Nanni Balestrini

Instrucciones preliminares


nuestro mundo está desapareciendo
los crepúsculos suceden a los crepúsculos
se puede escuchar la lágrima silenciosa
el correr de la sangre la vida que huye
en hojas de papel corroídas ajadas
acariciando las palabras aún visibles

acariciando las palabras aún visibles
supremas famosas ficciones se disuelven
en hojas de papel corroídas ajadas
los crepúsculos suceden a los crepúsculos
en una realidad caótica hostil inmensa
no sabemos quiénes somos ni a dónde vamos

no sabemos quiénes somos ni a dónde vamos
las viejas certezas se desvanecen
en una realidad caótica hostil inmensa
supremas famosas ficciones se disuelven
nuestra urgencia de orden queda anulada
en una cuadrícula de posibilidades infinitas

en una cuadrícula de posibilidades infinitas
probamos cada vez con palabras diferentes
nuestra urgencia de orden queda anulada
las viejas certezas se desvanecen
todo se ramifica se descompone se mezcla
los experimentos no producen un sí ni un no

los experimentos no producen un sí ni un no
sino un continuo flujo de probabilidades
todo se ramifica se descompone se mezcla
probamos cada vez con palabras diferentes
ninguna búsqueda de respuestas absolutas
pues cada desarrollo lo marca la discontinuidad

pues cada desarrollo lo marca la discontinuidad
ruptura radical y definitiva con el evolucionismo
ninguna búsqueda de respuestas absolutas
sino un continuo flujo de probabilidades
el punto es en donde la cadena puede ser cortada
la contradicción principal cambia continuamente

la contradicción principal cambia continuamente
en la violencia que perturba la cotidianidad
el punto es en donde la cadena puede ser cortada
ruptura radical y definitiva con el evolucionismo
teoría materialista de la contingencia
el instante en que el uno se escinde en dos

el instante en que el uno se escinde en dos
observando el evento desde perspectivas parciales
teoría materialista de la contingencia
en la violencia que perturba la cotidianidad
en la duración cambiante de las coyunturas
fuerzas heterogéneas se acoplan en una línea común

fuerzas heterogéneas se acoplan en una línea común
según una relación no predeterminada
en la duración cambiante de las coyunturas
observando el evento desde perspectivas parciales
descomponer y recomponer en equilibrios alternos
la escritura como un flujo no como un código

la escritura como un flujo no como un código
construcciones asociativas y acumulativas
descomponer y recomponer en equilibrios alternos
según una relación no predeterminada
enriquece el significado volviéndolo maleable
la forma liberada del pantano de la sintaxis

la forma liberada del pantano de la sintaxis
secuencia de imágenes disparadas como eslóganes
enriquece el significado volviéndolo maleable
construcciones asociativas y acumulativas
hacer partícipe al lector reiniciando el idioma
contra el abuso de convención el vaciado de sentido

contra el abuso de convención el vaciado de sentido
no dominante y dominado sino fuerza contra fuerza
hacer partícipe al lector reiniciando el idioma
secuencia de imágenes disparadas como eslóganes
el ataque va meticulosamente preparado
desde una perspectiva revolucionaria

desde una perspectiva revolucionaria
otro mundo está apareciendo
el ataque va meticulosamente preparado
no dominante y dominado sino fuerza contra fuerza
se puede escuchar la lágrima sonora
el correr de la sangre la nueva vida que llega


Nanni Balestrini. Istruzioni preliminari (casaeditricegigante.blogspot.com)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Istruzioni preliminari

il nostro mondo sta scomparendo
i tramonti succedono ai tramonti
si può sentirne lo strappo silenzioso
scorrere il sangue la vita che fugge
su fogli di carta corrosi sbiaditi
accarezzando le parole ancora visibili

accarezzando le parole ancora visibili
supreme famose finzioni si dissolvono
su fogli di carta corrosi sbiaditi
i tramonti succedono ai tramonti
in una realtà caotica ostile immensa
non sappiamo chi siamo né dove andiamo

non sappiamo chi siamo né dove andiamo
le vecchie certezze se ne vanno
in una realtà caotica ostile immensa
supreme famose finzioni si dissolvono
la nostra urgenza di ordine si annulla
in un reticolato di possibilità infinite

in un reticolato di possibilità infinite
proviamo ogni volta con parole diverse
la nostra urgenza di ordine si annulla
le vecchie certezze se ne vanno
tutto si ramifica si scompone si mescola
gli esperimenti non producono un sì o un no

gli esperimenti non producono un sì o un no
ma un continuo flusso di probabilità
tutto si ramifica si scompone si mescola
proviamo ogni volta con parole diverse
nessuna ricerca di risposte assolute
poiché ogni sviluppo è segnato dalla discontinuità

poiché ogni sviluppo è segnato dalla discontinuità
rottura radicale e definitiva con l’evoluzionismo
nessuna ricerca di risposte assolute
ma un continuo flusso di probabilità
il punto è dove la catena può essere spezzata
la contraddizione principale muta continuamente

la contraddizione principale muta continuamente
nella violenza che stravolge la quotidianità
il punto è dove la catena può essere spezzata
rottura radicale e definitiva con l’evoluzionismo
teoria materialista della contingenza
il tempo in cui l’uno si spacca in due

il tempo in cui l’uno si spacca in due
guardando l’evento da prospettive parziali
teoria materialista della contingenza
nella violenza che stravolge la quotidianità
nella durata mutevole delle congiunture
forze eterogenee si compongono su una linea comune

forze eterogenee si compongono su una linea comune
secondo una relazione non predeterminata
nella durata mutevole delle congiunture
guardando l’evento da prospettive parziali
scomporre e ricomporre in equilibri alternativi
la scrittura come un flusso non come un codice

la scrittura come un flusso non come un codice
costruzioni associative e accumulative
scomporre e ricomporre in equilibri alternativi
secondo una relazione non predeterminata
arricchisce il significato rendendolo plasmabile
la forma liberata dalla palude delle sintassi

la forma liberata dalla palude delle sintassi
sequenza di immagini sparate come slogan
arricchisce il significato rendendolo plasmabile
costruzioni associative e accumulative
rendere partecipe il lettore azzerando il linguaggio
contro l’abuso la convenzione lo svuotamento di senso

contro l’abuso la convenzione lo svuotamento di senso
non più dominanti e dominati ma forza contro forza
rendere partecipe il lettore azzerando il linguaggio
sequenza di immagini sparate come slogan
l’attacco va minuziosamente preparato
secondo una prospettiva rivoluzionaria

secondo una prospettiva rivoluzionaria
un altro mondo sta apparendo
l’attacco va minuziosamente preparato
non più dominanti e dominati ma forza contro forza
si può sentirne lo strappo sonoro
scorrere il sangue la nuova vita che arriva

Herberto Helder

Elegía múltiple


I

¿Cómo se podría deshacer en mí tu noble cabeza, esa
torre deslumbrada por el mudo calor de los días, por el
brillante hielo nocturno? Es por la cabeza
por donde los muertos maravillosamente pesan
en nuestro corazón. Esas flores intangibles a las cuales
tenemos miedo de sonreír, las armas
labradas, las liras que estremecen y cuelgan
sobre los ríos agitados de las cosas. Solo el amor las abre
y ve su confusa y grave geografía, las fuentes
libres de las que los pensamientos crecen
como el follaje iluminado de las antiguas edades
de oro.

Yo mismo levanto mi exigua cabeza de vivo,
intento situarme en un punto irradiante
de la Tierra, mirar al frente
con toda la inspiración de mi pasado, y estar
a la altura de los muertos, en la zona
espléndida y vasta
de su nobleza —recibir esa especie de fuerza
indestructible
que envuelve la cabeza ensamblada sobre los días y días,
de la que las rosas beben el gesto aéreo y la boca
la delicadeza misteriosa—.
Hay árboles que cercan a los animales soñadores, el gran
arco de las eras con los rápidos fuegos
atrapados como campanillas, y la fija voluntad
del hombre ardiendo y helándose
en el tiempo. En la orilla de los ríos se canta o se deja
que las manos corran, deslumbradas
por su gran luz
en el agua. Hay un nombre suspendido
sobre las estaciones del año. Esa cabeza
de los muertos —tu cabeza antigua como el verdín
en las piedras o el movimiento
de las corolas frías,
esa cabeza ostentosa rodeada de delgadas
víboras—
sube desde mi corazón hasta que mi cabeza
sea la posesiva y dulce cabeza
de los muertos.

II

Sobre mi corazón aún vibran sus pies: la alta
hermosura del oro. Y si despierto y me agito,
mi mano entreabre el sutil arbusto
de fuego —y yo estoy inmensamente vivo—.
Si con la nieve y el mosto le di al tiempo
la medida secreta, en mi vida tumultúan
los rostros más antiguos. No sé
qué es la muerte. Llenaba con mi deseo
el vestíbulo de la primavera, yo mismo me convertía
en un árbol abismado y cantor. Y la belleza es una llama
solitaria, un dardo que atraviesa
el sueño doloroso. Nada sé de los muertos.
Han dejado en mí sus pies sombríos, un súbito
fulgor de ausencia. —De mí, vivo y jadeante,
sé una flor de coral: delicada, roja—.

¿Por qué mueren así en el interior del vino cuando
se extasían y cantan? ¿Por qué se oscurecen los hombros
donde las vides se derramaban y subían las escaleras?
Uno a uno van naciendo mis pensamientos
nocturnos, y digo: ¿por qué mueren
los que tenían la carne con su peso y milagro y sonreían
sobre la mesa
como seres inmortales?

Y es ahora mi vida la que se cierra asombrada.
La vida honda y salvaje. Porque un día,
como se apaga la llamarada de un racimo,
el brillo se apagará donde estaba mi letra.
Bailaré una sola vez alrededor de la copa,
celebrando la última estación. Hoy
nada sé. Corren en mí los muertos, como agua
—con el murmullo helado de su incalculable ausencia—.

Y digo: ¿no refulgía la carne cuando
la primavera inclinaba la cabeza sobre su confusión?
¿No dormían junto al mosto con lirios en el pensamiento?
Helos en mí, los muertos largos, y digo: ¿si había
tanto oro dentro y fuera de ellos, por qué
se han extinguido?
Nada sé de los muertos.
Algún día he de ser como espuma absorta en torno
a un corazón, y de él se alzará una ola de púrpura,
un amor terrible.

—Porque era de oro macizo, y resonaba.

III

Había un hombre que corría por el rocío adentro.
El rocío de la madrugada.
Corría de noche, como en medio de la alegría,
por el rocío quieto de la noche.
Fulguraba en el rocío. Llevaba una flecha
por el rocío adentro, como si estuviera siendo cazado
alocadamente
por un cazador de quien nada se sabía.
Y era por el rocío adentro.
Brillaba.

No había animal que en su pelaje brillara
así en la muerte,
golpeando la hierba extasiada por una muerte
tan bella.
Porque la hierba tiene párpados abiertos
sobre estas imágenes tremendamente puras.

