos do galiñeiro.

E cando lle esquecía de fechar a porta da cociña, na lareira xa non atopaba peixes. Comérallos Nicolás. Entón a avoa dicía un par de pecados pequenos, que era como se chamaban naquel tempo os tacos. Só os botaba cando estaba moi anoxada. E parecíalle un feito tan grave que, cando o contaba, repetía: Ata lle botei un par deles!

Nicolás, moi satisfeito, relambíase e ó mesmo tempo aseábase as barbas e mailo fuciño. Miña avoa tiráballe cun pau, para castigalo, pero nunca lle acadaba. Mais un día… acadoulle. O pau foille atinar na cabeza do gatiño, que quedou morno e non puido fuxir. Logo a miña avoa colleuno pola capeleira e sacudiuno por se rebulía, pero non rebuliu. Estaba teso coma un garabullo. Morrera!

Como entón non había albeite para os gatos, chimpouno por riba do muro da horta ó monte da Vela e botoulle “un par deles” de responso.

Miña avoa tiña pena por Nicolás. Pero, ó mesmo tempo, que desafogada quedou! que segura!

Deulle a noticia a tódalas veciñas: a Encarnación de Mato, a Manuela a Dourada… Contábao no río, contábao na fonte e, aínda máis, contábao polo camiño do mercado de Bueu, que era moi longo.

Xa podía deixa-las tixoladas de peixes sen tapar, que ninguén llos ía roubar. E así foi ata que, pasados uns días… os peixes fuxiran da lareira.

Parou a cavilar… Pensou nalgún pobriño dos que viñan pedir pola porta, que sempre estaba aberta. Tamén pensou no gato dalgún veciño. E saíu fóra da casa.

E alí estaba o ladrón. Era Nicolás, que volvera do máis alá. Estaba na eira sentado ó sol, a relambe-lo fuciño e limpa-las barbas coas súas patas.

Arrenegado sexa o demo! E botoulle un par deles.

A avoa María contoulle o milagre a tódalas veciñas: Contábao no río, contábao na fonte e, aínda máis, contábao polo camiño do mercado de Bueu, que era moi longo. E sempre remataba: Éche ben certo que o gato ten sete vidas!

Miña avoa María dende entón tomoulle moito respecto a Nicolás, cal se fose cristián defuntiño que volvera do outro mundo. Tapaba os peixes e fechaba a porta para que non roubase, e dáballe peixiños fritidos de agarimo.

E non lembro de como nin cando morreu Nicolás por derradeira vez, só sei que o fixo cando Deus quixo.
.

A Pobra do Caramiñal, xullo de 2003


Las siete vidas de Nicolás

Nicolás era un gato negro como los pecados, muy ladrón, muy holgazán y muy limpio.

Limpio, sí que era limpio.

Cuando tenía ganas de hacer una necesidad, cavaba un agujerito en la tierra con sus patas y allí metía su mierdecita. Después la tapaba con la misma tierra que acababa de sacar para que no oliese.

Estaba bien harto de comer las tripas y las espinas que mi abuela María echaba en la poza del estiércol.

Y cuando tenía la barriga llena, se sentaba al sol, se mojaba con saliva la punta de una pata y se limpiaba con ella el hocico, las barbas, la cabeza y todo su cuerpecillo hasta dejarlo brillante como un espejo. Luego enderezaba el rabo y se daba una vuelta por la huerta.

Era holgazán; sí, muy holgazán.

Mi abuela María vivía en Beluso, en el lugar de A Vela, en una casita marinera pintada de blanco hasta el tejado. Y había muchos ratones. De noche alborotaban en el desván como si siempre fuera fiesta. Comían en la cocina las migajas de la cena que habían caído al suelo. Roían los papeles y la ropa que encontraban en el piso alto. Nicolás, enroscado sobre la ceniza del hogar, no movía ni un solo pelo de su bigote por ninguno. ¡Y eso que para ver de noche tenía una linterna en cada ojo!

Y ladrón, sí que era ladrón.

La abuela María no tapaba el pescado después de freírlo porque decía que se reblandecía. Así que, mientras no llegaba su gente para comer, hacía trabajos ligeritos, como tender la ropa, ir a la fuente o recoger los huevos del gallinero.

