Sarah Lindsay

Lluvia de estatuas


.
De las guerras mitridáticas, siglo I a. C.

.
Nuestro general estaba en otra parte
cuando nos ahogamos.
Mientras descansaba nos envió a casa
con el grueso de su botín
que entorpecía al ejército.
La furiosa tormenta
que nos atrapó despedazó los cascos
y nos convirtió en ofrendas al fondo del mar:
una lluvia de estatuas, oro y hombres.

Liberados del servicio,
realizado en la guerra,
silenciados el siseo y el estrépito,
caímos a través de corrientes de criaturas
cuyas vidas son su propósito.
Nos instalamos junto al tesoro saqueado
en los templos de la ruinosa Grecia ateniense;
entre nosotros dioses y diosas de bronce y mármol,
anclados sin gracia,
esquivados por peces indiscretos.
Su poder nunca tuvo intención de mantenernos a flote
―nuestros placeres fueron obsequios fortuitos―
pero, sacudidos por su resplandor en nuestro polvo,
les dimos nuestras voces.

Sus caras, alas y extremidades
yacen aquí, con nuestros huesos pulidos
e inmóviles instrumentos.
Pequeños cangrejos intentan ponerse anillos
engarzados de ágata y amatista
y muchos pulpos,
buscando un momento de descanso,
encuentran refugio en nuestras cavidades craneales.
Así que todavía estamos en uso.
.


Sarah Lindsay. Rain of Statues
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

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