Por el rocío adentro.
De día. De noche.
Su cara golpeaba las candelas.
Golpeaba las cosas comunes de la mañana.
Había un hombre que era admirablemente perseguido.
Tomaba alegría en el pensamiento
del rocío. Corría.

He oído decir que los muertos respiran con luces transformadas.
Que tienen ojos ciegos como la sangre.
Este corría, asombrado.
Los muertos deben ser puros.
He oído decir que respiran.
Corren por el rocío adentro, y después
se extienden. Ayudan a los vivos.
Son dulces equivalencias, luces, ideas puras.

Veo que la muerte es como romper una palabra y pasar
—la muerte es pasar, como rompiendo una palabra,
a través de la puerta
hacia una nueva palabra—. Y veo
el mismo ritmo general. Como muerte y resurrección
a través de las puertas de otros cuerpos.
Como una cualidad ardiente de una cosa hacia
otra cosa, como los dedos transmiten fuego
a la creación entera, y el pensamiento
cesa y se oscurece
—como en medio del rocío el amor es total—.

Había un hombre que quedó tendido
con una flecha en la fantasía.
Su agua era antigua. Estaba
tan muerto que únicamente vivía.
Dentro de él golpeaban las puertas, y él corría
por las puertas adentro, de día, de noche.
Pasaba a todos los cuerpos.
Como de alegría, golpeaba los ojos de la hierba
que fija estas cosas puras.
Renacía.

IV

La cuchara de pronto cae en el silencio de la lengua.
Me detengo con la helada imagen del tiempo en los sentidos
puros. Y sé que no es una flor abierta
ni la noche cercada de aguas extremas.
Me detengo por esta monstruosa
e ingenua fuerza de la muerte.
—La cuchara envuelta por el silencio extenuante
de mi boca, de mi vida—.

¿Qué hago? Sé bien cómo se alimenta un hombre,
y tímido y astuto
alimenta su irónica inspiración solar
—la inocente astronomía
de huesos y estrellas, venas y flores
y órganos genitales—
para que todo se construya dulcemente,
con las mujeres sentadas en sus vestidos cuajados,
sonriendo fijamente como los niños en la lírica
y tenebrosa densidad de la carne.

La cuchara llena de comida. Era un juego vivo,
apacible, ponderado —una
belleza evocadora y confusa—.
Ved: soy un hombre que instante a instante
ganaba un sabor de perenne
sentido, una duración de sombra extasiada,
laboriosa, inclinada en el grave centro
de la primavera —la sombra
de mis manos—.

La cuchara subía como un instrumento de creación,
firme subía en los dedos
como invocando, uniendo los fragmentos
del espíritu,
la mímica en la sugerida integridad
de la persona
colocada en la dulce integridad del tiempo.
Pero me detengo. Cae en el silencio de la lengua
la cuchara que era —¿quién sabe?— música,
intimidad, señal fortuita
de una esencia, un genio interior.

El puro roer lentamente roerá
la cuchara en la mano y la boca en la cuchara,
y en la sangre inmóvil el pudor de la imagen donde
se coagulaba la leve espesura de las casas. Esas que ardían
en la asimetría festiva y sagaz de las invenciones.
_____________________________________________________—Cae
en el silencio de la lengua la cuchara tan brusca.

V

No puedo oír cantar tan fríamente. Cantan
sobre mi vida.
Han traído la taciturna pureza de las grandes noches
del mundo.
Del antiguo elemento del silencio ha subido esa canción
devastadora. Oh feroz mundo puro,
oh vida incomparable. Cantan, cantan.
Abro los ojos bajo las aguas silenciosas
y veo que mi recuerdo es más remoto
que todo. Cantan fríamente.
No puedo oír cantar.

Si dijeran: Tu vida es un rosal. Mira
como bebe en lo anónimo de la estación.
La sangre resbala sobre ti cuando es tiempo de rosas.
Escucha: ¿No te maravilla
la sutileza de las espinas y las hojas diminutas?
—Si dijeran algo, yo me haría rico
de un nombre extremo—.
Que no canten, no florezcan.
No puedo sentir llenarse así la vida
como una canción fría y un rosal
tan propagado en mí.

Puede ser que resultara ilesa esta época del año,
y mi existencia de repente se colmase
de todo ese fervor.
Veo mi ardiente agudeza escurrirse hasta la maduración
confluente
de un minuto de verano. —¿Estaría yo
listo para la muerte?—
No, que no canten ese recuerdo de todo.
Ni rosal en la sangrienta delicadeza
de la carne, ni el verano con sus
símbolos de feroz plenitud.

Me gustaría pensar cada uno de mis dedos,
esta cítara descendida dentro de la obra.
Toda la tristeza como una vida admirable
llenando la eternidad.
Las frías canciones me despueblan, y los rosales
hacen que se enemisten las rosas
retiradas. Escucha: En la tristeza del estío enorme
se me desmorona la sangre una.
Yo mismo podría cantar un nombre masculino,
mi vida entera
tan fuerte e impura, tan saturada por el cálido silencio
de lo que no se sabe.

No se canta y florece. Nadie
madura en la mitad de su vida.
Se toca lentamente una parte suspendida del cuerpo
y la alta tristeza purifica los dedos.
Porque un hombre no es una canción fría ni
un rosal. No
es como un fruto entre hojas inspiradoras.
Un hombre vive una profunda eternidad que se cierra
sobre él, pero donde el cuerpo
arde más allá de cualquier símbolo, sin alma y puro
como un sacrificio antiguo.

—Por encima de frías canciones y rosales aterradores,
mi carne trabada nutre el silencio maravilloso
de una gran vida—.
Puede ser que todo esté bien en lo plural
de un mundo intenso. Pero
el amor es otro poder, la carne
vive de su absorta permanencia. Esta vida
de la que hablo
no se escurre, no alimenta los superlativos
cotidianos. Es única
y perenne sobre la escondida fluidez
de los movimientos.

______________________ —Un rosal, en verdad
incomparable, lo cubre todo con su distracción roja—.
Por detrás de la noche de colgantes
rosas, la carne es triste y perfecta
como un libro.

VI

Son claros los niños como candelas sin viento,
su corazón quiebra el mundo ciegamente.
Y yo voy sorprendiéndolos, embebido en mi poema,
por el terror de los días, cuando en su alma
los parques son más grandes y las aguas turbias se detienen
junto a la eternidad.
Las criaturas crean. Son esos los espacios
en donde nacen sus árboles.

Mientras las campanillas se purifican en la cima del fuego,
los niños se desmenuzan.
Su sangre evoca
la tristeza, tristeza, la tristeza
primordial.
—Enloquecen deprisa caídos en el milagro. Entran
en los siglos
entre cardúmenes fríos, con el cuerpo ensartado en las luces
y la mirada infinita de quien no posee alma.

Su grito se remonta al verano. Los inspira
la velocidad de la Tierra.
Los niños enloquecen en cosas de poesía.
Escuchad un momento como se quedan atrapados
en lo alto de ese grito, como la eternidad los acoge
mientras gritan y gritan.
—Les es dado el breve tiempo de un sueño
del que salen
asombrados y altos—. Todo en ellos se alimenta.
De allí la vida de un poema sale
por un lado apasionadamente; por el otro,
purificación.
En ellos se celebra la inmensidad
de los meses, la melancolía, la silenciosa
pureza del mundo.

¿Quién podrá pensar en los niños sin tener
espinas en las voces desiertas
hasta el fondo? Es mirándose en los espejos,
en la continuidad de la noche,
cuando las criaturas aparecen con el horror
de su candidez, los niños fundamentales, los grandes
niños vigilantes
—cantando, pensando, durmiendo alocadamente—.

No hay naranjas ni brasas o cuchillos iluminados
que la venganza no aparte.
Los niños invasores recorren
los nombres —llenan de una fría
locura inteligente
las raíces y las hojas de la garganta—.
Aprendemos con ellos los pasillos del aire,
la iluminación, el misterio
de la carne. Se van después, sangrientos,
innominables. Se van por la noche
noche —extremos y únicos—.
Y nada más somos que el Poema en el que los niños
se distancian alocadamente.
______________________________ Alocadamente.

VII

Los hombros se me estremecen con la inesperada ola
de mis veintinueve años. Debo despedirme de ti:
mañana moriré.
Tal vez empiece a morir en tu mano derecha,
altanera y caliente en mi mano
sofocada. Ahora mismo en Europa
comienza la paulatina iluminación de la retama. Es mi vida
recorrida por un alcohol penetrante, es la inmediata
atención al misterioso trabajo de la edad.

Veintinueve años ahora, en Europa, sobre los canales
sombríos de la carne, sobre un vasto secreto.
¿Será tan solo esto, un punto móvil
de la eternidad —esto—, el sofocamiento veloz y profundo
de la vida entera en mi garganta? ¿Y después
el encendido de las luces, Bruselas como una sala
de antorchas y en lo alto las almenas
nubladas de los astros? Debo mirar con una gran
memoria aquello que termina en la violencia triste
del poema.

Estamos en las habitaciones, hay flores en las mesas.
De Babilonia parten ríos. Detrás de las cortinas
me despido. Mañana voy a morir. Tengo
veintinueve bocas urdiendo
la falsa dulzura de la confusión. Los países construyen
la torre sombría del amor. Dame tu mano
pensativa y antigua, deja que aún se queme por un instante
la locura masculina
de mi vida. Piensa un poco en la belleza
ignota de las cosas: peces, flores, el sueño terrible
de las personas o su respiración
que arde y brilla y se apaga en la superficie
de las lágrimas ocultas. Piensa un poco en la sonrisa
rapidísima
que nunca desaparece del silencio, en la candela
que cubre con agujas de oro los escombros
de los lirios Y por encima de todo extiende
tu pequeña mano eterna. Cae
tú misma en la tiniebla caliente de mi
ciega mano masculina de
veintinueve
años. Tengo veintinueve años o una ola
inesperada que estremece mi carne o mi garganta
llena de sangre actual —mañana moriré—.

Una vez vi a alguien tomar en las manos, entre veloces
pavesas, piedras que parecían
inmortales. Eran casas que se levantaban
sobre mi corazón. Vi que cogían
animales heridos, flores inmaturas, objetos
pequeños, imágenes instantáneas y perdidas. Hacían
alguna cosa eterna. Era gente
de veintinueve años que se despedía dolorosa
pormenorizada
violentamente de una parte de su carne, la parte
más iluminada de su
carne de veintinueve años. Mañana
moriré.


Herberto Helder. Elegia múltipla (academia.edu / pdf)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Elegia múltipla

I
Como se poderia desfazer em mim tua nobre cabeça, essa
torre deslumbrada pelo mudo calor dos dias, pelo
brilhante gelo nocturno? É pela cabeça
que os mortos maravilhosamente pesam
no nosso coração. Essas flores intangíveis para as quais
temos medo de sorrir, as armas
lavradas, as liras que estremecem e pendem
sobre os rios agitados das coisas. Só o amor as abre
e vê sua confusa e grave geografia, as fontes
livres de onde os pensamentos crescem
como a folhagem iluminada das antigas idades
do ouro.