Y cuando se le olvidaba cerrar la puerta de la cocina, en el fogón ya no quedaba pescado. Se lo había comido Nicolás. Entonces la abuela decía un par de pecados pequeños, que era como se llamaban en aquel tiempo los tacos. Solo los echaba cuando estaba muy enfadada. Y le parecía un hecho tan grave que cuando lo contaba repetía: ¡Hasta le eché un par de ellos!

Nicolás, muy satisfecho, se relamía y al mismo tiempo se aseaba las barbas y el hocico. Mi abuela le tiraba un palo, para castigarlo, pero nunca le atinaba. Pero un día… le atinó. El palo fue a acertar en la cabeza del gatito, que se quedó inerte y no pudo huir. Luego mi abuela lo cogió por la cocorota y lo sacudió por si rebullía, pero no rebulló. Estaba tieso como una estaca. ¡Se había muerto!

Como entonces no había veterinario para los gatos, lo lanzó por encima del muro de la huerta al monte de A Vela y le echó “un par de ellos” de responso.

Mi abuela tenía pena por Nicolás. Pero al mismo tiempo, ¡qué desahogada se quedó, qué tranquila!

Le dio la noticia a todas las vecinas: a Encarnación de Mato, a Manuela la Dourada… Lo contaba en el río, lo contaba en la fuente, e incluso lo contaba en el camino del mercado de Bueu, que era muy largo.

Ya podía dejar las sartenadas de pescado sin tapar, que nadie se lo iba a robar. Y así fue hasta que, pasados unos días… el pescado había huido del fogón.

Se detuvo a cavilar… Pensó en algún pobrecillo de los que venían a pedir a la puerta, que siempre estaba abierta. También pensó en el gato de algún vecino. Y salió fuera de la casa.

Y allí estaba el ladrón. Era Nicolás, que había vuelto del más allá. Estaba en el patio sentado al sol, relamiéndose el hocico y limpiándose las barbas con sus patas.

¡Maldito sea el demonio! Y le echó un par de ellos.

La abuela María le contó el milagro a todas las vecinas: Lo contaba en el río, lo contaba en la fuente, e incluso lo contaba en el camino del mercado de Bueu, que era muy largo. Y siempre remataba: ¡Qué cierto es que los gatos tienen siete vidas!

Mi abuela María desde entonces le tomó mucho respeto a Nicolás, cual si fuera un cristiano difunto que hubiera vuelto del otro mundo. Tapaba el pescado y cerraba la puerta para que no robara, y le daba pescaditos fritos con ternura.

Y no me acuerdo cómo ni cuándo murió Nicolás por última vez, solo sé que lo hizo cuando Dios quiso.

A Pobra do Caramiñal, julio de 2003


Este es el único relato que escribió mi madre, a los 81 años. A veces me contaba cosas de su juventud, de sus pretendientes y de sus aventuras como maestra en aldeas de montaña, y podría haberlas escrito. Eran divertidas. Pero realmente era mayor. Falta el impulso, la necesidad de contar por escrito.
Recuerdo especialmente que me contó que un jovencito, para ligar con ella, lo primero que le dijo fue: ¿Gústache o jazz-band? Pronunciado, en gallego de las Rías Bajas: jústache o jasbán. Es decir, ¿te gusta el jazz? Que era lo que, al parecer, estaba tocando la orquesta en aquella fiesta de pueblo. Allá en la posguerra, por los años 40. No sé si mamá sabría entonces qué podría ser el jazz-band, como se denominaba en principio a lo que ahora conocemos como jazz.
Decía que los hombres de la montaña, a caballo y con sus trajes de pana, le parecían verdaderos cowboys. Pero ella era de las Rías, del mar, y no le gustaban mucho aquellas gentes a las que veía como atrasadas.
Una vez llevó, como regalo, nécoras frescas a la casa en la que se hospedaba. No supo más de aquellas nécoras hasta que empezó a notar el olor a podrido que salía del armario en el que habían dejado aquellos bichos extraños, sin saber qué hacer con ellos pero sin atreverse a tirarlos.
En fin… muchas historias que se ha llevado consigo.

