Herberto Helder

Las palabras


.
Quedarán para siempre abiertas mis
salas negras.
Amarrado a la noche
yo canto con un lirio negro sobre la boca.

Con la lepra en la boca,
con la lepra en las manos.
Este mamífero tiene sal alrededor,
este mineral transpira, la primavera se precipita.

Con la lepra en el corazón.
Pero de repente,
solo llegar a la ventana y ver un paisaje temblando
de miedo.

Y una vida más lenta
solo con una estrella a cuestas,
una tonelada de luz inquieta,
una estrella respirando como un carnero
vivo.

Igual que esta especie de fiesta dolorosa,
apenas un manojo de cabellos violentos
y su olor a pimienta,
en el lado oscuro
como se canta que las salas van a levantar
el vuelo.

Se quedarán para siempre abiertas estas manos exageradas
en diez dedos con sueño,
como una rosa encima del pene.

En la cima del tallo de sangre,
esa flor confusa.
Un equilibrio igual,
solo la estrella en la cima del éxtasis.

Solo alguna cosa parada en la cima de una visión
temblorosa.
La primavera, que yo sepa,
tiene la sal como color inmóvil,

Por un lado entra la noche,
así de súbito negra.

De una punta a otra se llena el espacio
alisando tablas.
Se rasga seda para aprender el ritmo.
Abrazo un cuerpo con las camelias
ardiendo.

Abiertas para siempre las negras partes
de más de una estación.

De este mismo modo
las mujeres caminan por las galerías transparentes,
y el palacio quema la noche en la que estoy
cantando.

Es posible aún cortar por la mitad el oficio de ver,
y en un lado hay espejos ebrios,
en el otro un cardumen ilegible de sonidos
oscuros.

Se sabe entonces por el silencio de alrededor,
se sabe alrededor que son lirios
sonoros.

Al paso
las mujeres cosechan estos sonidos irrumpientes,
y las manos se quedan negras junto a la belleza
insensata.

Sonríen después con un talento
terrible.
Llevamos a cuestas un carnero palpitante.

Pesa tanto una estrella
cuando despierta en las salas negras abiertas de par en par,
y las manos toman un manojo de cabellos dolorosos,
y sobre la boca un lirio en brasa,
blanco, blanco,

que no nos deja respirar.
La lepra en la boca,
que no nos deja respirar.

Un manojo de lepra contra el cuerpo,
como esto entonces solo el movimiento de aguas oscuras
por los canales de un canto,
como un palacio de salas negras abiertas
para siempre.

Este animal respira como un espejo de pie,
en el aire,
en el aire.
.


Herberto Helder. As palavras
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

As palavras

Ficarão para sempre abertas as minhas
salas negras.
Amarrado à noite,
eu canto com um lírio negro sobre a boca.

Com a lepra no coração.
Mais de repente,
só chegar à janela e ver uma paisagem tremendo
de medo.

E uma vida mais lenta
só com uma estrela às costas,
uma tonelada de luz inquieta,
uma estrela respirando como um carneiro
vivo.

Igual a esta espécie de festa dolorosa,
apenas um ramo de cabelos violentos
e o seu odor a pimenta,
no lado escuro
como se canta que as salas vão levantar
o seu voo.

Ficarão para sempre abertas estas mãos exageradas

em dez dedos com sono,
como uma rosa acima do pénis.

Ao cimo do caule de sangue,
essa flor confusa.
Um equilíbrio igual,
só a estrela ao cimo do êxtase.

Só alguma coisa parada no cimo de uma visão
tremente.
A primavera, que eu saiba,
tem o sal como cor imóvel,

Por um lado entra a noite,
assim de súbito negra.

De uma ponta à outra enche-se o espaço
aplainando tábuas.
Rasga-se seda para aprender o ritmo.
Abraço um corpo com as camélias
a arder.

Abertas para sempre as negras partes
de mais uma estação.

Semelhante a isto
as mulheres andam pelas galerias transparentes,
e o palácio queima a noite onde estou
cantando.

É possível ainda cortar ao meio o ofício de ver —
e num lado há espelhos bêbedos,
no outro um cardume ilegível de sons
obscuros.

Sabe-se então pelo silêncio em volta,
sabe-se em volta que são lírios
sonoros.

Passando
as mulheres colhem estes sons irrompentes,
e as mãos ficam negras junto à beleza
insensata.

Elas sorriem depois com um talento
terrível.
Levamos às costas um carneiro palpitante.

Pesa tanto uma estrela
quando se acorda nas salas negras abertas de par em par,
e as mãos agarram um ramo de cabelos dolorosos,
e sobre a boca um lírio em brasa,
branco, branco,

que não nos deixa respirar.
A lepra na boca,
que não nos deixa respirar.

Um ramo de lepra contra o corpo,
como isto então só o movimento de águas obscuras
pelos canais de um canto,
como um palácio de salas negras abertas
para sempre.

Este animal respira como um espelho de pé,
no ar,
no ar.


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