Eu próprio levanto minha exígua cabeça de vivo,
procuro colocar-me num ponto irradiante
da terra, olhar de frente
com toda a inspiração do meu passado, e estar
à altura dos mortos, na zona
esplêndida e vasta
da sua nobreza — receber essa espécie de força
indestrutível
que envolve a cabeça montada sobre os dias e dias,
de que as rosas bebem o jeito aéreo e a boca
a delicadeza misteriosa.
Existem árvores cercando os animais sonhadores, o grande
arco das eras com os fogos rápidos
presos como campânulas, e a fixa vontade
do homem ardendo e gelando
no tempo. À beira dos rios canta-se ou deixa-se
que as mãos corram, deslumbradas
da sua grande luz
nas águas. Existe um nome suspenso
sobre as estações do ano. Essa cabeça
dos mortos — a tua cabeça antiga como o verde
nas pedras ou o movimento
das corolas frias,
essa cabeça sumptuosa rodeada de estreitas
víboras —
sobe do meu coração até que a minha cabeça
seja a possessiva, doce cabeça
dos mortos.

II
Sobre o meu coração ainda vibram seus pés: a alta
formosura do ouro. E se acordo e me agito,
minha mão entreabre o subtil arbusto
de fogo — e eu estou imensamente vivo.
Se com a neve e o mosto dei ao tempo
a medida secreta, na minha vida tumultuam
os rostos mais antigos. Não sei
o que é a morte. Enchia com meu desejo
o vestíbulo da primavera, eu próprio me tornava uma árvore
abismada e cantante. E a beleza é uma chama
solitária, um dardo que atravessa
o sono doloroso. Nada sei dos mortos.
Deixaram em mim os pés sombrios, um súbito
fulgor de ausência. — De mim, vivo e ofegante,
sei uma flor de coral: delicada, vermelha.

Porque morrem assim no interior do vinho quando
se extasiam e cantam? Porque escurecem os ombros onde
as videiras se derramavam e subiam as escadas?
Um a um vão nascendo meus pensamentos
nocturnos, e eu digo: porque morrem
os que tinham a carne com seu peso e milagre e sorriam
sobre a mesa
como seres imortais?

E agora é a minha vida que assombrada se fecha.
A vida funda e selvagem. Porque um dia,
como se apaga a labareda de um cacho,
o brilho se apagará onde estava a minha letra.
Dançarei uma só vez em redor da taça,
festejando a última estação. Hoje
nada sei. Correm em mim os mortos, como água —
com o murmúrio gelado da sua incalculável ausência.

E digo: não refulgia a carne quando
a primavera inclinava a cabeça sobre a sua confusão?
Não dormiam junto ao mosto com lírios no pensamento?
Ei-los em mim, os mortos longos, e digo: se havia
tanto ouro dentro e fora deles, porque
se extinguiram?
Nada sei dos mortos.
Um dia hei-de ser como espuma absorta em volta
de um coração, e dele se erguerá uma onda de púrpura,
um amor terrível.

— Porque era de ouro firme, e ressoava.

III
Havia um homem que corria pelo orvalho dentro.
O orvalho da muita manhã.
Corria de noite, como no meio da alegria,
pelo orvalho parado da noite.
Luzia no orvalho. Levava uma flecha
pelo orvalho dentro, como se estivesse a ser caçado
loucamente
por um caçador de que nada se sabia.
E era pelo orvalho dentro.
Brilhava.

Não havia animal que no seu pêlo brilhasse
assim na morte,
batendo nas ervas extasiadas por uma morte
tão bela.
Porque as ervas têm pálpebras abertas
sobre estas imagens tremendamente puras.

Pelo orvalho dentro.
De dia. De noite.
A sua cara batia nas candeias.
Batia nas coisas gerais da manhã.
Havia um homem que ia admiravelmente perseguido.
Tomava alegria no pensamento
do orvalho. Corria.

Ouvi dizer que os mortos respiram com luzes transformadas.
Que têm os olhos cegos como sangue.
Este corria, assombrado.
Os mortos devem ser puros.
Ouvi dizer que respiram.
Correm pelo orvalho dentro, e depois
estendem-se. Ajudam os vivos.
São doces equivalências, luzes, ideias puras.
Vejo que a morte é como romper uma palavra e pasar

— a morte ê passar, como rompendo uma palavra,
através da porta,
para uma nova palavra. E vejo
o mesmo ritmo geral. Como morte e ressurreição
através das portas de outros corpos.
Como uma qualidade ardente de uma coisa para
outra coisa, como os dedos passam fogo
à criação inteira, e o pensamento
pára e escurece

— como no meio do orvalho o amor é total.
Havia um homem que ficou deitado
com uma flecha na fantasia.
A sua água era antiga. Estava
tão morto que vivia unicamente.
Dentro dele batiam as portas, e ele corria
pelas portas dentro, de dia, de noite.
Passava para todos os corpos.
Como em alegria, batia nos olhos das ervas
que fixam estas coisas puras.
Renascia.

IV
A colher de súbito cai no silêncio da língua.
Paro com a gelada imagem do tempo nos sentidos
puros. E sei que não é uma flor aberta
ou a noite cercada de águas extremas.
Paro por esta monstruosa,
ingénua força da morte.
— A colher envolvida pelo silêncio extenuante
da minha boca, da minha vida.

Que faço? Bem sei como se alimenta um homem,
e tímido e arguto
alimenta a sua irónica inspiração solar,
a inocente astronomia
de ossos e estrelas, veias e flores
e órgãos genitais —
para que tudo se construa docemente,
com as mulheres sentadas nos seus vestidos coalhados,
sorrindo fixamente como as crianças na lírica,
tenebrosa densidade da carne.

A colher cheia de alimento. Era um jogo vivo,
manso, ponderado — uma
beleza evocativa e confusa.
Eis: sou um homem que instante a instante
ganhava um sabor de perene
sentido, uma duração de sombra extasiada,
laboriosa, inclinada no grave centro
da primavera — a sombra
das minhas mãos.

A colher subia como um instrumento da criação,
firme subia nos dedos
como que invocando, unindo os fragmentos
do espírito,
a mímica na sugerida integridade
da pessoa
colocada na doce integridade do tempo.
Mas paro. Cai no silêncio da língua
a colher que era — quem sabe? — música,
intimidade, sinal fortuito
de uma essência, um génio interior.

O puro roer devagar roerá
a colher na mão e a boca na colher,
e no sangue imóvel o pudor da imagem onde
coagulava a leve espessura das casas. Essas que ardiam
na assimetria festiva e sagaz das invenções.
— Cai
no silêncio da língua a colher tão brusca.

V
Não posso ouvir cantar tão friamente. Cantam
sobre a minha vida.
Trouxeram a taciturna pureza das grandes noites
do mundo.
Do antigo elemento do silêncio subiu essa canção
devastadora. Oh feroz mundo puro,
oh vida incomparável. Cantam, cantam.
Abro os olhos debaixo das águas silenciosas,
e vejo que a minha lembrança é mais remota
que tudo. Cantam friamente.
Não posso ouvir cantar.

Se dissessem: a tua vida é uma roseira. Vê
como bebe no anónimo da estação.
O sangue escorrega por ti quando é altura de rosas.
Ouve: não te maravilha
a subtileza de espinhos e folhas pequeníssimas?
— Se dissessem alguma coisa, eu ficaria rico
de um nome extremo.
Não cantem, não floresçam.
Não posso sentir encher-se assim a vida
como uma canção fria e uma roseira
tão espalhada em mim.

Pode ser que fosse ilesa esta época do ano,
e minha existência de repente se tomasse
por todo esse fervor.
Vejo minha ardente agudeza escoar-se até ã maturidade
confluente
de um minuto de verão. — Estaria eu
completo para a morte?
Não, não cantem essa lembrança de tudo.
Nem roseira na sangrenta delicadeza
da carne, nem o verão com seus
símbolos de feroz plenitude.

Gostaria de pensar cada um dos meus dedos,
esta cítara descida dentro da obra.
Toda a tristeza como uma vida admirável
enchendo a eternidade.
As frias canções despovoam-me, e as roseiras
tornam desavindas as rosas
recuadas. Ouve: na tristeza do estio enorme
alui-se-me o uno sangue.
Eu próprio poderia cantar um nome masculino,
a minha vida inteira
tão forte e impura, tão preenchida pelo quente silêncio
do que se não sabe.

Não se canta e floresce. Ninguém
amadurece no meio da sua vida.
Toca-se lentamente uma parte suspensa do corpo,
e a alta tristeza purifica os dedos.
Porque um homem não é uma canção fria ou
uma roseira. Não
é um fruto como entre folhas inspiradoras.
Um homem vive uma profunda eternidade que se fecha
sobre ele, mas onde o corpo
arde para além de qualquer símbolo, sem alma e puro
como um sacrifício antigo.

— Por sobre frias canções e roseiras aterradoras,
minha carne ligada nutre o silêncio maravilhoso
de uma grande vida.
Pode ser que tudo esteja bem no plural
de um mundo intenso. Mas
o amor é outro poder, a carne
vive de sua absorta permanência. Esta vida
de que falo
não se escoa, não alimenta os superlativos
diários. É única
e perene sobre a escondida fluência
dos movimentos.

— Uma roseira, mesmo
incomparável, cobre tudo com a sua distracção vermelha.
Por detrás da noite de pendidas
rosas, a carne é triste e perfeita
como um livro.

VI
São claras as crianças como candeias sem vento,
seu coração quebra o mundo cegamente.
E eu fico a surpreendê-las, embebido no meu poema,
pelo terror dos dias, quando
em sua alma os parques são maiores e as águas turvas param
junto à eternidade.
As crianças criam. São esses os espaços
onde nascem as suas árvores.

Enquanto as campânulas se purificam no cimo do fogo,
as crianças esmigalham-se.
Seu sangue evoca
a tristeza, tristeza, a tristeza
primordial.
— Enlouquecem depressa caídas no milagre. Entram
pelos séculos
entre cardumes frios, com o corpo espetado nas luzes
e o olhar infinito de quem não possui alma.

Seu grito remonta ao verão. Inspira-as
a velocidade da terra.
As crianças enlouquecem em coisas de poesia.
Escutai um instante como ficam presas
no alto desse grito, como a eternidade as acolhe
enquanto gritam e gritam.
— É-lhes dado o pequeno tempo de um sono
de onde saem
assombradas e altas. Tudo nelas se alimenta.
Dali a vida de um poema tira
por um lado apaixonadamente; por outro,
purificação.
Nelas se festeja a imensidade
dos meses, a melancolia, a silenciosa
pureza do mundo.

Quem há-de pensar para as crianças, sem ter
espinhos nas vozes desertas
até ao fundo? É vendo-se aos espelhos,
no seguimento da noite,
que as crianças aparecem com o horror
da sua candura, as crianças fundamentais, as grandes
crianças vigiadoras —
cantando, pensando, dormindo loucamente.