Encontré varias copias de ordenador y un borrador manuscrito de As sete vidas de Nicolás. También encontré el final de otra copia manuscrita firmada “A aboa Charo” (la abuela Charo) seguida de una dedicatoria de Xosé Neira Vilas, al que mi madre conoció en unas vacaciones, para mi sobrina Bea, firmada en Camposancos el 24 de julio de 2003. No sé si Neira Vilas influyó en la redacción del relato.
Por mi parte lo he adaptado a la normativa gallega actual y he cambiado algunas palabras, aunque he dejado encorquillado (que traduzco al castellano como enroscado) precisamente porque no aparece en ningún diccionario.

· IN MEMORIAM ·
María del Rosario Miranda Gómez
1922 – 2018


A tía Pilar

Anoche me acordé de la tía Pilar, la tía abuela de mi madre, de la que ella decía que era una santa y a la que, efectivamente, rezaba como si lo fuera. Me pregunté cuándo habría muerto y dónde estaría enterrada; pensé que en algún osario común si murió antes de finalizar la guerra del 36, como me parece probable. Eso pensé. Y, vaya, esta tarde, buscando, en un aparador donde nunca miro, un cordel para sujetar unas plantas, me encontré una hoja escrita con la característica letra redonda de “maestra nacional” de mi madre, y lo primero que vi fue el título, en letras grandes y subrayado: A tía Pilar.
Iba a salir a dar un paseo, pero en cuanto acabé con las plantas me puse a transcribir este recuerdo, creo que incompleto, de mi madre a su tía Pilar, como un recuerdo para mi madre.
Supongo, si hay un Más Allá, que se habrán reunido por fin las dos, tantos años después, y rezarán juntas “las oraciones de la noche”.

Lo pongo en gallego, como ella lo escribió, y después la traducción.


A tía Pilar era unha santa. Pasaba o día a rezar e a dar grazas a Deus por todo o que lle daba, que era moi pouco. Non falaba mal de ninguén. Sempre que viña un pobre pola porta dáballe unha cunca de caldo ou unha codiña de pan, de xeito que nunca ía coas mans limpas.

Era solteira e axudou a criar os nove fillos de miña avoa e parte dos seus netos. Deses nove fillos morreron cinco cando contaban de 15 a 20 anos. A tía Pilar rezou e chorou por eles toda a vida. Os que quedaban queríana con loucura, máis que á súa nai, e eu que era sobriña neta, queríaa máis que á miña avoa.

Era feitureira contando contos e historias de lobos, de misións, que non perdía unha, e de Historia Sagrada.

A miña cama estaba arrimada á dela, e cando me deitaba rezaba comigo as oracións da noite, que me facía aprender de memoria. Pola Coresma rezaba:

¡Deusiño pequeniño,
lévame polo bo camiño!
Alá fun, alá cheguei,
tres Marías alcontrei
perguntando por Xesús;
Xesús estaba na cruz
cos peíños a sangrar,
cos olliños a chorar.
¡Xesusiño pequeniño
lévame polo bo camiño!

E sobre todo, educounos a todos na súa moral e na súa relixión: non mentir, non roubar, non facer dano e non falar mal de ninguén, son principios que ela me ensinou e que eu sempre tratei de inculcarllos aos meus fillos e aos meus netos.


La tía Pilar

La tía Pilar era una santa. Se pasaba el día rezando y dando gracias a Dios por todo lo que le daba, que era muy poco. No hablaba mal de nadie. Siempre que venía un pobre por la puerta le daba una taza de caldo o un pedazo de pan, de modo que nunca se iba con las manos vacías.

Era soltera y ayudó a criar a los nueve hijos de mi abuela y parte de sus nietos. De esos nueve hijos murieron cinco cuando contaban de 15 a 20 años. La tía Pilar rezó y lloró por ellos toda su vida. Los que quedaban la querían con locura, más que a su madre, y yo que era sobrina nieta, la quería más que a mi abuela.

Era muy amena contando cuentos e historias de lobos, de misiones, que no se perdía una, y de Historia Sagrada.

Mi cama estaba pegada a la suya, y cuando me acostaba rezaba conmigo las oraciones de la noche, que me hacía aprender de memoria. En Cuaresma rezaba:

¡Diosecito pequeñito,
llévame por el buen camino!
Allá fui, allá llegué,
tres Marías encontré
preguntando por Jesús;
Jesús estaba en la cruz
con los piececitos sangrando,
con los ojitos llorando.
¡Jesusito pequeñito
llévame por el buen camino!

Y sobre todo, nos educó a todos en su moral y en su religión: no mentir, no robar, no hacer daño y no hablar mal de nadie, son principios que ella me enseñó y que yo siempre traté de inculcar a mis hijos y a mis nietos.


Un par de notas
El adjetivo feitureira no aparece en los diccionarios de gallego y portugués que he consultado; evidentemente proviene de feitura, hechura, y significa algo así como que tiene habilidad, que tiene arte para algo; lo traduzco por muy amena. misións, misiones, hace referencia a las acepciones 7 y 8 de la entrada misión en el diccionario DRAE; recuerdo haber acudido a alguna de esas misiones en la iglesia de la parroquia cuando era niño. Los vulgarismos alcontrei y perguntando están como mi madre los escribió y seguro que es así como los decía mi tía bisabuela; y seguro también que para ella Xesús rimaba con crus.

· IN MEMORIAM ·
María del Rosario Miranda Gómez
1922 – 2018


Fumar mata

I
La materia oscura
   siempre regresa.

II
Buenos días, si no
   piensas en ello.

III
Escucha el latido
   de la distancia.

IV
El cofre del tesoro
   ha florecido.

V
Deberías dejarlo
   como viene.

VI
Plan de palabras
   desaparecidas.

VII
Media hora aquí,
   luego el infinito.

VIII
Aún tengo muchas
   cosas que callarte.

IX
Enredada roca
   redondeada.

X
Urdimbre y trama
   deshilan el verso.

XI
Dime el nexo entre
   flexo, sexo, plexo.

XII
La yuxtaposición
   lo explica todo.

XIII
Quizá fumar mata,
   pero no engorda.

XIV
Endecasílabos
   vueltos en dísticos.

XV
La materia oscura
   siempre perdura.

egm.2018

Habilidad de mirarse al espejo

Algo huidizo en la luz de la ventana abierta,
transmutación del sol en sombra en movimiento,
transustanciación, aunque ya sea lo que sea

a qué jueguen las nubes cuando yo no le presto
atención a sus trucos, ahora estoy mirando
en este viejo espejo mi rancia cara rota,

soy un rancio cabrón escrutando a un cabrón
que finge ante un espejo que él es realidad,
pero ya nada crece aquí, y no hay nada,

y todo permanece, y sigue habiendo todo,
y miro algo y veo, entre un algo de sombra
y de luz, o de nube, un recuerdo entreoscuro

probando a recordarse a sí mismo, una cara
queriendo recordarse en cada otra cara,
o bien la misma cara que ya no se recuerda

a sí misma, la misma transmutación de sí
misma, nueva y continua transustanciación, —oh,
qué irónicos que somos en la entreoscuridad—

tranconsustanciación confusa de mí mismo
en cada espeso espejo, y sí a veces hábil,
pero no soy tan listo como quizá parezca.

egm.2018

Oliver Baez Bendorf

Hoja perenne


¿Qué sigue creciendo en invierno?
Uñas de brujas y damas,
musgo verde en las rocas del río,
iluminado por secretos… me he permitido
pasar cerca del río pero no
del ferrocarril: este es mi trato.
Hierve agua en un puchero en el bosque
y puedo oír como crece el estruendo
del tren, pero tampoco puedo, ¿sabes?
Luego estoy afeitándome ante un
espejo irrompible mientras una enfermera
mira por encima de mi hombro.
Mierda. ¿Qué sigue creciendo en invierno?
Lynda me trajo albahaca que aplasté
entre el índice y el pulgar solo para
oler el interior de alguna cosa. Así que
voy al río pero no a la vía del
ferrocarril, creo que viviré un año más.
La roca del río empuja mis hombros
como una amante que sabe que no quiero
el poder. Libero cada músculo contra
la roca y le doy todo mi calor.
                                   La nieve se sacude
sobre mi pecho tan rápido como un salero.
Ramas encima de mí llenas de látigos de agujas
de pino: cuando la roca del río ha terminado
conmigo, yo podría ser el bosque de hoja perenne.
La seguridad es una roca que arrojo al río.
Mi cuerpo está listo. Ni siquiera pienso que
ningún tren pase por esta ciudad nunca más.