Não há laranjas ou brasas ou facas iluminadas
que a vingança não afaste.
As crianças invasoras percorrem
os nomes — enchem de uma fria
loucura inteligente
as raízes e as folhas da garganta.
Aprendemos com elas os corredores do ar,
a iluminação, o mistério
da carne. Partem depois, sangrentas,
inomináveis. Partem de noite
noite — extremas e únicas.
— E nada mais somos do que o Poema onde as crianças
se distanciam loucamente.
Loucamente.

VII
Os ombros estremecem-me com a inesperada onda dos meus
vinte e nove anos. Devo despedir-me de ti,
amanhã morrerei.
Talvez eu comece a morrer na tua mão direita,
alterosa e quente na minha mão
sufocada. Agora mesmo na europa
começa a vagarosa iluminação das giestas. É a minha vida
percorrida por um álcool penetrante, é a imediata
atenção ao misterioso trabalho da idade.

Vinte e nove anos agora, na europa, sobre os canais
sombrios da carne, sobre um vasto segredo.
Será apenas isto, um ponto móvel
da eternidade, isto — a sufocação veloz e profunda
da vida inteira na minha garganta? E depois
o acender das luzes, bruxelas como uma câmara
de archotes e ao alto as ameias
enevoadas dos astros? Devo olhar com uma grande
memória aquilo que acaba na violência triste
do poema.

Estamos nos quartos, há flores nas mesas. De babilónia
partem rios. Por detrás das cortinas,
despeço-me. Amanhã vou morrer. Tenho
vinte e nove bocas urdindo
a falsa doçura da confusão. Os países constroem
a torre sombria do amor. Dá-me a tua mão
pensativa e antiga, deixa que se queime ainda um instante
a loucura masculina
da minha vida. Pensa um pouco na beleza
ignota das coisas: peixes, flores, o sono terrível
das pessoas ou o seu respirar
que arde e brilha e se apaga à superfície
das lágrimas ocultas. Pensa um pouco no sorriso
rapidíssimo
que jamais desaparece do silêncio, na candeia
que cobre com agulhas de ouro os escombros
dos lírios. E por cima de tudo estende
a tua pequena mão eterna. Cai
tu própria na treva quente da minha
cega mão masculina de vinte
e nove
anos. Tenho vinte e nove anos ou uma onda
inesperada que me estremece a carne ou a minha garganta
cheia de sangue actual — amanhã morrerei.

Vi um dia alguém tomar nas mãos, entre faúlhas
velozes, pedras que pareciam
imortais. Eram casas que se levantavam
sobre o meu coração. Vi que tomavam
animais feridos, flores imaturas, objectos
breves, imagens instantâneas e perdidas. Faziam
alguma coisa eterna. Era gente
de vinte e nove anos que se despedia dolorosa
pormenorizada
violentamente de uma parte da sua carne, a parte
mais iluminada da sua
carne de vinte e nove anos. Amanhã
morrerei.

Herberto Helder

Mujeres corriendo


Mujeres corriendo, corriendo por la noche.
El ruido de mujeres corriendo, recordadas, corriendo
como yeguas abiertas, como sonoras
corredoras magnolias.
Mujeres por la noche adentro llevando en las patas
grandiosos pañuelos blancos.
Corriendo con pañuelos muy vivos en las patas
por la noche adentro.
Pañuelos vivos con las patas abiertas
como magnolias
corriendo, recordadas, patas por la noche
viva. Llevando, recordando, corriendo.

Es su ruido golpeando como estrellas
en las puertas. El cielo encima, las crines negras
golpeando: es su ruido. Recordadas,
corriendo. Estrellas. Yo escucho: pasan, recordando.
Las grandiosas patas blancas abiertas en el ruido,
a la puerta, con el cielo recordando.
Crines corriendo por la noche, pañuelos vivos
golpeando como magnolias llevadas por la noche,
abiertas, corriendo, recordando.

De repente, las letras. La cara sofocada como
si fuera abril en un rincón de la noche.
La cara en medio de las letras, sofocada en un rincón,
de repente.
Mujeres corriendo, de puerta en puerta, con pañuelos
sofocados, recordando letras, llevando
pañuelos, letras, en las patas
negras, grandiosamente abiertas.
Como si fuera abril, sofocadas en el medio.
Era su ruido, como si fuera abril en un rincón
de la noche, recordando.

Escucho: son ellas que parten. Y llevan
la sangre llena de letras, las patas floridas
sobre la cabeza, corriendo, pensando.
Se arrojan a la noche con el sueño terrible
de un pañuelo vivo.
Y van golpeando con las estrellas en las puertas. Y sobre
la cabeza blanca, las patas recordando
por la noche adentro.
La cara sofocada, el ruido abriéndose, muy
recordado. Y la cabeza corriendo, y yo escucho:
son ellas que parten, pensando.

Entonces me despierto por dentro y, recordando, me hago
a un lado. Y las escucho correr, llevando
grandiosos pañuelos contra la noche con estrellas
golpeando en las patas
como magnolias pensando, abiertas, corriendo.
Escucho a un lado: es el ruido. Son ellas, recordando
a un lado, con las patas
en medio de las letras, la cara sofocada
corriendo por las grandiosas puertas, las crines
blancas golpeando. Y yo escucho: es su ruido
con las patas negras, con las magnolias negras
contra la noche.


Herberto Helder. Mulheres correndo, correndo pela noite (academia.edu)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Mulheres correndo, correndo pela noite

Mulheres correndo, correndo pela noite.
O som de mulheres correndo, lembradas, correndo
como éguas abertas, como sonoras
corredoras magnólias.
Mulheres pela noite dentro levando nas patas
grandiosos lenços brancos.
Correndo com lenços muito vivos nas patas
pela noite dentro.
Lenços vivos com suas patas abertas
como magnólias
correndo, lembradas, patas pela noite
viva. Levando, lembrando, correndo.

É o som delas batendo como estrelas
nas portas. O céu por cima, as crinas negras
batendo: é o som delas. Lembradas,
correndo. Estrelas. Eu ouço: passam, lembrando.
As grandiosas patas brancas abertas no som,
à porta, com o céu lembrando.
Crinas correndo pela noite, lenços vivos
batendo como magnólias levadas pela noite,
abertas, correndo, lembrando.

De repente, as letras. O rosto sufocado como
se fosse abril num canto da noite.
O rosto no meio das letras, sufocado a um canto,
de repente.
Mulheres correndo, de porta em porta, com lenços
sufocados, lembrando letras, levando
lenços, letras — nas patas
negras, grandiosamente abertas.
Como se fosse abril, sufocadas no meio.
Era o som delas, como se fosse abril a um canto
da noite, lembrando.

Ouço: são elas que partem. E levam
o sangue cheio de letras, as patas floridas
sobre a cabeça, correndo, pensando.
Atiram-se para a noite com o sonho terrível
de um lenço vivo.
E vão batendo com as estrelas nas portas. E sobre
a cabeça branca, as patas lembrando
pela noite dentro.
O rosto sufocado, o som abrindo, muito
lembrado. E a cabeça correndo, e eu ouço:
são elas que partem, pensando.

Então acordo de dentro e, lembrando, fico
de lado. E ouço correr, levando
grandiosos lenços contra a noite com estrelas
batendo nas patas
como magnólias pensando, abertas, correndo.
Ouço de lado: é o som. São elas, lembrando
de lado, com as patas
no meio das letras, o rosto sufocado
correndo pelas portas grandiosas, as crinas
brancas batendo. E eu ouço: é o som delas
com as patas negras, com as magnólias negras
contra a noite.

Lou Reed

Nosotros somos la gente


Nosotros somos la gente sin tierra,
somos la gente sin tradición,
somos los que no saben morir tranquilamente y en paz,
somos los pensamientos de tristezas
al final de los mañanas,
somos las mofas de los gobernantes
y los bufones de los reyes.

Nosotros somos la gente sin ningún derecho,
somos los que solo han conocido mentiras y desesperación,
somos la gente sin país ni voz ni espejo,
somos la mirada cristalina devuelta a través
de la densidad e inmensidad de una nación bersérker,
somos las víctimas del manifiesto indecible de la ausencia
de profundidad del completo y pesado vacío.

Nosotros somos la gente sin dolor
que ha ido más allá del orgullo nacional y la indiferencia
hacia una parodia del instinto,
somos la gente desesperada más allá de la emoción
porque desafía al pensamiento,
somos la gente que concibe nuestra destrucción
y la lleva a cabo legalmente,
somos los insectos del pensamiento de otra persona,
una casualidad del día, de la noche, del espacio y de Dios,
sin raza, nacionalidad ni religión,
nosotros somos la gente, y la gente, la gente.


Lou Reed. We Are The People (genius.com)
Iggy Pop Reveals the Meaning of His New Song “We Are the People” (brut.media)
Iggy Pop, We Are The People (youtube)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

We Are The People

We are the people without land
We are the people without tradition
We are the people who do not know how to die peacefully and at ease
We are the thoughts of sorrows
Endings of tomorrows
We are the wisps of rulers
And the jokers of kings

We are the people without right
We are the people who have known only lies and desperation
We are the people without a country, a voice, or a mirror
We are the crystal gaze returned through the density and immensity of a berzerk nation
We are the victims of the untold manifesto of the lack of depth
Of full and heavy emptiness

We are the people without sorrow
Who have moved beyond national pride and indifference
To a parody of instinct
We are the people who are desperate
Beyond emotion because it defies thought
We are the people who conceive our destruction and carry it out lawfully
We are the insects of someone else’s thought
A casualty of daytime, nighttime, space, and God
Without race, nationality, or religion
We are the people, and the people, the people

Tristan Tzara

Manifiesto del Sr. Antipirina


DADÁ es nuestra intensidad: quien erige las bayonetas sin consecuencia la cabeza sumatral del bebé alemán; Dadá es la vida sin pantuflas ni paralelos; quien está contra y por la unidad y decididamente contra el futuro; nosotros sabemos sabiamente que nuestros cerebros se convertirán en mullidos cojines que nuestro antidogmatismo es tan exclusivista como el funcionario y que no somos libres y gritamos libertad —necesidad severa sin disciplina ni moral— y escupimos sobre la humanidad DADÁ se sitúa en el marco europeo de las debilidades aun así es una mierda pero en adelante queremos cagar en diferentes colores para decorar el jardín zoológico del arte con todas las banderas de los consulados
Nosotros somos directores de circo y silbamos entre los vientos de las ferias entre los conventos prostíbulos teatros realidades sentimientos restaurantes Jojí Jojó Bang bang
Nosotros declaramos que el automóvil es un sentimiento que nos ha mimado bastante en las lentitudes de sus abstracciones y los transatlánticos y los ruidos y las ideas. Sin embargo exteriorizamos la facilidad buscamos la esencia central y nos alegramos de poder ocultarla; no queremos contar las ventanas de la maravillosa élite pues DADÁ no existe para nadie y queremos que todo el mundo lo entienda porque es el palco de Dadá se lo aseguro desde donde pueden escucharse las marchas militares y descender cortando el aire como un serafín en un baño popular para mear y comprender la parábola
DADÁ no es locura —ni sabiduría— ni ironía míreme usted amable burgués
El arte era un juego avellana los niños reunían las palabras con retintín al final luego lloraban y gritaban la estrofa y le ponían unas botitas de muñeca y la estrofa se convirtió en reina para morir un poco y la reina se convirtió en ballena los niños corrían hasta perder el aliento
Después llegaron los grandes embajadores del sentimiento que exclamaron históricamente a coro:
psicología psicología jijí
Ciencia Ciencia Ciencia
que viva Francia
no somos ingenuos
somos sucesivos
somos exclusivos
no somos simples
y sabemos cómo discutir la inteligencia
Pero nosotros DADÁ no somos de su opinión porque el arte no es serio se lo aseguro y si mostramos el crimen para decir doctamente ventilador es por darles gusto estimados oyentes les quiero mucho se lo aseguro y les adoro