Oliver Baez Bendorf. Evergreen (poets.org)
oliverbendorf.org
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Evergreen

What still grows in winter?
Fingernails of witches and femmes,
green moss on river rocks,
lit with secrets… I let myself
go near the river but not
the railroad: this is my bargain.
Water boils in a kettle in the woods
and I can hear the train grow louder
but I also can’t, you know?
Then I’m shaving in front of an
unbreakable mirror while a nurse
watches over my shoulder.
Damn. What still grows in winter?
Lynda brought me basil I crushed
with my finger and thumb just to
smell the inside of a thing. So
I go to the river but not the rail-
road, think I’ll live another year.
The river rock dig into my shoulders
like a lover who knows I don’t want
power. I release every muscle against
the rock and I give it all my warmth.
____________ Snow shakes
onto my chest quick as table salt.
Branches above me full of pine needle
whips: when the river rock is done
with me, I could belong to the evergreen.
Safety is a rock I throw into the river.
My body, ready. Don’t even think
a train run through this town anymore.

Chelsey Minnis

Peleas


Punto de información: ¿Sabes algo de eso?
Te daré más tiempo para resolverlo.
No, no voy a llorar.
Voy a aplastar los geranios.
¿Te importa, cariño?

Me encanta como agitas tu puño en el retrato al óleo.
¿Puedo preguntarte por qué eres tan detestable?
Te quiero pero vas a irte a hacer puñetas.
¿Has probado alguna vez mis lágrimas?
Las copas de champán vacías esperaban preciosas.

No me mires con ese brillo.
No me gusta.
Nadie debería arruinarlo todo.
Nunca he ganado una discusión pero hay más cosas en la vida.
¿Alguna vez alguien le saca esa mirada de sus ojos?

He tenido una buena actitud un par de veces.
Casi me vuelvo loca.
¿Qué eres? ¿Una perfecta rata?
Adoro a las ratas. Las ratas son dulces.
Así que vamos a dar unos cuantos gritos.

Cariño, esto es un cojín cilíndrico de satén del sofá.
Voy a sacudirte con él.
Casi nadie sabe de qué estoy hablando ahora.
Eso es lo maravilloso
Me temo que aceptaré ese billete gratuito para irme de aquí.

Noticias: No eres bueno.
No me importa quién lo pille.
Hace una noche estupenda para una llorada.
Eso me deja K.O.
Consigamos asientos en primera fila.

Noticias: Sigues sin ser bueno.
Creo que eres la peor no-buena persona que he conocido.
Y con esto concluye el sermón de esta noche.
Sé en qué estás pensando.
Tal vez lleguemos a alguna parte.


Chelsey Minnis. Fights (granta.com)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Fights

Point of information: What do you know about anything?
I’ll give you extra time to figure it out.
No, I’m not going to cry.
I’m going to smash the geraniums.
Do you mind, darling?

I like it when you shake your fist at a painted portrait.
May I ask why you’re so terrible?
I love you but you want to go to blazes.
Have you ever even tasted my tears?
The empty champagne glasses were waiting beautifully.

Don’t look at me with that sparkle.
I don’t like it.
Everyone shouldn’t ruin everything.
I never win an argument, but there are other things in life.
Does anybody ever get that look out of their eyes?

I’ve had the right attitude once or twice.
I nearly went out of my mind.
What are you? A perfect rat?
I adore rats. Rats are sweet.
Now, let’s have some yelling.

Darling, this is a cylindrical satin sofa cushion.
I’m going to beat you with it.
Now, a lot of people don’t know what I’m talking about.
That’s what’s so wonderful.
I’m afraid I’m going to have to accept that free ticket out of town.

Bulletin: You’re no good.
I don’t care who catches it.
It’s a swell night for a cry.
That’s KO with me.
Let’s have ringside seats.

Bulletin: You’re still no good.
I think you’re the most no-good person I’ve ever known.
And that concludes tonight’s sermon.
I know what you’re thinking.
Maybe we’d get somewhere.