Tristan Tzara. Manifeste de M. Antipyrine
Tristan Tzara. Poésies Complètes, Flammarion (pdf)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Manifeste de M. Antipyrine

DADA est notre intensité : qui érige les baïonnettes sans conséquence la tête sumatrale du bébé allemand; Dada est la vie sans pantoufles ni parallèles; qui est contre et pour l’unité et décidément contre le futur; nous savons sagement que nos cerveaux deviendront des coussins douillets que notre anti-dogmatisme est aussi exclusiviste que le fonctionnaire et que nous ne sommes pas libres et crions liberté — Nécessité sévère sans discipline ni morale et crachons sur l’humanité. DADA reste dans le cadre européen des faiblesses c’est tout de même de la merde mais nous voulons dorénavant chier en couleurs diverses pour orner le jardin zoologique de l’art de tous les drapeaux des consulats
Nous sommes directeurs de cirque et sifflons parmi les vents des foires parmi les couvents prostitutions théâtres réalités sentiments restaurants Hohi hoho Bang bang
Nous déclarons que l’auto est un sentiment qui nous assez choyé dans les lenteurs de ses abstractions et les transatlantiques et les bruits et les idées. Cependant nous extériorisons la facilité nous cherchons l’essence centrale et nous sommes contents pouvant la cacher; nous ne voulons pas compter les fenêtres de l’élite merveilleuse car DADA n’existe pour personne et nous voulons que tout le monde comprenne cela car c’est le balcon de Dada je vous assure. D’où l’on peut entendre les marches militaires et descendre en tranchant l’air comme un séraphin dans un bain populaire pour pisser et comprendre la parabole
DADA n’est pas folie — ni sagesse — ni ironie regarde-moi gentil bourgeois
L’art était un jeu noisette les enfants assemblaient les mots qui ont une sonnerie à la fin puis ils pleuraient et criaient la strophe, et lui mettaient les bottines des poupées et la strophe devint reine pour mourir un peu et la reine devint baleine les enfants couraient à perdre haleine
Puis vinrent les grands ambassadeurs du sentiment qui s’écrièrent historiquement en chœur
psychologie psychologie hihi
Science Science Science
vive la France
nous ne sommes pas naïfs
nous sommes successifs
nous sommes exclusifs
nous ne sommes pas simples
et nous savons bien discuter l’intelligence.
Mais nous DADA nous ne sommes pas de leur avis car l’art n’est pas sérieux je vous assure et si nous montrons le crime pour dire doctement ventilateur, c’est pour vous faire du plaisir, bons auditeurs, je vous aime tant, je vous assure et je vous adore

Tristan Tzara

Manifiesto Dadá 1918


La magia de una palabra —DADÁ— que ha puesto a los periodistas ante la puerta de un mundo imprevisto, no tiene para nosotros importancia alguna.

Para lanzar un manifiesto, es necesario querer: A, B, C,
fulminar a 1, 2, 3,
enervarse y aguzar las alas para conquistar y difundir pequeños y grandes a, b, c, firmar, gritar, jurar, organizar la prosa en la forma de una evidencia absoluta e irrefutable, probar su non-plus-ultra y sostener que esa novedad se parece a la vida como la última aparición de una pájara prueba lo esencial de Dios. Su existencia fue ya probada por el acordeón, el paisaje y la palabra suave. ⁂ Que imponga su ABC es algo natural —por lo tanto lamentable—. Todo el mundo lo hace en forma de cristalbluffmadone, sistema monetario, producto farmacéutico, pierna desnuda que invita a la primavera ardiente y estéril. El amor a la novedad es la cruz simpática, da prueba de un melasoplismo ingenuo, señal sin causa, pasajero, positivo. Pero esta necesidad también ha envejecido. Al otorgarle al arte el ímpetu de la simplicidad suprema, la novedad, se es humano y fiel a la diversión, impulsivo, vibrante para crucificar el tedio. En la intersección de luces, alerta, atento, observando los años, en el bosque. Yo escribo un manifiesto y no quiero nada, no obstante digo ciertas cosas, y en principio estoy en contra de los manifiestos, como también estoy en contra de los principios (decilitros por el valor moral de cualquier frase —demasiada comodidad—; la aproximación fue inventada por los impresionistas). ⁂ Yo escribo este manifiesto para demostrar que pueden realizarse acciones opuestas al mismo tiempo, en una sola y fresca respiración: estoy contra la acción y a favor de la continua contradicción, también de la afirmación. No estoy ni a favor ni en contra, y no lo explico porque odio el sentido común.
DADÁ: es esta una palabra que lleva a las ideas de caza; cada burgués es un pequeño dramaturgo que inventa términos diferentes en lugar de colocar los personajes adecuados al nivel de su inteligencia, crisálidas sobre las sillas, busca las causas o los fines (de acuerdo con el método psicoanalítico, que él practica) para cimentar su intriga, historia que habla y se define. ⁂ Cada espectador es un intrigante, si busca explicar una palabra: ¡conocer! Desde el refugio acolchado de las complicaciones serpentinas, debe manipular sus instintos. De ahí las desgracias de la vida conyugal.

Explicar: Diversión desde los panzarrojas hasta los molinos de los cráneos huecos.

DADÁ NO SIGNIFICA NADA

Si se considera inútil y no se pierde el tiempo con una palabra que no significa nada… El primer pensamiento que gira en esas cabezas es de orden bacteriológico: encontrar su origen etimológico, histórico o psicológico, al menos. Aprendemos en los periódicos que los negros Krou llaman a la cola de una vaca sagrada: DADÁ; el cubo y la madre en cierta región de Italia: DADÁ; un caballo de madera, la niñera, doble afirmación en ruso y rumano: DADÁ. Los sabios periodistas ven ahí un arte para bebés, otros santos jesúsllamandoalosniños del día, el retorno a un primitivismo seco y ruidoso, ruidoso y monótono. No se construye la sensibilidad sobre una palabra; toda construcción converge en la perfección que aburre, idea estancada de un pantano dorado, relativo producto humano. La obra de arte no debe ser la belleza en sí misma, pues está muerta; ni alegre ni triste, ni clara, ni oscura, regocijar o maltratar las individualidades sirviéndoles los pasteles de santas aureolas o los sudores de una trayectoria arqueada a través de las atmósferas. Una obra de arte nunca es bella, por decreto, objetivamente, para todos. Por tanto la crítica es inútil, no existe más que subjetivamente, para cada uno, y sin el mínimo carácter de generalidad. ¿Creemos haber encontrado la base psíquica común a toda la humanidad? Los intentos de Jesús y la Biblia cubren bajo sus amplias y benévolas alas: la mierda, las bestias, los días. ¿Cómo queremos ordenar el caos que constituye la informe variación infinita que es el hombre? El principio “ama a tu prójimo” es una hipocresía. “Conócete a ti mismo” es una utopía, aunque más aceptable porque contiene la maldad en ella. Basta de piedad. Después de la carnicería nos queda la esperanza de una humanidad purificada. Siempre hablo de mí, ya que no quiero convencer; no tengo derecho a arrastrar a los demás a mi río, no obligo a nadie a seguirme y todos hacen su arte a su manera, tanto si conocen la alegría que se eleva en flechas hacia las capas astrales como la que desciende a las minas con flores de cadáveres y fértiles espasmos. Estalactitas: búscadlas por todas partes, en los pesebres agrandados por el dolor, los ojos blancos como las liebres de los ángeles.
Así nació DADÁ * de una necesidad de independencia, de desconfianza hacia la comunidad. Los que son de los nuestros mantienen su libertad. Nosotros no reconocemos ninguna teoría. Ya tenemos suficientes academias cubistas y futuristas: laboratorios de ideas formales. ¿Se hace arte para ganar dinero y adular a los amables burgueses? Las rimas suenan a la asonancia de las monedas y la inflexión se desliza a lo largo de la línea de las barrigas de perfil. Todos los grupos de artistas han confluido en este banco cabalgando sobre diferentes cometas; la puerta abierta a las posibilidades de arrellanarse en los cojines y el alimento.
Aquí echamos el ancla en la tierra arcillosa. Aquí tenemos el derecho a proclamar, pues hemos conocido el estremecimiento y el desvelo. Retornando ebrios de energía hundimos el tridente en la carne despreocupada. Somos torrentes de maldiciones en abundancia tropical de vegetaciones vertiginosas; goma y lluvia es nuestro sudor, sangramos y abrasamos la sed, nuestra sangre es vigor.
El cubismo nació de la simple forma de mirar el objeto: Cézanne pintaba una copa veinte centímetros por debajo de sus ojos; los cubistas la miran desde arriba. Otros complican la apariencia haciendo una sección perpendicular y disponiéndola hábilmente a un costado. (No me olvido de los creadores ni de las grandes razones de la materia que ellos convirtieron en definitivas). ⁂ El futurista ve la misma copa en movimiento, una sucesión de objetos uno al lado de otro, con el malicioso aderezo de algunas líneas-fuerza. Esto no impide que el lienzo sea una buena o mala pintura destinada a la inversión de capitales intelectuales.
El nuevo pintor crea un mundo cuyos elementos son también los medios, una obra sobria y definida, sin argumento. El nuevo artista protesta: ya no pinta (reproducción simbólica e ilusionista) sino que crea directamente en piedra, madera, hierro, estaño, rocas, organismos locomotores que pueden ser girados en todas las direcciones por el viento límpido de la sensación momentánea. ⁂ Cualquier obra pictórica o plástica es inútil; que sea un monstruo que atemorice a los espíritus serviles y no dulzor para decorar los refectorios de animales con ropas humanas, ilustraciones de esta triste fábula de la humanidad.
Un cuadro es el arte de hacer que dos líneas paralelas geométricamente verificadas se reunan, en un lienzo, ante nuestros ojos, en la realidad de un mundo transpuesto siguiendo nuevas condiciones y posibilidades. Este mundo no está especificado ni definido en la obra, pertenece en sus innumerables variaciones al espectador. Para su creador existe sin causa y sin teoría. Orden = desorden; yo = no yo; afirmación = negación: radiaciones supremas de un arte absoluto. Absoluto en la pureza del caos cósmico y ordenado, eterno en el glóbulo instante sin duración, sin respiración, sin luz, sin control. ⁂ Yo aprecio una obra antigua por su novedad. Es tan solo el contraste lo que nos conecta con el pasado. ⁂ Los escritores que enseñan moralidad y cuestionan o perfeccionan la base psicológica tienen, además de un deseo oculto de ganancias, un conocimiento ridículo de la vida, a la que han clasificado, subdividido, encauzado; se empeñan en ver que las categorías bailan cuando ellos marcan el compás. Sus lectores se burlan y continúan: ¿de qué sirve?
Hay una literatura que no llega a la masa voraz. Obra de creadores, salida de una verdadera necesidad del autor y para él mismo. Conocimiento de un egoísmo supremo, donde los bosques se marchitan. ⁂ Cada página debe explotar, ya sea por la seriedad profunda y grave, el torbellino, el vértigo, lo nuevo, lo eterno, por la broma aplastante, por el entusiasmo de los principios o por la forma en que se imprime. He aquí un mundo titubeante que huye, en noviazgo con los cascabeles de la gama infernal; he aquí, al otro lado: los hombres nuevos. Rudos, abalanzándose, cabalgando hipos. He aquí un mundo mutilado y los medicastros literarios que tienen necesidad de mejorar.
Yo os digo: no hay comienzo y nosotros no temblamos, no somos sentimentales. Nosotros desgarramos, viento furioso, la lencería de las nubes y las oraciones, y preparamos el gran espectáculo del desastre, el incendio, la descomposición. Preparemos la supresión del duelo y reemplacemos las lágrimas por sirenas extendidas de un continente a otro. Pabellones de intensa alegría y viudos de la tristeza del veneno. ⁂ DADA es la enseña de la abstracción; la publicidad y los negocios son también elementos poéticos.
Yo destruyo los cajones del cerebro y los de la organización social: desmoralizar por todas partes y lanzar la mano del cielo al infierno, los ojos del infierno al cielo, restablecer la noria fecunda de un circo universal en las potencias reales y la fantasía de cada individuo.
La filosofía es la pregunta: de qué manera comenzar a mirar la vida, dios, la idea o cualquier otra cosa. Todo lo que se ve es falso. Yo no creo más importante el resultado relativo que la elección entre pastel y cerezas después de cenar. La forma de mirar rápidamente la otra cara de algo para imponer indirectamente la propia opinión se llama dialéctica, es decir regatear el espíritu de las patatas fritas, bailando el método alrededor.
Si grito:

Ideal, ideal, ideal,
Conocimiento, conocimiento, conocimiento,
Bumbum, bumbum, bumbum,

he registrado con bastante precisión el progreso, la ley, la moral y todas las otras excelentes cualidades que diversas personas muy inteligentes han discutido en todos los libros, para llegar, al final, a decir que de cualquier modo cada cual ha bailado según su bumbum personal, y cada uno tiene una razón para su bumbum: satisfacción de la curiosidad malsana; timbre privado para necesidades inexplicables; baño; dificultades financieras; estómago con repercusiones sobre la vida; autoridad de la varita mística formulada en ramillete de orquesta-fantasma con arcos mudos, engrasados con una poción a base de amoníaco animal. Con el monóculo azul de un ángel han sepultado su interior por veinte céntimos de reconocimiento unánime. ⁂ Si todos tienen razón y todas las píldoras son Pink, intentemos no tener razón por una vez. ⁂ Suele creerse que es posible explicar racionalmente, por el pensamiento, lo que se escribe. Pero eso es muy relativo. El psicoanálisis es una enfermedad peligrosa; pone fin a las inclinaciones anti-reales del hombre y sistematiza a la burguesía. No existe última Verdad. La dialéctica es una divertida máquina que nos conduce / de una manera banal / a las opiniones que de todos modos hubiéramos tenido. ¿Creen, por el meticuloso refinamiento de la lógica, haber demostrado la verdad y establecido la exactitud de sus opiniones? La lógica constreñida por los sentidos es una enfermedad orgánica. A los filósofos les gusta agregar este elemento: el poder de la observación. Pero precisamente esta magnífica cualidad del espíritu es la prueba de su impotencia. Observamos, miramos desde uno o más puntos de vista, elegidos entre los millones que existen. La experiencia es también resultado del azar y de las facultades individuales. ⁂ La ciencia me repugna en cuanto deviene sistema-especulativo, pierde su carácter de utilidad —tan inútil, aunque al menos individual—. Odio la objetividad grosera y la armonía, esa ciencia que lo cree todo en orden. Continuad, hijos míos, humanidad… La ciencia dice que somos los servidores de la naturaleza: todo en orden, haced el amor y rompeos la cabeza. Continuad, hijos míos, humanidad, amables burgueses y periodistas vírgenes… ⁂ Yo estoy contra los sistemas; el más aceptable de ellos es no tener ninguno por principio. ⁂ Completarse, perfeccionarse en la propia pequeñez hasta llenar el vaso de uno mismo, coraje para batallar por y contra el pensamiento, misterio del pan desencadenamiento súbito de una hélice infernal en lirios económicos:

LA ESPONTANEIDAD DADAÍSTA

Yo llamo melasoplismo al estado de vida en que cada uno mantiene sus propias condiciones, sabiendo no obstante respetar a las otras individualidades, sino defenderse, el country convirtiéndose en himno nacional, tienda de baratijas usadas, T.S.H. teléfono sin hilos transmitiendo las fugas de Bach, anuncios luminosos y cartelería para burdeles, el órgano difundiendo claveles para Dios, todo ello reunido, y realmente, reemplazando a la fotografía y el catecismo unilateral.
La simplicidad activa.
La impotencia de discernir entre los grados de claridad: lamer la penumbra y flotar en la gran boca repleta de miel y excrementos. Medida en la escala Eternidad, toda acción es vana (si dejamos que el pensamiento corra una aventura cuyo resultado sería infinitamente grotesco —dato importante para el conocimiento de la impotencia humana—). Pero si la vida es una mala farsa, sin meta ni alumbramiento inicial, y porque creemos que debemos salir limpiamente, en crisantemos lavados, del asunto, hemos proclamado la única base de entendimiento: el arte. Que no tiene la importancia que nosotros, húsares del espíritu, le hemos prodigado durante siglos. El arte no aflige a nadie, y aquellos que saben interesarse en él recibirán caricias y la bella oportunidad de poblar el país con su conversación. El arte es algo privado, el artista lo hace para él —una obra comprensible es producto de periodista— y porque me apetece en este momento mezclar este monstruo con colores al óleo: tubo de papel imitando metal que se presiona y vierte automáticamente odio cobardía vileza. El artista, el poeta, se regocija en el veneno de la masa condensada en un jefe de sección de esta industria, se alegra de ser insultado: prueba de su inmutabilidad. El autor, el artista alabado por los periódicos, constata la comprensión de su obra: miserable forro de un abrigo de utilidad pública, harapos que cubren la brutalidad, meados que colaboran al calor de un animal que incuba los bajos instintos; flácida e insípida carne multiplicándose con la ayuda de los virus tipográficos.
Hemos estimulado la inclinación lacrimosa en nosotros. Toda filtración de esta naturaleza es diarrea confitada. Fomentar este arte significa digerirlo. Necesitamos obras fuertes, directas, precisas y eternamente incomprendidas. La lógica es una complicación. La lógica es siempre falsa. Tira de los hilos de las nociones, palabras, en su exterior formal, hacia los extremos, los centros ilusorios. Sus cadenas matan; enorme miriápodo que asfixia la independencia. Casado con la lógica, el arte viviría en el incesto, engullendo, tragándose su propia cola y aun su cuerpo, fornicándose a sí mismo, y el temperamento se convertiría en una pesadilla pavimentada de protestantismo, un monumento, un montón de intestinos grisáceos y pesados.
Aunque la flexibilidad, el entusiasmo e incluso la alegría de la injusticia, esta pequeña verdad que practicamos inocentemente y que nos vuelve hermosos: somos delgados y nuestros dedos son maleables y se deslizan como las ramas de esta planta insinuante y casi líquida; ella define nuestras almas, dicen los cínicos. Esto es también un punto de vista; pero no todas las flores son santas, por fortuna, y lo que hay de divino en nosotros es el despertar de la acción anti-humana. Se trata entonces de una flor de papel para el ojal de los caballeros que frecuentan el baile de la vida enmascarada, primorosa cocina, blancas primas ligeras o gordas. Ellos trafican con lo que nosotros hemos seleccionado. Contradicción y unidad de los polares en un solo lanzamiento pueden ser verdad; si se atiene en cualquier caso a pronunciar esta banalidad, apéndice de una moralidad libidinosa, maloliente. La moral atrofia igual que toda plaga producto de la inteligencia. El control de la moral y de la lógica nos han infligido la impasibilidad ante los agentes de policía —causa de la esclavitud—, ratas podridas de las que los burgueses tienen el estómago lleno y que han infectado los únicos pasillos de cristal claros y nítidos que permanecían abiertos a los artistas.
Que cada hombre grite: Hay un gran trabajo destructivo, negativo, por hacer. Barrer, fregar. La limpieza del individuo se afirma después del estado de locura, de locura agresiva, completa, de un mundo dejado en manos de bandidos que desgarran y destruyen los siglos. Sin fin ni propósito, sin organización: la locura indomable, la descomposición. Los fuertes, por la palabra o por la fuerza, sobrevivirán, porque son violentos en la defensa; la agilidad de los miembros y los sentimientos flamea sobre sus flancos facetados.
La moral ha instituido la caridad y la piedad, dos bolas de sebo que han crecido como elefantes, como planetas, y a las que se considera buenas. Pero no tienen ninguna bondad. La bondad es lúcida, clara y decidida; despiadada con el compromiso y la política. La moralidad es la infusión de chocolate en las venas de todos los hombres. Esta tarea no ha sido ordenada por una fuerza sobrenatural, sino por el consorcio de los comerciantes de ideas y los monopolistas universitarios. Sentimentalismo: al ver a un grupo de hombres que se pelean y se aburren, ellos han inventado el calendario y el medicamento sabiduría. Al pegar las etiquetas se desencadenó la batalla de los filósofos (mercantilismo, balanza, medidas meticulosas y mezquinas) y comprendimos por segunda vez que la piedad es un sentimiento, como la diarrea con respecto al asco que arruina la salud, la inmunda tarea de las carroñas de comprometer el sol.
Yo proclamo la oposición de todas las facultades cósmicas a esta blenorragia de un sol pútrido salido de las fábricas del pensamiento filosófico, la lucha encarnizada, con todos los medios del

ASCO DADAÍSTA

Todo producto del asco susceptible de convertirse en una negación de la familia es dadá; protesta con los puños de todo su ser en acción destructiva: DADÁ; conocimiento de todos los medios rechazados hasta el presente por el sexo púdico del compromiso cómodo y de la cortesía: DADÁ; abolición de la lógica, danza de los indefensos de la creación: DADÁ; abolición de toda jerarquía y ecuación social instalada para los valores por nuestros lacayos: DADÁ; cada objeto, todos los objetos, los sentimientos y las oscuridades, las apariciones y el choque preciso de las líneas paralelas, como medios para el combate: DADÁ; abolición de la memoria: DADÁ; abolición de la arqueología: DADÁ; abolición de los profetas: DADÁ; abolición del futuro: DADÁ; creencia absoluta indiscutible en cada dios producto inmediato de la espontaneidad: DADÁ; salto elegante y sin perjuicio de una armonía a la otra esfera; trayectoria de una palabra lanzada como un disco sonoro grito; respetar todas las individualidades en su locura del momento: serio, temeroso, tímido, ardiente, vigoroso, decidido, entusiasta; pelar su iglesia de todo accesorio inútil y pesado; escupir como una cascada luminosa el pensamiento despectivo o amoroso, o mimarlo —con la viva satisfacción de que da bastante igual— con la misma intensidad en el matorral, puro de insectos para la sangre bien nacida, y dorado de cuerpos de arcángeles, de su alma. Libertad: DADÁ DADÁ DADÁ, alarido de los dolores crispados, entrelazamiento de los contrarios y todas las contradicciones, lo grotesco, las inconsecuencias: LA VIDA.