Todd Dillard

Parábola del superviviente


En la parábola que sueñas la gaviota
arranca una sola mano
de una playa hecha de manos,
la lleva a través del mundo
y la deja caer en otro océano adormilado,
luego regresa volando para hacerlo de nuevo
hasta que una playa se hunde bajo la superficie
y la otra se eleva, clamando al cielo estremecido.

Estás cansado de decirte a ti mismo que no escribas
acerca de tu madre muerta.

Estás cansado de cómo la parte de ti
que depositaste en el ataúd de tu madre
está siempre en otro ataúd,
no importa cuántos abras
con una palanca. La vida tal como la escribes
es una declaración tras otra:

No lo haré, no lo haré, esta es la última
vez, ni una más, y una más,

y entonces escribes manzana y
tu madre aparece
hambrienta en la página, escribes maleta
y ella está allí, doblada en su interior, escribes
ella dijo que yo podría ser lo que quisiera
y ella te susurra al oído:
tú nunca serás nada
sino la ausencia que puse dentro de ti.

Y sabes que eso es falso,
igual que sabes que la carne se alza
como el pan desde tus huesos, que las palabras
se agitan como vaho en tus pulmones.

Pero la verdad es, en la parábola
que sueñas,
que tú no eres la gaviota
y no eres el océano ni las manos crispadas,
ni eres siquiera el cielo estremecido.

Estás pisoteando el agua,
describiendo una y otra vez el agua,
y una y otra vez
el agua dice: de nuevo.


Todd Dillard. Survivor Parable (yespoetry.com)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Survivor Parable

In the parable as you dream it the seagull
plucks a single hand
from a beach made of hands,
carries it across the world,
drops it in another sleepy ocean,
then flies back to do it again and again
until one beach sinks below the surface
while the other rises, clamors for the flinching sky.

You’re tired of telling yourself not to write
about your dead mother.

You’re tired of how the piece of you
you deposited in your mother’s coffin
is always in another coffin,
no matter how many
you pry open. Life as you write it
is one proclamation after the next:

I will not, I will not, this is the last
time, no more, one more,

and then you write apple and
your mother appears
hungry on the page, you write
suitcase and she’s there, folded into it, you write
she said I could be whatever I wanted
and she whispers into your ear
you will never be anything
but the absence I put inside you.

And you know this is untrue
as much as you know the flesh
rising like bread from your bones,
the words roiling like steam in your lungs.

But the truth is, in the parable
as you dream it,
you are not the seagull,
you are not the ocean, the twitched hands,
you are not even the flinched sky.

You are treading water
describing over and over the water,
and over and over
the water says again.

La misteriosa vida

Poderosos machos entrechocando
las cornamentas, los picos, las garras,
las pinzas, los colmillos,
                                               las carteras,

hasta agotar sus energías, mientras
las hembras esperan al vencedor,
ajenas en realidad al combate.

Qué poco misterioso
resulta el gran misterio de la vida.

egm.2018

Filippo Balestra

En el laberinto equivocado


A veces se está en el laberinto equivocado
y no se puede ir en la dirección equivocada
porque se está en el laberinto equivocado;
no es la dirección,
es cada paso que se da
o incluso el permanecer quieto.

Si se está en el laberinto equivocado
todo está equivocado,
incluso permanecer quieto,
incluso mirar,
sudar.

Lamentablemente,
la única salvación en el laberinto equivocado
es conseguir entender
que el laberinto equivocado es ubicuo,
luego,
seguidamente,
pensar que se está equivocado,
convencerse de estar en el laberinto correcto.

Y finalmente moverse:
buscar la salida.


Filippo Balestra. Nel labirinto sbagliato (poesiadelnostrotempo.it)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Nel labirinto sbagliato

A volte si è nel labirinto sbagliato
e non si può sbagliare direzione
perché si è nel labirinto sbagliato
non è la direzione
è ogni passo che si fa
ed è anche lo stare fermi.

Se si è nel labirinto sbagliato
tutto è sbagliato
anche stare fermi
anche guardare
sudare.

Miseramente,
l’unica salvezza nel labirinto sbagliato
è riuscire a concepire
che il labirinto sbagliato è ovunque,
quindi,
successivamente,
pensare di essersi sbagliati
convincersi di essere nel labirinto giusto.

E finalmente muoversi:
cercare l’uscita.