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* En 1916, en el Cabaret Voltaire de Zúrich.


Leído en la Salle Meise, de Zúrich, el 23 de marzo de 1918. Publicado en Dada, nº 3, Zúrich, diciembre de 1918
Tristan Tzara. Manifeste Dada 1918
Tristan Tzara. Manifeste Dada 1918 en DADA, nº 3
Tristan Tzara. Poésies Complètes, Flammarion (pdf)
Traducción de Enrique Gutiérrez Miranda

Manifeste Dada 1918

La magie d’un mot – DADA – qui a mis les journalistes devant la porte d ‘un monde imprévu, n’a pour nous aucune importance.

Pour lancer un manifeste il faut vouloir : A.B.C.,
foudroyer contre 1, 2, 3,
s’énerver et aiguiser les ailes pour conquérir et répandre de petits et de grands a, b, c, signer, crier, jurer, arranger la prose sous une forme d’évidence absolue, irréfutable, prouver son non-plus-ultra et soutenir que la nouveauté ressemble à la vie comme la dernière apparition d’une cocotte prouve l’essentiel de Dieu. Son existence fut déjà prouvée par l’accordéon, le paysage et la parole douce. ⁂ Imposer son A.B.C. est une chose naturelle, — donc regrettable. Tout le monde le fait sous une forme de cristalbluffmadone, système monétaire, produit pharmaceutique, jambe nue conviant au printemps ardent et stérile. L’amour de la nouveauté est la croix sympathique, fait preuve d’un jem’enfoutisme naïf, signe sans cause, passager, positif. Mais ce besoin est aussi vieilli. En donnant à l’art l’impulsion de la suprême simplicité : nouveauté, on est humain et vrai envers l’amusement, impulsif, vibrant pour crucifier l’ennui. Au carrefour des lumières, alerte, attentif, en guettant les années, dans la forêt. ⁂ J’écris un manifeste et je ne veux rien, je dis pourtant certaines choses et je suis par principe contre les manifestes, comme je suis aussi contre les principes (décilitres pour la valeur morale de toute phrase — trop de commodité; l’approximation fut inventée par les impressionnistes). ⁂ J’écris ce manifeste pour montrer qu’on peut faire les actions opposées ensemble, dans une seule fraîche respiration; je suis contre l’action; pour la continuelle contradiction, pour l’affirmation aussi, je ne suis ni pour ni contre et je n’explique pas car je hais le bon sens.
DADA — voilà un mot qui mène des idées à la chasse; chaque bourgeois est un petit dramaturge, invente des propos différents, au lieu de placer les personnages convenables au niveau de son intelligence, chrysalides sur les chaises, cherche les causes ou les buts (suivant la méthode psychanalytique qu’il pratique) pour cimenter son intrigue, histoire qui parle et se définit. ⁂ Chaque spectateur est un intrigant, s’il cherche à expliquer un mot (connaître!). Du refuge ouaté des complications serpentines, il faut manipuler ses instincts. De là les malheurs de la vie conjugale.
Expliquer : Amusement des ventrerouges aux moulins des crânes vides.
DADA NE SIGNIFIE RIEN
Si l’on trouve futile et si l’on ne perd son temps pour un mot qui ne signifie rien… La première pensée qui tourne dans ces têtes est de l’ordre bactériologique : trouver son origine étymologique, historique ou psychologique, au moins. On apprend dans les journaux que les nègres Krou appellent la queue d’une vache sainte : DADA. Le cube et la mère en une certaine contrée d’Italie : DADA. Un cheval de bois, la nourrice, double affirmation en russe et en roumain : DADA. De savants journalistes y voient un art pour les bébés, d’autres saints jésusapellantlespetitsenfants du jour, le retour à un primitivisme sec et bruyant, bruyant et monotone. On ne construit pas sur un mot la sensibilité; toute construction converge à la perfection qui ennuie, idée stagnante d’un marécage doré, relatif produit humain. L’œuvre d’art ne doit pas être la beauté en elle-même, car elle est morte; ni gaie ni triste, ni claire, ni obscure, réjouir ou maltraiter les individualités en leur servant les gâteaux des auréoles saintes ou les sueurs d’une course cambrée à travers les atmosphères. Une œuvre d’art n’est jamais belle, par décret, objectivement, pour tous. La critique est donc inutile, elle n’existe que subjectivement, pour chacun, et sans le moindre caractère de généralité. Croit-on avoir trouvé la base psychique commune à toute l’humanité ? L’essai de Jésus et la bible couvrent sous leurs ailes larges et bienveillantes : la merde, les bêtes, les journées. Comment veut-on ordonner le chaos qui constitue cette infinie informe variation : l’homme ? Le principe : « aime ton prochain » est une hypocrisie. « Connais-toi » est une utopie mais plus acceptable car elle contient la méchanceté en elle. Pas de pitié. Il nous reste après le carnage l’espoir d’une humanité purifiée. Je parle toujours de moi puisque je ne veux convaincre, je n’ai pas le droit d’entraîner d’autres dans mon fleuve, je n’oblige personne à me suivre et tout le monde fait son art à sa façon, s’il connaît le joie montant en flèches vers les couches astrales, ou celle qui descend dans les mines aux fleurs de cadavres et des spasmes fertiles. Stalactites : les chercher partout, dans les crèches agrandies par la douleur, les yeux blancs comme les lièvres des anges.
Ainsi naquit DADA*) d’un besoin d’indépendance, de méfiance envers la communauté. Ceux qui appartiennent à nous gardent leur liberté. Nous ne reconnaissons aucune théorie. Nous avons assez des académies cubistes et futuristes : laboratoires d’idées formelles. Fait-on l’art pour gagner de l’argent et caresser les gentils bourgeois ? Les rimes sonnent l’assonance des monnaies et l’inflexion glisse le long de la ligne du ventre de profil. Tous les groupements d’artistes ont abouti à cette banque en chevauchant sur diverses comètes. La porte ouverte aux possibilités de se vautrer dans les coussins et la nourriture.
Ici nous jettons l’ancre dans la terre grasse. Ici nous avons le droit de proclamer car nous avons connu les frissons et l’éveil. Revenants ivres d’énergie nous enfonçons le trident dans la chair insoucieuse. Nous sommes ruissellements de malédictions en abondance tropique de végétations vertigineuses, gomme et pluie est notre sueur, nous saignons et brûlons la soif, notre sang est vigueur.
Le cubisme naquit de la simple façon de regarder l’objet : Cézanne peignait une tasse 20 centimètres plus bas que ses yeux, les cubistes la regardent d’en haut, d’autres compliquent l’apparence en faisant une section perpendiculaire et en l’arrangeant sagement à côté. (Je n’oublie pas les créateurs, ni les grandes raisons de la matière qu’ils rendirent définitives). ⁂ Le futuriste voit la même tasse en mouvement, une succession d’objets l’un à côté de l’autre agrémentée malicieusement de quelques lignes-forces. Cela n’empêche que la toile soit une bonne ou mauvaise peinture destinée au placement des capitaux intellectuels.
Le peintre nouveau crée un monde, dont les éléments sont aussi les moyens, une œuvre sobre et définie, sans argument. L’artiste nouveau proteste : il ne peint plus (reproduction symbolique et illusionniste) mais crée directement en pierre, bois, fer, étain, des rocs, des organismes locomotives pouvant être tournés de tous les côtés par le vent limpide de la sensation momentanée. ⁂ Toute œuvre picturale ou plastique est inutile; qu’il soit un monstre qui fait peur aux esprits serviles, et non douceâtre pour orner les réfectoires des animaux en costumes humains, illustrations de cette triste fable de l’humanité. —
Un tableau est l’art de faire se rencontrer deux lignes géométriquement constatées parallèles, sur une toile, devant nos yeux, dans la réalité d’un monde transposé suivant de nouvelles conditions et possibilités. Ce monde n’est pas spécifié ni défini dans l’œuvre, il appartient dans ses innombrables variations au spectateur. Pour son créateur, il est sans cause et sans théorie. Ordre = désordre ; moi = non-moi ; affirmation = négation : rayonnements suprêmes d’un art absolu. Absolu en pureté de chaos cosmique et ordonné, éternel dans la globule seconde sans durée, sans respiration, sans lumière, sans contrôle. ⁂ J’aime une œuvre ancienne pour sa nouveauté. Il n’y a que le contraste qui nous relie au passé. ⁂ Les écrivains qui enseignent la morale et discutent ou améliorent la base psychologique ont, à part un désir caché de gagner, une connaissance ridicule de la vie, qu’ils ont classifiée, partagée, canalisée; ils s’entêtent à voir danser les catégories lorsqu’ils battent la mesure. Leurs lecteurs ricanent et continuent : à quoi bon ?
Il y a une littérature qui n’arrive pas jusqu’à la masse vorace. Œuvre de créateurs, sortie d’une vraie nécessité de l’auteur, et pour lui. Connaissance d’un suprême égoïsme, où les bois s’étiolent. ⁂ Chaque page doit exploser, soit par le sérieux profond et lourd, le tourbillon, le vertige, le nouveau, l’éternel, par la blague écrasante, par l’enthousiasme des principes ou par la façon d’être imprimée. Voilà un monde chancelant qui fuit, fiancé aux grelots de la gamme infernale, voilà de l’autre côté : des hommes nouveaux. Rudes, bondissants, chevaucheurs de hoquets. Voilà un monde mutilé et les médicastres littéraires en mal d’amélioration.
Je vous dis : il n’y a pas de commencement et nous ne tremblons pas, nous ne sommes pas sentimentaux. Nous déchirons, vent furieux, le linge des nuages et des prières, et préparons le grand spectacle du désastre, l’incendie, la décomposition. Préparons la suppression du deuil et remplaçons les larmes par les sirènes tendues d’un continent à l’autre. Pavillons de joie intense et veufs de la tristesse du poison. ⁂ DADA est l’enseigne de l’abstraction; la réclame et les affaires sont aussi des éléments poétiques.
Je détruis les tiroirs du cerveau et ceux de l’organisation sociale : démoraliser partout et jeter la main du ciel en enfer, les yeux de l’enfer au ciel, rétablir la roue féconde d’un cirque universel dans les puissances réelles et la fantaisie de chaque individu.
La philosophie est la question : de quel côté commencer à regarder la vie, dieu, l’idée, ou n’importe quoi d’autre. Tout ce qu’on regarde est faux. Je ne crois pas plus important le résultat relatif, que le choix entre gâteau et cerises après dîner. La façon de regarder vite l’autre côté d’une chose, pour imposer indirectement son opinion, s’appelle dialectique, c’est-à-dire marchander l’esprit des pommes frites, en dansant la méthode autour.
Si je crie :
Idéal, idéal, idéal,
Connaissance, connaissance, connaissance
Boumboum, boumboum, boumboum,
j’ai enregistré assez exactement le progrès, la loi, la morale et toutes les autres belles qualités que différents gens très intelligents ont discutés dans tout des livres, pour arriver, à la fin, à dire que tout de même chacun a dansé d’après son boumboum personnel, et qu’il a raison pour son boumboum, satisfaction de la curiosité maladive; sonnerie privée pour besoins inexplicables ; bain ; difficultés pécuniaires ; estomac avec répercussion sur la vie ; autorité de la baguette mystique formulée en bouquet d’orchestre-fantôme aux archets muets, graissés de philtres à base d’ammoniaque animal. Avec le lorgnon bleu d’un ange ils ont fossoyé l’intérieur pour vingt sous d’unanime reconnaissance. ⁂ Si tous ont raison et si toutes les pilules ne sont que Pink, essayons une fois de ne pas avoir raison. ⁂ On croit pouvoir expliquer rationnellement, par la pensée, ce qu’il écrit. Mais c’est très relative. La psychanalyse est une maladie dangereuse, endort les penchants anti-réels de l’homme et systématise la bourgeoisie. Il n’y a pas de dernière Vérité. La dialectique est une machine amusante qui nous conduit / d’une manière banale / aux opinions que nous aurions eues de toute façon. Croit-on, par le raffinement minutieux de la logique, avoir démontré la vérité et établi l’exactitude de ses opinions ? Logique serrée par les sens est une maladie organique. Les philosophes aiment ajouter à cet élément : Le pouvoir d’observer. Mais justement cette magnifique qualité de l’esprit est la preuve de son impuissance. On observe, on regarde d’un ou de plusieurs points de vue, on les choisit parmi les millions qui existent. L’expérience est aussi un résultat du hasard et des facultés individuelles. ⁂ La science me répugne dès qu’elle devient spéculative-système, perd son caractère d’utilité — tellement inutile — mais au moins individuel. Je hais l’objectivité grasse et l’harmonie, cette science qui trouve tout en ordre. Continuez, mes enfants, humanité… La science dit que nous sommes les serviteurs de la nature : tout est en ordre, faites l’amour et cassez vos têtes. Continuez mes enfants, humanité, gentils bourgeois et journalistes vierges… ⁂ Je suis contre les systèmes, le plus acceptable des systèmes est celui de n’en avoir par principe aucun. ⁂ Se compléter, se perfectionner dans sa propre petitesse jusqu’à remplir le vase de son moi, courage de combattre pour et contre la pensée, mystère du pain déclenchement subit d’une hélice infernale en lys économiques :
LA SPONTANÉITÉ DADAISTE
Je nomme je m’enfoutisme l’état d’une vie où chacun garde ses propres conditions, en sachant toutefois respecter les autres individualités, sinon se défendre, le two-step devenant hymne national, magasin de bric-à-brac, T.S.F. téléphone sans fil transmettant les fugues de Bach, réclames lumineuses et affichage pour les bordels, l’orgue diffusant des œillets pour Dieu, tout cela ensemble, et réellement, remplaçant la photographie et le catéchisme unilatéral.
La simplicité active.
L’impuissance de discerner entre les degrés de clarté : lécher la pénombre et flotter dans la grande bouche emplie de miel et d’excrément. Mesurée à l’échelle Éternité, toute action est vaine — (si nous laissons la pensée courir une aventure dont le résultat serait infiniment grotesque — donnée importante pour la connaissance de l’impuissance humaine). Mais si la vie est une mauvaise farce, sans but ni accouchement initial, et parce que nous croyons devoir nous tirer proprement, en chrysantèmes lavés, de l’affaire, nous avons proclamé seule base d’entendement : l’art. Il n’y a pas l’importance que nous, reîtres de l’esprit, lui prodiguons depuis des siècles. L’art n’afflige personne et ceux qui savent s’y intéresser, recevront de caresses et belle occasion de peupler le pays de leur conversation. L’art est une chose privée, l’artiste le fait pour lui; une œuvre compréhensible est produit de journaliste, et parce qu’il me plaît en ce moment de mélanger ce monstre aux couleurs à l’huile : tube en papier imitant le métal qu’on presse et verse automatiquement haine lâcheté vilenie. L’artiste, le poète se réjouit du venin de la masse condensée en un chef de rayon de cette industrie, il est heureux en étant injurié : preuve de son immuabilité. L’auteur, l’artiste loué par les journaux, constate la compréhension de son œuvre : misérable doublure d’un manteau à utilité publique; haillons qui couvrent la brutalité, pissat collaborant à la chaleur d’un animal qui couve les bas instincts. Flasque et insipide chair se multipliant à l’aide des microbes typographiques.
Nous avons bousculé le penchant pleurnichard en nous. Toute filtration de cette nature est diarrhée confite. Encourager cet art veut dire la digérer. Il nous faut des œuvres fortes, droites, précises et à jamais incomprises. La logique est une complication. La logique est toujours fausse. Elle tire les fils des notions, paroles, dans leur extérieur formel, vers des bouts, des centres illusoires. Ses chaînes tuent, myriapode énorme asphyxiant l’indépendance. Marié à la logique, l’art vivrait dans l’inceste, engloutissant, avalant sa propre queue toujours son corps, se forniquant en lui-même, et le tempérament deviendrait un cauchemar goudronné de protestantisme, un monument, un tas d’intestins grisâtres et lourds.
Mais la souplesse, l’enthousiasme et même la joie de l’injustice, cette petite vérité que nous pratiquons innocents et qui nous rend beaux : nous sommes fins et nos doigts sont malléables et glissent comme les branches de cette plante insinuante et presque liquide; elle précise notre âme, disent les cyniques. C’est aussi un point de vue; mais toutes les fleurs ne sont pas saintes, heureusement, et ce qu’il y a de divin en nous est l’éveil de l’action anti-humaine. Il s’agit ici d’une fleur de papier pour la boutonnière des messieurs qui fréquentent le bal de la vie masquée, cuisine de la grâce, blanches cousines souples ou grasses. Ils trafiquent avec ce que nous avons sélectionné. Contradiction et unité des polaires dans un seul jet, peuvent être vérité. Si l’on tient en tout cas à prononcer cette banalité, appendice d’une moralité libidineuse, mal odorante. La morale atrophie comme tout fléau produit de l’intelligence. Le contrôle de la morale et de la logique nous ont infligé l’impassibilité devant les agents de police — cause de l’esclavage, — rats putrides dont les bourgeois ont plein le ventre, et qui ont infecté les seuls corridors de verre clairs et propres qui restèrent ouverts aux artistes.
Que chaque homme crie : il y a un grand travail destructif, négatif, à accomplir. Balayer, nettoyer. La propreté de l’individu s’affirme après l’état de folie, de folie agressive, complète, d;un monde laissé entre les mains des bandits qui déchirent et détruisent les siècles. Sans but ni dessein, sans organisation : la folie indomptable, la décomposition. Les forts par la parole ou par la force survivront, car ils sont vifs dans la défense, l’agilité des membres et des sentiments flambe sur leurs flancs facettés.
La morale a déterminé la charité et la pitié, deux boules de suif qui ont poussé comme des éléphants, des planètes, et qu’on nomme bonnes. Elles n’ont rien de la bonté. La bonté est lucide, claire et décidée, impitoyable envers la compromission et la politique. La moralité est l’infusion du chocolat dans les veines de tous les hommes. Cette tâche n’est pas ordonnée par une force surnaturelle, mais par le trust des marchands d’idées et des accapareurs universitaires. Sentimentalité : en voyant un groupe d’hommes qui se querellent et s’ennuient ils ont inventé le calendrier et le médicament sagesse. En collant des étiquettes, la bataille des philosophes se déchaîna (mercantilisme, balance, mesures méticuleuses et mesquins) et l’on comprit pour la seconde fois que la pitié est un sentiment, comme la diarrhée en rapport avec le dégoût qui gâte la santé, l’immonde tâche des charognes de compromettre le soleil.
Je proclame l’opposition de toutes les facultés cosmiques à cette blennhorragie d’un soleil putride sorti des usines de la pensée philosophique, la lutte acharnée, avec tous les moyens du
DÉGOÛT DADAÏSTE
Tout produit du dégoût susceptible de devenir une négation de la famille, est dada ; protestation aux poings de tout son être en action destructive : DADA ; connaissance de tous les moyens rejetés jusqu’à présent par le sexe pudique du compromis commode et de la politesse : DADA ; abolition de la logique, danse des impuissants de la création : DADA ; de toute hiérarchie et équation sociale installée pour les valeurs par nos valets : DADA ; chaque objet, tous les objets, les sentiments et les obscurités, les apparitions et le choc précis des lignes parallèles, sont des moyens pour le combat : DADA ; abolition de la mémoire : DADA ; abolition de l’archéologie : DADA ; abolition des prophètes : DADA ; abolition du futur : DADA ; croyance absolue indiscutable dans chaque dieu produit immédiat de la spontanéité : DADA ; saut élégant et sans préjudice d’une harmonie à l’autre sphère; trajectoire d’une parole jetée comme un disque sonore cri; respecter toutes les individualités dans leur folie du moment : sérieuse, craintive, timide, ardente, vigoureuse, décidée, enthousiaste; peler son église du tout accessoire inutile et lourd; cracher comme une cascade lumineuse la pensé désobligeante ou amoureuse, ou la choyer — avec la vive satisfaction que c’est tout à fait égal — avec la même intensité dans le buisson, pur d’insectes pour le sang bien né, et doré de corps d’archanges, de son âme. Liberté : DADA DADA DADA, hurlement des douleurs crispées, entrelacement des contraires et de toutes les contradictions, des grotesques, des inconséquences : LA VIE.

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*) en 1916 dans le CABARET VOLTAIRE, à Zurich.